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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

domingo, 24 de agosto de 2014

Trilogía de "El corredor de laberinto" de James Dashner



Vivimos tiempos extraños para la ciencia ficción. Hubo una época en la que los autores clásicos, Asimov, Henlein, incluso Clarke, eran leídos ampliamente por un público juvenil. La burbuja de la literatura juvenil creada en principio por Harry Potter le arrebató al género esos lectores y su potencial de convertirse en adeptos cuando crecieran. Sin embargo, el éxito de “Los juegos del hambre”, parece habérnoslos devuelto. Probablemente, estamos viviendo el momento en que más ciencia ficción se publica desde hace décadas. Claro que el noventa por ciento de esas obras son sobre rebeldes heroínas femeninas adolescentes que se enfrentan al orden establecido, metiendo por en medio, con calzador, algún romance, generalmente un triángulo amoroso, que los que hacen las reseñas en Internet dicen que es lo más flojo de la historia. Y siempre transcurren en la tierra, en un futuro post apocalíptico o post catastrófico. Me lo apunto como motivo de reflexión para otro post ¿Por qué hemos dejado de soñar con el espacio?

En fin, me precio de no tener prejuicios a la hora de buscar cosas que leer. En todas partes se cuecen escritores con talento u oficio, seguro que incluso entre las novelas románticas y he leído en otras ocasiones novelas juveniles que me han gustado. La saga del “Corredor del laberinto” me atrajo inmediatamente, porque de siempre me han fascinado los laberintos y la contraportada del primer volumen presenta un argumento muy sugestivo: Nos encontramos con que Thomas despierta en el interior de un ascensor, habiendo perdido todos los recuerdos de su vida previa, el ascensor lo lleva al claro, un lugar poblado por otros adolescentes que llegaron igual que él, todos amnésicos, rodeado por un laberinto que les impide salir, cuyas paredes se mueven continuamente y cuyas puertas se cierran por las noches, momento en que unas extrañas criaturas andan sueltas.

Para empezar diré que no me ha gustado nada la elección del título. Es cierto, como descubriremos al leerlo, que los exploradores del laberinto lo hacen corriendo, pero en castellano, “Corredor del laberinto” parece referirse a un pasillo del mismo y pierde la connotación de huída que tiene el verbo run. Yo hubiera optado por “Fugitivo del laberinto”, pero en fin, para gustos colores y ya está hecho.

Aunque cada escritor es un mundo, la mayoría de los escritores anglosajones con vocación comercial escriben de un modo muy similar, un estilo en general eficaz, basado en escenas cortas, con mucha influencia del cine y bastante impersonal. A su vez, muchos de los que escriben para un público juvenil lo hacen de un modo deliberadamente más sencillo de lo que lo harían para un público adulto. En esta saga se conjugan esas dos vertientes con el resultado de un estilo impersonal carente de toda pretensión literaria que, al menos en mi caso, no llega al nivel mínimo de calidad para disfrutar su lectura, y créanme si les digo que soy extremadamente tolerante.

Los personajes son indignos de tal nombre. Thomas es el personaje heroico y bien intencionado al que todo el mundo sigue por ninguna razón en particular, más esquemático con el que me he encontrado en mucho tiempo. El resto no son mejores, más que personajes, representan funciones. En la primera novela tenemos el chico majo e inocente al que se quiere proteger, el tipo arisco que se opone a todo lo que diga el chico, la chica atractiva y posible interés amoroso… Como son amnésicos, no se puede profundizar en su pasado, pero tampoco se logra que cada uno tenga personalidad propia, carácter o carisma. Ninguno de ellos quedará para el recuerdo, y en el segundo y tercer volumen de la trilogía varios de ellos pasan a comportarse de modo contradictorio o incoherente. Para acabar de liar la cosa, en esos dos libros hay un conato del, al parecer, inevitable triángulo amoroso de este tipo de libros. Es tremendamente breve, amén de casto y desapasionado, no ocupa demasiadas líneas y no se puede decir que estorbe demasiado, pero estorba.

El punto final lo pone el modo en el que hablan los personajes. Se podría decir que Dashner se inventa una jerga propia, pero eso seria exagerar, en realidad, sólo inventa el adjetivo “fuco” (“clong” desaparece después del primer libro, aunque eso puede ser cosa de la traducción). El objetivo de esta jerga parece ser que no digan tacos y aumentar las expectativas de mercado. Cuando no utilizan esos adjetivos se dedican a repetir continuamente “colega”, poner los ojos en blanco, gesto que es más difícil de lo que parece, y hablar de la mamaíta y los mocos de la persona con la que estén hablando. No sé si los adolescentes de estados unidos hablarán así, pero conozco a algunos españoles y no lo hacen. Infiernos, yo mismo fui uno de ellos y no hablaba así. Es un modo de hablar muy ridículo.

