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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 16 de noviembre de 2017

"Profundo" de Alberto Moreno Pérez


Acabo de leer el número 10 de la colección Soyuz de Ediciones El Transbordador. Sorprendente, y bien recibido, el boom de la narrativa breve de género que parece que estamos viviendo. Procuraré que mi reseña sea más breve que la obra.

Me ha gustado mucho la ambientación de “Profundo”, eso que llaman worldbuilding o construcción de escenarios y me ha gustado mucho como Alberto Moreno se las ha arreglado para definirla, sin explicaciones explícitas, todo directamente a través de los ojos del protagonista, Rojas. En concreto me ha sorprendido mucho el tema de la evolución del lenguaje escrito, con uso de emoticonos, algo que nunca se me había ocurrido hasta que lo leí, pero que una vez leído parece inevitable. Y los trajes configurables me encantan

Alguna descripción se me hizo algo difícil de entender, la de la primera vez que Rojas mira al cielo sobre todo. Entiendo que lo que el autor esta intentando es asumir el punto de vista de una persona que no tiene nuestros referentes culturales, cuyo idioma no dispone de las palabras que nosotros emplearíamos para esos objetos y conceptos, por lo que tiene que sugerir lo que son sin nombrarlos. Normalmente Alberto Moreno sale victorioso de este reto y resulta comprensible al lector, pero a veces he perdido el hilo de la narración.

Odio el final, pero eso está bien, es lo que el autor pretendía, malo hubiera sido que me gustase. Lo que no me gusta es que se ve venir desde el momento en que Rojas se da cuenta de la alteración de una constante de toda su vida. A partir de ahí es evidente lo que está pasando y eso hizo que se me alargara mucho todo lo que viene después, el paseo hasta la sección del Colector donde Rojas tendrá la revelación que el lector ya ha anticipado.

Al terminar la lectura, no puedo negar que me ha dejado una sensación un poco insatisfactoria, un ansia del tipo: ¿en serio? ¿esto es todo? Si me hubiera encontrado “Profundo” en una antología de relatos o una revista, no me habría importado, pero al ser una pieza individual, puede decirse que me ha dejado con hambre.

En cualquier caso, sigue admirándome lo distintas que son las historias de Alberto Moreno Pérez entre sí y lo poco convencionales que resultan. Espero que nunca se seque la fuente de su creatividad.

viernes, 10 de noviembre de 2017

"El sueño de los dioses! de Javier Negrete


 En mi reseña de “El espíritu del mago”, que por cierto, ahora encuentro repleta de faltas de ortografía y errores sintácticos, decía que esperaba tardar menos en decidirme a leer “Atlántida” de lo que había tardado en decidirme a leer aquella novela. Pues bien, tardé dos años en hacerlo, que ya es bastante, pero es que he tardado siete en decidirme a leer la continuación de “El espíritu del mago”. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo, sobre todo porque Javier Negrete ha terminado por convertirse en uno de los autores a los que más disfruto leyendo.

En mi arrogancia, normalmente me creo capaz de descifrar que es lo que hace que una novela funcione, cuales son los puntos fuertes del autor que hacen que su libro me guste. Con Javier Negrete me confieso incapaz. Supongo que lo principal es que sabe componer buenas historias, que son entretenidas e interesantes, porque, al final, por muy importantes que sean las formas, lo que cuenta es la historia que se está contando. Puedo intuir algunos aciertos evidentes: el sentido del ritmo, la habilidad en la dosificación de información, los giros inesperados, pero , sinceramente, soy incapaz de descifrar las claves de Javier Negrete. Y sin embargo, sus novelas funcionan. Y como.

Dicho esto, “El sueño de los dioses” es el libro más insatisfactorio de Javier Negrete que he leído en diecisiete años. Los motivos hay que buscarlos en su propio origen. Según leí en una entrevista, Javier Negrete tenía previsto escribir una trilogía, pero cuando vio que la longitud del tercer tomo empezaba a írsele de las manos, pidió permiso a la editorial para terminar la serie en dos. La editorial accedió encantada y él, sabiendo ya que no iba a ser el último libro, incluyó muchas mas información y escenas de las que tenía previstas.

