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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 24 de febrero de 2018

“El weir de Hermisnton” de Robert Louis Stevenson



Si las tres partes clásicas de una narración son: planteamiento, nudo y desenlace, el pobre Robert Louis Stevenson sólo llego a escribir la primera “El weir de Hermisnton”.

No fue culpa suya, la muerte nos llega a todos y bien que me fastidia. Un vistazo al apéndice que figura al final de la novela, en el que se revela los planes que Stevenson tenía para la misma, revela que, todo lo ocurrido hasta entonces, no había sido más que la preparación de la tragedia que estaba por llegar. Un símil muy gastado diría que había dispuesto a sus personajes como las piezas sobre un tablero de ajedrez, pero no me parece adecuado. A fin de cuentas, cuando las piezas se colocan sobre el tablero, se hacen siempre en las mismas posiciones. Lo que Stevenson había hecho era más digno del modo en que un general talentoso distribuye sus tropas sobre el terreno antes de que la batalla comience. Y la batalla estaba a punto de comenzar.

¿De qué va “El weir de Hermisnton”?

Es una de las historias escocesas de Stevenson. Transcurre durante la época de la guerras napoleónicas. El protagonista, Archie, es un joven de clase alta que recibió de su madre una educación tan refinada como religiosa, lo que hace que choque con su padre, un juez implacable y colérico, que aunque prácticamente lo ignora, le quiere.

Archie sufre un ataque de indignación al contemplar la ejecución de un malhechor al que su padre no sólo condenó a muerte, sino que humilló durante todo el proceso y expresa esta indignación en público, junto con su aborrecimiento de la pena capital. Lord Hermisnton lo interpreta como una traición y le obliga a abandonar sus estudios de derecho y a retirarse a la administración de las propiedades familiares en el campo. Allí Archie conoce a una muchacha, Katherine de la que se enamora y el fragmento termina cuando Archie le comunica a Katherine su intención de distanciarse hasta que haya obtenido de su padre la autorización del matrimonio.

Nada demasiado interesante, aunque muy bien escrito. Un poco de tensión en la parte en la ruptura entre Archie y su padre, un poco de cursilería en lo que se refiere al amor, excelentes retratos de personajes y la habitual maestría de Robert Louis Stevenson, pero lo que se avecinaba ¡Ah, la que se avecinaba!

Uno sólo puede imaginar el terrible dramatismo del que habría impregnado el juicio que iba a venir, el impacto del asesinato, la emoción del rescate en el último minuto (y quién sabe cuantos secundarios habrían muerto en él) Tal como queda, “El weir de Hermisnton” no es más que un fragmento de la gran obra que hubiera podido ser. Un bellísimo fragmento, sí, pero sólo un planteamiento.

sábado, 17 de febrero de 2018

“La guerra de Caliban” de James S. A. Corey

Acabo de terminarme la segunda entrega de la serie de novelas en las que se basa la serie de televisión “The Expanse”. En esta ocasión ya he visto la serie, así que ahora si puedo comparar. El show televisivo me parece, por lo que he visto, un producto muy solvente, realizado con mas profesionalidad que garra, con un arranque demasiado pausado, incluso lento, que va mejorando conforme coge velocidad.

Habiendo leído “El despertar del Leviatán”, algunos capítulo de la primera temporada se me hicieron aburridos, me costaba trabajo creerme que fueran a estirar durante cuarenta minutos o incluso ochenta, acontecimientos que en el libro se habían resuelto en un capítulo, por no hablar del personaje de la política que no pinta nada en toda la serie, salvo consumir metraje. Pero los primeros cinco de la segunda temporada, me parecieron excelentes.

Yendo a lo que vamos, que es la novela, se trata de literatura palomitera, pensada para pasar un rato entretenido, del mismo modo que lo era su predecesora. Al reparto original se añaden un botánico que busca a su hija desaparecida, una marine atormentada por la pérdida de sus compañeros y ¡oh sorpresa! una política intrigante y manipuladora. Todos ellos están bien definidos y caracterizados, lo que no quita que sean meros estereotipos, ni los autores ni su público están interesados en la profundidad psicológica.

Un caso que me ha resultado chocante es el de la política, Chrisjen Avasarala, que en la serie de televisión es interpretado por la actriz Shohreh Aghdashioo (lo que me ha costado escribirlo) En el libro es descrita como una malhablada que se comporta con el tacto de un elefante en una cacharrería, mientras que la interpretación de la actriz dota al personaje de una elegancia y un autocontrol que, a mi juicio, lo hacen muy superior.

Como ya dije en mi reseña de “El despertar del Leviatán” los autores no se proponen más que entretener y lo consiguen, con lo que, si a la hora de evaluar una novela, hubiera que valorar hasta que punto los autores logran sus objetivos, habría que darles un sobresaliente. Sin embargo, yo al menos, he disfrutado algo menos de esta secuela. A continuación hago una lista de los motivos:

El síndrome de las segundas partes: no sé si serán cosas de la edad, cuando era adolescente no me pasaba, es más, me encantaban las novelas que transcurrían en un mismo universo, precisamente porque transcurrían en un mismo universo y me agradaba volver a visitarlo y quería aprender todo lo posible sobre el mismo. Ahora en cambio, cuando tropiezo con una segunda parte, noto que parte del atractivo ha desaparecido con la novedad. Me ocurrió con “Luna de lobos” y me ha vuelto a ocurrir con “La guerra de Calibán”.

Excesiva fidelidad a la fórmula del éxito: parece que los autores tuvieron mucho éxito con la primera novela y han optado por no arriesgarse, calcando, punto por punto, la estructura de la misma. “El despertar del Leviatán” empezaba con un prólogo a cargo de un personaje que no volverá a tener capítulos propios en todo el libro y que termina con un susto de película de terror. “La guerra de Calibán” también. La búsqueda de ese personaje vertebra parte de la novela. En “La guerra de Calibán” también. En ambas novelas, hacia la mitad todos los personajes confluyen y acaban con una gran batalla.

La ausencia de novedades: cuando la protomolécula convirtió Venus en su reino particular, se crearon unas enormes expectativas que “La guerra de Calibán” no satisface. La amenaza de Venus está siempre presente en el libro, pero es una amenaza que no llega a materializarse. Si no fuera por su epílogo, esta parte del universo de la saga quedaría en exactamente el mismo estado que en la novela anterior. Los personajes corren como pollos sin cabeza de un rincón a otro del sistema solar, la humanidad se mete en nuevas guerras y hay nuevas batallas, pero la supertrama de la serie está a punto de no avanzar en absoluto. Me he quedado con la sensación de ver un episodio de relleno en una serie de televisión.

Excesivo sentimentalismo o dicho de otro modo: Manolete, ¿si no sabes torear pa que te metes? Esto es un entretenimiento, como ya he dicho, nadie espera que haya momentos de profundidad psicológica, o de gran intensidad dramática. Sin embargo, parece que los autores lo intentan y, como era de esperar, la cagan. Las conversaciones en las que los protagonistas comparten sus sentimientos entre sí, son patéticas, por lo falsas y amaneradas. He leído que muchos de los seguidores de las novelas no aguantan al personaje de Holden. A mí no me ocurrió en la anterior entrega, pero empiezo a comprenderlo. Analicémosle paso a paso. En esta novela, Holden teme que se está convirtiendo en un nuevo Miller, el policía coprotagonista de la anterior. ¿Cómo lo sabemos? ¡POR QUE NO PARA DE DECIRLO! Lo repite una y otra vez, en cada uno de sus capítulos. Además, lanza grititos en los momentos de estrés emocional y, resumiendo, sobreactua mucho. Sus compañeros de tripulación parece que sólo piensan en él, y se pasan la novela ejerciendo de capellanes y psiquiatras para que él se explaye y desahogue y, si lo examinas con lupa, todos sus problemas amorosos con Naomi son absurdos y dejan el personaje de ella muy mal parado.

Las nuevas adquisiciones Avasarala y Bobbie Draper funcionan mejor, porque son personajes diseñados con más carácter, pero sigue sonando muy falso cuando explican sus sentimientos.

Y por último: un clímax muy mal ejecutado. Casi toda la novela está llevada con un sentido del ritmo muy cuidado y medido, para que el interés del lector vaya creciendo, pero los autores la cagan justo al final. Sin entrar en detalles, diré que los personajes se van separando, uno a uno, para hacer algo heroico y suicida, que cada vez que uno se separa lo seguimos, hasta que resulta triunfante con diferentes grados de dificultad y entonces continuamos con el resto del grupo. Los autores no son capaces de sostener todos los platos en el aire a la vez, las fragmentaciones, en vez de sumar, restan, y hacen que el relato pierda emoción en el momento más inoportuno.

En su momento consideré “El despertar del Leviatán” un soplo de viento fresco que venía a alborotar las aguas del pantano, cada vez más aburrido, en el que se estaba convirtiendo la Space opera. Aunque entretenido, “La guerra de Calibán” ha enfriado considerablemente mi entusiasmo. No tanto como para abandonar la lectura de la serie, pero si como para dicha decisión dependa del tercer volumen.

Otra opinión:

dreamsofelvex

sábado, 10 de febrero de 2018

Trabajo atrasado.

Soy el tipo de cretino que, cuando sale del cine después de haber visto una película que se basaba en una novela que había leído previamente, tiene que desglosar ante sus amigos todas y cada una de las diferencias con el original y, según los que me conoce, explicar cuan superior era este último. Yo siempre he creído que, simplemente, me hacía el listo.

