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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 22 de septiembre de 2017

¡COMO ODIO PINTAR LA CASA! (2)

Pero lo que mas odio, es volver a colocar las estanterías y colocar en ellas los libros.
Y colocar los libros que van encima de los libros.
Y los libros que van encima del armario.
Y los que van en el hueco entre el armario y la pared ...

miércoles, 20 de septiembre de 2017

¡COMO ODIO PINTAR LA CASA!

Si, sé que esto no tiene nada que ver con la literatura o la ciencia ficción y no creo que le interese a nadie, pero tenía que decirlo.

viernes, 15 de septiembre de 2017

“El ojo del tiempo (Una odisea en el tiempo 01)” de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter


Nueva colaboración entre Arthur Clarke y Stephen Baxter. En “El ojo del tiempo” diferentes personas, en diferentes momentos de la historia, experimentan la “discontinuidad” un parpadeo de confusión, el sol parece bailar y se encuentran en un nuevo planeta Tierra, compuesta por parches del nuestro, procedentes de diferentes periodos del tiempo.

Una idea que parece mas propia de Philip José Farmer que de Clarke o Baxter y que no es demasiado original, pero que está bien desarrollada. Los autores demuestran estar tan bien versados en las ciencias físicas como en historia: no sólo hacen un buen trabajo imaginando las posibles consecuencias de la “discontinuidad” sobre el clima y la ecología, sino que también aportan mucha información sobre el funcionamiento de los ejércitos imperiales británicos, macedonios y mongoles, además de los inevitables conflictos culturales, que desembocarán en una épica batalla entre los ejércitos de Alejandro Magno y Gengis Kan.

(Batalla épica, sí, pero que no puede compararse al combate del mismo Alejandro contra las legiones romanas en “Alejandro Magno y las águilas de Roma”, de Javier Negrete. ¿Veremos algún día la segunda parte?)

Narración aventurera de supervivencia, exploración y guerra, “El ojo del tiempo” es una novela muy amena y una buena obra de ciencia ficción, pero no excepcional. El conjunto se ve lastrado por dos problemas narrativos.

Primero, los personajes son demasiado tópicos. Los mejores son, con diferencia, los personajes históricos. Alejandro y Ruyard Kipling, sobre todo este último, tienen personalidades atractivas, pero, los que son de creación propia de los autores, resultan meros esbozos. Ellos lo intentan, si, hay que reconocer que, por lo menos, han hecho el esfuerzo. Les han buscado motivaciones plausibles y han procurado que no sean personajes de una sola pieza, que cuenten con sus defectos y virtudes. A pesar de ello, no han conseguido dotarlos de voz propia y en pocas ocasiones consiguen que nos preocupen sus destinos o nos conmuevan. La muerte de Kipling es una excepción.

Hay un personaje en concreto que es un desperdicio increíble. Es un personaje que no es de fiar, porque los que lo conocen no paran de repetirlo, pero que en ningún momento se muestra sospechoso. Al final comete una traición. El lector no presencia esa traición y tampoco se puede decir que tenga mucho efecto en la historia. El lector tampoco presencia las consecuencias que tuvo dicha traición sobre el traidor. Todo el tema de la traición no ocupa más que un par de frases. ¿A cuento de qué viene entonces? ¿Porqué no suprimir, no ya la parte de la traición, sino el propio personaje de la novela? Bueno, sabía griego.

El otro defecto principal, es la última parte del libro, que resulta larga y anticlimática. Una vez la batalla ha concluido, la novela pierde fuelle y los supervivientes se limitan a vagabundear de un lado a otro, sin objetivo aparente, más que describir un poco más el mundo creado por sus autores.

Hasta aquí las pegas literarias. En el terreno personal, la novela se me ha hecho demasiado british para mi gusto. Subyace en él una exaltación de Kipling, del ejército de su época y el convencimiento de lo gloriosa e importante que ha sido siempre Inglaterra, que ya me pareció detectar en “Luz de otros días”, pero más diluida.

Dado el intrigante cliffhanger con el que termina, tendré que leer la continuación, pero aunque, en general, me ha dejado un buen sabor de boca, creo que se podía esperar más de los autores.

jueves, 7 de septiembre de 2017

“El hacedor de estrellas” de Olaf Stapledon.


Permítanme que me ponga nostálgico. Uno de mis primeros libros de ciencia ficción, es decir, uno de los primeros que me regalaron, fue el número cuatro de la antología “Imperios Galácticos” recopilada por el recientemente fallecido Brian Aldiss. En ella, cada sección en la que el antologista agrupaba los relatos venía precedida por una cita de “El hacedor de estrellas” de Olaf Stapledon. Recuerdo la sensación que me produjo la lectura de aquellos párrafos grandilocuentes y alucinados. Pensaba que aquella novela debía ser un tremendo coñazo.

Sin embargo, aquellas pequeñas píldoras de pretenciosidad tenían algo que encendía la imaginación y que despertó mi curiosidad. Por eso ahora, tantos años después, he decidido darle una oportunidad. ¿Que opinión merece ahora la obra completa, ante los ojos de un hombre madura, tan distinto del adolescente que fui?

