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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 7 de diciembre de 2017

En defensa de Stephen Baxter


Tuve un compañero de trabajo, forofo de Neil Gaiman y Terry Pratchet, al que un día vi con un ejemplar de “La Tierra Larga”. Le pregunté que tal estaba y me contestó que era muy flojo, que tenía algún momento bueno, pero que era un intento de un escritor joven de aprovecharse de la fama del maestro Pratchet.

Ante esto, tuve que manifestar mi perplejidad. ¿Stephen Baxter un escritor principiante que intenta aprovecharse de la fama de otros? ¡Si lleva treinta años escribiendo y es uno de los escritores de ciencia ficción hard más respetados que existen! ¡Si le llevan llamando el nuevo Arthur C. Clarke o el sucesor de Arthur C. Clarke prácticamente desde que empezó su carrera! (Stephen Baxter es inglés y tiene una formación científica muy sólida)

Esta reflexión me llevó a plantearme porqué Stephen Baxter puede ser tan poco conocido o infravalorado en España, sobre todo cuando tiene un buen montón de obras publicadas en nuestro idioma. Repasándolas, sin embargo, me di cuenta de que el problema pueda estar en lo poco representativo de su obra que son los libros publicados en España y en que, además, son obras cuyo interés mediático no está relacionado con la autoría de Stephen Baxter, hecho que incluso conviene minimizar, por motivos publicitarios.

Me explico. Empecemos con la ya citada colaboración con Terry Pratchet. Terry Pratchet es un autor MUY famoso. Rematadamente más famoso que Stephen Baxter. Si esas novelas se han publicado en castellano, ha sido porque aparece en sus portadas el nombre de Terry Pratchet. La mayor parte de la gente que se las compre, serán forofos de Terry Pratchet. Y probablemente salgan decepcionados, por los comentarios que he oído. Personalmente, no las he leído, así que no tengo opinión.

Lo mismo ocurre con las colaboraciones con Arthur C. Clarke. En la primera edición española de “Luz de otros días” el nombre de Baxter aparecía minimizado en la portada y era casi inexistente en la contraportada, que, sin embargo, se explayaba sobre la carrera de Clarke. Curiosamente, las colaboraciones entre Clarke y Baxter son las mejoras obras que Clarke escribió en colaboración, mil veces mejores que sus aburridas colaboraciones con Gentry Lee y mucho más consistentes que las “colaboraciones” con Paul Preuss (que al menos eran entretenidas) Opino, incluso, que son las mejores obras que Clarke publicó al final de su carrera y tengo la sospecha que los editores ingleses utilizaron como reclamo la presencia de los dos autores, fue algo así como “juntemos a Arthur C. Clarke y al nuevo Arthur C. Clarke”.

Sin embargo, en España pasaron como colaboraciones de un maestro con un joven advenedizo que se aprovecha de su nombre.

La venerable Nova Ciencia Ficción, de Miquel Barceló, publicó dos novelas de Stephen Baxter. Una fue “Las naves del tiempo” que tampoco he leído. “Las naves del tiempo” tiene una fama acojonante y no es raro encontrársela en las listas de las mejores novelas de ciencia ficción del siglo pasado. Sin embargo, no deja de ser una continuación de “La máquina del tiempo” de H.G. Wells. Aquí el reclamo está en la obra de Wells, a pesar de sus indudables méritos.


La otra novela que publicó Nova es “Antihielo”. Esa si la he leído y la tengo junto al teclado en estos momentos. Es una buena novela, pero no es una gran novela, ni mucho menos una magnífica novela. Mas bien correcta y, una vez más, poco representativa de la obra de Baxter. Con esta breve selección, Nova dio la sensación de que Baxter era un autor especializado en homenajes, lo que dista mucho de ser cierto. Miquel Barceló tenía intención de publicar más obras de Baxter, pero nunca llegó a hacerlo.

