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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

martes, 27 de agosto de 2013

"Oniromante" y "La ópera de la mente" de Victor Conde

Hasta ahora dos son los ebooks de Víctor Conde publicados bajo el sello Scyla Ebooks.”Oniromante” y “La opera de la mente”. Los dos transcurren en el mismo universo o universos de “Crónicas del Multiverso”, de hecho, una joven Lina Kolbrand hace un breve y totalmente prescindible cameo en “La opera de la mente”, lo cual me indica que transcurre en el universo de la Variedad. El alzheimer me persigue y no sabría decir si “Oniromante” lo hace o no. “Oniromante” parte de unas ideas arrebatadoras. Para sobrevivir en un mundo cada vez más competitivo profesionalmente, los humanos se someten a una operación que elimina la necesidad de dormir. Con ello se adquiere casi el doble de horas disponibles, pero, por otro lado, se pierde la capacidad de soñar. La protagonista es una especie de “soñadora a domicilio”, que previo pago, permite a otras personas experimentar cómo propios sus sueños, que recibe el desafío de confeccionar un sueño, para un piloto de naves espaciales cuya vida es más apasionante que cualquier experiencia onírica. Unas ideas fascinantes, una creatividad y un sentido de la maravilla desbocados, y poco cosa más. El relato queda mejor contado que leído. No es que sea malo, pero uno tiene la sensación de que se ha desaprovechado el potencial de lo que se estaba contando. En vez de profundizar en estas ideas tan atractivas, Víctor Conde se desmadra en descripciones de ambientes exóticos y momentos surrealistas, curiosos, pero estériles y que ya no llamarán la atención al que haya leído algunas de sus space operas. Juega con las palabras y los conceptos científicos y matemáticos, en explosiones controladas de esa tecno-jerga que tanto detesto y que va camino de convertirse en uno de sus rasgos de estilo. El final es pues… eso, el final. Carece de impacto y uno no sabe que pensar. Me quedo con la sensación de que se me ha escapado algo, pero llevo tanto tiempo leyendo, que, de ser así, es que no me lo han sabido contar. Una oportunidad desperdiciada. “La opera de la mente”, cuanto menos se cuente sobre su argumento mejor. Sobre todo porque la sinopsis proporcionada por la editorial te desvela el giro argumental alrededor del que gravita gran parte de la novela, y que unifica sus dos tramas. Una vez mas, me ha parecido una gran idea desperdiciada. En plan terror, o incluso drama, la cosa podría haber sido estremecedora. En lugar de ello Víctor Conde se decanta por la acción, las persecuciones y los tiroteos, incluso hay un momento que recuerda bastante al insulso remake de “La carrera de la muerte del año 2000”. En fin, la falta de pretensiones acaba convirtiéndose en virtud, y, no pretendiendo más que entretener, cumple el objetivo, reservando algunas sorpresas interesantes para el final. Las dos piezas resultan agradables, entretenidas, imaginativas y olvidables. Ni una ni otra se pueden considerar imprescindibles. “Oniromante” destaca algo mas, por lo atractivo de sus ideas y sus temas, pero no están particularmente bien desarrollados. Ni una ni otra destacan ni por si estilo (insisto, como odio los momentos lírico-pseudo-científico), ni por los personajes, ni por lo adictivo de la trama. Dos más.

miércoles, 14 de agosto de 2013

"Cuarentena" de Greg Egan

La tierra está envuelta en una especie de burbuja que no permite ver las estrellas. Los seres humanos se descargan en sus cabezas aplicaciones informáticas, como antes lo hacían en sus móviles, aplicaciones que les permiten cosas como dormirse en cuanto toman la decisión de hacerlo, aumentar las capacidades de atención, no aburrirse, o no sentir pena o culpa. Nick Stavrianos es un detective privado al que le encargan la investigación de la misteriosa desaparición de una paciente de un psiquiátrico. Hay dos temas fundamentales en esta novela, que a la postres resultarán estar muy relacionados. Los ya mencionados módulos cerebrales y la mecánica cuántica, una de las obsesiones favoritas de Grez Egan. El tema de los módulos está magníficamente desarrollado, llevado hasta sus últimas consecuencias mostrando las posibles aplicaciones. El tema de la mecánica cuántica, en concreto el colapso de la función de onda, resulta algo mas farragosa, quizá porque es una temática mas esotérica, Egan se enrolla mucho aquí en las explicaciones, y quizá por el deseo de ser claro, repite las mismas cosas una y otra vez. Aún así, es un tema fascinante que da mucho de sí, aunque curiosamente los autores de ciencia ficción tienden a incidir siempre en las mismas teorías una y otra vez. Ambas temáticas convergen en una trama inteligente, repleta de imaginación y sense of wonder. La novela está escrita en primera persona, el registro que mejor domina Greg Egan, como ha demostrado en innumerables relatos. Su temática detectivesca inicial la hace mas amena que otras novelas del mismo autor, lo que podría convertirla en una buena candidata para que los que desconozcan a Egan se estrenen en su lectura, aunque el giro argumental de hacia la mitad les puede descolocar. En contra de lo que suele decir la gente la novela no desmerece mucho en cuanto a lo literario ni en cuanto a personajes, sólo que no destaca precisamente por esos aspectos, que no pasan de lo correcto, sino por los temas más que científicos casi metafísicos que trata. Su principal defecto, en mi opinión, es el final. Todo parece haber acabado, y acabado felizmente, cuando no, nos encontramos que las cosas no eran lo que parecían. Vale, tenemos cierta costumbre. Entonces nos estalla en la cara un final a lo Twilight Zone o Outer Limits. Bueno, estamos acostumbrados, es un clímax bastante impresionante. Y entonces llega el epílogo, un tercer final, totalmente anticlímatico, mucho menos impactante que el anterior, descolocando al lector, que no sabe muy bien como interpretarlo. Con esta novela acabo con todo lo traducido hasta la fecha de Greg Egan en castellano (me falta por reseñar Oceánico, un día de estos lo haré). Todas mis esperanzas quedan depositadas en Alamut.