Pero el ritmo de adaptaciones a cine y televisión que vivimos actualmente me ha desbordado. Me he dado cuenta de que, en una vida humana, no hay tiempo suficiente para leer todo lo que me gustaría.
En algún momento de la mía, quiero ponerme a leer a Brandon Sanderson, aunque el volumen de su obra me asusta cada vez más. Seguro que le adaptan al cine, antes de que me haya puesto a ello.

De “Juego de Tronos” sólo me he leído los dos primeros libros, que me aburrieron de mala manera, pero creo que “Canción de hielo y fuego” es un título mucho más bonito.

Ahora mismo, ando leyendo “La guerra de calibán”. Cuando empecé a ver la serie “The Expanse” me paré en el episodio 5 de la segunda temporada, porque no quería seguir viéndola hasta haberlo leído.

“Ready Player One” lleva durmiendo el sueño de los justos en mi biblioteca desde hace un par de años y está al caer el estreno de la película. Supongo que se debe a que jamás tuve un spectrum (mi hermano mayor, si) no dispuse de un PC hasta la adolescencia y, en algún momento de la carrera, me harté de los juegos de ordenador, así que no me atraen los videojuegos y las críticas que he leído, alaban más sus referencias a la cultura popular que la novela en sí.

Pero el premio gordo se lo lleva la recién estrenada serie de Netflix “Altered carbon”. Mi edición no es la de Gigamesh, sino la de Minotauro. Debe llevar alrededor de diez años cogiendo polvo en el fondo de mi armario, creo. La verdad es que no sé exactamente donde la guaré. Sinceramente, la compré porque la encontré barata.

Y eso es solamente con los libros que tienen adaptación a otro medio ...

lunes, 5 de febrero de 2018

“Dieciocho engranages” de Nieves Delgado

Interesante antología de relatos de ciencia ficción de Nieves delgado. Dieciocho relatos en apenas 207 páginas, unas magnitudes que dejan poco espacio para perder el tiempo, lo que es de agradecer. Los relatos incluidos van directos al grano, sin perder el tiempo, con un estilo transparente, muy fácil de leer, a menudo expositivo y, normalmente eficaz. Muchos de los cuentos están relacionados con los robots, como pasaba con su novela corta “36” con la que comparten puntos de vista e incluso podrían compartir universo.

Es la primera vez que cae en mis manos un libro de Adaliz ediciones. Físicamente, es un buen libro, buen papel, buena portada y encuadernación y nada de erratas. Evaluar el contenido es más complicado.

Mi opinión, puramente subjetiva, es de aprobado alto. Algunos cuentos me han gustado mucho y otros no tanto, aunque al menos había alguna idea interesante en ellos, otros parecen escenas sueltas o el planteamiento de historias más largas. Unos pocos los he encontrado demasiado convencionales, es decir, demasiado convencionales para un lector veterano de ciencia ficción, demasiado adscritos a las convenciones o lugares comunes del género.

Ese es el caso de “Segadores” relato en el que, una vez comprendido a que se dedica la nave espacial en la que transcurre, el lector veterano ya sabe como acabar. Curiosamente es uno de mis favoritos, aunque no el que más, porque, a pesar de ello, Nieves Delgado consigue captar mi atención durante todo el relato.

Mis favoritos son: “Génesis”, “Almas viejas” y “Casa rojas”. Me temo que soy un poco tremendista. El que los haya leído, comprenderá porque lo digo. Curiosamente, van los tres seguidos.

Cuanto menos revele del argumento de cada relato mejor. Cómo ya he dicho alguna vez, un cuento se merece una reseña tan extensa como una novela y estamos hablando de dieciocho. Aún así, no me resisto a hacer algunos comentarios, que siempre pueden seguir para animar la curiosidad de otros lectores.

Aunque hablando con propiedad no aparezcan robots, pero si IAs “Génesis” es uno de los relatos que podrían compartir universo con “36”. Igual que en aquella novella sólo criticaría un cierto misticismo que aparece al final.

También podría hacerlo “Casas rojas”, en el que se aborda el controvertido tema de la prostitución.

“Almas viejas” es una distopia de manual y muy amarga.

“La pregunta correcta” es poco más que una conversación. A pesar de su mínimo argumento, también me ha gustado bastante.

“Perlas negras” es un relato de media página. No da tiempo para mucho, pero no creo que se pueda hacer mejor en un espacio tan reducido.

“No habrá lápidas” tiene su gracia.

“Fundido en blanco”, aunque hace una crítica interesante al turismo que se regocija en la miseria ajena, más que un relato parece el comienzo de una novela.