El primero tiene el atractivo del entorno y del misterio. Eso desaparece en los siguientes, porque, concluida la lectura de la trilogía, uno llega a la conclusión de que las respuestas a todos los enigmas fueron dadas en las últimas páginas del primer libro. Parece mentira, pero es cierto. Y parece mentira porque no hay quien se las crea. Cuando la serie se convierte en

AVISO SPOILERS

Una historia de zombies. Bueno, corren tiempos modernos, ya no les llaman zombies, les llaman infectados y no se pudren. Resulta que el objetivo de borrarles la memoria, hacérselas pasar putas, matarlos, casi torturarlos, es hacerles sentir una amplia gama de emociones y así cartografiar el cerebro para diseñar una cura contra la zombificación.

Eso del experimento que busca provocar emociones fuertes en sus sujetos parece algo digno de Gene Roddenberry, quien tal vez sea la única fuente de documentación científica de James Dashner. El caso es que está cogido por los pelos, es demasiado rebuscado y poco creíble.

END SPOILER

Que los protagonistas sean víctimas de un pérfido experimento es utilizado para matar cualquier esperanza de lógica interna del relato. Las cosas ocurren porque sí, porque es lo que han impuesto los experimentadores. Los protagonistas tienen que hacer esto porque en eso consiste el experimento. Este personaje era bueno y ahora es malo por culpa del experimento. Este parecía malo, luego bueno, luego malo, luego bueno ¡porque está desempeñando su papel en el experimento! Por ese mismo motivo son llevados de un lado a otro, se separan, se vuelven a juntar, y pasan todo tipo de pruebas. En estas pruebas también se nota la influencia de los videojuegos en la narrativa de Dashner, en imposiciones igual de triviales, del estilo, ahora toca pelearse con unos cyborgs. ¿Por qué? ¡Porqué cambiamos de nivel y para terminar un nivel tienes que tener una pelea gorda!

Después de esta larga diatriba, uno diría que no hay nada que merezca la pena en la lectura de estos libros. Bueno, eso tampoco es exacto. Podría decir que a Dashner se le dan bien las escenas de acción. No es totalmente cierto, huelen a algo ya visto en una película, pero le quedan bastante bien, no las alarga en exceso, son muchas, y son sólo un aspecto de la principal virtud de la serie: es muy entretenida. No se puede decir que sea un entretenimiento inteligente, pero es un buen entretenimiento. Cumple su objetivo, engancha, intriga, tiene ideas y vueltas de tuerca interesantes, por desgracia jamás explicadas a plena satisfacción. Tiene un gran sentido del ritmo y puesto que encadena una catástrofe natural-con una pelea-con una explosión-con una persecución, pues no hay manera de aburrirse. Por cierto que el nivel de violencia resulta sorprendente para una obra pensada para adolescentes, los protagonistas al final, no sólo finiquitan robots extraños, cyborgs y engendros, sino que despachan a seres humanos, ya sea con armas de fuego o pasándoles a cuchillo, e incluso practican eutanasias.

En definitiva, que ya me he alargado mucho, es un pasa ratos. No hay en ello nada necesariamente malo, siempre que uno sepa donde se está metiendo antes de empezar a leerlo y no sea demasiado escrupuloso, y desee, no ya algo de contenido, eso sería demasiado, sino que le cuenten una historia con sentido.

sábado, 16 de agosto de 2014

"El barco de la muerte" de William Clark Russell



El Barco de la Muerte narra las increíbles peripecias de un joven marinero inglés que, tras caer accidentalmente al mar durante una travesía cerca del Cabo de Buena Esperanza, a finales del siglo XVIII, y después de ser abandonado por sus compañeros, espantados ante la repentina aparición del legendario barco fantasma «El Holandés Errante», es recogido finalmente por su espectral tripulación. A bordo del siniestro navío se encontrará con el infortunado capitán Vanderdecken, que ignora que su travesía dura ya más de ciento cincuenta años, y se enamorará de Imogene, una compañera de cautividad, con la que planea fugarse.


Todo lo anterior figura en la contraportada del libro, así que no se me quejen de spoilers. Este es un libro hijo de otra era, de otras convenciones sociales y otros modos de pensar, y eso se deja notar demasiado. Las novelas populares de aventuras, de terror, de fantasía puede que sean las que mejor reflejan el espíritu de una era, puesto que son una plasmación de sus miedos y prejuicios, pero también son las que peor aguantan el paso del tiempo, si es que no hay una mano maestra detrás. Mientras que Robert Louis Stevenson puede ser tan disfrutado hoy como el día que se publicó, este libro ha sido un auténtico dolor.

Sus problemas principales son tres:

Uno: el uso y abuso de términos náuticos es tal que páginas y páginas pueden resultar incomprensibles. Al final aparece un diccionario de términos marineros que el lector puede consultar, así pues, puede elegir entre interrumpir la lectura dos veces por frase para ir a consultarlo, o ignorar olímpicamente párrafos y párrafos, puede que incluso páginas.

