Buscar este blog

No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

jueves, 25 de abril de 2013

"Zendegi" de Greg Egan

Fascinados por sus brillantes especulaciones científicas, es muy fácil olvidar que Greg Egan es un activista de los derechos humanos. Igual que la política de Indonesia resultaba fundamental en "Teranesia", lo mismo ocurre con la de Irán en "Zendegi". En efecto, la novela se puede considerar como una carta de amor al pueblo Iraní, llena de respeto y admiración, fruto del interés por el país que le provocó el contacto con refugiados iranies en Australia, que llegó a motivar su primer viajes fuera de dicho continente.

Durante el primer tercio de la obra, se describe una revuelta popular que provoca un cambio de régimen. Publicada en el 2010, pero escrita a lo largo del 2008, no es de extrañar, como reconoce en el epilogo, que la realidad haya dejado obsoleta esa parte de la novela tan deprisa. Queda por ver si Irán llegará a tener un futuro tan optimista como el descrito en la novela. La revuelta sirve como una especia de gigantesco Macguffin, mientras se presentan los personajes y se prepara el escenario para la trama. Nada es superfluo, desde el primer capítulo en el que se nos describen los problemas del Martin con la grabación digital de sus discos de vinillo, las últimas líneas del mismo ya nos presagian lo que será el mensaje de la novela.

Curiosamente, esta es la parte mas discutida de la novela. Los apocalípticos braman que es un aburrimiento y se tiran de las vestiduras mientras esperan a que Egan empiece a hablar de la realidad virtual y de las versiones informáticas de personas. Los integrados dicen que sirve para que los lectores no especializados, esos que jamás abren un libro de ciencia ficción, se enganchen con la lectura. Ni tanto ni tan poco. Como ya dije, cumple su cometido, presenta a los personajes, plantea el escenario, y se lee bien. La única pega es que, realmente, no tiene mucho que ver con el resto de la novela.

El resto de la novela, que transcurre  es la historia de un padre recién enviudado que, ante la inminencia de su propia muerte, pues está enfermo de cáncer y aterrado por la posibilidad de no poder ser parte en la formación de la personalidad de su hijo, consigue poner en marcha un proyecto de digitalización de su personalidad. Con estos mimbres, Spielberg sería capaz de hacernos un dramón sensiblero. Egan no rehuye el dramatismo ni las situaciones díficiles, pero no cae en el sentimentalismo barato, no se revuelca en el dolor, que lo hay, sino que adopta una óptica distante y neutral, que no evita la empatía con los protagonistas.

Enemigo siempre de todo tipo de misticismos, Greg Egan se vuelve en esta obra contra la propia ciencia ficción, que ha creado una mística de la inteligencia artificial y lo digital, mística que en cierto modo él mismo contribuyó a crear en novelas anteriores. Es como si quisiera decirnos que ser una personalidad informatizada no es tan maravilloso, y que transcribir una personalidad a un ordenador no es tan fácil. Asistimos al proceso completo, o al precursor de lo que podría llegar a ser el proceso completo.

La realidad virtual que aparece en la novela está plasmada y descrita con brillantez y verosimilitud. Lo mismo puede decirse de otros elementos científicos, el mundo de pasado mañana en el que transcurre la mayor parte de la acción, con las tecnologías de la información sólo un poquito mas desarrolladas que en el nuestro y los conflictos éticos a los que puede dar lugar. Las recreaciones de los mitos iraníes resultan de lo mas exóticas para un lector occidental medio, como es mi caso, y el sentido de la maravilla campa con sus respetos, e incluso en ocasiones, el sentido del humor.

Menos atrevida y visionaria que otras obras de Egan, es, tal vez, la mas humana. La ternura y la compasión son las fuerzas que rigen el comportamiento de los principales personajes, y sin demonizarla, la tecnología resulta no ser la panacea para los problemas insolubles. La esperanza reside en conceptos a veces tan poco valorados como la solidaridad, el respeto a las creencias ajenas, la amistad y el afecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario