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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

miércoles, 29 de abril de 2015

“El reinado de la brujería” de Jack Williamson



Jack Williamson fue un autor longevo como pocos. Falleció con noventa y ocho años, teniendo el dudoso honor de sobrevivir a autores que habían admirado su trabajo durante su adolescencia, como H.P. Lovecraft e Isaac Asimos. Su estilo y sus temáticas fueron cambiando, conforme maduraba y cambiaba el género. Criticó la “oscuridad” del estilo de algunos autores modernos y procuró siempre poder ser entendido claramente. Sus novelas: “Más oscuro de lo que pensáis” y “Los humanoides”, me parecieron en su día muy bien escritas, aunque el argumento se retorciera innecesariamente y las explicaciones científicas, farragosas y, con toda probabilidad, absurdas entorpecieran algo la lectura.

Fiel a su filosofía de publicaciones, los libros de Barsoon nos ofrecen aquí una muestra del Williamson más pulp de sus inicios. Un relato de fantasía heroica, de espada y brujería, en la que se recrea la historia del mismísimo Teseo, uno de los primeros héroes del panteón occidental, en su lucha contra el imperio cretense.

Al igual que Javier Negrete en su novela “Atlantida” Williamson postula la existencia de un perdido imperio minoico de avanzada tecnología que dio lugar al mito de ese imperio perdido. Un imperio que oprime las naciones vasallas contra el que decide enfrentarse Teseo, príncipe errante devenido capitán pirata, participando en los juegos que deciden quién será su líder.

Hay algunos detalles fantásticos interesantes, el personaje de Talos, por ejemplo, el mago enano que adopta la apariencia de una mujer hermosa, las pruebas a las que es sometido el protagonista, el encadenamiento sucesivo de sorpresas de su desenlace. Sin embargo, en líneas generales, la recreación de este mundo carece por completo de interés, no ya histórico sino lúdico. El mundo en el que transcurre la historia nos es descrito con el mínimo detalle necesario, los personajes, con cuatro pinceladas y son muy tópicos, no hay un verdadero esfuerzo de caracterización.

Esto le permite a Williamson centrarse en lo que de verdad le interesa: el relato. Los lances por los que pasa su aguerrido protagonista se suceden unos a otros, sin descanso, pero sin agobiar nunca al lector. Williamson demuestra un sentido del ritmo envidiable, casi se diría que ese ritmo se apodera del lector y hace que pase las páginas sin darse cuenta, hasta acabarlo, en un suspiro.

Los defectos habituales en los pulps están en esta ocasión ausentes. No hay declaraciones grandilocuentes ni soliloquios, ni imágenes forzadas, ni lenguaje repetitivo, ni subrayados, ni los lugares comunes, heredados del folletín decimonónico.

¿Es una gran novela? No y no lo pretende. Todo lo expuesto en el párrafo anterior la hacen destacar  por encima de otras compañeras de colección, pero sus virtudes deberían ser norma, no excepción, debería ser el mínimo que se le exige a cualquier obra para ser leída. Como ya he dicho, es muy entretenida, pero es excesivamente sencilla para un lector moderno. Las únicas sorpresas, que se dan al final y son auténticas sorpresas, son excesivamente rebuscadas. El personaje femenino, nunca llega a resultar convincente y los masculinos son puro estereotipo.

Si no fuera porque el público juvenil está ya acostumbrado a obras mucho más complejas (y largas) diría que su sencillez y excelente sentido del ritmo la hacen apropiada para un público juvenil, aunque puede que los padres modernos se rasguen las vestiduras por la cantidad de sangre derramada y crean ver en ella un políticamente incorrecto machismo. En todo caso, es el tipo de obra que hubiera adorado un adolescente en los años ochenta.

miércoles, 22 de abril de 2015

“Bifrost” de Rodolfo Martínez



Como bien explica aquí, la idea de Rodolfo Martínez era realizar una historia-puente que englobase “La sonrisa del gato”, “Los celos de Dios” y “Un jinete solitario”. Y un relato protagonizado por la inteligencia artificial creada a partir de los recuerdos del vaquero, que también había leído por algún lado. Esa historia puente es “Bifrost”

O en otras palabras, es la compilación de esas páginas, a menudo escritas en cursiva, que separan las diferentes partes de una antología, y que yo siempre suelo leer por encima y a toda pastilla, muriéndome de impaciencia porque se termine el relleno y empiece lo bueno.

En la nave Bifrost un delfín y una rata, una rata de “Tierra de nadie”, se entiende, asisten a las clases de un profesor humano, dotado de inmensos poderes telepáticos, durante las que reviven momentos importantes de la historia. Esos momentos contenidos en “La sonrisa del gato”, “Los celos de Dios”, “Un jinete solitario” y ese relato de cuyo nombre no logro acordarme. No puedo decir mucho más del argumento, porque no tiene más.

Es de agradecer, para aquellos completistas como yo que ya disponían de todos estos relatos en diferentes ediciones, su puesta a la venta independiente, a un precio bastante asequible, lo que me permite completar el ciclo de Drímar sin recurrir a la duplicación de los ejemplares de mi biblioteca.

Fuera del interés del coleccionista, carece casi completamente de interés. La omisión de los fragmentos que había de englobar hace que pierda prácticamente todo sentido como narración. Esta obra me ha recordado las palabras de un amigo al que conseguimos arrastrar al cine a ver “El hobbit: la desolación de Smaug” Fue algo así como: “He vista una película que ni empieza ni termina, he visto un fragmento”. “Bifrost” más que un final abierto, tiene un final truncado. Si os gustan las obras con inicio, nudo y desenlace, no leáis esta novelita, pues carece del primero y del último y tampoco tiene mucho nudo.

Aunque eso no es nada nuevo, en el ciclo de Drímar. Vaya por delante que en su día me encantaron, pero “Jormungand” termina justo cuando parece que va a pasar algo, tras un largo prólogo de presentación de personajes y escenario que ha durado casi toda la novela. “La sonrisa del gato” deja muchos interrogantes abiertos. “Bifrost” no responde a ninguno de esos interrogantes. No es la continuación de ninguna de las dos. Ese papel corresponde a la cronología que aparece al final del volumen. En cierto modo, “Bifrost” puede considerarse la versión extendida de esa cronología. En el enlacé al que ya me referí queda claro que, con “Bifrost” el ciclo de Drímar ha quedado completo. Bueno, yo no lo llamaría completo, lo llamaría clausurado. Con su cancelación, el ciclo de Drímar queda inconcluso, para el resto de la eternidad. Aparentemente.

Anteriormente he usado las palabras “casi” y “prácticamente”. No ha sido in intencionado. No le he encontrado casi ningún interés a esta obra, pero alguno le he encontrado. Rodolfo Martínez es demasiado buen escritor para que carezca de ello. A través de los innumerables flashbacks es posible hacerse una idea de lo que ocurrió después de “Jormungand”, de un modo más ameno que leyendo la cronología, aunque siempre den la sensación de que el lector se pierde lo más interesante.

Todo está bastante bien escrito, como siempre el uso del lenguaje de Rodolfo Martínez resulta intachable, así como sus diálogos. Se discuten algunos conceptos interesantes. Algunos de los recuerdos que los protagonistas reviven son muy buenos, especialmente los relacionados con los multis, y esa trágica historia de amor y sacrificio por la que pasa de puntillas. No así la historia del adolescente inadaptado y sus aventuras cuando es adoptado por un delfín que, aunque entretenida, me ha resultado tópica y, como todo en “Bifrost”, incompleta.

Así y todo, durante la mayor parte del tiempo, más que de estar leyendo una novela corta, tenía la impresión de estar echando un vistazo al cuaderno de apuntes de Rodolfo Martínez, estudiando las notas que tomó para proyectos que no llegaron a buen puerto. Por cierto, alguien debería avisarle de que no vuelva a usar a personajes como el adolescente asocial que se transforma, al crecer, en un adulto brillante, con tendencia a expresarse de modo pedante y al manipulador supremo superinteligente que guía al protagonista como un titiritero sus muñecos.

En fin, una lectura fácil y breve, pero sólo recomendable para los fans acérrimos del autor. Aquellos para los que sea el primer contacto con el ciclo de Drímar, no entenderán absolutamente nada.

viernes, 17 de abril de 2015

“Las ciudades perdidas de Marte” de Leigh Brackett

En mi panegírico anterior sobre la obra cinematográfica de Leigh Brackett se me olvidó intencionadamente incluir que también figura como guionista de “El imperio contraataca”, otra de mis películas favoritas de todos los tiempos. Su último trabajo para el cine. Según recuerdo del blog de Rafa Marín, no es exactamente cierto. La historia no deja de ser de George Lucas y lo que Brackett hizo fue un primer borrador, el guión definitivo fue de Lawrence Kasdan. Eso no impida que sea un magnífico reclamo publicitario, que aparezca bien destacado en la contraportada, en la que se atribuye a nuestra autora el título de “Reina indiscutible del space opera”.

Mi primer contacto con Leigh Brackett fue la novela “La espada de Rhiannon”. A mi hermano, que era su dueño, le parecía muy mala. A mi me encantó. Supongo que mi hermano se sintió decepcionado por la descripción poco realista que daba de Marte. A mí, en cambio, me sigue pareciendo la mejor “Espada y brujería” que he leído, aunque reconozco que no he leído muchas.

Hay muchos ecos de la “La espada de Rhiannon” en esta antología. Los relatos incluidos transcurren en el mismo Mate ficticio, aunque en esta ocasión sea en su “presente” en vez de en su pasado legendario. El Marte de Leigh Brackett, que debe mucho al de Burroughs, es un mundo melancólico, de una belleza decadente, un desierto interminable sembrado de antiguas ciudades, despobladas y arruinadas, que a menudo guardan los secretos de poderosas civilizaciones, ya extinguidas.

Este mundo ha sido colonizado cultural y económicamente por la tierra, aunque en las zonas más salvajes y recónditas permanezcan restos intactos y orgullosos de las culturas autóctonas. Los terrestres que aparecen presentan, a menudo, un rostro muy poco favorecedor: saqueadores de tumbas disfrazados de arqueólogos en busca de tesoros, criminales que se aprovechan de la superioridad tecnológica para explotar a los nativos, turistas sin interés auténtico en los mundos que visitan, que convierten sus grandes ciudades en centros de abastecimiento de sus vicios favoritos. Lo que no quita que consideren a los marcianos como seres inferiores. Se puede decir que en todos los relatos hay una crítica nada velada al colonialismo y el intervencionismo, algo sorprendente, si tenemos en cuenta que fueron escritos entre 1942 y 963. Si hubieran sido escritos en la actualidad, hablaríamos de un manifiesto en contra de la globalización y el pensamiento único.

Aunque interesante, el aspecto ideológico o político no es el punto fuerte del volumen. El punto fuerte de la fantasía de Leigh Brackett es la acción y la aventura. A pesar del entorno relativamente futurista en que trascurre (los marcianos tienen tendencia a dirimir sus diferencias a espadazos, las historias de Brackett suelen estar más cerca de la fantasía heroica, me parece recordar, incluso, que Michael Moorcock fue un gran admirador suyo durante su juventud. La afiliación a la ciencia ficción es, en realidad, un lastre para el disfrute de esta obra, los conocimientos científicos de Brackett, como incluso llega a ironizar el traductor en una nota a pie de página, son prácticamente inexistentes, a pesar de ello se empeña en dar descripciones ridículas a fenómenos que más habría valido considerar como, simplemente, magia. O tecnología suficientemente avanzada, que diría Clarke.

En líneas generales, Brackett se las arregla como una narradora de primer orden, sin embargo, no consigue escapar de las convenciones de los pulps y no son extraños los finales excesivamente convencionales o simplones, ni que algunas metáforas o descripciones caigan en lugares convencionales y vulgares, sobre todo cuando está explicando lo valientes que son sus héroes.

En contra de mi pereza natural, en esta ocasión haré una semblanza relato a relato, aprovechando que son pocos:

“El tesoro de Ptakuth”: empezamos mal. El peor relato de todo el libro. Pensaba en él cuando me refería a los defectos de los pulps, de los que es un compendio y antología. Cuando el protagonista conoce a la chica de la historia exclama: “Chica, eres tan hermosa como la cerdita marrón de Shaughnessy” ¿Pueden imaginarse algo más ridículo? Al parecer tiene que ver con una historia irlandesa. Al protagonista se le compara repetidas veces con un toro bravo, con un intervalo de tiempo entre ellas inferior a lo que la profesionalidad de un autor debería requerir. Argumento confuso, repleto de cachivaches y ciencia absurda.

“El viaje de la Starhope”: mejor, aunque no sobresaliente. Tiene la originalidad de que en esta ocasión el ser humano es el monstruo de la historia.

“La ciudad encantada de Marte”: si no fuera por algunas explicaciones algo rebuscadas y un desarrollo un poco confuso, sería una broma maestra. Una pequeña joya.

“La joya de Marte” Gran relato, intenso, vibrante y cautivador.

“El hechicero de Rhiannon” Gran comienzo, desarrollo y final desastrosos. Un arranque tan inquietante como poético, completamente desaprovechado. Jamás vi. un arranque tan bueno estropearse de tal modo, desde que leí el cómic de Alfonso Font “El prisionero de las estrellas”.

“Los últimos días de Shandakor” junto con “La joya de Marte”, lo mejor de este volumen. Melancólico, romántico y trágico. Sin embargo, en ocasiones la narración pasa arbitrariamente de la primera persona, en la que está escrito en su mayoría, a la tercera, sin transición o causa comprensible. Ignoro si es defecto de la traducción o de Brackett.