Bueno, en el prólogo de Jorge Luis Borges éste dice:

Hacia 1930, ya bien cumplidos los cuarenta años. William Olaf Stapledon abordó por primera vez el ejercicio de la literatura. A esta iniciación tardía se debe el hecho de que no aprendió nunca ciertas destrezas técnicas y de que no había contraído ciertas malas costumbres. El examen de su estilo, en el que se advierte un exceso de palabras abstractas, sugiere que antes de escribir había leído mucha filosofía y pocas novelas o poemas.

O dicho en otras palabras, el estilo de Olaf Stapledon es mas árido que la superficie de un desierto y convierte la lectura de sus obras en una auténtica travesía del Sahara. A ello hay que añadir que llamar a este libro novela es bastante inexacto. Veamos su argumento. Una noche, el narrador sube a una colina y se queda traspuesto, cual San Juan. En ese rapto místico, su alma se interna en las profundidades del espacio y el tiempo, vagando de mundo en mundo y fusionándose con las de otros viajeros mentales como él, lo que le permite ser testigo de la existencia de mas o menos toda la vida inteligente del universo, hasta su total existencia.

Esto si que es “literatura de ideas” y no lo que entendemos normalmente como tal. El protagonismo se da a las especies y a las sociedades, los individuos brillan por su ausencia. No es que los personajes carezcan de interés, es que no hay. El “Hacedor de estrellas”, al que hace referencia el título, la voluntad oculta y el poder definitivo que creó las estrellas, otra vez hablando en plata, es Dios, que también aparece hacia el final del libro.

Es un libro ambicioso hasta alturas astronómicas, mas cercano a un tratado filosófico que a una novela. Difícil de leer y, sí, aburrido, muy aburrido. Sin embargo, la desbordante imaginación de su autor hace que la travesía no resulte completamente infructuosa para el lector. Aunque algunas de sus ideas ya resulten muy ingenuas a un lector moderno, otras son muy atractivas y en sus muchas e interminables descripciones de otras especies, probablemente aparezcan algunos de los alienígenas más originales de la historia de la ciencia ficción.

viernes, 1 de septiembre de 2017

“Trilogía del abismo: Los piratas fantasmas” de William Hope Hodgson


Nos encontramos aquí con una pequeña obra maestra dentro de la temática de los barcos malditos o embrujados. Si ese es el caso. Enigmática como deben ser estas historias, nunca queda claro que es lo que realmente está pasando. La sugerente hipótesis que hace el protagonista es que el mundo encierra varias realidades y, por algún motivo, el buque de la narración es accesible para los seres de una de estas otras realidades que conviven con la nuestra. Pero es solo eso, una hipótesis.

La novela cuenta meticulosamente como las noches de la tripulación se convierten en una pesadilla, a medida que esta va perdiendo progresivamente el control de su propio barco. Empezando con misteriosas apariciones, entrevistas por el rabillo del ojo, que suben a bordo desde el fondo del mar, siguiendo por accidentes inexplicables y la pérdida de contacto con el resto del mundo, hasta llegar al gran y terrible final.

La narración avanza con un pulso excelente, aumentando progresivamente la tensión, conforme los protagonistas recorren todo el camino que pasa desde el escepticismo al pánico y la desesperación. Ninguno de ellos está muy perfilado, pero en este caso me parece permisible, puesto que todo el relato está subordinado a la narración y no hay tiempo ni necesidad de grandes complejidades psicológicas.

Mis únicas pegas, me parecen innecesarios los dos epílogos finales, el cuento ya había terminado. Puedo aceptar uno, por el cambio de punto de vista, que es relevante, pero dos ya es exagerado y, extrañamente, lo que se cuenta no acaba de encajar del todo con lo leído previamente. Además, el uso y abuso de términos náuticos vuelve incomprensibles párrafos y casi páginas enteras.

PD: Con esta reseña termino la trilogía del abismo de Hodgson, no tengo intención de reseñar “La casa en el confín de la tierra”, aunque probablemente sea la mejor de las tres narraciones, básicamente porque ya le he leído y no tengo ganas de volver a hacerlo.

martes, 29 de agosto de 2017

“Trilogía del abismo: Los botes del Glen Carrig” de William Hope Hodgson


Esta novelita me inspiraba algunas reticencias, porque la información de la que disponía me indicaba que en ella Hodgson imitaba el lenguaje de los autores del siglo dieciocho. Temí encontrarme con algo similar al comienzo de “El reino de la noche”. Afortunadamente, no ha sido así. “Los botes del Glen Carrig” se lee sin ningún problema.
Cuenta las aventuras de un grupo de náufragos supervivientes de un naufragio. Hay algunos detalles que me resultaron extraños en la estructura de la novela. Lo mas llamativo, es que los diálogos brillan por su ausencia. Esto es muy realista, se supone que es la narración que el protagonista hace a su hijo de sucesos vividos muchos antes, pero no contribuye a la inmersión profunda del lector en lo narrado y hace algo fatigosa la lectura, aunque se compense por su ritmo y brevedad.
Los otros detalles son que jamás se menciona el naufragio del Glen Carrig jamas se relata ni se menciona, pareciera que fuera un suceso insignificante que no afectara los protagonistas. Esto permite ir directamente al grano, pero me resulta algo chocante. Por último, el comienzo de la historia, que transcurre en una especie de isla desierta, no parece tener mucho que ver con el resto. Es como si Hodgson tuviera dos historias independientes sobre las terroríficas tribulaciones de unos náufragos y las hubiera empalmado, aunque no fueran concebidas así originalmente.

