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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 23 de mayo de 2014

Placeres culpables



Como hoy no tengo mucho que contar, me ha dado por hacer un ejercicio de narcisismo y listar algunos de los autores que no suelen pasar por aquí, aunque los lea habitualmente, por falta de tiempo o sentido del ridículo, el tipo de autores que normalmente uno no va contando por ahí que lee, pero con los que sin embargo pasa un buen rato.

-         Joan Manuel Gisbert. Es probable que el primer libro que leyera fuese “Escenarios fantásticos”. El sentido de la maravilla que desbordaba me afectó de tal modo que es posible que sea la causa de que contrajera mi pasión por la lectura. Curiosamente, el resto de su obra no es tan exuberante, pero, como moneda de cambio, hay en ella una capacidad de intriga y un sentido del ritmo insuperables. Además, en cada obra suya suele haber un momento de esos que llaman por ahí “efecto atiza”, genial. A pesar de lo esquemáticos que puedan ser sus personajes, pocos autores me enganchan tanto y es la razón de que cada cierto tiempo revise la sección infantil de la biblioteca de la puerta de Toledo, a ver si me encuentro algún libro suyo (ya tengo unos cuantos en mi casa). Lo malo es que en este mundo en que vivimos, reconocer que se es un cuarentón que todavía lee libros para niños o adolescentes está un poco mal visto, a menos que se trate de grandes éxitos, como las obras de J.K. Rowling y Laura Gallego. Un auténtico narrador nato.

-         Robert E. Howard. Si hablamos de narradores natos, hay que referirse al escritor texano, puesto que jamás oí esa expresión hasta que empecé a leer sobre él. No soy un gran fan de Conan, sospecho que por la abominable intromisión de L Sprague de Camp, pero si lo soy de Solomon Kane, de sus historias de miedo y de muuchos de sus relatos. Cierto que las partes en las que describe lo fuertes y guapos que son sus héroes chirrian un poco, que sus argumentos son a veces muy simples, que definirle como racista no es una opinión, es un hecho. El tema del machismo, en cambio, es mucho más discutible, a veces parece todo lo contrario. ¿Alguien duda de que Agnes de Castiglione era una feminista radical? Pese a sus defectos, hay que ver lo que cuesta soltar un relato suyo hasta que se acaba. Reivindicado e idolatrado por muchos, no puede negarse que había en él una chispa de genio. La razón por la que suelo ignorarlo es que el ritmo de publicación de sus obras es agotador, si le reseñara, me pasaría la vida reseñándole, aunque he de decir que ahora mismo me estoy dando un descanso, pues hubo un momento en mi vida en que parecía que no hacia otra cosa mas que leerle. 

-         Dan Abnett: Con la trilogía de la inquisición de Ian Watson adquirí una profunda fascinación por el universo de Warhammer 40K, esa especie de edad media del futuro, donde todos los humanos son unos fanáticos religiosos, los demonios son reales y la humanidad vive acosada por todo tipo de amenazas. Entre sus autores destaca el también guionista de cómics Dan Abnett, al menos en cantidad. Durante mucho tiempo estuve totalmente enganchado a la interminable saga de “Los fantasmas de Gaunt”, en la que, por cierto, los protagonistas son soldados normales en vez de súper cyborgs de tres metros. Abnett escribe escenas de acción tan largas que pueden llegar a aburrir. Cuando empieza una batalla, es mejor no interrumpir la lectura hasta que se acabe, porque si no pierdes el hilo y por supuesto hay muchas batallas, algunas de ellas muy emocionantes. En esta serie se comporta como un gran guionista, aunque cada novela es auto conclusiva y suele terminar con una victoria, como en una serie de televisión, hay tramas o subargumentos que cabalgan a lo largo de ellas. Aunque parezca mentira, pone el acento en los personajes, que, por bien tópicos que sean, están muy bien definidos y a veces sus diálogos son brillantes. Puesto que Timún Mas ha dejado de publicar novelas de esta franquicia, me temo que nunca sabré si esta saga llegará a terminarse algún día. Puede que Dan Abnett sea un mediocre escritor, pero en esta saga se revela como un gran guionista, mejor que en sus cómics, que no son malos. 

