Buscar este blog

No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 14 de septiembre de 2013

El ciclo de la Luna Roja de José Antonio Cotrina

Me inicié en la obra de José Antonio Cotrina con el cuento “La niña muerta”, publicado en la extinta revista Asimov, y quedé profundamente impresionado. A mis manos llegó otro cuento “Entre líneas”, diferente pero también muy brillante, luego vino “Las fuentes perdidas” que, si nadie me corrige, es la única obra que ha publicado la Factoría de Ideas de un autor español. Con esta novela abandoné el seguimiento de su obra. “Las fuentes perdidas” se merecería un post por ella misma, la mayor demostración que he visto de que, al final, en la literatura, las formas no lo son todo. Una novela magníficamente escrita, y mala como ella sola. Pero no voy a hablar de “Las fuentes perdidas”. Hablando totalmente desde fuera del mundo editorial, imagino que Alfaguara perseguía con su publicación conseguir un “Harry Potter” español, una serie de fantasía juvenil que encandilara a los adolescentes y por supuesto, les permitiera ganar una millonada. El primer volumen, “La Cosecha de Samhein”, gozó de una gran promoción. No respondió a las expectativas, el segundo, “Los hijos de las Tinieblas”, tuvo bastante menos promoción, y finalmente Alfaguara se negó a publicar el tercero, dejando varados sin conocer el final a los fans de la serie. Finalmente la editorial Hidra la acabó publicando, además de reeditar las dos anteriores. La saga sigue a un grupo de adolescentes de nuestro mundo y nuestra época, que, mas o menos con engaños, son convencidos para que viajen a otra dimensión, y abandonados para que luchen por su propia supervivencia en la ciudad en ruinas de Rocavarancolia, a la vez que también sigue las relaciones e intrigas entre los miembros del consejo real de dicha ciudad. Como todo en este mundo, la trilogía no es perfecta. O tal vez sea que la leído ya demasiado mayor. Me chirrían por ejemplo, las historias de amor, los personajes se enamoran a primera vista o porque sí. A los diálogos tiende a faltarles naturalidad, todos los personajes hablan de modo muy parecido, sobre todo, el grupo de protagonistas adolescentes, que se ven muy pronto eclipsados por los mucho más fascinantes habitantes de Rocavarancolia. Si bien se van definiendo por sus actos, lo que me parece estupendo, los muchachos resultan algo uni-dimensionales, tienen alguna peculiaridad que resultará importante para la trama y eso es todo, no terminan de parecer seres vivos. Algo que en una película o una serie de televisión no resultaría un defecto, aquí parece un desperdicio de las facilidades de la literatura. Los momentos de humor son bastante penosos y los sentimentales, a menudo están un poco forzados. Aparte, desde el segundo volumen, muchos protagonistas se dedican a hacer el inútil mientras un oscuro conspirador va tras ellos, recurso que odio como pocos, porque te da la sensación de que estas perdiendo el tiempo, no es que quieras que el malo gane, aunque la diferencia entre buenos y malos sea discutible, pero tienes claro que va a llevar a cabo sus planes, porque sino la historia no avanzará, así que los intentos de descubrirle son una perdida de tiempo, los asesinatos que comete, son inevitables, así que ¿Por qué no realiza su jugada de una puñetera vez para que el cuento pueda continuar? Además en el momento final, cuando ya está todo dicho y hecho, los dos villanos de la función se convierten en los personajes menos carismáticos de la obra. El uso de la magia me parece demasiado explícito, pero eso es algo personal. A mi personalmente me gustaban mas las historias de Robert E. Howard, en las que todo se intuía mas que verse. Aquí los magos vuelan y se lanzan rayos unos a otros, mientras destrozan edificios, cual si fueran superhéroes o personajes de “Dragon Ball”. Nada malo en el fondo, es un tema de preferencias. El final feliz me ha resultado algo falso, demasiado ingenuo, después de todo lo vivido, la felicidad y el optimismo de los personajes superviviente me parece muy cuestionable. El clímax final me ha resultado algo excesivo. Son páginas y páginas de batallas, peleas, duelos, asesinatos, sacrificios heroicos y explosiones. A uno siempre se la ha puesto dura la debacle y la vorágine, si son ficticias, pero acostumbrado a Bernard Cornwell y a otros, he echado en falta la sangre y la suciedad, cierta sensación de inmersión que te ayuda a creer lo que estás leyendo, independientemente de que los que peleen sean esqueletos gigantes. No se puede negar que es muy emocionante, pero me ha resultado algo decepcionante en comparación con los dos primeros volúmenes, en los que lo que predomina es la intriga y el asombro. El asombro acompaña al lector durante este largo camino, porque Cotrina ha tejido un escenario asombroso y fascinante. En Rocavarancolia, todo es a la vez horrible y maravilloso, es un lugar lleno de prodigios, una ciudad en ruinas plagada de esqueletos y poblada por monstruos, monstruos que pueden resultar tan crueles como románticos, tan implacables, como tiernos, y tal vez, incluso humanos. Una ciudad llena de creaciones tan tétricas cómo poéticas. Un entorno decadente plagado de ecos de un pasado legendario y de visiones de una posible esperanza futura: Terrible, melancólico, inolvidable. Podría seguir explayándome, y me dan ganas de hacerlo, pero sería imposible hacerlo sin revelar las sorpresas del argumento, sobre todo esa sorpresa, que aparece hacia la mitad del segundo libro, esa vuelta de tuerca inesperada que cambia todo el sentido del relato y que tanto se presta a las alegorias, aunque ignoro si Cotrina las desprecia tanto como Tolkien. Esa sorpresa que, de repente, cancela toda esperanza y tiñe la saga de los tonos más fatalista y desesperanzadores posibles. Y esos otros momentos sentimentales, que, a pesar de lo que he dicho, si que resultan conmovedores. Lamento que Alfaguara no consiguiera el fenómeno de ventas que estaba buscando, pero estoy tremendamente contento de que su búsqueda de un Harry Potter español nos haya dado a los lectores el Ciclo de la Luna Roja. He acumulado todo lo que considero criticable de estas novelas al comienzo, porque esa es mi opinión y debo ser sincero y reseñarlo, pero, puesto que el cerebro humano tiene tendencia a quedarse sólo con lo último que se le dice, he reservado mi opinión general sobre la obra para el final, de modo que sea esa opinión personal la que quede en mis hipotéticos lectores. Y esa opinión general es: Una Puta Obra Maestra.

viernes, 6 de septiembre de 2013

PUTO AÑO

Jack Vance
Iain Banks
Richard Matheson
Tom Sharpe
Elmore Leonard
Frederick Pohl

¡Puto año!
Puto año.