“Solo uno” parece el esbozo de un relato, más que un relato en sí y es de los que he llamado “convencionales”.

“El color que salió del agua” me ha resultado simpático, pero no pasa de ser un homenaje poco afortunado a Lovecraft y los autores de su círculo.

Llegado a esta altura, decido poner el punto final, porque podría seguir escribiendo y escribiendo durante horas, hasta aburrirme y aburrir al lector.

En resumen, me ha resultado una antología interesante, aunque irregular, que incluye relatos buenos, relatos malos y relatos mediocres. En cualquier caso, me ha confirmado a Nieves Delgado como una autora con cosas que decir, cuya carrera merece la pena seguir con atención.

domingo, 4 de febrero de 2018

Maravillosa reseña de "Última ronda" de Tim Powers



Me he enterado de que acaba de publicarse la novela de Tim Powers "Última ronda". Como soy un fan del autor, me he apresurado a redactar la reseña correspondiente.

Es ésta

Para que luego digan que soy lento siguiendo las novedades..

viernes, 26 de enero de 2018

Adios a Ursula K Leguin


Ursula K Leguin no ha aparecido nunca por este blog. No se trata de que no me interese su obra o no la admire. Durante un tiempo la leí con mucha asiduidad, pero encontré sus libros cuando era un lector ya formado, así que no se puede decir que consolidara mi afición ni nada parecido. "Un mago de Terramar" es una de mis novelas de fantasía favoritas de todos los tiempos. "Los desposeídos" me gustó mucho, igual que "La mano izquierda de la oscuridad" y "El nombre del mundo es bosque", aunque cada una un poco menos que la anterior. Unas novelas me gustaron más que otras, pero siempre admiré la forma en que estaban escritas. Si dejé de leerla fue porque perdí la curiosidad, ya me había leído sus obras más famosas y me picaban otros autores. Me gustaría decir que su muerte ha servido para recordarme las obras salidas de su pluma que me faltan por leer, pero ya dije algo parecido con Harry Harrison y luego pasó lo que pasó.

Es triste que esta sea la primera vez que apareces, señora Leguin. Nunca nos conocimos, pero le agradezco su trabajo. Adiós.

jueves, 25 de enero de 2018

"Lona de tinieblas" de Rafael Marín


Tercera entrega de las aventuras de Torre, segunda para mí. En esta ocasión, el viejo ex boxeador amnésico, responde a la petición de ayuda de Kid Levante, el boxeador que lo dejó amnésico en el combate en que se dirimía quien de los dos sería el aspirante al título de campeón de Boxeo de España. Bien lejos de su fugaz momento de gloria, ahora Kid Levante está acusado del asesinato de su compañera, una mujer china.

Los capítulos de la investigación de Torre se alternan con capítulos en los que se visitan sus tiempos mozos, esos que Torre ya no recuerda, en los que sobrevivía a base de pequeños hurtos y era uña y carne con Kid Levante, su iniciación en el mundo del boxeo, de la mano de éste y su evolución posterior.

Ya en “Los espejos turbios” quedó claro que el punto fuerte de las aventuras de Torre es la descripción de ambientes y personajes (entre los cuales, en “Lona de tinieblas”, hace un cameo el mismísimo Ángel Torres Quesada) Si allí el protagonismo lo llevaban las navidades gaditanas, aquí, es la crónica de la Andalucía de finales de los sesenta y principios de los setenta, pues el escenario no se limita a Cádiz, sino que incluye una visita a Almeria, con una magnífica evocación de los tiempos del auge del spaghetti western. Multitud de personajes llenos de humanidad y anécdotas, contadas con gracia y desparpajo, como la crónica de la actuación de Joan Manuel Serrat, jalonan esta crónica.

Si hablo tanto de la parte que transcurre en el pasado y tan poco de la que transcurre en el presente, es porque ahí es donde está todo el interés de la novela. La intriga no sobrepasa los parámetros de lo estrictamente correcto. En el fondo, los capítulos en los que Torre ejerce su oficio de “Detective sin licencia”, sirven únicamente para separar los capítulos que transcurren en el pasado, que es dónde está el verdadero intríngulis de la historia.

Al poco interés de la trama policíaca hay que sumar que ya ha desparecido la novedad que encontré en la personal voz del narrador en “Los espejos turbios”. Y no es porqué hable en dialecto, es por su tendencia a irse por las ramas, que hay quién dirá que es la gracia de la obra, pero que coraje da la jartá veces que uno se encuentra perdió en la lectura, no porque la historia sea liosa o rebuscada, sino porque cuando se llega al final de una frase ya no se acuerda de que carajo estaba diciendo Torre cuando la empezó.

Tienes sus cosas buenas y muy buenas, pero “Lona de tinieblas” me ha resultado una lectura muy fatigosa.