-         L. Ron Hubbard: ¿Joan Manuel Gisbert? ¿Dan Abnett? Eso son pecadillos sin importancia, esto si que es grave y vergonzoso, y me temo que al incluir este nombre aquí estoy destrozando todo el respeto que alguien pudiera tener por mis opiniones. El caso es que yo me leí “Campo de batalla: la tierra”, tanto el volumen 1 como el 2 y lo pasé bastante bien. Vale la película es una mierda. La ciencia que aparece es ridícula, los personajes no se sostienen, el estilo carece por completo de interés, las últimas cien páginas de la segunda parte son un coñazo y lo que hacen durante la mayor parte de la primera, es planear, planear y planear. ¿Qué puedo decir? Me encantan las historias de fugas de cárceles, de atracos perfectos y de operaciones de comandos planificadas al milímetro, así que supongo que disfruto viendo como la gente planea. Eso hace que cuando los planes se ponen en ejecución resulten más emocionantes. El final del volumen 1 y gran parte del volumen 2 me resultaron vibrantes y entretenidos y me dejaron con ganas de leer algo mas, quizá alguna de sus historias de miedo. Si no lo he hecho, ha sido porque mi tiempo es limitado y hay muchos mas autores a los que tengo ganas de leer y a los que otorgo más prioridad. Puesto que no lo leo habitualmente, supongo que no debería haberlo incluido, pero era mi más terrible secreto y, si algún lector había llegado hasta aquí, se merecía una revelación golosa.

Bueno, esta ha sido una breve lista de algunos de mis placeres culpables. Animo a los lectores a que se acepten a si mismos, salgan del armario y escriban sus propias listas.

viernes, 16 de mayo de 2014

"El aliento de la oscuridad" de Ángel Torres Quesada



Han pasado 23 años, ¡23 años!, desde que Ángel Torres Quesada desde los premios UPC de 1991, en los que se publicó la historia “El círculo de piedra”. Pasado este tiempo, por fin tenemos disponible la conclusión de aquella trama.

Para los que no estén enterados, en aquella novela corta se nos describía una tierra que había tenido que aprender a lidiar con un hecho inexplicable y aterrador, en todo el mundo, en cuanto cae la noche, hordas de seres monstruosos invades las calles de las ciudades y devoran a toda persona que se encuentren. Una premisa interesante que Ángel Torres Quesada desarrolla bastante bien en esta novela. Tanto la sensación de amenaza constante, como el desglose de las consecuencias de esta violenta irrupción de lo inexplicable, tanto a la política de alto nivel, como a la vida cotidiana del ciudadano de a pie, están bien logrados. Quizá alguna vez inserte con calzador alguna mini conferencia sobre algún nuevo aspecto que la aparición de los engendros ha traído al mundo, pero en general, el pulso entre información y acción está muy bien llevado.

La novela incluso puede verse como una reflexión sobre el mundo actual. Los fragmentos mas inquietantes son los que reflejan la actualidad, por sus páginas aparece la crisis, la inmigración, y una gran desconfianza al hegemonía alemana imperante en Europa. Podríamos hablar de la fantasía describiendo la realidad, o de las distopias, tan de moda entre la juventud. Aunque puede hacerse una lectura de “El aliento de la oscuridad” en esa clave, y sin duda son aspectos interesantes, no es la intención fundamental de Ángel Torres Quesada, y no es como debe disfrutarse la novela.

La novela está centrada en la intriga, el suspense y la aventura, incluso con toques de terror, no particularmente logrados. Y funciona condenadamente bien durante la primera mitad de la misma. No se puede negar que es una novela que engancha, que hace que te intereses por la trama y por lo que va a pasar a continuación. Incluso le perdono a Ángel Torres Quesada que centre gran parte de la historia en la investigación de una serie de personajes que experimentaron sueños premonitorios sobre lo que iba a ocurrir, antes de que los demonios aparecieran en nuestro mundo, con lo mucho que odio la trama del elegido, o los elegidos.

Los personajes son seres humanos, con defectos y debilidades, pero tópicos y mal o nada desarrollados. En este caso no lo considero un defecto, un mayor desarrollo habría perjudicado el ritmo de la narración, y es este ritmo uno de los mayores atractivos de la novela, la habilidad con la que se suministran revelaciones y descubrimientos, justo en el momento justo, valga la redundancia, como se suceden los hechos, siempre sumando, siempre llevando un poco mas allá la narración. La capacidad de intriga y el sentido del ritmo me parecen las mayores virtudes de la prosa de Ángel Torres Quesada, y esta novela probablemente sea su mejor trabajo desde la trilogía de las islas del infierno.

