Buscar este blog

No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 18 de enero de 2018

“De las ciudades vuestras tumbas” de Víctor Conde


Jarek Kôdz, es un maquinista polaco judío, nacido en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial, del que pudo huir, con su hermano, gracias al ataque de un horrible ser. Una tragedia que asola uno de sus trenes hará que se obsesione con los vampiros, lo que le llevará a convertirse en un lingüista experto en lenguas muertas y muchas cosas más, cuando por fin encuentre el objeto de su búsqueda. Momento en que realmente comenzará su historia.

“De las ciudades vuestras tumbas” supone un reencuentro con el Víctor Conde escritor de terror, del que me mantenía alejado desde “Naturaleza Muerta”, hará ocho años. No es que sea mi género favorito, pero también me atrae.

“De las ciudades vuestras tumbas” es una vuelta de tuerca interesante al mito vampírico. Ni héroes románticos ni carnaza para superhéroes, pero tampoco figuras amenazantes que aguardan en las sombras, sus vampiros son viejos, muy viejos, ricos y poderosos, egocéntricos, gobiernan el mundo desde el anonimato y se refieren a la humanidad como “el ganado”. Su existencia sigue una serie de ciclos, marcados por el resurgimiento de la figura del Antiguo y el proceso de “mesmerización”. No entraré en más detalles pues me han parecido grandes hallazgos y no quiero estropearle a nadie la lectura.

Lectura que a mí me ha resultado de lo más amena. No tengo nada en contra de otros modos de enfocar el desarrollo de una novela, más pausados o menos episódicos, pero para mi siempre es un placer encontrar una en la que en cada capítulo ocurre “algo”, un “algo” vital que hace avanzar la historia, transforma la vida de sus protagonistas y después del cual es imposible la marcha atrás. Así mismo, el elaborado estilo del autor es muy llamativo y termina convirtiéndose en el mayor atractivo de la obra.

Mucho más atractivo que los personajes. A pesar de alguna buenas ideas, los vampiros de Víctor Conde resultan personajes muy esquemáticos. Apenas apuntados con una característica, se parecen mucho a los arquetípicos de supervillanos. Jarek, narrador en primera persona casi omnisciente, fuera de su obsesión, no tiene mucha más personalidad. Es un vehículo para el desarrollo de la trama. Aparte de esto, me ha resultado chocante lo friki que es.

Vamos a ver, puede ser un prejuicio mío, a fin de cuentas, durante la obra, queda claro que es aficionado al cine y un catedrático en lenguas clásicas de la universidad de Praga tiene derecho a interesarse por la cultura popular como el que más, pero a mí no me acaba de convencer que la mayor parte de los símiles y metáforas que utiliza los saque de películas muy populares, más alguna mención a personajes de cómic, e incluso una referencia a las Fundaciones de Asimov. Sin conocerlo, parecen referencias que pertenecen más al autor del libro que a su personaje.

Y aunque el estilo me ha gustado mucho y me ha parecido lo mejor de la novela, tampoco aquí todo es de color de rosas. Hay algunas intromisiones de lecturas pulp que no sé si tomarme en serio. Me hacen plantearme si “De las ciudades vuestras tumbas” no será en realidad una sátira del género al que pretende pertenecer. Ejemplo paradigmático es la página 43, cuando dice:

“Era un idioma difícil de pronunciar por gargantas humanas y que sonaba a grandes cataclismos acontecidos en la noche de los tiempos. Una lengua que se me antojó tan antigua que su gramática había sido establecida, antes de que los monos se transformaran en hombres.”

Este tipo de frases me encantan, pero cuando me las encuentro en las obras de Lovecraft o Howard. En la presente novela, me han sonado como una parodia de los anteriormente mencionados. Resultan tan artificiosas que me hacen sonreír en el momento menos apropiado. ¿Es creíble que un narrador moderno se exprese así, o es que pretendía ser un homenaje?