Dos: Los personajes carecen de personalidad. No existen personajes dignos de tal nombre, excepto tal vez el capitán Vanderdecken, y este porque es un personaje oscuro y enigmático. No hay el menor apunte psicológico o de carácter. La empatía con cualquiera de ellos es imposible. Esto puede ser intencionado en el caso de los fantasmas, pero no en el del narrador, Geoffrey Fenton, ni en el de su amada. Dicho personaje, Imogene, es literalmente insoportable, porque cada vez que aparece el relato se ve dominado por la cursilería más atroz. Fenton emprende mojigatos discursos en los que la pone como ejemplo de lo que debía ser el ideal de mujer de la época, tan alejado del actual. Todo es compasión, lágrimas, dulzura y castidad. La historia de amor es tan gélida como el ambiente en el barco maldito, un mero pretexto que pretende la implicación sentimental del lector sin conseguirlo.

Tres: Las descripciones del cielo, del mar y del horizonte. Algunas son preciosas, pero son eternas y repetitivas. Hay como dos o tres descripciones de estas por capítulo, pueden durar varios párrafos y no son capítulos largos. Uno acaba hasta las narices de montañas de espuma, las nubes, la luz de la luna y del sol saliendo o poniéndose.

Si todo es tan malo ¿cómo es que acabe sus cuatrocientas y pico páginas? Bueno, cómo ya dije, algunas de sus descripciones son preciosas, tal vez lo sean todas, si uno no se cansara de ellos. La descripción del barco fantasma y de la tripulación es fascinante, esos cuerpos animados por la maldición que apenas guardan un resto de vida y que simulan lánguidamente las acciones de las almas que los poseyeron, ignorantes de su propio destino, que creen llevar sólo algunas semanas en el mar y que se apresuran a ignorar todas las evidencias en contra. Aunque, por desgracia, esto tampoco esta libre de reiteraciones y las características de los tripulantes se repiten una y otra vez.

En fin, la atmósfera de fatalismo y condenación está muy lograda. Entre tanta descripción repetitiva se representa una historia atractiva cuyo ritmo no decae. En todos los capítulos ocurre algo que la hace avanzar, y que, por cierto, viene anunciado en los títulos de cada uno. No puedo evitar pensar en aquellas deleznables ediciones de los clásicos ilustrados con los que una generación aprendió a amar la literatura, en las que la narración era interrumpida cada cuatro páginas por un dibujo o una página de cómic. Los milagros de la tijera hacían que aquellos volúmenes tuvieran siempre el mismo número de páginas, si acaso menos, pero nunca más, a fuerza de eliminar todo lo que se considerara inconveniente o superfluo. Tal vez a esta novela le hubiera convenido una edición de ese tipo, porque, de quitarse un par de cientos de páginas de morralla, lo que hubiera quedado podría haber sido una buena historia.

sábado, 2 de agosto de 2014

¿Porqué ECC Ediciones odia tanto "The Unwritten"?


ECC ediciones continúa empeñada en su lucha por acabar con los lectores de Unwritten, el cómic creado por Mike Carey y Peter Gross. Ya hablé en su momento de cómo la decisión de incluir las entregas especiales insertadas dentro de la trama de “La guerra de las palabras” consiguió que un arco argumental de seis o siete números acabara dividido en dos tomos publicados con un intervalo de entre seis meses y un año, con el objeto aparente de hacer perder el hilo del argumento al lector mas entrenado. No cabe siquiera la manida excusa de que seguían la edición americana, un vistazo a la wikipedia revela que la recopilación de esta saga se publicó en EE UU en un solo tomo. Sin embargo, ahora vuelven a las andadas, publicando el crossover con “Fábulas”, (“Las fábulas no escritas de The Unwritten”) saltándose la friolera de catorce números, o sea, pasando del 36 al 50.

En esta ocasión el objetivo parece simple, colocar mas tomos de “Fábulas” en el mercado, que asumo que deben de venderse mucho mejor. Lo gracioso es que, cómo esto es una especie de universo paralelo, su acción no afecta a “Fábulas”, pero SI QUE AFECTA A “The Unwritten”.

De manera que Tom Taylor llega a este universo paralelo. No sabemos que estaba haciendo ni porqué, aunque las palabras inconexas que suelta adelantan acontecimientos que parecen importantes y que no hemos tenido el placer de leer, por culpa de los dos tomos recopilatorios edición USA que no se han publicado en España, se ve envuelto en la guerra contra “el hombre del saco” y al final, termina en una situación, como poco, jodida, que podríamos calificar como LA MADRE DE TODOS LOS SPOILERS, y que no sabremos como continuará hasta, … pongamos, dentro de tres años, asumiendo que ECC al ritmo de 1 recopilatorio al año, publique los dos que faltan y saque uno nuevo, y esperando que no le de por interrumpir publicación de esta serie.

Ante lo que parece el boicot premeditado de las posibilidades comerciales de este cómic, no puedo evitar preguntarme ¿Porqué tanto odio?