También se detecta un mayor esfuerzo de lo habitual en eliminar incongruencias y contradicciones, que es uno de sus mayores defectos. Si en sus peores novelas (WYHARGA por ejemplo), se hace auténticos líos con las reglas que rigen sus universos imaginarios y es fácil encontrarse que dice lo contrario de lo que dijo unas líneas mas arriba, aquí parece haber dedicado un tiempo a limar las asperezas. Por desgracia, en vez de eliminarlas, lo que hace es darlas improbables explicaciones, que repite una y otra vez, cosas cómo el tipo al que reconocen a primera vista, cuando en sus apariciones públicas iba siempre con máscara, explicada posteriormente hasta dos veces como que alguien le hizo unas fotos sin máscara que luego consiguió eliminar de Internet, sin necesidad de demandar a Google. Hay varias de esas reiteradas explicaciones demasiado complicadas.

Se hecha de menos un mayor trabajo de revisión, volver atrás y rehacer las partes con defectos. Por el contrario, parece que la narración ha ido fluyendo directamente de la cabeza del autor al papel, sin pararse un momento a pensar. Vamos, que se lo va inventando todo por el camino.

Esto perjudica sobre todo la tercera parte de la novela, “La fortaleza negra”, que consiste básicamente en un asedio a un edificio que no se nos ha descrito previamente. Eso hace que todas las estrategias que siguen los protagonistas resulten difíciles de seguir o incluso incomprensibles, puesto que, no es que no se tenga ni idea de porque para ir del punto A al punto C hay que pasar por el punto B, sino que es que no se acaba de entender por que hay que ir al punto C, en primer lugar. Todo ello amenizado con las improvisadas y a veces contradictorias explicaciones a las que me refería antes. Y para acabar de liarla, a Ángel Torres Quesada no se le da demasiado bien describir asedios, o como un grupo de personas se enfrentan a un enemigo superior. Ya se lo he leído antes, y nunca le acaba de quedar bien. Ni, ya puestos, las escenas de batallas. Ni las descripciones, pura y simplemente.

Así que llegamos a la cuarta y última parte, la mas floja de toda la novela, lastrada por la interminables y repetitivas discusiones entre los personajes, discusiones en las que siempre parecen decirse lo mismo unos a otros, una y otra vez. Bueno, al menos se acaba. Deja una puerta abierta a una continuación, pero la verdad es que la novela se ha acabado, de un modo medianamente satisfactorio. La explicación a todo no es gran cosa, pero no es tan decepcionante como la que culminó la ya mencionada saga de las “Islas del infierno”. Se nos da una revelación apropiadamente grandiosa, adecuada a las expectativas creadas, ni muy original ni muy imaginativa, en un clímax, que, al menos para mí, carece de emoción.

Mención aparte merece la edición de Silente. En los 23 años que comenté al principio del post, no he visto una peor. La cantidad de erratas y errores es tan inmensa que pueden llegar a convertir la lectura en una auténtica tortura. Algunos parecen de chiste. ¿Es posible que, inadvertidamente, se intercambien los nombres de los personajes de Cora y Glenda? ¿El tremendo volumen de frases en las que se dice justo lo contrario de lo que parece que están queriendo decir? ¿Los tiempos verbales que no encajan? ¿La desaparición de conjunciones, artículos y preposiciones que a ratos hacen creer que uno esté leyendo una narración de Toro Sentado? Diría que a partir de la segunda mitad de la novela no hay una sola página en la que no haya algún tipo de error.

