Buscar este blog

No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Grandes directores malos: Hiroshi Inagaki, cine de samurais.









El reciente estreno de la película “47 Ronin”, conocida en España como “La leyenda del samurai”, dirigida por Carl Rinsch, aunque para todo el mundo sea mejor conocida como “la del Keanu Reeves”, me ha hecho recuperar esta sección que tenía tan olvidada. Ante el horror que tiene toda la pinta de ser esta película, seguro que algunos ya estarán reivindicando la obra de Hiroshi Inagaki. Grave error.

Hiroshi Inagaki (1905-1980) dirigió un buen puñado de películas de samurais, entre las que por supuesto se encuentra una larga adaptación de la leyenda de los 47 samurais. En 1954 ganó el oscar a la mejor película extranjera por Samurai, el comienzo de su trilogía sobre Musashi Miyamoto, quién, por cierto, nunca he tenido claro si realmente era un samurai, aunque desde luego fuera un gran espadachín. No se trata de restarle méritos, la trilogía de Inagaki ha sido la única obra de ficción que ha conseguido despertar en mí algo parecido a simpatía por Musashi, aunque sospecho que se debía mas bien a la interpretación de Toshiro Mifune, puesto que Musashi Miyamoto  siempre me ha recordado a ese pistolero idiota del oeste que quiere hacerse un nombre desafiando a un pistolero legendario, pero mucho me temo que el nivel de las películas que competían por ese oscar en 1954 debió ser muy bajo.

Hombre, ya nos conocemos los oscars, y sabemos que los votos de la academia responden a criterios de lo mas peregrinos, que muy a menudo no tienen nada que ver con la calidad de los filmes a concurso. Mi teoría es que los miembros del jurado se dijeron ¿una película de samurais protagonizada por Toshiro Mifune? ¿Cómo las de Kurosawa? ¡Esto tiene que ser oro puro!

Si a la mayor parte de la gente que se las da de cinéfilo le preguntaran en el trivial “Director japonés que rodó innumerables películas de samurais con Toshiro Mifune” la mayoría gritarían ¡Akira Kurosawa! Sólo unos pocos nos acordaríamos de Inagaki. Su tendencia a rodar las películas en partes hace difícil saber cuantas películas rodarían juntos. La misma trilogía de Musashi ¿son tres películas o en realidad es una muy larga? Recuerdo haber visto mas de diez, la wikipedia no ayuda, porque los títulos en japonés resultan muy poco evocadores y faltan muchas. En prácticamente todas ellas el protagonista es Toshiro Mifune, y cuando no lo es, es un secundario fundamental, como en su ya mencionada adaptación de la leyenda de los 47 samurais. Es innegable que debía de haber buena sintonía entre ellos, o se habrían matado después de tanto tiempo en el mismo plató. Toshiro Mifune incluso protagoniza “El hombre del carrito”, la, por lo que sé, única película de Inagaki que ni va de samurais ni sobre la mitología japonesa, como “Los tres tesoros”, y que puede que sea su obra maestra, al menos es su única película que suele aparecer en las selecciones de los grandes directores japoneses.

En esta sección suelo hablar de directores con talento que nunca hicieron una película buena, o, al menos, nunca hicieron una obra maestra. ¿Entra Inagaki en esta categoría? Pues no sabría decirlo. Es un director con el que uno se plantea si no habrá por en medio algo cultural que impida disfrutarle a tope a un occidental. Salvo por alguna excepción como “Goemon”, es un director que no me parece ni bueno ni malo sino todo lo contrario.

Si le buscara un equivalente en el americano contemporáneo, el primero que se me ocurriría es Ron Howard, pero hasta Ron Howard parece más personal. Inagaki era un director de estudio que sabía llevar adelante sus proyectos. Los actores y las actrices salían guapos (creo, los cánones de belleza orientales…), los trajes de época se exhibían correctamente, todo rodado con profesionalidad y con sentido del espectáculo, aunque esto último sólo se aprecia en sus últimas películas, las que producía Mifune, que tenían mas medios.

También era un director mas frío que el corazón de los directivos de Bankia, sus argumentos podían ser melodramáticos y trágicos, pero su dirección no lo era. Aunque graves defectos, no soy capaz de recordad absolutamente nada en lo que destacara, que hiciera sus películas especiales o las levantara por encima de la mediocridad.

Con todo, no quiero dar la opinión de despreciar sus películas. Si te interesa la cultura japonesa, su historia y sus mitos, es tu hombre, aunque la cantidad predomina sobre la calidad, y no se puede negar el principal atractivo de sus películas: las interpretaciones de Toshiro Mifune.

PD: Las referencias a los títulos de películas se han escrito con los que encontré cuando las busqué por internet, es decir, son los títulos que se les dio en castellano y en inglés. Soy incapaz de deletrear los títulos originales.

sábado, 14 de diciembre de 2013

"La ciudad al final del tiempo" de Greg Bear




Esta novela me ha resultado desconcertante. Empecemos por el argumento: tenemos a Jack y a Ginny, dos jóvenes de nuestro tiempo, que más o menos tienen poderes, para ser exactos poseen una especie de talismanes que les permiten moverse entre realidades o alterar las probabilidades. Hay unos tipos bastante siniestros que les persiguen. Además cuando se duermen en ocasiones intercambian sus cuerpos con Jebrassy y Tiadba, que a su vez son unos jóvenes que intentan huir de una especie de ciudad en la que viven en un futuro muy, muy lejano, tan lejano que el universo está llegando ya a su fin, devorado por algo llamado el Tifón.

Así sobre el papel parece el esquema de serie de novelas juveniles, y la verdad es que eso me alejó de esta novela durante mucho tiempo. Si les rebajáramos un poco la edad a Jack ya Ginny (esta sólo tiene dieciocho, pero es un tema mas espinoso de lo que parece y no lo puedo explicar sin spoilers), tendríamos a un par de adolescentes atormentados dotados de poderes que no comprenden, cual si fueran miembros de la patrulla X, acosados por misteriosos enemigos y destinados a convertirse en los salvadores de un universo futuro mucho mas exótico que el real. Además, Jebrassy y Tiadba encajan en el molde de adolescentes que se enfrentan a una sociedad reglamentada y opresiva. El tema de los desplazamientos mientras duermen podría haber dado incluso para tetraedros amorosos. Vamos que aquí podría haber salido una trilogía de éxito que J.J Abrams y sus secuaces estarían deseando en convertir en serie de televisión.

Por suerte o por desgracia, no eran esas las intenciones de Greg Bear. ¿Cuáles eran sus intenciones entonces? Pues eso es lo que me resulta desconcertante. No sabría decirte si estamos ante un mero divertimiento o ante una reflexión filosófica sobre la naturaleza de la realidad, el devenir del tiempo y el destino de la humanidad. De hecho en los comentarios que hace la gente en la red sobre esta novela, la manía de poner etiquetas a una obra que nos definan claramente lo que es resulta controvertida. Nadie sabe si estamos ante una novela de ciencia ficción o de fantasía pura y dura. Si, se habla de partículas subatómicas, de líneas temporales que colapsan y hay bastante jerga científica no explicada. También hay musas (como suena), y libros que cambian espontáneamente su contenido o vierten sus palabras y quedan en blanco.

La propia publicidad no para de hablar de las referencias a Borges (está llena de bibliotecas infinitas) y a “La torre oscura”, de Stephen King. Esto ya es algo más discutible. Curiosamente, nadie menciona a William Hope Hodgson, autor en el que empiezo a pensar cuando leo eso del último reducto de la humanidad en un universo dominado por la oscuridad, al final del tiempo. Luego cuando se habla del explorador que abandonó la ciudad para ir a buscar a su amor perdido, empiezo a gritar ¡El reino de la noche! ¡El reino de la noche! Luego se meten en armaduras para salir al exterior, y empiezo a perder la voz. Cuando llegan al Valle de los Dioses Muertos (esto me suena más bien a “La casa en el confín de la tierra”), ya estoy afónico. Afortunadamente, poco antes del final, descubro que no soy un fan maniaco obsesivo, cuando Glaucous dice: “recorrí las trincheras en los alrededores de Yprex, hace casi cien años, buscando un caballero en concreto… un tipo robusto y poeta. Soñaba o eso me habían hecho creer, un llamado Último Reducto. Antes de partir había escrito un libro, detallando sus sueños. Pero la guerra ya lo había volado por los aires. Malos años para los cazadores, los años de la guerra.” Curiosamente, a pesar de que tiene partes fascinantes, “El reino de la noche” se me hizo bastante insoportable cuando lo leí…

Bueno, estas divagaciones han sido divertidas, añadiría que la frase, “¿Sueñas con una Ciudad al final del Tiempo?”, queda divina para camisetas, banners y publicidad viral, pero habría que empezar a ponerse serios. El asunto es, independientemente de lo que haya querido decir el autor. ¿Está bien este libro? ¿Merece la pena leerse?

Pues casi te voy a contestar, y me parece que te voy a decir que no.

Recurramos los apartados básicos. ¿Personajes? Marca de la casa más bien poco definidos. Algunos mejores que otros, los tipos siniestros sobre todo. El Glaucous que he mencionado antes es el más trabajado, aunque no estoy seguro de si me convence su actuación final, fundamental para el desarrollo de la trama. El cambia cuerpos también es un personaje interesante y el coleccionista de libros Arthur Bidewell. No así los chavales protagonistas, que resultan algo esquemáticos y no hablemos del resto de los secundarios.

“Las brujas de Eastlake” El truco para distinguirlas es recordad que una es médica, otra es la que encontró a Jack ya Ginny. De las otras dos….una es pelirroja y la otra es una toca pelotas. Pero a veces la toca pelotas no ejerce su papel y no se puede mencionar siempre el color del pelo, con que….

Los compañeros de expedición de Tiadba. Ahí ya ni me meto. Me resulta imposible recordarlos. Recuerdo que había dos hembras y que siempre decían lo que hacia una detrás de la otra, para poder escribir: “la otra hembra…”

¿El estilo? No está mal del todo. Betsellero alto, insustancial pero eficaz, la mayor parte de las veces. Con todo, hay pasajes que deberían resultar un festín de maravilla, que en cambio resultan fatigosos e incomprensibles. Creo haber leído en algún sitio que Greg Bear también es dibujante. Quizá eso le ayuda a imaginarse las cosas de forma visual. Por desgracia, sus descripciones son muy malas, y esto es una constante en su obra, visiones portentosas de las que no logra hacer partícipe al lector.

¿Es entretenido? En parte. El comienzo es muy pausado. Emplea demasiado tiempo en describirnos el mundo cotidiano de Jebrassy y Tiadba, cuando, a fin de cuentas, su parte de la historia consiste en como lo abandonan. La traducción, la incapacidad de Bear, la costumbre de los escritores de ciencia ficción de no explicar las cosas y dejar que sea el lector quien encaje las piezas, juego con el que habitualmente disfruto, pero…. todo contribuye a que no se entienda mucho. Y es sólo el comienzo.

Mientras tanto, la parte que transcurre en el mundo digamos real antes de que las cosas empiecen a liarse, es también demasiado larga. No se me hizo larga, pero lo es, aquí entra en juego el criterio y el gusto de cada lector. Uno es tan bibliófilo que no puede menos que encontrar fascinantes las descripciones de bibliotecas infinitas, las historias sobre las arañas que se mueven entre los libros, los libros que guardan mensajes ocultos en sus erratas y en las diferencias entre varios ejemplares de un mismo volumen, las ediciones enteras cuyos libros cambian su contenido, todos a la vez, y aún así se pueden detectar los cambios…

Luego se lía la gorda, y durante muchas páginas es un libro muy emocionante, de cuya lectura es muy difícil sustraerse, pero alarga el clímax durante tantas y tantas páginas, que la pompa al final se deshincha, y el lector acaba perdiendo el interés por lo que está leyendo, a lo cual contribuye la cantidad de fenómenos extraños, físicos, temporales, de todo tipo, que no se entienden bien y que configuran el Apocalipsis mas peculiar de todos los tiempos y un final, para el que Bear se guarda muchas cartas en la manga, en el que muchas cosas encajan y hay grandes ideas, pero que a esas alturas ya no impresionan al cansado lector, que, con el piloto puesto, sólo puede pensar en lo que hará después de terminar el libro. Y por favor, no me hagan hablar del destino final de los malos de la película.

Es una novela irregular, con grandes ideas, brillante en ocasiones y no tanto en otras, difícil de leer y demasiado larga, porque, en mi opinión, el esfuerzo empleado no se ve compensado por el placer de su lectura.

lunes, 9 de diciembre de 2013

"La edad del vuelo" de Alberto Moreno Pérez (Espiral CF 53 (I) )









Como cuenta la contra portada, esta novela transcurre en un futuro en el que el ser humano ha conseguido volar, creando en torno a sus cuerpos superficies intangibles en forma de ala. Roberto Van-Merr, es uno de esos hombre ala, un deportista de élite cuya avanzada edad le hace rondar el retiro, cuya única pasión en la vida es volar, y de las decisiones que tomará cuando se vea afrontada a abandonar el final de su vida deportiva, aunque en realidad a Roberto Van-Merr nunca le importó la competición en sí, en su caso era un medio para un fin, y el fin era volar.

Es complicado contar más del argumento sin desvelar sus hitos principales. La contra portada también nos avisa de que es ciencia ficción con elementos hard, lo que está de vicio para los que amamos este tipo de ciencia ficción. Si la ciencia ficción hard consiste en imaginar nuevas tecnologías y sus posibles aplicaciones, tendríamos que decir que “La edad del vuelo” es un éxito incuestionable. Este tipo de afirmaciones siempre resultan peligrosas, porque es imposible leérselo todo, pero nunca hasta ahora, ya sea con implantes de alas, con antigravedad o recurriendo a la magia, había visto descrito de un modo tan convincente la experiencia de volar como en el capítulo 1 de esta novelita de apenas 160 páginas.

Alberto Moreno Pérez hace un gran trabajo a la hora de desarrollar las consecuencias de esta tecnología, en particular, su uso deportivo. Realmente, si fuera posible, ¿no sería precisamente esto en lo primero que se emplearía? Tira del hilo de la idea, tejiendo el resto de las consecuencias lógicas, los tipos de competición, las estrategias, la necesidad de patrocinadores, publicidad y todas esas cosas. Se nota que ha habido un concienzudo trabajo de investigación y documentación para hacer creíbles todos los ambientes en que transcurre la acción, ya sean en nuestra atmósfera superior o en otros planetas. El escenario ha sido preparado de un modo excelente.

Tal vez incluso demasiado bien. Porque el capítulo 1 al que me referí antes, personalmente lo encontré fascinante, pero la acción no avanza durante cerca de siete páginas y tampoco pasa mucho en el resto. El capítulo 3 me resultó tenso y emocionante, pero también farragoso. Cuando el autor habla de meteorología no le entiendo muy bien, o no sabe explicarse, depende del punto de visto. En este y en otros capítulos, me han resultado arduos algunos fragmentos sobre trayectorias o conceptos como “resistencia elástica de la turbulencia laminar”.

Aunque no llega a los excesos de los autores de space opera británicos, en la segunda parte de la novela, se describen con demasiado detalle lugares o edificios que no van a volver a salir, o que no tienen demasiada importancia, otra vez exceso de caracterización de los ambientes. ¿Y en cuanto a los personajes? Pues mayormente bien. Básicamente hay dos: Roberto Van-Merr y su hijo Víctor. El punto de vista mayoritario es el de Roberto, pero aún así, Moreno Pérez tira por el camino difícil, y en vez de recurrir a excesos de introspección, deja que sus personajes se definan por sus actos y sus palabras. Nada que objetar, es más, es como me gusta que se hagan las cosas y es difícil, por que hay que ser sutil y mostrar las cosas en vez de explicarlas.

A Víctor sólo le conocemos a través de su padre. Su modo de ser, como habla y se comprota me resulta creíble. A Roberto le conocemos mejor, como ya dije toda la novela transcurre desde su punto de vista. Puede resultar algo plano, puesto que su personalidad se resume en su obsesión por el vuelo, dejando aparte todo lo demás. Aceptamos dicha obsesión como un hecho, pero no llegamos a entender los porques: ¿Por qué está tan obsesionado? ¿Por qué le resulta tan maravilloso? ¿Por qué renunció tan abruptamente a su vida anterior? Falta, quizá, una mayor conexión emocional con el personaje, que permita comprenderle mejor, aunque eso no signifique disculpar sus defectos. Alberto Moreno opta también por evitar el sentimentalismo, cosa que no puedo aplaudirle más. Me hecho a temblar al imaginar lo que podría ser una adaptación al cine americano de la historia, con Víctor echándole en cara a Roberto que nunca estaba cuando le necesitaba y se perdía todos sus partidos de baseball. ¡Hurg!

El final carece de la emoción que debería y resulta previsible, aunque esto último no me parece ningún defecto. Es un final coherente con la personalidad de Roberto, preferible mil veces a una sorpresa que no encaje con su modo de ser. Para sorpresas, las del epílogo. Tal vez alguna de ellas se merecía un mayor desarrollo. Si el tema de las volutas me resulta fascinantes, las referencias a “una organización sacramental: influencia y secretismo, logias, clanes” y “emigrar y colonizar un entorno no sólo virgen, sino excluyente” me resultan de lo mas intrigantes.

En fin, el mayor problema que le veo, es que, aun siendo un texto de extensión corta, pasan muy pocas cosas. La historia, aunque atractiva, es demasiado sencilla, demasiado previsible y, a pesar de su brevedad, le sobran unas cuantas páginas, explicaciones de más y descripciones de más. Con todo, tiene suficientes elementos de interés para resultar una lectura aprovechable y apuntar a Alberto Moreno Pérez en la lista de autores a los que conviene tener en cuenta en el futuro.

domingo, 24 de noviembre de 2013

"Los guerreros de Dios" de Andrzej Sapkowski





Si tuviera que ponerme a buscarle pegas a “Los guerreros de Dios”, lo crean o no, lo primero que señalaría es la dificultad de recordar los nombres de los personajes. Soy consciente de que parece una soberana tontería, pero hay tantos y tantos personajes, y sus nombres suenan tan raros a los oídos de un lector español, que es muy fácil perderles la pista, sobre todo cuando ha pasado tanto tiempo desde que se publicó la anterior entrega de la serie, y muchos de ellos son viejos conocidos. Justo es reconocer, sin embargo, que cuando esto ocurre suelen ser someramente presentados, y que no suele necesitarse mas. Es decir, si te dicen que tal personaje es "un viejo conocido", problamente eso sea lo único que necesites saber de él.

El lector nacional tiene otros problemas, el desconocimiento en nuestro país de los hechos y de la época que se nos narra. Antes de leer estos libros, había oído en algún lado hablar de que habían existido unas guerras husitas, pero no tenía nada claro lo que era. Estas novelas me han revelado que hubo auténticas cruzadas en pleno centro de Europa y que Checoslovaquia (si no me equivoco, putas fronteras que no se quedan quietas), se convirtió en un estado herético que resistió a las fuerzas papales y papistas durante un buen puñado de años. Sólo por eso ya merece la pena la lectura. Sin embargo, parece que no es tan desconocido en Polonia. Sapkowski cuenta con el conocimiento previo de sus lectores. Si no, no se explica que dedique tanto tiempo a describir a unos personajes, al principio de la novela, ¡que luego no vuelven a salir! Lo único que se hace es vaticinar su negro futuro. Está claro que los ha colocado porque asume que el lector estaba esperando su aparición, y que no se explaya sobre ellos porque asume que el lector ya conoce lo suficiente sobre sus vidas. No es mi caso. De igual modo, algunos chistes o referencias son imposibles de pillar, incluso con la esforzada ayuda de los traductores (A la referencia a una oración en el capítulo vigésimo primero me remito).

En otras ocasiones hablaría sobre la magnífica recreación histórica y esas cosas. Todavía me lo parece. No cabe duda, dada la cantidad nombres de figuras históricas y citas que aparecen, que la tarea de documentación ha sido ingente. Pero ¿ha sido bien plasmada en la novela? Pues no tengo ni idea, porque es un tema que no domino. A menos que algún día aparezca analizada en "Novela anti histórica", blog por cierto muy recomendable, cerraré mi enorme bocaza y me reservaré ese tipo de juicios de valor. En todo caso, salvo las partes relacionadas con magos, una visión muy idealizada del culto a la Diosa Madre, también presente en "Narrenturm" que me resulta demasiado new age, los cambia formas y los salta cuerpos, todo lo demás me ha resultado muy verósimil.