La Factoría de ideas si que apostó fuerte por Baxter. Reeditó o editó sus colaboraciones con Clarke y publicó tres novelas exclusivamente suyas. “Evolución”, “Inundación” y “Arca”, ignoro con qué resultados comerciales. Tengo la sensación de que pasaron bastante desapercibidas. Sospecho que la Factoría cometió un error muy típico, se volcó en publicar sus obras mas recientes, que no tienen porque ser las mejores ni las mas comerciales. “Evolución” tiene pinta de ser un buen libro, pero tiene aspecto de veneno para las ventas y probablemente sea difícil de leer. “Inundación” es una de catástrofes. “Arca” parece una obra más típica de Baxter.

Finalmente, por ahí existe el comienzo de una serie ucrónica, “Emperador”, de la que no sé absolutamente nada, excepto que no se llegaron a publicar sus tres continuaciones.

De modo que en casi toda la obra de Stephen Baxter publicada en España, el reclamo comercial era cualquier cosa menos él. Cierto es que, con una bibliografía tan dilatada como la suya, es imposible que todas sus obras tengan un nivel de calidad muy alto, pero resulta de lo más frustrante repasarla y ver como, aunque tiene una afición a las ucronias que yo no comparto, lo más atractivo de su obra, inevitablemente, jamás llega a España. Parece mentira que nunca hayamos visto una edición de la saga Xeelee por ejemplo, que es una señora obra de culto, pero seguro que acabaremos viendo “The massacre of the Manking”, su continuación de “La guerra de los mundos” que por cierto viene precedida de críticas muy negativas.

Es tan frustrante, que me dan ganas de afirmar que si alguien propusiera una campaña de crowfunding para traducir la saga Xeelee les daría todos mis ahorros y, si no lo hago, es solo por el miedo a que alguien me tome la palabra. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

"Mil millones de años hasta el fin del mundo. Un manuscrito hallado en extrañas circunstancias.” de Arkady y Borís Strugatski.

 


Voy a hacer una cosa extraña con esta reseña. La voy a dividir en apartados, no porque sea larga (espero que no) sino porque así es como se ha estructurado en mi cabeza

La edición.

Al contrario de lo que dice la contraportada, aunque posiblemente si sea la primera vez que se publica esta novela en España, no es la primera vez que se publica en castellano. Buceando por Internet es fácil encontrar información sobre una edición antigua que se tituló “Decididamente tal vez”, probablemente argentina.
 
La que nos ocupa es muy buena, con mención especial de la traducción de Fernando Otero Macías. El único pero es el exceso de notas a pie de página. Algo inevitable, si tenemos en cuenta que los Strugatski eran autores tan rusos como Stephen King estadounidense. Las referencias a aspectos de la cultura rusa completamente desconocidos para el lector medio son tantas, que, la única alternativa posible hubiera sido sustituirlas por referencias similares de la cultura española, con lo que eso hubiera significado de desviación del original. Las notas son interesantes, pero hay tantas que el lector acaba teniendo que elegir entre leerlas o leer la novela, elección bastante fácil, créanme. Yo llegué a un compromiso, las echaba un vistazo rápido y seguía con lo que estaba leyendo.

La estructura.

La estructura es un poco peculiar. Los capítulos se componen de extractos. ¿Extractos de qué, exactamente? Nunca queda claro, supongo que del “manuscrito hallado en extrañas circunstancias”, al que alude el subtitulo. Extrañas circunstancias que tampoco se aclaran. Los extractos suelen empezar con puntos suspensivos, como en medio de una frase, y, a veces, se acaban convenientemente, en medio de un suceso interesante, dejando al lector comiéndose las uñas.

Además, como el traductor avisa justo al comienzo, la novela empieza en tercera persona y termina en primera, cambiando de modo paulatino, con lo que hay pasajes que alternan las dos personas.

Esto suena más complicado de lo que es. Aunque pueda resultar chocante, la verdad es que este juego con las personas gramaticales no dificulta la lectura, más bien al contrario.

El argumento.

El argumento de “Mil millones de años hasta el fin del mundo” bien podría ser el guión de una obra de teatro. Transcurre íntegramente en el interior del mismo edificio, un bloque de apartamentos, la mayor parte del tiempo en la misma vivienda. Dmitri Maliánov un astrofísico que ha enviado a su familia de vacaciones para poder centrarse en su trabajo, no puede dedicarse a él porque es interrumpido constantemente. Llamadas telefónicas equivocadas, recepciones de pedidos imposibles, visitas inesperadas. Cuando la situación empieza a ser desesperante, descubre que varios conocidos suyos no pueden avanzar en sus trabajos por encontrarse en la misma situación.