Conclusión: Ángel Torres Quesada, bastante bien, un 6 o un 7, si uno fuera tan idiota de asignar puntuaciones numéricas a la literatura. Silente, 0. Una novela especialmente recomendada a los aficionados a los libro juegos y a los juegos de rol, criptógrafos, arqueólogos y estudiosos de lenguas muertas. Gente imaginativa en suma, porque la ingente cantidad de errores pueden volver la historia tan incomprensible que uno ha de imaginar lo que el autor quiso escribir, porque lo leído no se entiende, y hay que montarse su propia versión de la historia en la cabeza.

sábado, 10 de mayo de 2014

Philip Marlowe y Raymond Chandler



Recientemente, he concluido la lectura del gigantesco volumen “Todo Marlowe” que, como su nombre indica, contiene todas las historias que Raymond Chandler escribió protagonizadas por el mítico detective. Se ha dicho a menudo que, si bien Dashiell Hammett fue el creador del género negro, Raymond Chandler fue quien lo desarrolló. En efecto, la mayoría de los detectives privados que vinieron después, estaban cortado por el mismo patrón que Marlowe. Todos bebían demasiado, eran melancólicos, narraban sus aventuras en primera persona con gran ironía y aprovechaban la menor ocasión para desvariar sobre los asuntos más variados y peregrinos.

Todo aficionado al cine negro tiene su propio Marlowe favorito. Lo crean o no, Juan Carlos Planells se decantaba por Elliot Gould. Carlos Boyero por Humphrey Bogart y Robert Mitchum. El propio Chandler se lo imaginaba como a Cary Grant, y aunque en su juventud, por ejemplo en “Luna nueva”, hubiera sido una elección absurda, el Grant maduro con las sienes plateadas habría quedado bastante bien. Lo crean o no, mi elección favorita es James Gardner, a quien considero un actor a reivindicar, aunque la suya no sea la mejor de las películas que se han hecho de Marlowe, si bien ostente el logro de arrojar a Bruce Lee por un balcón.

La obra de Chandler es idolatrada casi unánimemente. Son fans suyos gente como el ya mencionado Carlos Boyero, Rosa Montero, Soledad Puertolas, Rodolfo Martínez y un largo etcétera. Tal vez por estar tan altas las expectativas, al principio se me resistió. Expondré mis razones:

Los argumentos de Chandler suelen ser, de puro enrevesados, delirantes. Al final, consigue que Marlowe mas o menos ate todos los cabos sueltos que se han ido largando a lo largo de sus historias, pero si las estudias con detenimiento, dichas explicaciones son a menudo muy poco creíbles, como tampoco lo son la cantidad tan grande de coincidencias que las salpican y las situaciones resueltas de modo improvisado, tal vez incluso chapucero, aunque nada de ello te suele importar mientras las estás leyendo.

Es famoso el dicho de Chandler que dice algo así como, “Cuando no sepas como hacer avanzar la historia, haz que uno de los personajes apunte al protagonista con un arma”. Chandler utiliza bastante este truco para mantener el interés, eso no me molesta, pero tiene otros vicios que si lo hacen, a saber, las descripciones excesivamente pormenorizadas. Probablemente para alcanzar el número de páginas que haga posible la publicación de la obra como novela, Marlowe nos cuenta absolutamente todo lo que ve. Detalla con profundidad los itinerarios que sigue para llegar a cualquier parte, para, a continuación, detallar con el máximo detalle las casas y las habitaciones en las que entra y el vestuario de las personas con las que habla. A menudo notaba como la vista se me iba, cruzando líneas y líneas, esperando que terminara de describir las cosas.

El tema del vestuario es peculiar, porque el lenguaje y el conocimiento demostrados, parecen dignos de un cronista de la alta sociedad, oficio que aparentemente desprecia y que, además, es digno de afeminados. Nadie es perfecto y, repartidos por las novelas de Marlowe se encuentran varios comentarios homófobos que, si hubieran sido publicados hoy, le habrían valido muchos problemas a Chandler.

Un último comentario al respecto. No sé si será cosa de la traducción, pero se emplea mucho el material “piel de cerdo”. No es que tenga nada que objetar, probablemente de eso exactamente se trate, pero es una denominación tan carente de glamour que no puede menos que extrañarme. Entiendo que una dama de la alta sociedad utilice unos guantes de cuero. Comprendo que utilice unos guantes de piel. Pero ¿unos guantes de piel de cerdo? Suena poco refinado.