El mar por el que navegan los supervivientes del Glen Carrig es el mar de la literatura de William Hope Hodgson. Es decir, un mar poblado de misterio, horrores nocturnos y barcos abandonados. Probablemente ésta sea su narración más larga referida al mar de los sargazos, aunque nunca se usa ese nombre, descrito como un inmenso continente de algas en el que los barcos quedan atrapados, por el que circulan cangrejos y pulpos gigantes, entre otros horrores. (China Mieville dijo que Hodgson es el autor que enseñó a Lovecraft a temer a los pulpos)

El conjunto se asemeja a una de esas historias de Julio Verne, como “La isla misteriosa” o “Dos años de vacaciones”, que cuentan las andanzas de un grupo de náufragos, al que se le han añadido elementos terroríficos. Un Robinson Crusoe con monstruos. El resultado es dispar. Ninguno de los personajes es digno de tal nombre, apenas se distingue al contramaestre de los demás. Sus relaciones son inexistentes, incluso la historia de amor, que la hay, es patética y no por su dramatismo, sino porque parece apenas un esbozo de una historia de amor, los personajes se enamoran porque sí, como si fueran un par de líneas incluidas en un borrador. La parte “robinsoniana” de la historia, es aburrida, Hodgson no consigue hacer interesantes la reparación de un tablón ni la construcción de un arco o una cometa.

Por otro lado, la parte terrorífica es muy buena. Hodgson era un gran creador de escenarios, ambientes y criaturas monstruosas. Las dos islas en las que recaban los náufragos permanecerán en mi cabeza mucho tiempo. El modo en el que insinúa las amenazas y como, poco a poco, estas pasan de ser una vaga sensación de intranquilidad en la cabeza del narrador hasta hacerse reales, es genial.

Por cierto, que menudo gafe, que casualidad que todas los ataques ocurran siempre durante su guardia.
En fin, una obra muy entretenida, con algunas partes mediocres y otras geniales.

viernes, 25 de agosto de 2017

“Domori” de Sofía Rhei

 

Me va a costar escribir esta reseña, sin soltar spoilers como loco. “Domori” parte de una idea idea imaginativa y bien desarrollada, de esas que sirven perfectamente para ambientar largas trilogía, para contar la típica historia de descubrimiento y auto-descubrimiento, en la que un personaje joven aprende los recovecos de su mundo y empieza a entenderse a sí mismo. Lo hace muy bien. “Domori” es una novelita fresca y agradable de leer, con la que he disfrutado mucho. Está bien escrita, dosifica adecuadamente la intriga y la acción y contiene algunas vueltas de tuercas inesperadas.

La idea principal, esa que me muero de ganas de revelar, es, como ya he dicho, brillante y me ha recordado algunos detalles que he oído mencionar, de una obra reciente mucho más publicitada, aunque como no la he leído y no hay nada nuevo bajo el sol, omitiré decir más.

En este mundo no hay nada perfecto, sin embargo, y hay un par de detalles que me han chirriado un poco.

Uno es que hay un par de conversaciones que no me han resultado naturales, de esas en las que los personajes desnudan su alma con una habilidad expresiva que parece exceder sus capacidades. Es un defecto que he encontrado a menudo en obras destinadas a un público juvenil. ¿Es esta una de ellas? No sabría decirlo, aunque sigue uno de sus esquemas clásicos, el contenido sexual del pasaje “azul” (los que la hayan leído me entenderán) y algún otro no pegan con esa etiqueta. De la violencia y la muerte no hablo, la literatura juvenil ya no es lo que era.

Y el otro es uno de esos temas tan personales, que me hacen parecer tan tiquismiquis, que entendería que la autora o sus fans me corrieran a gorrazos por la calle. Es el siguiente: no me ha gustado el uso metafórico que se da del término “terraformación” en el libro. Para los aficionados a la ciencia ficción, es demasiado evidente, para el resto del público es incomprensible. Si soy capaz de usar bien internet, no es un término que haya sido todavía aceptado por la RAE, si lo empleo delante de la mayoría de mis conocidos, se quedarán mirándome, preguntándose que me pasa en la boca. Además, suena raro, tiene muchas sílabas, no me parece un palabra que pasase con facilidad al lenguaje. ¿Cual usar en su lugar? Ah, esa es una buena pregunta. Es mucho mas fácil quejarse de las cosas que ofrecer alternativas.