Mucho más grave es que, en ocasiones, Víctor Conde abusa de las referencia e imágenes, interrumpiendo constantemente el discurso, con excesivas oraciones subordinadas y un molesto uso de los paréntesis. En resumen, empleando demasiadas palabras para decir muy poco, atenuando así el efecto de alguna escena impactante por culpa de la intromisión de información irrelevante.

La estructura de la novela tampoco me convence. A partir de un momento dado, empiezan a aparecer pequeños capítulos titulados “interludios”. En ellos vemos como un peligroso enemigo realiza un viaje que lo lleva inexorablemente hacia nuestros protagonistas. En un recurso muy utilizado en los cómic books y las series de televisión, que también funciona bien en algunas novelas, generalmente muy largas. Sirve para crear expectación alrededor de la figura de este nuevo personaje y del enfrentamiento que ha de llegar. Para que el recurso cumpla su función, el personaje debe ser carismático y cada nueva aparición debe aportar un poquito más de información, sobre él o sobre lo que se propone.

En mi opinión, Víctor Conde no lo ha hecho bien. Cada “interludio” es casi una repetición del anterior, que sigue el siguiente esquema: Unos personajes humanos, creados expresamente para el “interludio”, se tropiezan con lo que parece ser un mendigo harapiento y éste barre el suelo con ellos. Eso es todo. Los humanos del tercer interludio están algo más preparados, pero el esquema se repite del mismo modo. No producen expectación ni deseo de saber más, sólo ganas de que acaben pronto, para poder seguir leyendo la historia.

Lo mismo ocurre cuando, en medio del clímax de la novela Jarek se toma unas drogas y su estado de flipe sirve de excusa para la inclusión de una serie de pequeños relatos. Algunos mejores que otros, la sensación general que provocan al lector es de bajón, Han parado de contarnos una historia que nos estaba interesando, para sustituirla por un carrusel de estampas desagradables, que tienen su atractivo y quizá ofrezcan una visión más global de la trama, pero que no son algo que le interese leer en ese momento.

Por último, frente a todas estas dilaciones, el final resulta, por el contrario, apresurado. En las últimas treinta páginas ocurren muchas cosas, demasiadas. Pasan años, incluso décadas y los personajes supervivientes experimentas transformaciones más radicales que las sufridas anteriormente. Nada de ello resulta adictivo o conmovedor para el ya extenuado lector.

Estos problemas de estructura y ritmo devalúan lo que, de otro modo, habría sido una estupenda lectura.

viernes, 12 de enero de 2018

Resumen del 2017

En la temporada que sigue a las navidades, todos los blogs de aficionados a la lectura florecen con resúmenes con lo mejor del año pasado.

¡PUES SI ESPARÁBAIS QUE YO HICIERA LO MISMO, VAIS LISTOS!

Anda, como que no tengo mejores cosas en las que perder mi tiempo (y el vuestro)

viernes, 5 de enero de 2018

“El corazón de Tramórea” de Javier Negrete


Decía en mi reseña de “El sueño de los dioses” que me había quedado con ganas de saber como terminaba “El corazón de Tramórea” y que esperaba leerlo antes de que terminara el 2018. Bueno, pues el 2018 no ha hecho más que empezar, pero ya conozco el final de la saga de Tramórea. Ha sido un largo camino, desde que empezara en el 2003, apenas puedo reconocerme a mí mismo en el hombre que recuerdo de aquel entonces. Lo mismo ha pasado con la saga que inició “La espada de fuego” y terminó por extenderse a cuatro volúmenes.

Empecemos por dejar claro que “El corazón de Tramórea” es una conclusión que está a la altura de las expectativas creadas. Todos los enigmas son resueltos de modo satisfactorio, todas las tramas llegan a su conclusión y todos los personajes encuentran su destino, lo que no significa que no se puedan contar nuevas historias de los supervivientes, pero no tengo ganas de ponerme a citar a Michael Ende.

La novela está escrita con la maestría narrativa que se ha convertido en habitual en su autor. A pesar de su longitud, se lee con rapidez, que digo, se devora. Hay emocionantes duelos y batallas, catástrofes apocalípticas, momentos espectaculares dignos de una superproducción de Hollywood y escenarios grandiosos, que parecen salidos de una novela de ciencia ficción del subgénero “objetos grandes”.

En otro orden de cosas, ignoro si el efecto es buscado o no, pero también me ha resultado atractivo el modo en que en unos capítulos pareces estar leyendo una fantasía heroica desaforada y en otros una novela de ciencia ficción, según el personaje cuyo punto de vista sea usado para la narración y lo bien que funciona el dúo de Derguin Gorión y el Mazo como pareja de aventureros, a lo Fafhrd y el ratonero gris o Gotrek y Félix.

Habiendo dejado claro que ha sido una lectura satisfactoria, no me resisto a quejarme de que no ha sido todo lo satisfactoria que podría llegar a ser. Algunas de las cosas que me chirrían ya estaban en el volumen anterior: Tubilok, como villano, se parece demasiado al típico científico loco, obsesionado con destruir el mundo, me fastidia que algún personaje tenga que liquidar unos cuantos soldados para demostrar lo molón que es y hubiera deseado una presencia más explícita de las enigmáticas Moiras, aunque entiendo la necesidad de que su presencia sólo sea intuida.

A pesar de la parrafada anterior, los defectos que he creído encontrar se refieren, principalmente, a problemas con el ritmo del relato y desequilibrios en el pulso entre información y narración.

Para empezar, “El sueño de los dioses” terminaba en un cliffhanger tremendo y, en vez de continuar la historia donde se dejó “El corazón de Tramórea” comienza con un frustrante y largo flashback.

Las desventuras de Tarimán son importantes y sin ellas no se entendería bien la historia, porque aportan información vital, pero funcionan mucho peor que el resto de las tramas, a lo que no ayuda su carácter eminentemente descriptivo, ya que gran parte de su función es presentarnos los escenarios en los que va a transcurrir el resto de la novela y las motivaciones de algunos personajes.

Javier Negrete está preparando la función, disponiendo la tramoya y colocando cada pieza en su casilla del tablero. Tal vez emplea demasiado tiempo en ello y demasiado poco en la conclusión. No hay cosa que odie más en la lectura que el exceso innecesario de páginas, sin embargo, “El corazón de Tramórea” me ha dejado la sensación de que se podría haber desarrollado mejor con más páginas, quizá incluso con algún libro más en la serie.

Resulta extraño que, después de dedicar tantas páginas al principio de la novela, la historia de Tarimán se interrumpa y no se retome, de modo que nunca se conozcan las circunstancias de su rescate del Onkos. También resulta extraño el alto número de páginas que se dedican a la biografía del primer Zelmanit, cuando en ella no se cuenta ningún dato muy relevante y eso que aquí habría encajado perfectamente el detalle del rescate de Tarimán. Habría quedado mejor como una trama paralela, insertada entre las demás y contada con más detalle. Tal como queda, la crónica de Zenort lo que hace es volver a interrumpir una historia que se estaba poniendo de lo más emocionante, para profundizar en el pasado y aportar muy poco.

Incluso la visita a la ciudad pérdida que se deriva de esta crónica es casi, no completamente pero casi, gratuita y podría haberse eliminado con unos pocos retoques de la trama.

Finalmente, aunque lo mismo ocurre en muchas novelas de muchos autores distintos, nunca me ha convencido la acumulación de clímax sucesivos. Ya saben, cosas como que, muy cerca del final de un libro, ocurra una épica y emocionante batalla y después de la misma, el protagonista se separe del ejército para tener el duelo final con el villano. Negrete tenía que hacer encaje de bolillos con muchos personajes y tramas paralelas. Ha hecho lo mejor que ha podido: lo ha resuelto haciendo que muchos de los personajes se reúnan y sus tramas confluyan y luego, lo ha repetido con los personajes y tramas restantes, a tiempo para el gran final.