Por otro lado, en los primeros capítulos, hay un cierto "mareo de perdiz", como viene siendo habitual en Sapkowski hay un exceso de flashbacks y saltos temporales, adelante, atrás, vuelta adelante. Una estructura narrativa excesivamente compleja, ya que esa complejidad no aporta nada de por sí. Mención aparte merece el capítulo quinto. Bastante entretenido, funciona como una especie de resumen de los hechos ocurridos en "Narreturm" que vamos a necesitar saber para entender la historía. ¿idea genial o mera paja? He ahí la cuestión. Aunque es largo, se lee bien, y gracias a él se repescan los hechos importantes. El problema es que no hace avanzar la historía, al final del capítulo, todo está mas o menos igual que al principio, apenas tiene consecuencia. Una persona que acabara de leer el primer libro o que tuviera memoría fotográficia tendría la sensación de que se le está tomando el pelo.

En cuanto a las virtudes, son la que cabe esperar de un autor como Sapkowski, personajes bien definidos y llenos de humanidad, con comportamientos creíbles, un gran sentido del humor y una maestría absoluta en los diálogos.  Sapkowski es uno de los mejores escritores que he catado en los últimos diez años y su maestría literaria se deja ver en cada página. Leerle ya sería un placer, sólo por lo bien que escribe, sin contar con que lo que cuente sea interesante que lo es. Una vez el relato coge velocidad de crucero, las aventuras y desventuras de Reynevan de Bielau se hacen apasionantes. Es casi imposible soltar el libro mientras escapa de un captor para caer en manos de otro, una y otra vez, hasta que perdemos la cuenta.  Asistimos con él a los entresijos del conflicto husita, vemos la trastienda de las revoluciones, y tal vez de tdoas las guerras. las campañas de propaganda y antipropaganda, los saqueos, los estragos de la guerra, la conducta cruel y fanática que se da en ambos bandos., todo ello aderezado con periodos de calma, en los que avanza la situación personal de Reynevan.

Reynevan ya sabe pelear, ha comprendido algunas verdades de la vida, es mas tolerante, pero sigue siendo, en el fondo, tan ingenuo como en la anterior. Ahora ha abrazado por los motivos erróneos y con fervor casi fanático la causa husita, aunque, realmente, lo desconozca todo sobre ella. Esta serie me recuerda un poco a algunos cómics de Goscinny, en los que el personaje principal que da nombre a la serie es el menos interesante de los personajes de la serie, deslucido frente al puñado de locos que le rodean. Reynevan es menos interesante que Scharley y sobre todo, menos interesante que Sansón Melies, ese pedazo de hallazgo capaz de comerse toda la novela, si el autor le dejaran.


En fin, terminemos que empiezo a divagar, los que ya hayan leído a Sapkowski ya pueden esperarse lo que se encontraran, momentos divertidos, momentos emocionantes o terribles, intervalos tranquilos y una visión mas bien pesimista y desesperanzada de la vida en la que  la injusticia y las calamidades campan a sus anchas por el mundo. Dicho a si, suena muy lúgubre y sin embargo poco hay mas luminoso que leer a Sapkowski reflexionar sobre el mundo actual mientras nos cuenta sus historias de magos y hechiceros, ya sean situadas en el universo de la leyenda o en el del pasado histórico. Pues la vida puede ser terrible pero tan bien gozosa y leer a  Sapkowski es uno de esos gozos. Los que no lo hayan hecho, deberían probarlo.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

"La sombra de Ender" de Orson Scott Card

“Orson Scott Card me demostró que un escritor de CF podía ser un autor completo. A él le debo, sin la menor duda, que me empezara a preocupar porque mis personajes fueran algo más que meros actores y comenzaran a tener relieve y profundidad”

Orson Scott Card y yo

Son palabras de Rodolfo Martínez, en el prólogo de Jormungand: Tierra de nadie, le edición de NOVA. Orson Scott Card es un autor de antaño gran éxito y prestigio que ha sido muy importante para mucha gente, incluyéndome a mi mismo. “La saga de Worthing”, “Traición”, “El juego de Ender” y “La voz de los muertos” permanece muy vivos en mi recuerdo y es un recuerdo dorado. Prefiero no volver a visitarlos por temor a encontrarme una casa que ya no es la mía. En aquella época le consideraba uno de los autores más chiripitiflaúticos que ha habido y habrá. “Wyrms” me pareció un poco más flojo pero no estaba mal, “Maestro Cantor” se me hizo excesivamente trágico y melodramático y eché de menos elementos más fantásticos o espectaculares, pero me conmovió.

Las cosas empezaron a torcerse con “Ender el xenocida”, que aunque me pareció que tenía partes magníficas, juzgué que su anticlimático y desconcertante final la echaba a perder. Ingenuo de mí. “Hijos de la mente de Ender” si que tuvo un final anticlimático y, en su mayor parte, decepcionante. Pero al menos se había acabado.

“La saga del retorno”, me pareció una historia emocionante, muy agradable de leer, pero, básicamente, más de lo mismo, ya había perdido la capacidad de sorpresa, veía venir al autor. Una vez mas, el último volumen de la serie, fue el peor de todos, agravado por lo mucho que se hizo esperar (a mi al menos me costó mucho encontrarlo).

¿Y que decir de “Niños perdidos”? Un cuento de fantasmas de, digamos, unas treinta páginas, alargado a novela mediante la estrategia de contar la vida cotidiana de la familia protagonista, a modo de prologo, durante trescientas páginas. Hay a quien le gusta, concretamente, creo habérselo leído a Rodolfo Martínez, de nuevo, no sé donde, quien apreciaba el retrato de personajes de la familia y de la vida en una empresa de juegos de ordenador. A mí me aburrió mortalmente.

Peor aún, si siempre había apreciado el detalle y la sensibilidad con la que describía los sentimientos de sus personajes, de hecho era el principal atractivo de la prosa de Card, en “Nacidos en la tierra” y “Niños perdidos”, me cansaron, y me pareció que había caído en lo ñoño y sensiblero.

Con Orson Scott Card me pasa como con Frank Miller, tras años de ser su mayor fan y devorar todas sus obras, ahora evito todo lo que publica, porque me supone decepción tras decepción.

La sombra de Ender

El caso es que el inminente estreno de la adaptación cinematográfica de “El juego de Ender”, me ha animado a leer la novela que nos ocupa, sobre todo porque la maquinaria mediática que la acompaña dice que en la película se incluiría material de “La sombra de Ender”. Aparte de eso Miquel Barceló y el propio Card tienen esta novela en alta estima. Siempre que un grupo de frikis se detiene en Internet a debatir sobre “El juego de Ender”, alguien acaba diciendo que cree que es incluso mejor que la novela original. Recuerdo incluso haberle leído a Rodolfo Martínez algo así como que con “La sombra de Ender” había recuperado parte del nivel de antaño. (No me acuerdo bien de las palabras exactas, y ya le he citado tres veces, debe estar a punto de salir del monitor de mi PC para degollarme con un garfio)

Bien vayamos a mi opinión personal. Para los que no lo sepan, esta novela cuenta la historia de Bean, uno de los compañeros de Ender en la escuela de batalla, el más joven de todos y al que Ender trataba como los profesores le trataban a él. En su mayor parte es un remake de “El juego de Ender”, cuenta exactamente la misma historia, pero desde otro punto de vista. La cosa empieza bien, la historia de la supervivencia de Bean en las calles es dura y sin concesiones. Luego Bean va a la escuela de batalla y allí se acabó todo.

En el prólogo Card hablaba de que su reto era conseguir que la novela se sostuviera por si sola independientemente de la novela original. ¿Lo consigue? Yo creo que no.

Mi opinión, y subrayo que es mi opinión, es que “La sombra de Ender” solo tiene interés para los fanáticos de “El juego de Ender”. Su principal objetivo es responder a incógnitas que les han atormentado desde que se publicó, como ¿si había que ser tan inteligente para ingresar en la escuela de batalla, como es que todos los niños menos Ender parecen tan pardillos? ¿Cómo una amiga de Ender, supuestamente inteligente, pudo estar a punto de conseguir que lo mataran?, y pequeños detalles por el estilo.

El propio Bean no se libra del revisionismo. En esta novela resulta que es mucho más inteligente de lo que parecía en “El juego de Ender”, lo que vuelve difícil de comprender algunas de sus acciones, a pesar de las largas y pormenorizadas explicaciones que nos da Card.

Las explicaciones. Otro punto flaco de la novela. Decía Alberto Cairo en “Ese repelente niño Vicente” “Ender piensa a lo bruto, estruja los axones de sus neuronas hasta que escupen neuropéptidos a los cuatro vientos, pero siempre piensa lo mismo durante todo el libro, lo que resulta increíblemente agotador para cualquiera” No recuerdo que “El juego de Ender” me causara esa impresión, pero “La sombra de Ender” si me la ha causado. No es sólo que Bean se repita lo mismo a sí mismo una y otra vez, sino que tiene que analizarlo todo. Es como si cada capítulo se compusiera de dos partes: acción y análisis. Bean tiene una conversación., a continuación Bean reflexiona durante quince páginas sobre el significado de esa conversación. Se produce un altercado, Bean reflexiona durante veinte páginas sobre los motivos del altercado, las causas ocultas que se esconden tras las acciones de sus participantes y así. Card se esfuerza tanto en que el lector se meta en la piel de sus personajes y les comprenda perfectamente, que tiene que explicar hasta el menor de sus actos, con puntos y comas, repetirlo para que quede claro y concluir con un epígrafe.

Dicho esto, he de reconocer que ha habido algunas cosas que me han gustado. Por ejemplo, al contrario que Ender, la mentalidad de Bean es completamente civil. Curioso, puesto que termina la novela decidido a seguir la senda militar, pero es así. Bean se ríe o se toma con ironía los exagerados y cabezotas comportamientos militares y les rompe los esquemas a sus profesores, que, al revés que en el caso de Ender no son capaces de manipularle. Bean descubre por donde van los tiros, actúa a sabiendas y, aunque mas inteligente, no es un líder carismático. Por desgracia, aunque se acerca, no por ello Card consigue dotar de mayor humanidad y empatia a esta máquina de calcular con patas, al menos, no en la novela presente, aunque tal vez si lo haga en las secuelas.

En fin es una novela mas o menos agradable de leer, quizá en otro momento de mi vida me hubiera resultado mas emocionante, sin embargo, los momentos que supuestamente deberían resultarme mas intensos, el enfrentamiento con Aquiles, me resultaron rutinarios. Me ha producido una cierta sensación de perder el tiempo. Si no estuviera el nombre de Orson Scott Card en la portada, lo habría tomado por un fan-fiction escrito por alguno de sus fanáticos. Mejor que las secuelas y precuelas de Dune que han perpetrado Brian Herbert y Kevin J. Anderson, de una calidad similar a las novelas de Star Wars de Timothy Zahn e inferior a las de “Warhammer 40K” de Dan Abnett.