Eso se nota mucho. “El sueño de los dioses” empieza con un largo flashback en el que se cuentan de nuevo acontecimientos que tenían lugar al final de “El espíritu del mago”, sin aportar ninguna información nueva relevante. Recuerdo que en aquella entrevista Javier Negrete comentó que, de haber escrito un único libro, no lo habría incluido. Así mismo, son continuos los párrafos en los que el narrador recuerda lo que le ocurrió a algún personaje en los libros precedentes.

Nada de esto me ha molestado a mí, pero, como ya he dicho, habían pasado siete años. Yo lo necesitaba, pero, probablemente, no la mayoría de los lectores. Esta morosidad y este volver atrás hacen que la trama tarde mucho en avanzar y, lo peor para mí, es que no ocurre nada hasta casi la mitad del libro.

Imagino que muchos se estarán rasgando las vestiduras ante mis palabras, diciendo que ocurren muchas cosas. Si que ocurren, si, pero son un trámite. Prácticamente la mitad del libro se va en que ocurra lo que tiene que ocurrir. ¿A que me refiero con eso? A ver, es un punto de vista personal, lo explicaré con algunos ejemplos frikis. ¿No habéis leído algún cómic de superhéroes en el que los protagonistas malgastan páginas y páginas intentando evitar que algún villano llegue a nuestra dimensión o lo que sea? Son páginas que a mí me hacen bostezar, porque sabes desde el primer momento que van a fracasar, el villano tiene que llegar, porque, si no llega, los héroes no pelearán contra él y no tendremos cómic. Me suena que hubo también alguna saga de Dragon Ball, en la que los secundarios se pasaron un montón de tiempo intentando evitar que un malo volviera o se hiciera superpoderoso. ¡Menuda tontería! El malo tiene que hacerse superpoderoso, porque, si no lo hace, la pelea con Son Goku no tendrá emoción.

Por eso digo que es un trámite. Los personajes tienen que cruzar una gran extensión de terreno y, además, hay que explicar porque alguno de ellos hará algo que jamás haría de corazón. Eso requiere su tiempo, pero en el fondo no es más que un trámite que hay que pasar, para que la historia pueda empezar. Un gran mal se va a desatar sobre Tramorea y nadie podrá evitarlo. La culpa no es del destino, ni de la dialéctica de la historia, sino de la reglas de la composición dramática. La amenaza debe llegar, para que los héroes se enfrenten a ella. La habilidad de Javier Negrete consiguió que no me aburriera, pero no que me abandonara la sensación de estar perdiendo el tiempo.

Una vez pasado el trámite, las cosas mejoran mucho. Hay excelentes escenas, marca de la casa, de guerra y de catástrofes, para llegar rápidamente a un final abierto, que deja absolutamente todo en el aire. Al final, “El sueño de los dioses” resulta no ser más que un largo prefacio a “El corazón de Tramorea”

Me he quedado con tantas ganas de saber como acaba, que espero leerlo antes de que acabe el año. El año 2018, quiero decir.
 

jueves, 2 de noviembre de 2017

"El bosque oscuro" de Liu Cixin

 
En la continuación de “El problema de los tres cuerpos” se percibe un atenuamiento de los defectos y virtudes de dicha obra. Los desajustes formales de la primera entrega de la serie se reducen hasta casi desaparecer, aunque los personajes siguen hablando demasiado y mantienen esa tendencia molesta a contarse unos a otros lo que ya saben, pero no el lector, y a dar explicaciones exageradamente pormenorizadas. Por desgracia, parte del encanto de su predecesora se ha perdido. En “El problema de los tres cuerpos” había al menos un momento “atiza” (algunos dicen que dos) impresionante, de lo mejor que he leído en años. En “El bosque oscuro” hay muchos momentos muy buenos y se tratan con seriedad temas muy interesantes, pero el lector que esperase que Liu Cixin rizase el rizo con un “más difícil todavía”, se llevará una desilusión.

Los grandes perdedores, siguen siendo los personajes. El protagonista, Luo Jin, está un poco mejor que el resto. No se puede negar que sus acciones son bastante creíbles. El resto de personajes resultan planos, esquemáticos o poco desarrollados. Hay un personaje femenino, en concreto, que me ha resultado completamente desconcertante. Lo hace porque se plantea como la exaltación del ideal femenino decimonónico, dulce, bondadosa, ingenua e inocente. Lo desconcertante es que dicho personaje no me ha resultado empalagoso. Ello se debe a que el personaje es descrito así, pero no hace gala de sus supuestas virtudes, no lo vemos en acción. Todo lo que sabemos de él es lo que nos han contado, no lo que contemplamos nosotros mismos, que es más bien poco. Ese es el motivo de que no resulte odioso. No sé si esto es una demostración del genio de Liu Cixin o de su incompetencia

Por cierto que la extrañeza de los nombres de los personajes, para el lector occidental, puede causar alguna mala pasada con los secundarios. En concreto, yo no me dí cuenta de un personaje que aparecía en dos tramas distintas era el mismo, hasta que se contó explícitamente.

En lo que si destaca Liu Cixin es en el uso de imágenes y símiles, de inusitada belleza y eficacia. Son abundantes los momentos del estilo “se sintió como si estuviera mirando en el interior de una cueva, en lo alto de una montaña”… me lo estoy inventando, que quede claro. Los de Liu Cixin son mucho mejores. Ignoro si se debe a la extrañeza, por venir de diferentes tradiciones culturales y si en su propia cultura esas imágenes resultarían tópicas o anodinas, pero a mí me impresionan y sorprenden. Por desgracia es casi su único recurso. El autor se da cuenta de que se le da bien y lo usa hasta la extenuación, lo que baja considerablemente su eficacia.

Pero en mi interior, no puedo mas que perdonar a Liu Cixin todos sus posibles pecados estilísticos cuando revela su lado más friki. El escritor chino es un fan de la ciencia ficción clásica y se nota. Sólo puedo sentir simpatía, por alguien que cita alegremente a Arthur C. Clarke o hace que dos personajes se enfrasquen a hablar sobre la saga de las Fundaciones, de Isaac Asimov.

Con todo lo anterior no quiero decir que sea un mal libro. “El bosque oscuro” es una novela muy interesante, de cuya lectura he disfrutado mucho y que me ha ayudado a soportar una mala racha laboral. Tratando de reducir los spoilers al mínimo, recordaré que, al final de “El problema de los tres cuerpos” la humanidad se enfrentaba a un terrible desafío. En “El bosque oscuro” se nos cuentan las diversas estrategia empleadas para ello, la mayoría planes a largo plazo de una escala inusitada.

Para ello se recurre a los “vallados”, personas cuidadosamente elegidas a las que la humanidad da plenos poderes para que busquen soluciones y dirijan sus propios proyectos, manteniendo en secreto sus verdaderos objetivos, tanto para enemigos como aliados. Aquí creo que Liu Cixin ha desperdiciado una idea brillante. Los “vallados” podrían haber dado más de sí en un escritor más competente o retorcido. Liu Cixin nunca intenta meterse en el pellejo de unos personajes que no pueden confiar en nadie, ni revelar sus verdaderos propósitos y tienen que conseguirlos simulando hacer otra cosa. Liu Cixin ni siquiera intenta reflejar la paranoia y la esquizofrenia de la situación.

De los planes de los cuatro vallados, el de Tyler es un poco tonto, el de Hines tiene pocos dobleces y el de Rey Diaz es una chaladura grandiosa, aunque, en mi opinión, inverosímil. El protagonista, Luo Jin prefiere usar los recursos de los vallados para darse la gran vida. ¿No dije ya que me resultaba el más humano?

A lo largo de la novela se suceden las décadas y la humanidad experimenta grandes transformaciones sociales y tecnológicas. El recurso a la hibernación permite mantener a los mismos protagonistas. El mundo hiperconectado al que despiertan tras su sueño es encantador y la aparición de un mortal virus informático, aunque breve, es casi tan genial como los mejores momentos de “El problema de los tres cuerpos”.

Acostumbrado a las novelas anglosajonas, el contraste resulta divertido. Por ejemplo, en la ciencia ficción norteamericana suele ocurrir que, aunque aparezcan organismos supuestamente internacionales, como una flota espacial, los personajes protagonistas siempre sean mayoritariamente americanos, o como mucho ingleses. En “El bosque oscuro”, por supuesto, son orientales, normalmente chinos. También resulta llamativo la importancia que se le da al “espíritu de combate”, el protagonismo que se da a los comisarios políticos y como se persigue el derrotismo en el ejército, como si fuera un crimen, mientras que uno está acostumbrado a leer historias de héroes desengañados que luchan batallas perdidas por pura integridad personal, aquí se considera que un soldado, especialmente si es un alto mando, jamás puede dudar de la derrota. Incluso se considera la posibilidad de utilizar la tecnología para inducir artificialmente esta convicción. Esta posibilidad es desarrollada inteligentemente, dando lugar a otro de los mejores momentos de la novela.

