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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

sábado, 19 de abril de 2014

“La llegada” de Joe Haldeman





Una astrónoma de la localidad de Gainesville (Florida), detecta una transmisión del espacio exterior, un simple “vamos de camino”, proveniente de una fuente que los cálculos revelan que llegará a la tierra justo el día de año nuevo. La novela se centra en como este acontecimiento afecta al mundo, centrándose en Gainesville. Es una novela coral, con multitud de personajes, construida de un modo curioso, cuando dos personajes se encuentran, o se llaman por teléfono, el punto de vista del narrador se traslada del personaje que estábamos siguiendo hasta ahora al personaje con el que acaba de cruzarse. Este artificio es el principal atractivo de la obra, la forma que no el contendido. Dicho esto, Joe Haldeman sale victorioso del reto con nota, esta peculiar forma de narrar no obstaculiza en ningún momento lo narrado. La novela es tremendamente entretenida y muy adictiva. Y corta, se lee en un abrir y cerrar de ojos.

Una vez mas Joe Haldeman hace parecer fácil lo difícil, su estilo engañosamente sencillo y directo, carente de retórica, sin abusar de metáfora ni símiles, resulta tremendamente eficaz para transmitirnos tanto lo que ocurre como las emociones de sus personajes. Su sentido del ritmo, su habilidad para dosificar la intriga y los golpes de efecto, es admirable. En los momentos en que las cosas empiezan a torcerse o se producen giros inesperados es del todo imposible abandonar la lectura. Esta novela es del tipo que quedarían muy bien adaptadas al cine o a una mini serie de televisión.

Los problemas: uno echaría en falta saber algo más de los personajes. Desarrollados con sutileza, a partir de cómo hablan o se comportan, no se nos cuenta casi nada de su pasado. No puedo evitar preguntarme como una pareja se las apaña para mantener su matrimonio, y dado el innegable afecto que desprenden sus conversaciones y actos es innegable que el matrimonio se sostiene, cuando uno de los cónyuges es reconocidamente homosexual (y el otro no). En una novela coral, a mi me gustaría que cada uno de los personajes tuviera su propio arco argumental, que fueran de A a B. No es el caso. Muchos acaban exactamente igual que empezaron y no les ocurre nada interesante. Su finalidad parece únicamente servir de puente entre los personajes a los que si les ocurren cosas. Quizá podríamos decir que aportan mas puntos de vista sobre como la noticia de la llegada afecta a la gente común, pero entonces habría que convenir en que no les afecta en lo mas mínimo. Pienso en la mendiga, en la dueña del restaurante con quemaduras y, sobre todo, en la estudiante de medicina que se subvenciona la carrera con el porno, cuya presencia permite un divertido documental sobre la grabación de pornografía en realidad virtual, pero que no aporta nada más.

Cuando basas el argumento de tu novela en como la inminencia de un suceso afecta a la gente, cuando ese suceso se produce tiene que resultar lo suficientemente impactante como para que el lector se sienta compensado por la espera. Haldeman lo consigue a medias. Al final, hay algo parecido a una sorpresa, hay revelaciones, pero no hay nada demasiado original, es como si Haldeman se hubiera limitado a escoger la primera de las posibles soluciones que podía prestar la ciencia ficción clásica a la historia. Le queda un poco precipitado e improvisado, lo que ya voy reconociendo como marca de la casa en las novelas de Joe Haldeman.