Si tenéis curiosidad, el artículo de Alberto Cairo sobre "El juego de Ender" puede encontrarse aquí Es un punto de vista tan respetable como cualquier otro y dice algunas verdades como puños, pero esta escrito de un modo que me resulta fatigosos y aburrido.

martes, 1 de octubre de 2013

"Solaris" de Stanislaw Lem

Enfrentarse a reseñar “Solaris” es un reto casi imposible, al tratarse de una obra mítica en todos los sentidos, que ha engendrado dos películas, cada cual a su manera adaptaciones bastante fieles, que todo el mundo ha visto alguna vez y que pertenece al olimpo de las novelas de ciencia ficción. Así que voy a intentarlo escurriendo el bulto y, mas que intentar analizar la novela, señalaré lo que más me ha llamado la atención, incluyendo las inevitables comparaciones con las películas. Lo primero que me ha llamado la atención, al conocerme las películas, es que estas han obviado prácticamente la mitad de la novela, que no es muy larga, para centrarse en la historia de amor entre Kris Kelvin y la resucitada Harey. Es comprensible, es una historia conmovedora y es la parte más fácil de adaptar y la que mejor comprenderá el público, pero al hacerlo se dejan en el tintero una parte muy importante de la novela. “Solaris” es tanto la historia de Kris Kelvin como la historia de la ciencia solariana, la ciencia que estudia el mar sintiente del planeta Solares. A lo largo de la novela, se resumen libros ficticios que en el fondo constituyen pequeñas conferencia mediante las cuales se nos explica la historia de dicha ciencia, su auge y decadencia. Están escritas al estilo peculiar de Lem, que ya empiezo a reconocer, académico, un tanto pedante en ocasiones, o al menos a mí me lo resulta. Hay que leerlas despacio y con atención, puede costar entenderlas, pero el esfuerzo merece la pena. O no, según cada uno, porque Lem en terriblemente pesimista y su lectura puede resulta deprimente. Porque Lem teorizaba en varias ocasiones sobre la imposibilidad de comprender la mente alienígena, la conciencia humana se auto limita y es incapaz de comprender la no humanidad, pero es que, a mi entender, en esta novela llega todavía mas lejos. En el fondo, lo que sugiere la novela es la imposibilidad del hombre y de la ciencia de llegar a comprender la naturaleza y la verdad. La ciencia humana corresponde a una perspectiva humana y no puede salir de ella, no buscamos a otros sino espejos y esas cosas. Veo que anteriormente he utilizado ya las palabras “resucitada” y “sintiente”, que son burdas simplificaciones. Por otra parte, las películas también han obviado las descripciones de los fenómenos “naturales” del mar de solares. Las simetriadas, las asimetriadas, los mimoides etc… Comprensible. Realmente no se puede decir que aporten mucho a la historia. Pero es una pena, sobre todo en la segunda, porque dado el nivel que ha alcanzado la industria de los efectos especiales, la filmación de una simetriada habría sido un espectáculo de gran belleza. Otra aspecto que me ha sorprendido es el personaje de Harey, porque me ha resultado menos interesante que en las versiones fílmicas. La belleza y el talento de las actrices que lo interpretaron lo hacen sus papeles más interesantes a mis ojos que las palabras que lo narran. Desprovisto del trabajo interpretativo, tenemos que no sabemos nada del pasado de Harey, ni de su personalidad, si la tiene. ¿Qué motivaba las peleas que la llevaron al suicidio? ¿Cuáles eran sus intereses? Nada de esto aparece en la novela, quizá intencionadamente, para hacerlo mas misterioso, o para evidenciar que en realidad no es una persona, sino el recuerdo idealizado de una persona. Harey es cariñosa y sumisa, hace todo lo que Kris le indica y se contenta con seguirle a todas partes sin perderle de vista. Vale que haya llovido mucho desde 1961, pero ¡Es que su mayor distracción es hojear un libro de cocina! Sólo cuando cobra conciencia de su auténtica naturaleza y deja de comportarse como una groupie obsesiva empieza a resultar interesante. El final, abierto, que contempla la posibilidad de que no haya terminado el periodo de los milagros crueles carece de la esperanza y la redención de los de las películas. Habría mucho que decir sobre esta novela. Es sin duda, una obra fascinante, y requeriría mucho tiempo. El clima de paranoia que se vive en la base, que lleva a que Kris sea inicialmente ignorado, tenido por una manifestación mas. El horror de ver el subconsciente de cada uno expuesto al prójimo. La desesperada historia de amor, fácilmente entendible como la tragedia de un hombre incapaz de superar su pasado. El uso fascinante que da a Lem a la luz de los dos soles y sus efectos sobre el mar. Los visitantes son probablemente una de las grandes creaciones de la ciencia ficción. Algunos parajes son demasiado morosos o intelectuales y pueden espantar a un lector de la “Canción de hielo y fuego”. No lo digo por meterme con ellos, lo digo por un caso real que fue el que me reactivó el interés por esta novela. El esfuerzo merece la pena. Aunque Lem y yo no acabemos de estar en la misma onda, se tiene bien ganado su estatus de obra maestra. No, si al final acabaré volviéndome un fan.

sábado, 14 de septiembre de 2013

El ciclo de la Luna Roja de José Antonio Cotrina

Me inicié en la obra de José Antonio Cotrina con el cuento “La niña muerta”, publicado en la extinta revista Asimov, y quedé profundamente impresionado. A mis manos llegó otro cuento “Entre líneas”, diferente pero también muy brillante, luego vino “Las fuentes perdidas” que, si nadie me corrige, es la única obra que ha publicado la Factoría de Ideas de un autor español. Con esta novela abandoné el seguimiento de su obra. “Las fuentes perdidas” se merecería un post por ella misma, la mayor demostración que he visto de que, al final, en la literatura, las formas no lo son todo. Una novela magníficamente escrita, y mala como ella sola. Pero no voy a hablar de “Las fuentes perdidas”. Hablando totalmente desde fuera del mundo editorial, imagino que Alfaguara perseguía con su publicación conseguir un “Harry Potter” español, una serie de fantasía juvenil que encandilara a los adolescentes y por supuesto, les permitiera ganar una millonada. El primer volumen, “La Cosecha de Samhein”, gozó de una gran promoción. No respondió a las expectativas, el segundo, “Los hijos de las Tinieblas”, tuvo bastante menos promoción, y finalmente Alfaguara se negó a publicar el tercero, dejando varados sin conocer el final a los fans de la serie. Finalmente la editorial Hidra la acabó publicando, además de reeditar las dos anteriores. La saga sigue a un grupo de adolescentes de nuestro mundo y nuestra época, que, mas o menos con engaños, son convencidos para que viajen a otra dimensión, y abandonados para que luchen por su propia supervivencia en la ciudad en ruinas de Rocavarancolia, a la vez que también sigue las relaciones e intrigas entre los miembros del consejo real de dicha ciudad. Como todo en este mundo, la trilogía no es perfecta. O tal vez sea que la leído ya demasiado mayor. Me chirrían por ejemplo, las historias de amor, los personajes se enamoran a primera vista o porque sí. A los diálogos tiende a faltarles naturalidad, todos los personajes hablan de modo muy parecido, sobre todo, el grupo de protagonistas adolescentes, que se ven muy pronto eclipsados por los mucho más fascinantes habitantes de Rocavarancolia. Si bien se van definiendo por sus actos, lo que me parece estupendo, los muchachos resultan algo uni-dimensionales, tienen alguna peculiaridad que resultará importante para la trama y eso es todo, no terminan de parecer seres vivos. Algo que en una película o una serie de televisión no resultaría un defecto, aquí parece un desperdicio de las facilidades de la literatura. Los momentos de humor son bastante penosos y los sentimentales, a menudo están un poco forzados. Aparte, desde el segundo volumen, muchos protagonistas se dedican a hacer el inútil mientras un oscuro conspirador va tras ellos, recurso que odio como pocos, porque te da la sensación de que estas perdiendo el tiempo, no es que quieras que el malo gane, aunque la diferencia entre buenos y malos sea discutible, pero tienes claro que va a llevar a cabo sus planes, porque sino la historia no avanzará, así que los intentos de descubrirle son una perdida de tiempo, los asesinatos que comete, son inevitables, así que ¿Por qué no realiza su jugada de una puñetera vez para que el cuento pueda continuar? Además en el momento final, cuando ya está todo dicho y hecho, los dos villanos de la función se convierten en los personajes menos carismáticos de la obra. El uso de la magia me parece demasiado explícito, pero eso es algo personal. A mi personalmente me gustaban mas las historias de Robert E. Howard, en las que todo se intuía mas que verse. Aquí los magos vuelan y se lanzan rayos unos a otros, mientras destrozan edificios, cual si fueran superhéroes o personajes de “Dragon Ball”. Nada malo en el fondo, es un tema de preferencias. El final feliz me ha resultado algo falso, demasiado ingenuo, después de todo lo vivido, la felicidad y el optimismo de los personajes superviviente me parece muy cuestionable. El clímax final me ha resultado algo excesivo. Son páginas y páginas de batallas, peleas, duelos, asesinatos, sacrificios heroicos y explosiones. A uno siempre se la ha puesto dura la debacle y la vorágine, si son ficticias, pero acostumbrado a Bernard Cornwell y a otros, he echado en falta la sangre y la suciedad, cierta sensación de inmersión que te ayuda a creer lo que estás leyendo, independientemente de que los que peleen sean esqueletos gigantes. No se puede negar que es muy emocionante, pero me ha resultado algo decepcionante en comparación con los dos primeros volúmenes, en los que lo que predomina es la intriga y el asombro. El asombro acompaña al lector durante este largo camino, porque Cotrina ha tejido un escenario asombroso y fascinante. En Rocavarancolia, todo es a la vez horrible y maravilloso, es un lugar lleno de prodigios, una ciudad en ruinas plagada de esqueletos y poblada por monstruos, monstruos que pueden resultar tan crueles como románticos, tan implacables, como tiernos, y tal vez, incluso humanos. Una ciudad llena de creaciones tan tétricas cómo poéticas. Un entorno decadente plagado de ecos de un pasado legendario y de visiones de una posible esperanza futura: Terrible, melancólico, inolvidable. Podría seguir explayándome, y me dan ganas de hacerlo, pero sería imposible hacerlo sin revelar las sorpresas del argumento, sobre todo esa sorpresa, que aparece hacia la mitad del segundo libro, esa vuelta de tuerca inesperada que cambia todo el sentido del relato y que tanto se presta a las alegorias, aunque ignoro si Cotrina las desprecia tanto como Tolkien. Esa sorpresa que, de repente, cancela toda esperanza y tiñe la saga de los tonos más fatalista y desesperanzadores posibles. Y esos otros momentos sentimentales, que, a pesar de lo que he dicho, si que resultan conmovedores. Lamento que Alfaguara no consiguiera el fenómeno de ventas que estaba buscando, pero estoy tremendamente contento de que su búsqueda de un Harry Potter español nos haya dado a los lectores el Ciclo de la Luna Roja. He acumulado todo lo que considero criticable de estas novelas al comienzo, porque esa es mi opinión y debo ser sincero y reseñarlo, pero, puesto que el cerebro humano tiene tendencia a quedarse sólo con lo último que se le dice, he reservado mi opinión general sobre la obra para el final, de modo que sea esa opinión personal la que quede en mis hipotéticos lectores. Y esa opinión general es: Una Puta Obra Maestra.