Valoración personal.

Me ha encantado. Pocas veces me he encontrado con una historia cuya lectura me haya resultado tan absolutamente imprevisible, y eso que la contraportada hace bastantes spoilers. Los hermanos Strugatski se las apañan para hacer ciencia ficción de altos vuelos, ambientada en el presente, sin alienígenas, ni meteoritos, ni artefactos todopoderosos, ni inventos estrafalarios. Sin siquiera salir de casa, ni más acción que una conversación.

“Mil millones de años hasta el fin del mundo” empieza como una comedia y termina como una pesadilla, a la que todo reseñador compara, con razón, con la obra de Kafka y Philip K. Dick. Divertida e inquietante a partes iguales, (al parecer mezclar momentos cómicos y dramáticos era una especialidad de sus autores) se lee con una facilidad pasmosa, a la que sin duda contribuye su brevedad. No sé que me ha gustado más, si la paranoica e inmensa chaladura de la premisa de partida o la humanidad que destilan sus personajes. Brillantes científicos o bufones, o ambas cosas a la vez, resulta imposible no identificarse con ellos. Su comportamiento cuando se toman unas copas, por ejemplo, me hacía recordar situaciones que yo había vivido personalmente o, tristemente, protagonizado. Son personas absolutamente normales, que meten la pata y hacen el ridículo. Pobres pringados atrapadas en una situación que los sobrepasa, lo que hace más terrible, si cabe, su destino final.

Hay algo muy sentido y muy conmovedor en sus reflexiones finales sobre la derrota y la rendición. Verdades a las que a uno no le gusta mirar, pero inevitables, a la vez que también hay algo muy conmovedor en la resistencia, callada y pertinaz, de Vecherovski.

Desde que los reyes magos me regalaron, hace más de una década, quien sabe si dos, la edición de Acervo de “Qué difícil es ser Dios” tenía ganas de leer algo más de los Strugatski. Después de leer este libro, debería ser inevitable.
 
Otras opiniones.
 

viernes, 24 de noviembre de 2017

"Tormenta solar” de Arthurc C. Clarke y Stephen Baxter


Es esta una peculiar continuación de “El ojo del tiempo”. Lo digo porque “El ojo del tiempo” y “Tormenta solar” son completamente distintas. “El ojo del tiempo” consistía básicamente en la creación y exploración de un escenario, el parcheado mundo de Mir. “Tormenta solar” es una novela catastrofista. De por sí, no hay nada malo en ello, pero resulta un modo extraño de construir una saga. ¿Decidirían los autores unificar dos historias independientes para aprovechar el efecto reclamo de las sagas? Nadie puede decirlo con certeza.

Las dos novelas se unifican por el personaje de Bisesa, como ya quedaba insinuado al final de “El ojo del tiempo”. El problema es que Bisesa es un personaje muy poco importante en “Tormenta solar”. De los principales personajes, es el único que podría eliminarse por completo sin que por ello el argumento se resintiese.

Como su nombre indica, la novela empieza con una gravísima tormenta solar, de catastróficas dimensiones, pero sólo un preludio del acontecimiento de extinción masiva que tendrá lugar unos años más tarde. En ese comienzo, los autores hacen un gran trabajo exponiendo las posibles consecuencias de una tormenta solar de tal magnitud y las interrelaciones que existen entre las formas de vida que pueblan la Tierra y el astro rey, algunas no tan evidentes como parece. No lo harán también en otras partes de la novela. Hay varios interludios en los que se explica el comportamiento interno de una estrella, que no resultan de fácil comprensión. Baxter y Clarke parecen divididos entre el miedo a resultar aburridos, dando demasiados detalles y el miedo a no resultar atractivos literariamente. La consecuencia de esta huida del didactismo es que resultan vagos e imprecisos y que no consiguen hacer comprensibles los conceptos que manejan a un lector lego en la materia.

Después del inicio vienen los esfuerzos para salvar a la humanidad, embarcándose en titánicos proyectos, el fundamental la construcción de un inmenso escudo, de diámetro superior al de la Tierra. Toda la parte central adolece de un grave problema: la absoluta falta de empatía que despiertan sus personajes. Son tan esquemáticos que no hay modo de sentir la menor simpatía o preocupación por su suerte. Son meros vehículos para exponer los proyectos de salvamento de la humanidad, hasta tal punto que los mejores momentos de los secundarios sean cuando alguno muere, pues las escenas de muerte están bien narradas, al contrario que en las que participaban cuando estaban vivos.

Durante toda la parte central, es la ciencia la que tira del relato, no la ficción. Uno sigue leyendo porque está fascinado por las ingentes obras de ingeniería, por el espacio exterior, por las estrellas y por el reto que afrontan los protagonistas, pero no por los protagonistas en sí mismos.

La cosa mejora mucho en el clímax final, cuando la catástrofe se abate sobre la Tierra. Esta parte si que es emocionante y si que captura la atención del lector. Ominosa al principio, luego aterradora, trágica y épica a partes iguales, da la sensación de que esta era realmente la historia que los autores querían contar y que el resto de la novela haya sido un compromiso ineludible.

Recomendable para los amantes del cine de Roland Emmerich y del cine de catástrofes en general, al que se hace un divertido guiño en el epílogo. Para los demás lectores, una novela entretenida y desigual, con algunas partes brillantes, de no ser por las cuales diría que se lee tan fácilmente como se olvida.

jueves, 16 de noviembre de 2017

"Profundo" de Alberto Moreno Pérez


Acabo de leer el número 10 de la colección Soyuz de Ediciones El Transbordador. Sorprendente, y bien recibido, el boom de la narrativa breve de género que parece que estamos viviendo. Procuraré que mi reseña sea más breve que la obra.

Me ha gustado mucho la ambientación de “Profundo”, eso que llaman worldbuilding o construcción de escenarios y me ha gustado mucho como Alberto Moreno se las ha arreglado para definirla, sin explicaciones explícitas, todo directamente a través de los ojos del protagonista, Rojas. En concreto me ha sorprendido mucho el tema de la evolución del lenguaje escrito, con uso de emoticonos, algo que nunca se me había ocurrido hasta que lo leí, pero que una vez leído parece inevitable. Y los trajes configurables me encantan

Alguna descripción se me hizo algo difícil de entender, la de la primera vez que Rojas mira al cielo sobre todo. Entiendo que lo que el autor esta intentando es asumir el punto de vista de una persona que no tiene nuestros referentes culturales, cuyo idioma no dispone de las palabras que nosotros emplearíamos para esos objetos y conceptos, por lo que tiene que sugerir lo que son sin nombrarlos. Normalmente Alberto Moreno sale victorioso de este reto y resulta comprensible al lector, pero a veces he perdido el hilo de la narración.

Odio el final, pero eso está bien, es lo que el autor pretendía, malo hubiera sido que me gustase. Lo que no me gusta es que se ve venir desde el momento en que Rojas se da cuenta de la alteración de una constante de toda su vida. A partir de ahí es evidente lo que está pasando y eso hizo que se me alargara mucho todo lo que viene después, el paseo hasta la sección del Colector donde Rojas tendrá la revelación que el lector ya ha anticipado.

Al terminar la lectura, no puedo negar que me ha dejado una sensación un poco insatisfactoria, un ansia del tipo: ¿en serio? ¿esto es todo? Si me hubiera encontrado “Profundo” en una antología de relatos o una revista, no me habría importado, pero al ser una pieza individual, puede decirse que me ha dejado con hambre.

En cualquier caso, sigue admirándome lo distintas que son las historias de Alberto Moreno Pérez entre sí y lo poco convencionales que resultan. Espero que nunca se seque la fuente de su creatividad.

viernes, 10 de noviembre de 2017

"El sueño de los dioses! de Javier Negrete


 En mi reseña de “El espíritu del mago”, que por cierto, ahora encuentro repleta de faltas de ortografía y errores sintácticos, decía que esperaba tardar menos en decidirme a leer “Atlántida” de lo que había tardado en decidirme a leer aquella novela. Pues bien, tardé dos años en hacerlo, que ya es bastante, pero es que he tardado siete en decidirme a leer la continuación de “El espíritu del mago”. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo, sobre todo porque Javier Negrete ha terminado por convertirse en uno de los autores a los que más disfruto leyendo.