La novela trata una gran variedad de temas. A los ya expuestos habría que añadir la paradoja de Fermi, que la abre y la cierra. Cada uno de ellos podría dar para una novela completa. Quizá demasiados. En ocasiones, “El bosque oscuro” me ha resultado algo dispersa. A veces la narración se bifurca, sigue un determinado tiempo a algún personaje que parece poco relacionado con la trama principal y luego vuelve a ella, sin que esta bifurcación haya tenido una importancia significativa. Me pasó con los capítulos dedicados a tres jubilados, que aunque sirven para ver como los cambios que sacuden al mundo afectan a la vida de la gente normal, me resultaron bastante prescindibles. Me ocurrió lo mismo con la historia de amor, bastante bella, entre Luo Jin y un personaje de ficción inventado por el mismo y con la historia que transcurre en el espacio que termina con “La batalla de la oscuridad”. Esta historia, con muy pocos cambios, se podría haber publicado independientemente. Enterarme de que en la antología “Planetas invisibles” uno de los relatos de Liu Cixin era en realidad un fragmento de “El problema de los tres cuerpos” me puso la mosca detrás de la oreja. A saber si Liu Cixin no estará incluyendo otros relatos en esta novela, a modo de “fix-up”. De publicarse independientemente, habría sido un buen relato, por cierto.

En suma, Liu Cixin plantea muchos sub argumentos y trata muchos temas y, aunque no lo hace mal, no profundiza demasiado en ninguno de ellos. Dispara dardos afilados en muchas direcciones. Alcanzan su blanco, pero no se hunden a gran profundidad. Con la trama pasa un poco lo mismo, ocurren muchas cosas, algunas muy graves y hay grandes sorpresas, pero el lector las vive con poca emoción, salvo algún instante tremendamente bueno. Eso la vuelve, como poco, entretenida y, aunque solo fuera por los temas e ideas tratados, una lectura estimulante para el cerebro. Así que si, es una buena novela de ciencia ficción y una secuela digna de “El problema de los tres cuerpos”, quizá un poco inferior.

Secuela que ata casi todos los cabos sueltos de su predecesora. Me pregunto como podrá seguir la saga después de esto. Bueno, supongo que “El bosque oscuro” tendrá algo que ver.

Lástima de la cursilería del epílogo. Afortunadamente sólo son cuatro páginas.

jueves, 26 de octubre de 2017

"Neuromante" de William Gibson



Hay libros que sólo deberían leerse en un momento determinado. “Neuromante” se publicó en 1984 y se convirtió en una obra de culto. Prácticamente, creó un subgénero de la ciencia ficción, el cyberpunk, cuya influencia traspasó la literatura para convertirse en un fenómeno cultural. Se ha repetido hasta la saciedad que en ella aparece por primera vez la palabra “cyberespacio”, aunque la realidad es que William Gibson y la había usado en algunos relatos anteriores. David Pringle incluye “Neuromante” entre sus “100 mejores novelas de ciencia ficción” y no escatima halagos hacia ella.

Todo eso me pilló muy joven, más que adolescente todavía era un niño. Excepto cuando la escribe Rodolfo Martínez, la cyberpunk nunca ha supuesto el menor interés para mí, ausencia de sense of wonder, supongo. Desde mi desconocimiento, tengo el prejuicio de que el género no ha evolucionado, sino que sigue repitiendo los mismos clichés que ya se han vuelto tópicos, incluso en el cine y la televisión y me he cansado de oír y leer comentarios del estilo de “Neuromante está bien, pero el resto de la obra de Gibson me ha decepcionado".