viernes, 6 de septiembre de 2013

PUTO AÑO

Jack Vance
Iain Banks
Richard Matheson
Tom Sharpe
Elmore Leonard
Frederick Pohl

¡Puto año!
Puto año.

martes, 27 de agosto de 2013

"Oniromante" y "La ópera de la mente" de Victor Conde

Hasta ahora dos son los ebooks de Víctor Conde publicados bajo el sello Scyla Ebooks.”Oniromante” y “La opera de la mente”. Los dos transcurren en el mismo universo o universos de “Crónicas del Multiverso”, de hecho, una joven Lina Kolbrand hace un breve y totalmente prescindible cameo en “La opera de la mente”, lo cual me indica que transcurre en el universo de la Variedad. El alzheimer me persigue y no sabría decir si “Oniromante” lo hace o no. “Oniromante” parte de unas ideas arrebatadoras. Para sobrevivir en un mundo cada vez más competitivo profesionalmente, los humanos se someten a una operación que elimina la necesidad de dormir. Con ello se adquiere casi el doble de horas disponibles, pero, por otro lado, se pierde la capacidad de soñar. La protagonista es una especie de “soñadora a domicilio”, que previo pago, permite a otras personas experimentar cómo propios sus sueños, que recibe el desafío de confeccionar un sueño, para un piloto de naves espaciales cuya vida es más apasionante que cualquier experiencia onírica. Unas ideas fascinantes, una creatividad y un sentido de la maravilla desbocados, y poco cosa más. El relato queda mejor contado que leído. No es que sea malo, pero uno tiene la sensación de que se ha desaprovechado el potencial de lo que se estaba contando. En vez de profundizar en estas ideas tan atractivas, Víctor Conde se desmadra en descripciones de ambientes exóticos y momentos surrealistas, curiosos, pero estériles y que ya no llamarán la atención al que haya leído algunas de sus space operas. Juega con las palabras y los conceptos científicos y matemáticos, en explosiones controladas de esa tecno-jerga que tanto detesto y que va camino de convertirse en uno de sus rasgos de estilo. El final es pues… eso, el final. Carece de impacto y uno no sabe que pensar. Me quedo con la sensación de que se me ha escapado algo, pero llevo tanto tiempo leyendo, que, de ser así, es que no me lo han sabido contar. Una oportunidad desperdiciada. “La opera de la mente”, cuanto menos se cuente sobre su argumento mejor. Sobre todo porque la sinopsis proporcionada por la editorial te desvela el giro argumental alrededor del que gravita gran parte de la novela, y que unifica sus dos tramas. Una vez mas, me ha parecido una gran idea desperdiciada. En plan terror, o incluso drama, la cosa podría haber sido estremecedora. En lugar de ello Víctor Conde se decanta por la acción, las persecuciones y los tiroteos, incluso hay un momento que recuerda bastante al insulso remake de “La carrera de la muerte del año 2000”. En fin, la falta de pretensiones acaba convirtiéndose en virtud, y, no pretendiendo más que entretener, cumple el objetivo, reservando algunas sorpresas interesantes para el final. Las dos piezas resultan agradables, entretenidas, imaginativas y olvidables. Ni una ni otra se pueden considerar imprescindibles. “Oniromante” destaca algo mas, por lo atractivo de sus ideas y sus temas, pero no están particularmente bien desarrollados. Ni una ni otra destacan ni por si estilo (insisto, como odio los momentos lírico-pseudo-científico), ni por los personajes, ni por lo adictivo de la trama. Dos más.

miércoles, 14 de agosto de 2013

"Cuarentena" de Greg Egan

La tierra está envuelta en una especie de burbuja que no permite ver las estrellas. Los seres humanos se descargan en sus cabezas aplicaciones informáticas, como antes lo hacían en sus móviles, aplicaciones que les permiten cosas como dormirse en cuanto toman la decisión de hacerlo, aumentar las capacidades de atención, no aburrirse, o no sentir pena o culpa. Nick Stavrianos es un detective privado al que le encargan la investigación de la misteriosa desaparición de una paciente de un psiquiátrico. Hay dos temas fundamentales en esta novela, que a la postres resultarán estar muy relacionados. Los ya mencionados módulos cerebrales y la mecánica cuántica, una de las obsesiones favoritas de Grez Egan. El tema de los módulos está magníficamente desarrollado, llevado hasta sus últimas consecuencias mostrando las posibles aplicaciones. El tema de la mecánica cuántica, en concreto el colapso de la función de onda, resulta algo mas farragosa, quizá porque es una temática mas esotérica, Egan se enrolla mucho aquí en las explicaciones, y quizá por el deseo de ser claro, repite las mismas cosas una y otra vez. Aún así, es un tema fascinante que da mucho de sí, aunque curiosamente los autores de ciencia ficción tienden a incidir siempre en las mismas teorías una y otra vez. Ambas temáticas convergen en una trama inteligente, repleta de imaginación y sense of wonder. La novela está escrita en primera persona, el registro que mejor domina Greg Egan, como ha demostrado en innumerables relatos. Su temática detectivesca inicial la hace mas amena que otras novelas del mismo autor, lo que podría convertirla en una buena candidata para que los que desconozcan a Egan se estrenen en su lectura, aunque el giro argumental de hacia la mitad les puede descolocar. En contra de lo que suele decir la gente la novela no desmerece mucho en cuanto a lo literario ni en cuanto a personajes, sólo que no destaca precisamente por esos aspectos, que no pasan de lo correcto, sino por los temas más que científicos casi metafísicos que trata. Su principal defecto, en mi opinión, es el final. Todo parece haber acabado, y acabado felizmente, cuando no, nos encontramos que las cosas no eran lo que parecían. Vale, tenemos cierta costumbre. Entonces nos estalla en la cara un final a lo Twilight Zone o Outer Limits. Bueno, estamos acostumbrados, es un clímax bastante impresionante. Y entonces llega el epílogo, un tercer final, totalmente anticlímatico, mucho menos impactante que el anterior, descolocando al lector, que no sabe muy bien como interpretarlo. Con esta novela acabo con todo lo traducido hasta la fecha de Greg Egan en castellano (me falta por reseñar Oceánico, un día de estos lo haré). Todas mis esperanzas quedan depositadas en Alamut.

lunes, 29 de julio de 2013

"Los diez mil" de Paul Kearney

La contraportada de "Los diez mil" podría considerarse un caso grave de spoilers. En ella se anticipan acontecimientos que ocurren bastante a la mitad del libro, y que son graves, incluso podrían considerarse un "giro inesperado". Claro que, a estas alturas de la vida, con internet y esas cosas, es raro la persona que no sepa que "Los diez mil", es la peculiar versión de "La anabasis" de Jenofonte que ha realizado Paul Kearney en clave de fantasía épica, así que esos acontecimientos eran inevitables y se venían esperando. Los países imaginarios por los que transitan los protagonistas, se parecen mucho a la antigua Grecia y al imperio persa, como evidencia el mapa de la página 6. Si lo miras por internet, la mayoría de los reseñadores alaban su fidelidad histórica. Yo no seré uno de ellos, simplemente porque es un tema del que no entiendo, uno mas, por cierto. Si quieren leer a a alguien que sabe lo que dice cuando alaba o crítica el rigor histórico de un texto, hagánlo en esta página, aunque ya es raro buscar rigor histórico en una novela fantástica.

Aunque, dicho sea de paso, los elementos fantásticos son mas bien inexistentes. El mundo en el que transcurre la historia no es el nuestro, sus dioses no se corresponden con los de ninguna mitología que yo conozca, a pesar de las similitudes de algunos nombres y algunas historias. Existen razas de no humanos, o de tal vez no humanos, puesto que no son demasiado diferentes de los seres humanos. Lo único tal vez sobrenatural son unas misteriosas armaduras negras, pero no hay anillos mágicos, ni hechiceros que lancen rayos.

Básicamente se nos cuenta la historia de una expedición mercenaria, en la que se alistan dos jóvenes que proporcionan el punto de vista inicial. Por lo tanto, las batallas son inevitables. ¡Y qué batallas! No se puede negar que están magnificamente descritas. Son emocionantes, son brutales, sangrientas, aterradoras y extremadamente desagradables. Todo lo que se cuenta parece plausible, en cuanto a armamento, rutas, suministros, intendencia, ese tipo de cosas que parecen ser las que realmente deciden el curso de una batalla, y que no solían estar suficientemente tratadas en las novelas de fantasía épica hace unos años (actualmente la fijación por lo militar empieza a parecer una obsesión). Sin embargo, el gran acierto de Kearney no es este cuidado de los detalles sino lo vividas y creíbles que resultan sus escenas. Tal vez las cosas no sean así, pero podrían serlo. Si no fuera un tópico tan manido diría que el lector siente como propia la experiencia de formar en una falange, sostenido y empujado por las filas que le suceden hacia el ejército enemigo.

Todo está escrito con gran naturalismo, no se trata de que no se camuflen los aspectos menos glamourosas de la vida, sino que se subrayan. La escena de un banquete en un palacio suntuoso de una gran ciudad puede ser sucedida por una batalla en medio de un lodazal. Los soldados sangran, sus heridas se infectan, sus cuerpos se congelan y gangrenan por el frío y el hambre, pierden dientes y son mutilados, los campos de batalla se convierten en carnicerías putrefactas tras los combates, las ciudades por las que pasan quedan abocadas al hambre, y los mismos soldados que en un determinado momento se comportan como héroes disciplinados y valientes, al instante siguiente pueden convertirse en codiciosos saqueadores y violadores.