Por último, aunque esto no tenga ninguna relevancia en los aciertos o desaciertos de la novela, no puedo evitar señalar que, en el futuro en el que esta transcurre, Cataluña es un estado independiente que no forma parte de España.

domingo, 13 de abril de 2014

"Atila" de William Napier



No soy partidario de leer de seguido las trilogías, tetralogías o lo que se tercie. Aunque la historia salte de uno a otro libro, por lo general, no fueron escritas de un tirón y no fueron concebidas para ser leídas de un tirón. Cada libro tiene su propio clímax, luego en el comienzo del siguiente invierte mucho tiempo en recordarte lo mas importante del anterior, las opiniones, o la influencia de los lectores, hacen que cambien los personajes. Todo eso se nota mas, cansa, provoca impaciencia y, para colmo de males, soy un lector muy rápido, lo que me ha convertido en un lector muy impaciente, es decir, cuando un libro me lleva mas de una semana, el estilo se me empieza a hacer monótono y ya estoy deseando cambiar de autor. Sin embargo, en esta ocasión he hecho una excepción. No voy a decir que lo lamente, pero largo se me ha hecho un rato largo y hubo varias veces que pensé en abandonarlo.

Las razones que me llevaron a su lectura se originaron en la lectura previa del cómic “Kayan” guionizado por Robin Wood, que me provocó curiosidad sobre la figura histórica de Atila el huno. Por desgracia en esta trilogía no aparece ningún forzudo persa que se convierta en la pesadilla del pueblo huno. También influyó algo el magnetismo que tienen los grandes conquistadores de la antigüedad, Atila el azote de dios, la hierba no volvía a crecer por donde pasaba su caballo, sólo se detuvo a las puertas de Roma… Este tipo de personajes pueden resultar fascinantes para alguien que se educó hace entre cincuenta y treinta años, los jóvenes seguramente no habrán oído hablar de él.

Sin embargo, quien lo que busque sea aprender algo sobre la vida del personaje real mientras pasa un rato entretenido, puede llevarse un buen chasco, porque a lo que parece, no se sabe mucho sobre su vida. Todos los hechos históricos confirmados, se concentran en el tomo tres, mientras que los otros dos son casi exclusivamente ficticios. El tercero, por cierto, es el más adictivo de la trilogía, lo que indicaría que, efectivamente, la realidad es más apasionante que la ficción.

En el primer tomo se nos narra la niñez y adolescencia de Atila. Napier se saca de la manga que fue retenido como rehén en Roma, lo que no deja de ser creíble, pues era costumbre habitual en la época. Esa estancia le marca profundamente para el resto de su vida provocándole un odio y un desprecio acervo hacia Roma. Oprimido por la futura emperatriz Gala Plácida, intenta huir varias veces, en una de esas ocasiones los romanos incluso llegan al extremo de intentar matarle, para forzar a su pueblo a luchar con los germanos.

En el segundo se cuenta la unificación de las tribus hunas, y en el tercer, por fin, la guerra con los imperios romanos. Curiosamente, en este tomo cede el protagonismo a su adversario el general romano Aecio, y a tres soldados surgidos de lo mas profundo de la novela de aventuras.

No estoy calificado para juzgar el rigor histórico de la obra.  Dada la gran cantidad de referencias y nombres propios que aparecen en ella, Napier debió de manejar una extensa documentación, a veces demasiado extensa: En algunos momentos se enrolla demasiado en descripciones y personajes que no vienen al caso, me viene a la mente como ejemplo el extenso paseo que Atenais, futura emperatriz Eudoxia se da por Constantinopla en el tomo dos. Esto no es algo realmente malo, el lector típico de ficción histórica, al igual que el lector típico de ficción fantástica busca sumergirse en un mundo que le es ajeno. Seguramente ese lector típico no sólo no se aburra, sino que disfrute de ese tipo de extensas descripciones, sin embargo, no se puede negar que interrumpen la descripción e impiden su avance. Un escritor con talento es capaz de bordar esos pasajes y conseguir mantener encandilado al lector con sus descripciones. Jack Vance y Robert Silverberg lo hacía. También Pio Baroja, por cierto. William Napier no.

Aún así, estos momentos tampoco son tantos, aunque Napier fia su posteridad a algunos pasajes pretendidamente poéticos, descripciones de paisajes y presagios que se pretenden líricas y resultan tópicas y a disertaciones sobre la historia, la injusticia, y la estupidez humana, no por atinadas mejor expresadas. Los presagios y las profecías no faltan, por cierto, como si esto fuera una historia de fantasía épica.