Con estos mimbres, es comprensible que haya tardado tanto en acercarme a la novela. ¿Qué me he encontrado? Sin duda, su gran baza es la ambientación, pero lo que en su día fue novedoso, hoy ya no llama la atención, excepto por esos impretendidos toques retro que aparecen aquí y allá, unos disquetes, algún láser disc, unas cabinas de teléfonos…

La trama es bastante entretenida: un hacker al que unos jefes rencorosos desposeyeron de su medio de vida, inhabilitándolo para operar cerebralmente en la red, es reclutado por un tipo misterioso para que realice una serie de asaltos, junto con una guardaespaldas cyborg, a cambio de su restauración, terminando en una estación espacial regida por aristócratas decadentes, en medio de un conflicto entre inteligencias artificiales.

A pesar de ello, tarda demasiado en arrancar y cuando lo hace, tarda en ponerse interesante. Durante demasiadas páginas Case y Molly, los protagonistas, se limitan a deambular por el mundo sin objetivo claro. Gibson prefiere sugerir a explicar, lo que es bueno, pero se mantiene siempre en el filo de la navaja de la incomprensibilidad. A mi mismo, en ocasiones, me costaba seguir el hilo, aunque debo confesar que no he prestado a esta novela la atención debida. A ello no ayuda lo ya comentado, momentos que en su día debieron resultar brillantes y originales, como cuando Case queda atrapado en un mundo virtual, han devenido en tópicos.

Si la trama no me llamaba la atención, tampoco lo hacían los personajes. Rara vez siento empatía por los personajes drogadictos y autodestructivos como Case, pero no es imposible y aunque no la sienta, pueden resultarme interesantes. No es el caso, Case tiene el carisma de un tempano de hielo, nada en su personalidad me resulta atractivo. Molly tiene bastante más carácter, si, a fin de cuenta es peleona, leal y activa sexualmente, a pesar de lo cual termina convertida en una dama en apuros durante el clímax de la obra.

Literariamente, Gibson apuesta demasiado por descripciones chocantes, repletas de imágenes raras, como el famoso cielo del color de una televisión no sintonizada, que las más de las veces encuentro farragosas y, a menudo, difíciles de entender.

Así que me temo que no me he convertido en uno de los admiradores de William Gibson y no es probables que vuelva a él.

Pero, ¿qué hubiera pasado si la hubiera leído en el momento de su publicación? Si mi frágil yo adolescente hubiera estado expuesto al impacto de su creatividad, puede que ahora estuviera escribiendo una reseña muy diferente.

viernes, 20 de octubre de 2017

“Mobtel” de Rafa Marín


Esta novela juvenil de Rafa Marín empieza con un autodeclarado mcGuffin de primera categoría, su joven protagonista Tomás, herido y escondido en un depósito de agua. Cumple su cometido, incita a seguir leyendo, pero puede dar una impresión equivocada de la novela. “Mobtel” es principalmente la historia de un chaval español viviendo en Inglaterra y buscándose la vida, lo que se complica mucho cuando su madre tiene que volver a España para cuidar de su abuela paterna. La trama criminal tarda mucho en aparecer y, aunque correcta, tampoco es gran cosa.

Es mérito innegable de su autor que un lector tan alejado como soy yo de su público potencial haya podido disfrutarla sin problemas. “Mobtel” está bien escrita, es entretenida y contiene algunas reflexiones muy interesantes sobre el paso del tiempo y las relaciones entre las personas. Los personajes son sólidos y perfilados con brevedad y eficacia. El principal Tomás, que además es el narrador, es simpático y pronto se hace querer por el lector. La única pega es que en ocasiones resulta demasiado adulto, en vez de un adolescente parece una persona madura figurándose lo que pensará un adolescente y, aunque supongo que es inevitable, a través de él resuena la típica voz del narrador sentencioso de las obras de Rafa Marín, tan aficionado a explicar las grandes verdades de la vida y a terminar todas sus disertaciones con un retruécano, un juego de palabras, o alguna otra gracia.

Lectura muy agradable, no me quejo de lo que es, sino de lo que no es. Los momentos de humor, por ejemplo, son simpáticos, consiguen que el lector esboce una sonrisa, pero no una carcajada. Ocurre lo mismo con todo, los momentos de acción son entretenidos, pero no te tienen con el corazón en un puño, los momentos sentimentales no te harán llorar. En una buena novela y me ha gustado leerla , pero pienso que podría haber estado mejor.

lunes, 16 de octubre de 2017

“Rachel rising” de Terry Moore


Me considero un gran aficionado al cómic. No suelo postear sobre ello, por la sencilla razón de que tardo mucho menos en leer un cómic. que un libro, lo que se traduce en que si reseñara cada cómic. que me leo, mi vida privada consistiría únicamente en actualizar este blog. Lo que no me daría tiempo para leer cómics, pero eso es otra historia …

El puente del 12 de Octubre me ha dejado mas tiempo libre y he decidido saltarme esta norma.
El caso es que tenía un gran agujero en mi curriculum lector, no había leído nada de Terry Moore, autor de culto desde que publicara “Strangers in Paradise”. No he empezado con esta obra, como sería lógico y he preferido tirarme a algo más comercial.
“Rachel Rising”, teóricamente, cuenta la historia de una joven que, después de ser asesinada, se levanta de su tumba anónima en medio de un bosque, decidida a buscar a su asesino.
Premisa impactante, ¿verdad? ¡PUES ES MENTIRA! “Rachel Rising” no va de eso. En realidad va de una niña, llamada Zoe, que no para de matar gente. Las motivaciones son complejas, en realidad no es exactamente una niña y muchos de sus asesinatos, no todos, están justificados. En prácticamente cada capítulo, Zoe mata a alguien. El resto de las páginas se ocupan con alguna escena de los supuestos protagonistas conversando, sin hacer nada y con algún acontecimiento ominoso, generalmente un ridículo ritual de brujería o algún presagio. Para terminar, cada capítulo termina con un golpe de efecto que te incita a leer el siguiente, a pesar de que la historia global no ha avanzado nada.
Me ha parecido un Seinfield siniestro, una serie que no va sobre nada y en la que, en el fondo, no pasa nada. ¿Nunca has estado enganchado a alguna serie de televisión que en cada capítulo te tiene comiéndote las uñas, pero, cuando terminan, te das cuenta de que, en el fondo, no ha pasado nada? Pues eso es “Rachel Rising”.
Aunque eso sí, muy bien contado. Terry Moore es un gran dibujante, aunque me da la sensación de que todos sus personajes se parecen mucho, un gran dialoguista y un gran narrador, que sabe capturar la atención del lector en cada episodio, aunque la historia global no se dirija hacia ninguna parte. Su habilidad narrativa, es parte del problema en el fondo. Pongamos por ejemplo que quiere presentar a un nuevo personaje y quiere que su aparición resulte impactante. Pues hacer que aparezca le lleva tres o cuatro páginas, mínimo y sí, resulta impactante, pero en el número queda poco espacio para algo más.
Para colmo de males, da la sensación de que Terry Moore se hartó de la serie, o ésta empezó a darle problemas económicos, y la termina de cualquier manera, en un número final bastante bueno, pero que deja un montón de cabos sueltos, entre ellos unos cuantos personajes que han aparecido intermitentemente por la trama, sin llegar a pintar nada en ella y que entra en conflicto con lo que se iba preparando en los números anteriores.
Lo que mas me sorprende es que Terry Moore se supone que es un autor independiente y alabado por la crítica y este cómic. casi lo podía haber escrito Brian Michael Bendis.¡Que viva el decompressive storytelling!
Me lo he pasado muy bien, pero es una lectura que me ha dejado muy frío. El caso es que, algún día, volveré a leer algo de Terry Moore, porque es un gran dibujante y un gran narrador.

Evasión

Escribir en mi blog exige una cierta tranquilidad, la tranquilidad de que puedo darme el lujo de gastar tiempo en mis aficiones, de que en medio del batiburrillo de confusión y malas noticias de cada día, merece la pena emplear algo de tiempo para exponer mis opiniones, normalmente sobre novela, a través del gran escaparte de internet.

Sinceramente, estos últimos días estoy perdiendo esa tranquilidad. Parece que, en España, nos dirigimos directos, sino a una guerra civil, al menos a OTRA crisis económica, cuando decir que hemos salido de la anterior es mucho decir. En estas circunstancia ¿a quién pude importarle lo que opino de la última novela de marcianitos que he leído? Parecería que lo único de lo que se puede hablar es del GRAN TEMA omnipresente. A mi mismo, empieza a obsesionarme cuanto más durará mi propio puesto de trabajo, aunque en este terreno sea mi propio peor enemigo.

En este ambiente, este blog más que un medio de expresión, o una diversión, está empezando a convertirse en un medio de evasión, un modo de abstraerme de la realidad que me rodea.