Y con todo, es un libro bastante bello. Hay belleza y lirismo en las descripciones de los parajes y ciudades por las que se mueve su ejército. El uso del lenguaje es en ocasiones hasta poético. Hay una visión trágica de la vida, se admira el valor y el heroísmo, pero se condena la guerra y se muestran continuamente sus consecuencias. Hay también una reflexión sobre el conflicto cultural. Los dos pueblos que entran en contacto consideran al otro como poco menos que animales. Los diálogos de Jasón y Tiryn, en los que poco a poco se van acercando, a través de la simple traducción de palabras son geniales.

Los personajes están bien trazados, se desarrollan lo justo, sin suponer profundos retratos psicológicos ni personajes de cartón piedra. Quedan claros desde el primer momento sus motivaciones y sus puntos de vista, no son ni héroes ni monstruos, las mas de las veces todos tienen su parte de razón, resulta díficil repartir las simpatías y los mas idealistas son los que resultan peor finados.

Se recurre a la típica y estandarizada construcción a trozos, por medio de escenas impactantes, tan común en nuestros días que resulta extraño recordar que hubo una época en que el relato continuo reinaba en la literatura. El defecto mas habitual de esta construcción es, a mi entender, que tiene a aumentar la cantidad de paja y de texto irrelevante. Se dedican muchas palabras a describir el escenario de la escena que empieza, hacer una idea de como se ha llegado allí y, en general, se mete mucha paja, para que, por contraste, el final de la escena resulte mas impactante. Kearney evita sucumbir en todos esos usos gracias a una concisión y un uso de la elipsis ejemplares. De tal modo que, una historia que contada de este modo clásico daría fácilmente para unas quinientas páginas, se cuenta en apenas trescientas, y a pesar de ello se toma su tiempo para que los personajes hablen entre ellos, evolucionen, y la acción tenga un desarrollo dramático correcto.

Es pasmoso encontrarse a veinte páginas del final de la novela, que queden tantas cosas pendientes que uno casi espera que llegue el maldito "Continuará" ¡y que los personajes se pongan a hablar! Sin embargo lo hacen y la novela acaba y acaba correctamente. Sin embargo, aunque no da una sensación precipitada, tal vez si que acabe demasiado rápidamente. El triste final de la historia se ve venir, y tal vez todo suceda demasiado deprisa en las últimas treinta páginas. Ese es el único pego que le pondría a esta obra.

sábado, 13 de julio de 2013

"La ciudad embajada" de China Mieville


China Mieville podría haberse pasado toda la vida escribiendo novelas ambientadas en el universo de Nueva Crobuzon y probablemente tendría millones de fans en todo el mundo que se enzarzarían por Internet en acalorados debates sobre el trazado de las calles de su urbe imaginaria y agotarían las ediciones de sus libros antes de que llegarán a las librerías y tendría el suficiente dinero para comprar como adorno para el jardín un tanque o un Mirage.

En lugar de ello, ha optado por reinventarse a si mismo en cada nueva obra reinterprentando diferentes géneros bajo su prisma personal. Ahora le ha llegado el turno a la ciencia ficción. Podríamos decir que “Ciudad Embajada” es a la ciencia ficción lo que “La ciudad y la ciudad” es a la novela negra. Y agradecido que estoy por haberlo visto, porque “Ciudad embajada” es la mejor novela de ciencia ficción que he leído en lo que va de año, o, como mínimo, la mejor contemporánea.

Como algo hay que contar del argumento, diré que la acción transcurre en una colonia en un remoto planeta, cuyos aborígenes, los arikei o los anfitriones, son expertos en biología, crianza, manipulación genética o como queramos llamarlo. Toda su tecnología es orgánica, toda su tecnología está viva y los terrestres dependen de ella hasta para obtener el aire que respiran.

Los anfitriones tienen dos bocas y han evolucionado de tal modo que su lenguaje necesita hablarse por dos bocas a la vez. Por motivos que nunca justifica muy creíblemente, para los anfitriones las palabras no son mas que un canal hacia la mente de su interlocutor, de modo que no pueden hablar con intercomunicadores, traductores ni inteligencias artificiales Para comunicarse con ellos, fue necesario criar a mediante clonación a gemelos idénticos unidos continuamente por un enlace mental, los embajadores, que son los únicos que pueden comunicarse con los embajadores y constituyen la casta gobernante de la ciudad. Curiosamente en el texto, los nombres de los embajadores aparecen en singular, pero los verbos en plural. Cosas como “Calvin andaban por el pasillo”, reflejando el hecho de que son dos. Un recurso sencillo y creativo, que debe evidenciar que Mieville hace algo parecido en el original, pero me preguntó el qué, puesto que los verbos suelen ser iguales en inglés en singular y plural.

En estas llega al planeta un nuevo embajador, el primero llegado desde fuera del planeta. Y hasta aquí puedo contar. Sólo diré que lo que se desencadena es muy apocalíptico.

Las catástrofes y los golpes de efecto se suceden uno tras otro a un ritmo vertiginoso, los protagonistas no paran de afrontar penalidades, catástrofes y crisis, unas detrás de otra. El aburrimiento es imposible en su lectura. Quizá se podría argüir que tal vez hubiera sido mejor un ritmo más reposado y un mayor número de páginas, que hubieran permitido desarrollar más los personajes y el impacto que todo esto tiene en ellos. No sabría decir, la novela está bastante bien como está, y soy de los que opinan que mas vale que falten páginas a que sobren.

Los frikis culo-gordos como yo se pueden quejar de lo rebuscado que resulta que los anfitriones no entiendan a las inteligencias artificiales, pero si entiendan una grabación, si está fue hecha por un embajador, porque la hizo una persona con consciencia, aunque si la escuchan mucho pierda sus propiedades y es sólo sonido. Hay un par de cuestiones flojillas como esas, de las que hacen enloquecer de furia a los escritores cuando algún fan listillo se las pregunta en las convenciones, y Mieville parece de los que tienen poca paciencia, aunque en este caso me parecen algo más importantes. Creo que las mete para justificar que ciertos personajes puedan hacer un viaje, necesario para la trama, porque no fue capaz de resolverlo de modo más elegante. De igual modo, el tema de la arquitectura y la tecnología viva, una idea fascinante y ya clásica en la ciencia ficción, no está plasmada de un modo creíble. No me estoy refiriendo a que sea científicamente plausible o no, que en esta ocasión no me importa lo mas mínimo, sino a que consiga hacer que el lector se sumerja en ese mundo que ha creado. Hay algunas imágenes fascinantes, cuando nos habla de granjas salvajes, de anuncios abandonados errantes, de casas que se inclinan y anticuerpos limpiadores, pero, la mayor parte del tiempo, la acción podría estar transcurriendo igual en un Nueva York post apocalíptico, lo cual ya es raro, porque la descripción de ambientes, cuanto mas extraños mejor, es uno de los puntos fuertes de Mieville. En todo caso, estos puntos no entorpecen el goce de la lectura.

Hay reflexiones sobre el poder, la religión, las drogas, el colonialismo y el independentismo y sobre todo ¡SOBRE EL LENGUAJE! Esta parte y los anfitriones son lo más interesante del libro. Mieville ha creado a unos alienígenas realmente fascinantes, que tienen una evolución fascinante, y su relación con el lenguaje y el Idioma mismo es, ..bueno, ¡FASCINANTE! Hay sentido de la maravilla a porrillo, es un auténtico “festín de la imaginación”, como decía Miquel Barceló. Me encantaría poner ejemplos para demostrarlo, me muero por hablar de los símiles, no se creerían lo importante que son los símiles en la trama, ni la forma que toman para los anfitriones, ni como el lenguaje puede modelar la visión de la realidad, o la realidad modela al lenguaje, o la capacidad de cuestionar la realidad modela la consciencia. Cuestiones que parecen muy abstractas pero que en la novela son preocupaciones muy concretas. Y urgentes. Pero hablar de todo eso sería adelantar sorpresas y hallazgos argumentales que es mejor que se encuentre por si mismos mientras la leen. Porque “Ciudad embajada” es una novela de la que es muy divertido hablar, pero que es mucha mas divertido leer.

miércoles, 26 de junio de 2013

"El vivo" de Anna Starobinets


La lectura de "El vivo", me ha producido sensaciones contraopuestas. Por un lado he disfrutado mucho de su lectura, mas que leerla, la he devorado, es imposible juzgar bien este tipo de cosas cuando se trata de una traducción, pero su uso del lenguaje es magnífico. Sutil, preciso, irónico e imaginativo, cambiando continuamente de registro para adaptarse a los personajes y a las tecnologías que utilizan, resulta particularmente imaginativo en su modo de reproducir, chats, ventanas emergentes, correos, informes, anuncios, experiencias de realidad virtual....

Es un esfuerzo pirotécnico, pero no un fin en sí mismos, todos los hábiles trucos de prestidigitador de la autora están sometidos a un fin, o a varios. Lo mas sería considerarlo una advertencia contra los posibles usos de las nuevas tecnologías por parte de los gobiernos para controlar a su población. La sociedad descrita, inverosímil en algunos aspectos, terriblemente cercana en otros, es una sociedad terriblemente injusta y opresora, en la que la población no tiene el menor control sobre sus vidas, nacen ya con todo su destino determinado de ante mano, no participan para nada en la vida pública, se apoyan sobre una ingente masa de esclavos, y sin embargo, son aparentemente felices, contentándose con ver sus series favoritas y mantener miles de amigos por Internet con los que jugar on-line, siendo la máxima expresión de disensión el envió de spam propagandista.

Al final, la cosa se desvía hacia una crítica a los excesos del poder, con su clase dirigente estática y sedentaria , cuyo principal objetivo es mantenerse en el poder, para lo que no dudan en recurrir a purgas, ejecuciones públicas (de visionado obligatorio) y lobotomias.

Este breve apunte, en el que he intentado no revelar nada de la trama, no hace justicia a la obra hay que leerla, experimentarla, y hundirse en la frustración, la impotencia y la conmiseración. Sin embargo, no me ha acabado de convencer del todo.

Tanto el ambiente descrito como la trama, me han resultado poco creíbles. Sé que estoy siendo muy subjetivo, corro el riesgo de parecer uno de esos frikis que exigen una explicación para todo, aunque el autor no pretendiese contar una novela policíaca, pero, particularmente en una obra fantástica, es necesario que la imaginación del autor se sostenga sobre unos cimientos sólidos, que nos permitan creer lo imposible. En "La ciudad y la ciudad" de China Mieville, nunca se explica como la ciudad pudo separarse en dos, a poco que te lo plantees, tal cosa es un delirio absolutamente inverosímil, pero ese delirio está descrito con tal detalle, con tal verosimilitud, que consigue que no te lo plantees mientras lees la novela.

En cambio mientras leo "El vivo", no puedo dejar de plantearme que narices es "El vivo" que da título a la novela, pero no aparece por ninguna parte. El "sistema" que Cracker no programó, que apareció sólo, pero que está misteriosamente ausente en la vida de sus idiotizados ciudadanos. Que la revelación final parece contradecir no ya la personalidad, sino la existencia de algunos personajes, qué los experimentos con el haz de radiación de Leo-Lot, de los que se habla continuamente, como si fuera el tipo de secreto que persigue incansable el agente Mulder, no es que no traigan ninguna revelación, es que al final no tienen la menor importancia en la trama. Una trama llena de giros inesperados, forzados a fuerza de Deux ex Machine, que tampoco me resultan creíbles, del mismo modo que los poco desarrollados personajes.

Es fascinante que los miembros del vivo aterren a los animales, pero no puedo imaginar a cuento de qué lo hacen, y no aporta demasiado. Por cierto, como los únicos animales que los protagonistas pueden conocer bien son los insectos, el texto está plagado de metáforas y símiles con insectos, que sobrepasan mis inexistentes capacidades de entomólogo.

Como ya digo, es una opinión subjetiva. No es un mal libro, ha merecido la pena leerlo, si se publica en España, procuraré leer mas a la autora, pero no ha terminado de convencerme.

Starobinets me deslumbra con su arte y su creatividad, pero no consigue involucrarme, no consigue que su arte me resulte auténtico.

sábado, 25 de mayo de 2013

"El ladrón cuántico" de Hannu Rajaniemi

Recuerdo que una tarde, en el centro de cálculo de la facultad, leí una reseña de "Diáspora" de Greg Egan. Eso debió de ser hace al menos quince años, quizá mas, ¡Arghh!, la mortalidad humana y todas esas putadas. En fin, en esa reseña se hablaba de que la ciencia ficción no solía atreverse a especular sobre la evolución de la propia especie humana, que sus humanos del futuro son iguales que los humanos del presente. El tiempo ha pasado desde entonces, y ya existen un buen puñado de obras sobe la aplicación de las nuevas tecnologías, informática, genética, nano-tecnología a nuestra propia especie, tanto, que si no lo ha hecho ya, va camino de convertirse en un subgénero propio, como en su día lo hizo la cyberpunk. Ya se habla de ciencia ficción "post-humanista".

No es un género que me guste demasiado. No me entiendan mal, es una especulación totalmente válida, puede que incluso necesaria. Mi problema es que me cuesta involucrarme emocionalmente en estas historias, me resulta imposible identificarme con seres inmortales, que almacenan sus recuerdos en soportes informáticos para transferírselos a otro cuerpo, artificial por supuesto, puesto que  todos sus cuerpos son artificiales, mejorados genética o nano-tecnológicamente, aunque la mayor parte de su tiempo  vivan en entornos de realidad virtual. Gente que pueden intercambiar recuerdos y editarlos, decidiendo así lo que quieren recordar o no, alterar las características de su personalidad, hacer copias de si mismos, etc...

No me entiendan mal. Una obra puede gustarme mucho aunque no se de un género de mi predilección. Tampoco me gustan las historias apocalípticas y me encantó "Soy leyenda", y me encantó la trilogía de "La edad de oro" de John C. Wright (¿Porqué la gente se mete tanto con el segundo y terer volumen?). La novela venía con otro handicap por mi parte, amablemente descrito en la red, "el gozoso uso de la tecnojerga", otra cosa a la que le tengo mucha manía (Me cago en Jodorowsky y los metabarones). Aparte de ello, me resultó dificil de encontrar, pues la he visto totalmente ausente de las grandes superficies, la Fnac y el Corte Ingles, aunque no de las amables librerías, en mi caso, una vez mas "Estudio en Escarlata", en la que de todos modos prefiero gastar mis cuartos, pues tienen mayor oferta y, en ocasiones, han llegado a hacer grandes esfuerzos para encontrarme libros. En todo caso, Alamut no acaba de resolver sus problemas de distribución.

A pesar de estos reparos, la novela tiene una premisa tan atractiva que me resultó imposible no comprarla. Un ladrón de guante blanco del futuro encarcelado en la Prisión de los Dilemas, condenado a enfrentarse a innumerables copias de sí mismo en una rutina de muerte, deserción y cooperación de la que es rescatado para que lleve a cabo un nuevo y dificilísimo golpes, para lo que primero tiene que recuperar los recuerdos y partes de su personalidad que escondió antes de ser capturado.

No me conozco la obra de Maurice Leblanc, pero todo tiene el aspecto de ser un homenaje a las aventuras de Arsenio Lupin, cómo indica sin ir mas lejos la cita que abre la novela. Jean le Flambeur es un trasunto del propio Lupin y la ciudad marciana móvil en que transcurre buena parte de esta, la Oubliette, recuerda a una versión idealizada del parís de la belle epoque, es un ambiente sofisticado, lleno de estudiantes, artistas, y excéntricos, y un escenario bastante fascinante, los robos y devoluciones de relojes me recuerdan a esa historia en que Arsenio Lupin le roba y mas tarde le devuelve el reloj al detective inglés Herlock Sholmes, sin que este se entere de ninguna de las dos cosas.

Pero estos guiños no quieren decir que sea una novela indicada para el público no aficionado a la ciencia ficción. Los aficionados tenemos mucha experiencia con este tipo de obras, de hecho, una de las cosas de las que disfrutamos durante su lectura es el reto de armar el puzzle, cuando nos encontramos una palabra extraña o un concepto raro, que no nos explican, nos lo apuntamos mentalmente, y esperamos el momento en que quede claro de qué se trata, nuestro cerebro haga click y se encajen todas las piezas. Es divertido y nos gusta. En ocasiones se queda algún palabro raro en el tintero, pero si eso es así es porque no tenía importancia y no nos preocupa. Tenemos entrenamiento y conocemos el juego. Una persona que no sea aficionada a la ciencia ficción, cuando lleve veinte páginas leyendo sobre qupticar, gogoles, gevulot, Zokus, Tzaddicks, la Sobornost, sentirá que la cabeza le da vueltas a punto de estallar. Ese es el motivo por el que todas las películas de ciencia ficción empiezan con una larga parrafada en la que se explican todos los conceptos que se van a utilizar.

Diré a favor de Rajaniemi, que casi todas las ideas que introduce se acaban entiendo sin necesidad de explicaciones, aunque al acabar la novela sigo sin tener muy claro que son los Zokus y la Sobornost y las razones que enfrentan a estas dos facciones. Rajaniemi exhibe una imaginación y una creatividad envidiables. En mi vida he leído sobre muchas ciudades móviles, pero ninguna tan dinámica como la Oubliette, con sus barrios móviles. Los escenarios son importantes, a veces tan importantes como la trama misma y esta ciudad, en la que el tiempo se emplea como moneda de cambio, con sus aletargados, su exomemoría, su gevuloc y sus justicieros enmascarados es uno de los mejores escenarios que me he encontrado en años.

Tampoco se puede negar su amenidad. Está estructurada en base a capítulos muy breves en los que, sin embargo, siempre ocurre algo, las peripecias, las peleas, las persecuciones y los robos arriesgados se suceden continuamente. Los personajes, en cambio, pecan de poco desarrollados, no hay grandes flashbacks, lo que en estos tiempos que corren es bueno, no se profundiza en sus motivaciones, ni se consigue dotarles de una gran profundidad. Jean es el prototipo de ladrón de guante blanco, amante de la buena vida, ligón, mujeriego y encantador, pero mas porque nos lo dicen que porque lo demuestre activamente con sus actos y sus diálogos. Mieli es una especie de guerrera honorable, así que se tiene que mencionar el honor y la lealtad cada vez que se adopta sus punto de vista, aunque este problema no se nota mucho, porque los capítulos son breves y las escenas también.

Algunas de las descripciones del libro están llenas de fantasía, e incluso de tintes poéticos, no del todo mal logrados, pero Rajaniemi comete el error de querer deslumbrar continuamente. De este modo atiborra cada página y cada descripción de gadgets tecnológicos, de tal modo que parece que los protagonistas no puedan coger una pastilla de jabón, a menos que la espuma les llegue por medio entrelazamientos cuánticos, o se trate de un jabón nano-tecnológico. Esto vuelve algunas páginas un poco farragosas y obliga a leer despacio y con mucha atención. No llega a hacerse cansado, aunque a punto esté a veces, porque como ya dije, se hace de la brevedad virtud, y aunque densos, los párrafos son cortos.

El desenlace, aunque no improvisado, cuando lo lean se darán cuenta de que está pensado casi desde el comienzo, y comprenderán el porque de algunos capítulos que parecían un poco irrelevantes, resulta un poco precipitado, por la cantidad de giros argumentales, revelaciones, calamidades, heroicidades y argucias desesperadas que se acumulan en muy pocas páginas.

Se trata de la primera novela de un autor joven. Mas joven que yo de hecho. ¡Arghh! ¿Qué fue de la época en que los autores de todos los libros que leía tenían como poco edad para ser mis padres?.Como debutante qué es, pretende deslumbrar y deslumbra. Es una novela amena y entrenida, en ocasiones fascinante. Espero que en sus próximas obras dedique menos tiempo a describir los diferentes alojamientos de los personajes y mas a desarrollarlos y a la construcción dramática, y que, si no lo hace, los describa al menos con un lenguaje mas sencillo.

Lo peor, aunque la trama principal se cierra, cuando te vas acercando al final, te vas dando cuenta de que esto no le dá tiempo a acabarlo ni a Flash el relámpago humano, y efectivamente, cuando llegas al final te encuentras con esto habrá de continuarse en otro libro. Habemus saga. Otra vez. 

jueves, 16 de mayo de 2013

"Tríptico de Trinidad" de Carlos Gardini

"El tríptico de trinidad" es una obra que sobrepasa mi capacidad de análisis, para la que ni siquiera soy capaz de encontrar referentes. La obra de Gardini, es de Gardini, terriblemente personal, o eso supongo porque no conozco al autor. El tipo de obra ante la que todos los comentaristas nos creemos muy graciosos al exclamar: "Deseo saber que es lo que fuma el autor, porque quiero probar un poco.",cuando probablemente sería mala idea hacerlo. En todo caso, Gardini ha creado algo nuevo, con una voz propia imposible de confundir con ninguna otra. Es una obra poco comercial, culta, poética, desconcertante, ambiciosa, compleja, imaginativa, y breve. Un relato, que, a la manera de "Las mil y una noches", contiene dentro de si muchos relatos, la mayoría de los cuales acaban siendo importantes en la trama, un mundo fascinante, y un amplio reparto de personajes, la mayoría poco desarrollados, pero todos a su modo interesantes. Diría incluso que el poco desarrollo se hizo a posta, para dar al relato la apariencia de mítico que tiene, lo mismo podría ser una fábula, una leyenda, o algún tipo de texto mítico o sagrado.

La magia y el poder de la fabulación, de contar historias, presiden la triple función, junto con las contradicciones de sus personajes. Gardini juega con las convenciones para romperlas y dejar sorprendido al lector. Justo cuando el argumento parece que empieza a seguir un rumbo predecible, ¡zash!, de repente los personajes toman la decisión contraria a la que dictan los tópicos, y lo hacen de un modo que, a pesar de todo, tiene sentido, es coherente con sus debilidades internas o sus fortalezas internas. El lector ve así frustradas sus expectativas una y otra y otra vez, hasta que se rinde y se deja llevar de la mano del narrador a través del inmenso tapiz que van tejiendo sus palabras, por los fascinantes parajes que describe en su no menos fascinantes imágenes, a través de catacumbas del olvido, barcos convertidos en manicomios flotantes, diminutos soles ocultos en cavernas, cánticos que envenana y barcos cantantes que ascienden al cielo a través de arcos gigantescos, todo ello en medio giros argumentales continuos y continuos cambios de protagonista principal.

El uso del lenguaje es exquisito. Sencillo y sutil, envuelve hábilmente al lector en su telaraña, en su juego. Otros reseñadores ya han hablado lo bastante de la omnipresencia del tema de la trinidad, que preside la novela, su estructura (tres partes), sus personajes (tres catecúmenos) o incluso el lenguaje, y aquí si que van a tener que leerlo para disfrutarlo. Sólo diré que el efecto que crea es bastante impresionante, y que a pesar de todo nunca resulta forzado, siempre queda insertado perfectamente en la narración y obedece a un propósito.

En fin, que poco puedo decir, los aficionados a la dragonlance y cosas así, no la entenderán (yo tampoco estoy seguro de haberla entendido, aunque hay que ver como la he disfrutado), así que puede decirse que no es una obra apta para todos los paladares. Pero no puede negarse que es una obra de arte.

viernes, 3 de mayo de 2013

Ya a la venta

Ponent Mon ya a puesto a la venta en castellano el tercer integral de las aventuras de Buck Danny

Jugando con fuego

En cualquier momento me embarcaré en la mil veces retrasada lectura de "El carpintero y la lluvia". Ya explique´aquí el motivo de mis reticencias. Veremos en que queda todo, no hace tanto que echaron a seis de mi trabajo en un mismo día. A fuer de sinceridad, "Fieramente humano" ya le adelantó, y no me pasó nada.

Profesionalmente, claro. En el terreno personal, se me jodió el archivo en el que guardaba mi proyecto de novela impublicable con la que de vez en cuando malgasto el tiempo de mi vida, perdiendo la labor de casi un año. Pero, hay que reconocer que no se le puede echar al culpa al terrible influjo de la obra de Rodolfo Martínez, sino al mucho mas terrible influjo del Microsoft Word, mas que un procesador de textos, un auténtico engendro del demonio, un instrumento de tortura, un auténtico crimen contra la humanidad por el que sus responsables deberían ser colgados. Reconozcámoslo, la culpa fue mía, por utilizarlo, la pérdida de nuestras obras es un destino que todos los usuarios de Microsoft Word nos tenemos merecido, y, por otro lado, un destino inevitable.

jueves, 2 de mayo de 2013

"Adiós a la tierra" de Isaac Asimov

Alamut ha publicado una antología inédita de relatos de Isaac Asimov.
Lo repetiré, por si se da el caso de que alguien que se haya enterado al leer esta entada de mi blog haya seguido leyendo en lugar de salir corriendo hacia la libreria mas cercana.
Alamut ha publicado una antología inédita de relatos de Isaac Asimov.
Asimov. Antología inédita.
¿Siguen ahí? Bueno, supongo que la culpa la tiene internet y los SMS que hacen que el vocabulario de la peña no sea lo que debería ser. Inédita quiere decir, en este contexto, que son relatos que nunca se habían publicado como parte de un libro. Es decir: ¡ES UN LIBRO DE RELATOS NUEVOS! ¡DE ASMOV! Es el tipo de cosas que uno no esperaría volver a ver jamás, sobre todo por la de años que el buen doctor lleva muerto.
¿Que cómo está?
¿A quién le importa? ¡Es de Asimov! Pues, hombre, muy típico de Asimov, relatos mayormente dialogados, de pocas páginas, con golpe de ingenio final, estilo transparente, muy fáciles de leer. Me siento tentado a decir que es el tipo de relatos que esperarías que nunca hubiesen sido reeditados en una antología, es decir anecdóticos y olvidables, pero el caso es que, revisando el índice, destacan unas cuantas joyas. La contraportada destaca el último "Oro", que al parecer ganó un Hugo. No está mal, es una pequeña joyita autoreferencial, cómo lo son al menos otros dos relatos de la antología, en la que, entre otras cosas, nos habla sobre las dificultades de adaptar a imágenes el segundo acto de su novela "Los propios dioses", para el que escribe, lo mejor que salió nunca de la pluma de Asimov, pero yo en cambio me quedo con el primero "Cal", una divertidísima historia sobre un robot que quiere ser escritor, en la que se puede aprender mucho sobre el proceso de escritura, Asimov autoparodia sus relatos de la serie del demonio "Azazel" y por fin encuentra una fuerza capaz de superar a las tres reyes de la robótica. También de si mismo y de la escritura habla "Intolerancia a las faltas", relato a que no le falta ni le sobra una coma, tan coherente en las consecuencias de su premisa como lógica en su desolado final. Igual que desolador y a la vez humano, resulta el final de "El hermanito". "Alucinación", "Alexander el dios" o "La sonrisa del chipper" tampoco carecen de interés, aunque sean mas normalitos y tengan reminiscencias a los comienzos pulp de la ciencia ficción. El resto son estampitas, chistes ligeros, microrelatos agradables de leer pero poco mas.

¿Cual es la mayor pega de la antología? Son 164 páginas con letra e interlineado muy grandes y cuesta 19 euros. Cada cual sabrá valorar lo que daría por una antología de relatos de Asimov que nunca hubiera leído. Yo hubiera considerado un precio justo mi alma inmortal, caso de tenerla, así que lo encuentro una ganga.


jueves, 25 de abril de 2013

"Zendegi" de Greg Egan

Fascinados por sus brillantes especulaciones científicas, es muy fácil olvidar que Greg Egan es un activista de los derechos humanos. Igual que la política de Indonesia resultaba fundamental en "Teranesia", lo mismo ocurre con la de Irán en "Zendegi". En efecto, la novela se puede considerar como una carta de amor al pueblo Iraní, llena de respeto y admiración, fruto del interés por el país que le provocó el contacto con refugiados iranies en Australia, que llegó a motivar su primer viajes fuera de dicho continente.

Durante el primer tercio de la obra, se describe una revuelta popular que provoca un cambio de régimen. Publicada en el 2010, pero escrita a lo largo del 2008, no es de extrañar, como reconoce en el epilogo, que la realidad haya dejado obsoleta esa parte de la novela tan deprisa. Queda por ver si Irán llegará a tener un futuro tan optimista como el descrito en la novela. La revuelta sirve como una especia de gigantesco Macguffin, mientras se presentan los personajes y se prepara el escenario para la trama. Nada es superfluo, desde el primer capítulo en el que se nos describen los problemas del Martin con la grabación digital de sus discos de vinillo, las últimas líneas del mismo ya nos presagian lo que será el mensaje de la novela.

Curiosamente, esta es la parte mas discutida de la novela. Los apocalípticos braman que es un aburrimiento y se tiran de las vestiduras mientras esperan a que Egan empiece a hablar de la realidad virtual y de las versiones informáticas de personas. Los integrados dicen que sirve para que los lectores no especializados, esos que jamás abren un libro de ciencia ficción, se enganchen con la lectura. Ni tanto ni tan poco. Como ya dije, cumple su cometido, presenta a los personajes, plantea el escenario, y se lee bien. La única pega es que, realmente, no tiene mucho que ver con el resto de la novela.

El resto de la novela, que transcurre  es la historia de un padre recién enviudado que, ante la inminencia de su propia muerte, pues está enfermo de cáncer y aterrado por la posibilidad de no poder ser parte en la formación de la personalidad de su hijo, consigue poner en marcha un proyecto de digitalización de su personalidad. Con estos mimbres, Spielberg sería capaz de hacernos un dramón sensiblero. Egan no rehuye el dramatismo ni las situaciones díficiles, pero no cae en el sentimentalismo barato, no se revuelca en el dolor, que lo hay, sino que adopta una óptica distante y neutral, que no evita la empatía con los protagonistas.

Enemigo siempre de todo tipo de misticismos, Greg Egan se vuelve en esta obra contra la propia ciencia ficción, que ha creado una mística de la inteligencia artificial y lo digital, mística que en cierto modo él mismo contribuyó a crear en novelas anteriores. Es como si quisiera decirnos que ser una personalidad informatizada no es tan maravilloso, y que transcribir una personalidad a un ordenador no es tan fácil. Asistimos al proceso completo, o al precursor de lo que podría llegar a ser el proceso completo.

La realidad virtual que aparece en la novela está plasmada y descrita con brillantez y verosimilitud. Lo mismo puede decirse de otros elementos científicos, el mundo de pasado mañana en el que transcurre la mayor parte de la acción, con las tecnologías de la información sólo un poquito mas desarrolladas que en el nuestro y los conflictos éticos a los que puede dar lugar. Las recreaciones de los mitos iraníes resultan de lo mas exóticas para un lector occidental medio, como es mi caso, y el sentido de la maravilla campa con sus respetos, e incluso en ocasiones, el sentido del humor.

Menos atrevida y visionaria que otras obras de Egan, es, tal vez, la mas humana. La ternura y la compasión son las fuerzas que rigen el comportamiento de los principales personajes, y sin demonizarla, la tecnología resulta no ser la panacea para los problemas insolubles. La esperanza reside en conceptos a veces tan poco valorados como la solidaridad, el respeto a las creencias ajenas, la amistad y el afecto.