En mi arrogancia, normalmente me creo capaz de descifrar que es lo que hace que una novela funcione, cuales son los puntos fuertes del autor que hacen que su libro me guste. Con Javier Negrete me confieso incapaz. Supongo que lo principal es que sabe componer buenas historias, que son entretenidas e interesantes, porque, al final, por muy importantes que sean las formas, lo que cuenta es la historia que se está contando. Puedo intuir algunos aciertos evidentes: el sentido del ritmo, la habilidad en la dosificación de información, los giros inesperados, pero , sinceramente, soy incapaz de descifrar las claves de Javier Negrete. Y sin embargo, sus novelas funcionan. Y como.

Dicho esto, “El sueño de los dioses” es el libro más insatisfactorio de Javier Negrete que he leído en diecisiete años. Los motivos hay que buscarlos en su propio origen. Según leí en una entrevista, Javier Negrete tenía previsto escribir una trilogía, pero cuando vio que la longitud del tercer tomo empezaba a írsele de las manos, pidió permiso a la editorial para terminar la serie en dos. La editorial accedió encantada y él, sabiendo ya que no iba a ser el último libro, incluyó muchas mas información y escenas de las que tenía previstas.

Eso se nota mucho. “El sueño de los dioses” empieza con un largo flashback en el que se cuentan de nuevo acontecimientos que tenían lugar al final de “El espíritu del mago”, sin aportar ninguna información nueva relevante. Recuerdo que en aquella entrevista Javier Negrete comentó que, de haber escrito un único libro, no lo habría incluido. Así mismo, son continuos los párrafos en los que el narrador recuerda lo que le ocurrió a algún personaje en los libros precedentes.

Nada de esto me ha molestado a mí, pero, como ya he dicho, habían pasado siete años. Yo lo necesitaba, pero, probablemente, no la mayoría de los lectores. Esta morosidad y este volver atrás hacen que la trama tarde mucho en avanzar y, lo peor para mí, es que no ocurre nada hasta casi la mitad del libro.

Imagino que muchos se estarán rasgando las vestiduras ante mis palabras, diciendo que ocurren muchas cosas. Si que ocurren, si, pero son un trámite. Prácticamente la mitad del libro se va en que ocurra lo que tiene que ocurrir. ¿A que me refiero con eso? A ver, es un punto de vista personal, lo explicaré con algunos ejemplos frikis. ¿No habéis leído algún cómic de superhéroes en el que los protagonistas malgastan páginas y páginas intentando evitar que algún villano llegue a nuestra dimensión o lo que sea? Son páginas que a mí me hacen bostezar, porque sabes desde el primer momento que van a fracasar, el villano tiene que llegar, porque, si no llega, los héroes no pelearán contra él y no tendremos cómic. Me suena que hubo también alguna saga de Dragon Ball, en la que los secundarios se pasaron un montón de tiempo intentando evitar que un malo volviera o se hiciera superpoderoso. ¡Menuda tontería! El malo tiene que hacerse superpoderoso, porque, si no lo hace, la pelea con Son Goku no tendrá emoción.

Por eso digo que es un trámite. Los personajes tienen que cruzar una gran extensión de terreno y, además, hay que explicar porque alguno de ellos hará algo que jamás haría de corazón. Eso requiere su tiempo, pero en el fondo no es más que un trámite que hay que pasar, para que la historia pueda empezar. Un gran mal se va a desatar sobre Tramorea y nadie podrá evitarlo. La culpa no es del destino, ni de la dialéctica de la historia, sino de la reglas de la composición dramática. La amenaza debe llegar, para que los héroes se enfrenten a ella. La habilidad de Javier Negrete consiguió que no me aburriera, pero no que me abandonara la sensación de estar perdiendo el tiempo.

Una vez pasado el trámite, las cosas mejoran mucho. Hay excelentes escenas, marca de la casa, de guerra y de catástrofes, para llegar rápidamente a un final abierto, que deja absolutamente todo en el aire. Al final, “El sueño de los dioses” resulta no ser más que un largo prefacio a “El corazón de Tramorea”

Me he quedado con tantas ganas de saber como acaba, que espero leerlo antes de que acabe el año. El año 2018, quiero decir.
 

jueves, 2 de noviembre de 2017

"El bosque oscuro" de Liu Cixin

 
En la continuación de “El problema de los tres cuerpos” se percibe un atenuamiento de los defectos y virtudes de dicha obra. Los desajustes formales de la primera entrega de la serie se reducen hasta casi desaparecer, aunque los personajes siguen hablando demasiado y mantienen esa tendencia molesta a contarse unos a otros lo que ya saben, pero no el lector, y a dar explicaciones exageradamente pormenorizadas. Por desgracia, parte del encanto de su predecesora se ha perdido. En “El problema de los tres cuerpos” había al menos un momento “atiza” (algunos dicen que dos) impresionante, de lo mejor que he leído en años. En “El bosque oscuro” hay muchos momentos muy buenos y se tratan con seriedad temas muy interesantes, pero el lector que esperase que Liu Cixin rizase el rizo con un “más difícil todavía”, se llevará una desilusión.

Los grandes perdedores, siguen siendo los personajes. El protagonista, Luo Jin, está un poco mejor que el resto. No se puede negar que sus acciones son bastante creíbles. El resto de personajes resultan planos, esquemáticos o poco desarrollados. Hay un personaje femenino, en concreto, que me ha resultado completamente desconcertante. Lo hace porque se plantea como la exaltación del ideal femenino decimonónico, dulce, bondadosa, ingenua e inocente. Lo desconcertante es que dicho personaje no me ha resultado empalagoso. Ello se debe a que el personaje es descrito así, pero no hace gala de sus supuestas virtudes, no lo vemos en acción. Todo lo que sabemos de él es lo que nos han contado, no lo que contemplamos nosotros mismos, que es más bien poco. Ese es el motivo de que no resulte odioso. No sé si esto es una demostración del genio de Liu Cixin o de su incompetencia

Por cierto que la extrañeza de los nombres de los personajes, para el lector occidental, puede causar alguna mala pasada con los secundarios. En concreto, yo no me dí cuenta de un personaje que aparecía en dos tramas distintas era el mismo, hasta que se contó explícitamente.

En lo que si destaca Liu Cixin es en el uso de imágenes y símiles, de inusitada belleza y eficacia. Son abundantes los momentos del estilo “se sintió como si estuviera mirando en el interior de una cueva, en lo alto de una montaña”… me lo estoy inventando, que quede claro. Los de Liu Cixin son mucho mejores. Ignoro si se debe a la extrañeza, por venir de diferentes tradiciones culturales y si en su propia cultura esas imágenes resultarían tópicas o anodinas, pero a mí me impresionan y sorprenden. Por desgracia es casi su único recurso. El autor se da cuenta de que se le da bien y lo usa hasta la extenuación, lo que baja considerablemente su eficacia.

Pero en mi interior, no puedo mas que perdonar a Liu Cixin todos sus posibles pecados estilísticos cuando revela su lado más friki. El escritor chino es un fan de la ciencia ficción clásica y se nota. Sólo puedo sentir simpatía, por alguien que cita alegremente a Arthur C. Clarke o hace que dos personajes se enfrasquen a hablar sobre la saga de las Fundaciones, de Isaac Asimov.

Con todo lo anterior no quiero decir que sea un mal libro. “El bosque oscuro” es una novela muy interesante, de cuya lectura he disfrutado mucho y que me ha ayudado a soportar una mala racha laboral. Tratando de reducir los spoilers al mínimo, recordaré que, al final de “El problema de los tres cuerpos” la humanidad se enfrentaba a un terrible desafío. En “El bosque oscuro” se nos cuentan las diversas estrategia empleadas para ello, la mayoría planes a largo plazo de una escala inusitada.

Para ello se recurre a los “vallados”, personas cuidadosamente elegidas a las que la humanidad da plenos poderes para que busquen soluciones y dirijan sus propios proyectos, manteniendo en secreto sus verdaderos objetivos, tanto para enemigos como aliados. Aquí creo que Liu Cixin ha desperdiciado una idea brillante. Los “vallados” podrían haber dado más de sí en un escritor más competente o retorcido. Liu Cixin nunca intenta meterse en el pellejo de unos personajes que no pueden confiar en nadie, ni revelar sus verdaderos propósitos y tienen que conseguirlos simulando hacer otra cosa. Liu Cixin ni siquiera intenta reflejar la paranoia y la esquizofrenia de la situación.

De los planes de los cuatro vallados, el de Tyler es un poco tonto, el de Hines tiene pocos dobleces y el de Rey Diaz es una chaladura grandiosa, aunque, en mi opinión, inverosímil. El protagonista, Luo Jin prefiere usar los recursos de los vallados para darse la gran vida. ¿No dije ya que me resultaba el más humano?

A lo largo de la novela se suceden las décadas y la humanidad experimenta grandes transformaciones sociales y tecnológicas. El recurso a la hibernación permite mantener a los mismos protagonistas. El mundo hiperconectado al que despiertan tras su sueño es encantador y la aparición de un mortal virus informático, aunque breve, es casi tan genial como los mejores momentos de “El problema de los tres cuerpos”.

Acostumbrado a las novelas anglosajonas, el contraste resulta divertido. Por ejemplo, en la ciencia ficción norteamericana suele ocurrir que, aunque aparezcan organismos supuestamente internacionales, como una flota espacial, los personajes protagonistas siempre sean mayoritariamente americanos, o como mucho ingleses. En “El bosque oscuro”, por supuesto, son orientales, normalmente chinos. También resulta llamativo la importancia que se le da al “espíritu de combate”, el protagonismo que se da a los comisarios políticos y como se persigue el derrotismo en el ejército, como si fuera un crimen, mientras que uno está acostumbrado a leer historias de héroes desengañados que luchan batallas perdidas por pura integridad personal, aquí se considera que un soldado, especialmente si es un alto mando, jamás puede dudar de la derrota. Incluso se considera la posibilidad de utilizar la tecnología para inducir artificialmente esta convicción. Esta posibilidad es desarrollada inteligentemente, dando lugar a otro de los mejores momentos de la novela.

La novela trata una gran variedad de temas. A los ya expuestos habría que añadir la paradoja de Fermi, que la abre y la cierra. Cada uno de ellos podría dar para una novela completa. Quizá demasiados. En ocasiones, “El bosque oscuro” me ha resultado algo dispersa. A veces la narración se bifurca, sigue un determinado tiempo a algún personaje que parece poco relacionado con la trama principal y luego vuelve a ella, sin que esta bifurcación haya tenido una importancia significativa. Me pasó con los capítulos dedicados a tres jubilados, que aunque sirven para ver como los cambios que sacuden al mundo afectan a la vida de la gente normal, me resultaron bastante prescindibles. Me ocurrió lo mismo con la historia de amor, bastante bella, entre Luo Jin y un personaje de ficción inventado por el mismo y con la historia que transcurre en el espacio que termina con “La batalla de la oscuridad”. Esta historia, con muy pocos cambios, se podría haber publicado independientemente. Enterarme de que en la antología “Planetas invisibles” uno de los relatos de Liu Cixin era en realidad un fragmento de “El problema de los tres cuerpos” me puso la mosca detrás de la oreja. A saber si Liu Cixin no estará incluyendo otros relatos en esta novela, a modo de “fix-up”. De publicarse independientemente, habría sido un buen relato, por cierto.

En suma, Liu Cixin plantea muchos sub argumentos y trata muchos temas y, aunque no lo hace mal, no profundiza demasiado en ninguno de ellos. Dispara dardos afilados en muchas direcciones. Alcanzan su blanco, pero no se hunden a gran profundidad. Con la trama pasa un poco lo mismo, ocurren muchas cosas, algunas muy graves y hay grandes sorpresas, pero el lector las vive con poca emoción, salvo algún instante tremendamente bueno. Eso la vuelve, como poco, entretenida y, aunque solo fuera por los temas e ideas tratados, una lectura estimulante para el cerebro. Así que si, es una buena novela de ciencia ficción y una secuela digna de “El problema de los tres cuerpos”, quizá un poco inferior.