Criticar es fácil, cierto, a mi no se me ocurre como habría podido hacerse, pero sin duda habría resultado mucho más emocionante si hubiera conseguido que todos los personajes y todas las tramas confluyeran a la vez.

Mi impresión personal y totalmente subjetiva, es que Javier Negrete se vio condicionado por la ansiedad de terminar un proyecto en el que llevaba ya muchos años embarcado. Eso hizo que en algunos pasajes de la segunda mitad su sentido del ritmo, habitualmente tan medido, se acelerara indebidamente, para quitar de en medio las partes menos interesantes, mientras que, por otro lado la ansiedad de terminar bien, de dejarlo todo atado y bien atado, hace que se exceda con las explicaciones y las descripciones, en su intento de cubrir cualquier agujero de la trama y eliminar los cabos sueltos.

lunes, 1 de enero de 2018

¡Que bueno eres, Ginger Baker!


Tienen todo el derecho del mundo de decirme: “zapatero a tus zapatos”. Nunca he hablado de música en este blog y no soy ningún experto. No es un tema que domine. Aún así, no puede resistirme a comentarlo. Los guitarristas siempre han sido mis músicos preferidos. Ando escuchándome la discografía de Cream, grupo al que, me disculpo por mi incultura, llegué a través de Eric Clapton que es uno de mis guitarristas favoritos. Al contrario que la guitarra, la batería y la percusión, en general, siempre han sido los instrumentos que menos me llaman la atención. El caso es que, escuchando a Cream, noto que Clapton es buenísimo, eso ya lo sabía, pero lo que me ha sorprendido es que el batería (Ginger Baker me informa la Wikipedia) debe ser la hostia, porque hasta a mí, que en alguna ocasión el sonido de la batería ha llegado a molestarme, flipo con él.

sábado, 30 de diciembre de 2017

"Piscis de Zhintra” de Víctor Conde


En estas fechas tan señaladas, lo normal sería postear algún texto repleto de deseos de felicidad y buenos propósitos para el año que está a punto de empezar. Pues no va a ser posible. Las navidades son unos días mágicos… cuando eres niño. En cuanto entras en la edad adulta y pasas de ser espectador a organizador y ayudante de rey mago, se convierten en unos días agotadores y tediosos, así que mientras suspiro por el restablecimiento de mi rutina, intentaré abstraerme del espíritu navideño haciendo, si no lo que mejor se me da, si lo que hago mas a menudo, reseñar un libro.

El libro elegido ha sido “Piscis de Zhintra” extraído de la cada vez más inmensa pila de libros de Víctor Conde comprados, pero que nunca me he puesto a leer. Obra primeriza de este autor ya veterano. Narra las aventuras de una heroína intergaláctica, una replicante creada como juguete sexual, rebelada contra sus amos, que, acompañada por una gatita, recorre el vacío del espacio abordo de una supernave espacial, regida por una inteligencia artificial contestona.

(Ni la nave, ni la IA, ni la gata salen apenas en esta entrega de las aventuras de Piscis de Zhintra)

Poco más se puede decir del argumento, algo confuso. Piscis va corriendo de un lado a otro, a menudo sin que el motivo esté muy claro, tratando de recuperar su súper nave, mientras un montón de enemigos la persiguen. Entre peripecia y peripecia, Víctor Conde se las arregla para realizar una cierta crítica a la obsesión imperante con los programas de entretenimiento que distribuyen las cadenas de televisión, a la que hoy día habría que añadir el canal alternativo de internet y a la baja calidad y la falta de verosimilitud de los mismos.

“Piscis de Zhintra” sería fácil de criticar injustamente. Para empezar se trata de una novela orientada a un público juvenil, lo que no excusa para el mal hacer, pero los defectos más evidentes, la superficialidad o lo estereotipado de los personajes, la mofa a la que somete las leyes de la física, la absoluta inverosimilitud de todo lo que se cuenta, incluso tratándose de literatura fantástica, los giros argumentales absurdos… Todo eso supuestos fallos, son intencionados.

“Piscis de Zhintra” circula por la delgada línea que separa la parodia del homenaje. Los referentes que despierta en mí, que no tienen porque estar en la cabeza del autor, son más televisivos que literarios. Me recuerda algunos capítulos de “Farscape”, “Andrómeda” o incluso el “Doctor Who”, todo es muy acelerado y muy loco, subordinándose a la acción cualquier otra consideración. Es un divertimento divertido, no apto para todos los paladares, sino sólo para los que estén dispuestos a entrar en el juego que propone, que requiere del lector el esfuerzo de suspender su propia incredulidad, a niveles de una profundidad inusitada. Deben abstenerse aquellos a los que hacerlo les parezca rebajar su nivel de exigencia.

Eso sí, lo que no es de recibo es como se presentan los lloriqueos y los ataques de histeria como algo consustancial al sexo femenino.

Para terminar, supongo que debería desear a mis lectores un feliz año. Que así sea. Feliz año 2018 a todos. Supongo.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Mas consejos que nadie me ha pedido

Mis lecturas están sufriendo un parón considerable, que las inminentes navidades no van a solucionar, si no todo lo contrario. Así que en vez de una reseña, este semana voy a continuar un post del 2015 y añadir algunas reflexiones más sobre el oficio de escribir, que he tenido desde entonces. Resumiendo, otros cuatro consejos que nadie me ha pedido.


1) Los adjetivos. Todo el mundo lo dice y, desgraciadamente, tienen razón. Los escritores primerizos tienen tendencia a abusar de los adjetivos. Es algo que hay que vigilar y que en lugar de enriquecer tu lenguaje, lo empobrece, porque empleas demasiadas palabras para decir lo mismo. En mi caso particular, parece que no me quedo tranquilo si no digo, como mínimo, tres adjetivos seguidos, dejando el que me interesa para el final, separado por la interjección “y, para que quede resaltado”. Por ejemplo, no me basta decir: “Al asomarse al pozo, descubrió una oscuridad atemorizante”, no, tengo que decir “Al asomarse al pozo, descubrió una oscuridad, profunda, negra y atemorizante”. Este ejemplo es de los mas deplorables que se me ocurren, porque ¿hay alguna oscuridad que no sea negra? Decir “atemorizante”, tampoco me gusta. Suena mas culto que “aterradora”, pero es ser muy obvio, al usarlo, estoy tomando al lector por tonto, no hay que decir que algo es “aterrador”, hay que intentar transmitir la sensación de que es aterrador.


2) Los personajes, otro clásico. Podría rellenar posts y posts sobre los personajes. En esta ocasión, me limitaré a recalcar una obviedad, los personajes no son el escritor. Este tiene que esforzarse en reflejar sus puntos de vista, que no tienen porque ser los suyos. Es más, la obra quedará mejor si no son los suyos. Escribir lleva mucho tiempo y es muy fácil caer en la tentación de crear sólo personajes que te caigan bien, o, al menos, que te molen, aunque sean los villanos de tu función. Craso error, uno debe hacer un ejercicio de abstracción y tratar de reflejar cómo serían los personajes, no como te gustaría que fuesen. Y sí, la cruda realidad, es que puede que muchos de ellos sean unos gilipollas o, lo que todavía es peor, que sean aburridos.