Incluso a través de la traducción, no se puede negar que hay algo mágico en la prosa de Chandler. Su mezcla de ironía y lirismo es arrebatadora. Quizá sea el propio lenguaje y no sus enrevesados argumentos los que nos hacen pasar hoja tras hoja. Sin embargo, tal vez debido a que soy un lector muy rápido, eso hace que me canse muy deprisa de un autor, el exceso de personalidad acabó empachándome, por que mantiene siempre el mismo registro, independientemente de las circunstancias que ocurran, siempre igual a si mismo a lo largo de toda la novela. Cuando empecé “El sueño eterno”, disfrutaba de cada salida de tono de Marlowe. Cuando la acabé, estaba deseando estrangularlo. Marlowe es siempre taaaan ingenioso. Al principio, disfrutaba de su ingenio, de sus réplicas aceradas. Al final, deseaba que, por una vez en la vida, contestara con un monosílabo. ¿Es que siempre tenía que hacerse el gracioso? ¿No podía desperdiciar una sola oportunidad de hacerse el listillo?

Quizá “El sueño eterno” no sea la mejor novela para empezar. El problema es que la sombra de la inolvidable película de Howard Hawks planea por encima de ella. Es una buena novela, pero es que la película es una obra maestra, pero como adaptación es muy mala, puesto que no mantiene el tono ni la personalidad del libro. Y es, en nueve décimas partes, una comedia romántica, que mata toda posibilidad de continuación, porque cualquier persona con dos dedos de frente se habría casado con una chica tan encantadora como la Vivian Sternwood  interpretada por Laurent Bacall (Bogart, por ejemplo, lo hizo), que además de guapa, maja y simpática es una rica heredera y felizmente casado y con el porvenir resuelto, no hay quien se ponga a resolver casos. Que decepción descubrir que en la novela su personaje es mucho menos interesante, y que Marlowe y ella no llegan demasiado lejos.

La parte romántica de sus aventuras ha sido tremendamente exagerada en las mejores adaptaciones. El Marlowe real no es un seductor encantador que salta sobre toda mujer que se ponga en su radio de alcance. Bueno, quizá si lo sea en su última novela, pero en las demás, es un solitario misántropo desengañado de todo, que bebe a todas horas y cuya idea del tiempo libre es jugar al ajedrez consigo mismo, intentando encontrar finales distintos a las partidas legendarias de los grandes maestros. Marlowe se escuda tras su integridad para apartarse de un mundo que no está a su altura moral. Es extraño que consiga clientes, por lo altivo que se muestra con ellos, cuando los entrevista por primera vez, son sus clientes los que tienen que demostrar que son dignos de que él trabaje para ellos

Dicho esto, parece que el personaje se me atragantó y así fue en un principio, pero la cosa pronto cambió, porque todo lo dicho no niega que su integridad es auténtica. La mayor aspiración de Marlowe, es ganarse la vida honradamente. Altivo frente los grandes, es amable y humano con los pequeños, con humildes ascensoristas, secretarias o taxistas con buen fondo. Está sólo, tremendamente sólo. A veces acepta un caso, simplemente porque no tiene otra cosa que hacer. Aunque jamás encubriría a un asesino, su profesionalidad le lleva a meterse en líos increíbles para proteger a sus clientes, por los que afronta todo tipo de penalidades, por las que quizá no cobre.

Marlowe es, además un quijote. Una y otra vez, sin motivos claros, se empeña en ayudar a personas a las que, ni le unen lazos personales, ni son sus clientes, ni se lo han pedido, pero él es así. Un rufián acusado del asesinato de su esposa, un borracho al que recoge del suelo, una mujer a la que su cliente no explica porqué quiere que le siga, son causas suficientes para que blanda su lanza y espolee a su Rocinante.

En pocas palabras, Marlowe se acaba haciendo un hueco en tu corazón, y no es la única virtud de estos libros. Los personajes que los cruzan, sobre todo los secundarios, están llenos de autenticidad. Hay una gran descripción de ambientes. Los diálogos son obras maestras dignas de un marco o un pedestal. El sentido del ritmo con el que se dosifica la intriga y la trama es ejemplar. Creo que ya he dicho bastante sobre la prosa. Poca gente puede decir las cosas tan claras como Chandler. “Adiós muñeca”, “La dama del lago”, “La venta alta”, son grandes novelas, pero es que “El largo adiós” es una auténtica obra maestra, y no me importa que todavía no tenga absolutamente claro si Terry Lenox asesinó o no a su mujer. La lectura de las historias de Marlowe debería ser para todo lector una etapa en la vida, una cita a la que hay que acudir inevitablemente, si puede ser antes mejor que después.