Secuela que ata casi todos los cabos sueltos de su predecesora. Me pregunto como podrá seguir la saga después de esto. Bueno, supongo que “El bosque oscuro” tendrá algo que ver.

Lástima de la cursilería del epílogo. Afortunadamente sólo son cuatro páginas.

jueves, 26 de octubre de 2017

"Neuromante" de William Gibson



Hay libros que sólo deberían leerse en un momento determinado. “Neuromante” se publicó en 1984 y se convirtió en una obra de culto. Prácticamente, creó un subgénero de la ciencia ficción, el cyberpunk, cuya influencia traspasó la literatura para convertirse en un fenómeno cultural. Se ha repetido hasta la saciedad que en ella aparece por primera vez la palabra “cyberespacio”, aunque la realidad es que William Gibson y la había usado en algunos relatos anteriores. David Pringle incluye “Neuromante” entre sus “100 mejores novelas de ciencia ficción” y no escatima halagos hacia ella.

Todo eso me pilló muy joven, más que adolescente todavía era un niño. Excepto cuando la escribe Rodolfo Martínez, la cyberpunk nunca ha supuesto el menor interés para mí, ausencia de sense of wonder, supongo. Desde mi desconocimiento, tengo el prejuicio de que el género no ha evolucionado, sino que sigue repitiendo los mismos clichés que ya se han vuelto tópicos, incluso en el cine y la televisión y me he cansado de oír y leer comentarios del estilo de “Neuromante está bien, pero el resto de la obra de Gibson me ha decepcionado".

Con estos mimbres, es comprensible que haya tardado tanto en acercarme a la novela. ¿Qué me he encontrado? Sin duda, su gran baza es la ambientación, pero lo que en su día fue novedoso, hoy ya no llama la atención, excepto por esos impretendidos toques retro que aparecen aquí y allá, unos disquetes, algún láser disc, unas cabinas de teléfonos…

La trama es bastante entretenida: un hacker al que unos jefes rencorosos desposeyeron de su medio de vida, inhabilitándolo para operar cerebralmente en la red, es reclutado por un tipo misterioso para que realice una serie de asaltos, junto con una guardaespaldas cyborg, a cambio de su restauración, terminando en una estación espacial regida por aristócratas decadentes, en medio de un conflicto entre inteligencias artificiales.

A pesar de ello, tarda demasiado en arrancar y cuando lo hace, tarda en ponerse interesante. Durante demasiadas páginas Case y Molly, los protagonistas, se limitan a deambular por el mundo sin objetivo claro. Gibson prefiere sugerir a explicar, lo que es bueno, pero se mantiene siempre en el filo de la navaja de la incomprensibilidad. A mi mismo, en ocasiones, me costaba seguir el hilo, aunque debo confesar que no he prestado a esta novela la atención debida. A ello no ayuda lo ya comentado, momentos que en su día debieron resultar brillantes y originales, como cuando Case queda atrapado en un mundo virtual, han devenido en tópicos.

Si la trama no me llamaba la atención, tampoco lo hacían los personajes. Rara vez siento empatía por los personajes drogadictos y autodestructivos como Case, pero no es imposible y aunque no la sienta, pueden resultarme interesantes. No es el caso, Case tiene el carisma de un tempano de hielo, nada en su personalidad me resulta atractivo. Molly tiene bastante más carácter, si, a fin de cuenta es peleona, leal y activa sexualmente, a pesar de lo cual termina convertida en una dama en apuros durante el clímax de la obra.

Literariamente, Gibson apuesta demasiado por descripciones chocantes, repletas de imágenes raras, como el famoso cielo del color de una televisión no sintonizada, que las más de las veces encuentro farragosas y, a menudo, difíciles de entender.

Así que me temo que no me he convertido en uno de los admiradores de William Gibson y no es probables que vuelva a él.

Pero, ¿qué hubiera pasado si la hubiera leído en el momento de su publicación? Si mi frágil yo adolescente hubiera estado expuesto al impacto de su creatividad, puede que ahora estuviera escribiendo una reseña muy diferente.