Los personajes positivos resultan demasiado positivos y demasiado modernos como para resultar creíbles. El general Estilicón y su mujer resultan un cúmulo de virtudes modernas, es decir, de valores actuales, no necesariamente de los valores de la época en la que transcurren. El británico Lucio es tan bueno que no parece humano. Los hunos son convertidos en pueblo que es una apoteosis de virtudes castrenses y espartanas, algo bastante común en este tipo de historias, en las que los autores no pueden evitar glorificar a los pueblos que demuestran su capacidad para ganar batallas. En el primer libro, incluso se dice que los hunos jamás se emborrachan, aunque en el segundo y tercero el alcohol riegue sus festines, como debe ser, que para eso se inventó. La mala fama de los hunos es atribuida exclusivamente los hunos kutrigures, uno de los clanes que unifica Atila, cuyo salvajismo horroriza a los demás.

Atila parece tres personajes en vez de uno, el adolescente orgulloso de la primera parte, el líder mesiánico de la segunda y el déspota cruel y despiadado de la tercera. Por desgracia no queda claro como pasa de convertirse de uno en otro. No sabemos nada de lo que le ocurre en los treinta años que separan el primero del segundo. Y el rey de proporciones artúricas del segundo, salvo por algún que otro pequeño asesinato, se convierte en el criminal de guerra del tercer, por lo visto por la influencia de una malvada bruja. Cuesta creer que el mismo hombre que está a punto de morir defendiendo una aldea miserable, cuyas gentes ni siquiera pertenecen a su pueblo, luego se dedique a incendiar otras aldeas, idénticas sin duda a aquella otra de cuya hospitalidad disfrutó en su infancia. El momento de mayor introspección psicológica, supuestamente se da en el segundo tomo, cuando Atila explica su filosofía de vida, que a mi me ha resultado muy forzado. Hay gente que lo considerará extraordinario, pero a mi me parece que hay que ser muy poco sutil y tener poco dominio del arte de la escritura para que el único modo de representar la psique de un personaje sea que éste de un discurso de diez o quince páginas seguidas explicándose.


Las batallas están bastante bien descritas y son bastante emocionantes. Mis conversaciones con mis compañeros de trabajo me obligan a explicar que bastante quiere decir ni poco ni mucho. Es decir, que no están mal, pero tampoco es que estén muy bien. William Napier no es Bernard Cornwell. No se hace ningún intento de reproducir el lenguaje de la época, de lo que me alegro, pero a veces el lenguaje resulta demasiado actual, cómo en el discursito de Atila por ejemplo, lo que resulta paradójico, porque en cierta manera, la lectura de esta trilogía me ha hecho retroceder en el tiempo, no a los últimos días de Roma, sino a mi adolescencia, el estilo con que está escrita la novela, el sentimentalismo a veces incluso cursi, en muchas ocasiones, la exaltación del cristianismo (aunque se critique otra veces), bastantes de los diálogos, todas estas cosas se apartan del naturalismo imperante en la actual novela histórica para recordar a la novela popular del siglo diecinueve. Un estilo ya algo caduco, pero mas influido por la literatura que por la imagen, que no carece de atractivos.


Dicho esto, tampoco es que esta trilogía me haya parecido demasiado mal, aunque a ratos me aburriera, pero no puedo pensar si se sostendría por sí misma sin apoyarse en el mito de Atila. ¿Qué hubiera pensado si en lugar de contar la historia del caudillo huno nos hubieran contado la del bárbaro AtchungXX que invadiera la enésima reelaboración de la tierra media? ¿Habría encontrado fascinante a su terrible protagonista? ¿Me hubiera conmovido el sufrimiento de sus innumerables víctimas? Creo más bien que habría abandonado la lectura tras el primer tomo.