3) El mensaje. Estoy seguro, hipotético lector aprendiz de escribano, de que, en algún momento de tu vida, leíste algún libro que transformó tu vida, expandió los horizontes de tu mente y la abrió a nuevas perspectivas. Seguramente, no serías la persona que eres si no hubieras leído ese libro. Cómo consecuencia, querrás hacer lo mismo. Personalmente, a mi me preocupa más contar una buena historia, pero lo entiendo, es una ambición legítima. Sin embargo, eso no quiere decir que haya que obsesionarse, no hay que hacer reflexiones sesudas y profundas cada dos páginas, so pena de perder la atención del lector y, más importante aún, hay que tener las cosas muy claras. Si pretender transmitir algo profundo, medita muy bien lo que quiere transmitir y asegurate de que lo que escribas es lo que tienes en mente y de que se corresponda exactamente con tu opinión. Hay que responsabilizarse de lo que se escribe. No es posible tener todas las respuestas a los problemas del mundo, pero si te metes en este tipo de embolados, asegurate de que lo que escribes sean tus respuestas. Le debes al lector ese tipo de sinceridad.


Pondré un ejemplo. Al final de “La ciudad y las estrellas” se dice: “Pero en otro lugar las estrellas eran aún jóvenes y la luz de la mañana perduraba. Del mismo modo, un día, el hombre volvería a seguir el camino que antaño había recorrido”. No incluyas este tipo de párrafos a menos que estés sinceramente convencido de que el destino y el deber del ser humano es la exploración del espacio exterior. En concreto, no los incluyas porque sientas devoción por Arthur C. Clarke y él solía escribir este tipo de cosas.


4) Me guardo el mas sentido para el final. Circula por ahí un bulo que dice que uno se mete a escritor para contar las historias que le hubiera gustado leer. Es muy bonito, PERO ES MENTIRA. No debes intentar escribir las historias que te gustaría leer, tienes que escribir las historias que te gustaría ESCRIBIR. O que pienses que deben ser contadas. Hay que tener en cuenta que leer es una actividad mucho más rápida y que requiere un esfuerzo mucho más pequeño, que escribir. Una novela agradable, que deja un buen sabor de boca, puede ser leída fácilmente es un par de días, quizá en pocas semanas, mientras que escribirla te llevará MESES puede que incluso AÑOS. Puede que entonces descubras que la recompensa que otorga lograr ese “buen sabor de boca” no es suficiente para ti. Así que medita muy bien lo que escribes y asegurate de que consideras que es algo que te apasione, que creas que merece la pena, porque no hay nada peor que descubrir que no tienes le menor gana de continuar con una historia cuando, después de improbos esfuerzos, acabas de terminar de escribir el quinto capítulo.

jueves, 7 de diciembre de 2017

En defensa de Stephen Baxter


Tuve un compañero de trabajo, forofo de Neil Gaiman y Terry Pratchet, al que un día vi con un ejemplar de “La Tierra Larga”. Le pregunté que tal estaba y me contestó que era muy flojo, que tenía algún momento bueno, pero que era un intento de un escritor joven de aprovecharse de la fama del maestro Pratchet.

Ante esto, tuve que manifestar mi perplejidad. ¿Stephen Baxter un escritor principiante que intenta aprovecharse de la fama de otros? ¡Si lleva treinta años escribiendo y es uno de los escritores de ciencia ficción hard más respetados que existen! ¡Si le llevan llamando el nuevo Arthur C. Clarke o el sucesor de Arthur C. Clarke prácticamente desde que empezó su carrera! (Stephen Baxter es inglés y tiene una formación científica muy sólida)

Esta reflexión me llevó a plantearme porqué Stephen Baxter puede ser tan poco conocido o infravalorado en España, sobre todo cuando tiene un buen montón de obras publicadas en nuestro idioma. Repasándolas, sin embargo, me di cuenta de que el problema pueda estar en lo poco representativo de su obra que son los libros publicados en España y en que, además, son obras cuyo interés mediático no está relacionado con la autoría de Stephen Baxter, hecho que incluso conviene minimizar, por motivos publicitarios.

Me explico. Empecemos con la ya citada colaboración con Terry Pratchet. Terry Pratchet es un autor MUY famoso. Rematadamente más famoso que Stephen Baxter. Si esas novelas se han publicado en castellano, ha sido porque aparece en sus portadas el nombre de Terry Pratchet. La mayor parte de la gente que se las compre, serán forofos de Terry Pratchet. Y probablemente salgan decepcionados, por los comentarios que he oído. Personalmente, no las he leído, así que no tengo opinión.

Lo mismo ocurre con las colaboraciones con Arthur C. Clarke. En la primera edición española de “Luz de otros días” el nombre de Baxter aparecía minimizado en la portada y era casi inexistente en la contraportada, que, sin embargo, se explayaba sobre la carrera de Clarke. Curiosamente, las colaboraciones entre Clarke y Baxter son las mejoras obras que Clarke escribió en colaboración, mil veces mejores que sus aburridas colaboraciones con Gentry Lee y mucho más consistentes que las “colaboraciones” con Paul Preuss (que al menos eran entretenidas) Opino, incluso, que son las mejores obras que Clarke publicó al final de su carrera y tengo la sospecha que los editores ingleses utilizaron como reclamo la presencia de los dos autores, fue algo así como “juntemos a Arthur C. Clarke y al nuevo Arthur C. Clarke”.

Sin embargo, en España pasaron como colaboraciones de un maestro con un joven advenedizo que se aprovecha de su nombre.

La venerable Nova Ciencia Ficción, de Miquel Barceló, publicó dos novelas de Stephen Baxter. Una fue “Las naves del tiempo” que tampoco he leído. “Las naves del tiempo” tiene una fama acojonante y no es raro encontrársela en las listas de las mejores novelas de ciencia ficción del siglo pasado. Sin embargo, no deja de ser una continuación de “La máquina del tiempo” de H.G. Wells. Aquí el reclamo está en la obra de Wells, a pesar de sus indudables méritos.


La otra novela que publicó Nova es “Antihielo”. Esa si la he leído y la tengo junto al teclado en estos momentos. Es una buena novela, pero no es una gran novela, ni mucho menos una magnífica novela. Mas bien correcta y, una vez más, poco representativa de la obra de Baxter. Con esta breve selección, Nova dio la sensación de que Baxter era un autor especializado en homenajes, lo que dista mucho de ser cierto. Miquel Barceló tenía intención de publicar más obras de Baxter, pero nunca llegó a hacerlo.

La Factoría de ideas si que apostó fuerte por Baxter. Reeditó o editó sus colaboraciones con Clarke y publicó tres novelas exclusivamente suyas. “Evolución”, “Inundación” y “Arca”, ignoro con qué resultados comerciales. Tengo la sensación de que pasaron bastante desapercibidas. Sospecho que la Factoría cometió un error muy típico, se volcó en publicar sus obras mas recientes, que no tienen porque ser las mejores ni las mas comerciales. “Evolución” tiene pinta de ser un buen libro, pero tiene aspecto de veneno para las ventas y probablemente sea difícil de leer. “Inundación” es una de catástrofes. “Arca” parece una obra más típica de Baxter.

Finalmente, por ahí existe el comienzo de una serie ucrónica, “Emperador”, de la que no sé absolutamente nada, excepto que no se llegaron a publicar sus tres continuaciones.

De modo que en casi toda la obra de Stephen Baxter publicada en España, el reclamo comercial era cualquier cosa menos él. Cierto es que, con una bibliografía tan dilatada como la suya, es imposible que todas sus obras tengan un nivel de calidad muy alto, pero resulta de lo más frustrante repasarla y ver como, aunque tiene una afición a las ucronias que yo no comparto, lo más atractivo de su obra, inevitablemente, jamás llega a España. Parece mentira que nunca hayamos visto una edición de la saga Xeelee por ejemplo, que es una señora obra de culto, pero seguro que acabaremos viendo “The massacre of the Manking”, su continuación de “La guerra de los mundos” que por cierto viene precedida de críticas muy negativas.

Es tan frustrante, que me dan ganas de afirmar que si alguien propusiera una campaña de crowfunding para traducir la saga Xeelee les daría todos mis ahorros y, si no lo hago, es solo por el miedo a que alguien me tome la palabra.