“El camino a Sinharat” relato ecologista de antes de que se inventara el ecologismo, probablemente. Este relato es claramente ciencia ficción, no fantasía. Parte de una idea interesante, pero no la desarrolla a conciencia. Parece utilizarla como excusa para contar una típica historia de aventuras, que no queda demasiado bien, destacando tan sólo algún lance aventurero descrito con garra. La conclusión es demasiado facilona, da la sensación de que no la autora no sabía como acabarlo.

Mención aparte merece la traducción de Pedro Cañas Navarro, por la profusión de las notas a pie de página. La mayor parte de dichas notas consisten en referencias a otras historias de Leigh Brackett, principalmente el ciclo de Eric John Stark y ayudar a ubicarlas en una especie de cronología del universo imaginario de Brackett. Sirven a dicho propósito, permiten comprender mejor el mundo en que transcurren y cohesionarlas de algún modo como piezas de un puzzle mayor, despertando la curiosidad por el resto de la obra de la autora. A los estudiosos y fanáticos de Brackett les encantarán, pero dejan de interrumpir la lectura una y otra vez. Recomiendo ignorarlas durante una primera lectura.

Este libro ha estado en la pila, que digo pila, en el armario de los libros pendientes de leer durante al menos un par de años y no estaba recién salido de la imprenta cuando lo adquirí. Es una edición del 2009. Los caracteres tipográficos están algo descoloridos en algunas páginas y el lomo se ha arrugado mucho.

Una antología irregular, con algunos relatos magníficos y otros malillos, en la que el mayor atractivo está en el encanto y el exotismo del escenario en que transcurren.

viernes, 10 de abril de 2015

“Vivir de noche” de Dennis Lehane



Hacía tiempo que tenía ganas de echarle un tiento a Dennis Lehane. Más o menos desde que sé que “Gone Baby Gone”, “Mystic River”, “Shutter Island” son adaptaciones de novelas suyas. “La entrega”, sino me equivoco, es una adaptación de un relato suyo, con guión del propio Lehane, quién además ha firmado la novelización de la película. Por si fuera poco, ha formado parte del equipo de guionistas de las series de televisión “The wire” y “Boardwalk Empire”. Curiosamente, fue la finalización de esta última, la serie de televisión que más me ha enganchado desde “Breaking Bad” cuyas tres últimas temporadas me vi muy seguidas, la que me decidió a leer la presente novela, puesto que transcurrían en la misma época, la de la gran depresión y la prohibición.

“Vivir de noche” cuenta la trayectoria vital de Joe Coughlin, hijo y hermano de policías, de atracador a gangster y desde su Boston natal a Tampa y Cuba. Después de ver sus adaptaciones fílmicas, cabía esperar una serie negra de la buena, seca y dura, perneada de tristeza, con personajes bien definidos, grandes diálogos, conflictos éticos y la sombra de la violencia planeando siempre sobre la historia. Eso es precisamente lo que encontrará el lector.

También hay una buena descripción de ambientes, aunque Lehane tenga siempre el cuidado no hacer alardes de erudición que ralenticen la trama. Esta fluye suavemente, aparentemente sin esfuerzo, atravesando momentos de calma para acelerarse tras dar un giro inesperado cuando menos te los esperas. Tras un inicios comienzo puede parecer algo moroso (a mi no me lo pareció, estaba presentando a los personajes) la cosa no tarda en ponerse interesante y así seguirá hasta casi el final.

Joe es un personaje peculiar, no es la pobreza, ni la ambición, lo que le lleva al crimen, es más bien una especie de rebeldía, no tanto contra la figura de su padre, que algo de eso hay, como contra la propia sociedad. Digamos que es un hombre que se niega a seguir las reglas establecidas y llevar una vida común y corriente. No carece de conciencia, para ser un gangster es casi una hermanita de la caridad, evita la violencia siempre que puede, así como involucrar a civiles y es leal a sus amigos y seres queridos.

La narración transcurre a lo largo de bastantes años, en los que Joe se va enriqueciendo y enfrentándose a una serie de crisis sucesivas. Aunque fácil de leer, es una historia dura. La violencia, cuando la hay, es estremecedora. También es muy pesimista, está cuajada de reflexiones sobre la ausencia de Dios y del más allá, en este aspecto puede ser ligeramente repetitivo, y sobre las consecuencias de los actos violentos.

Como única pega, diría que a veces es demasiado cinematográfica. Esto no es necesariamente un defecto, pero hay escenas que quedarían muy bien en una película, pero cuya fuerza Lehane no consigue transmitirnos con sus palabras, lo que si que me parece un defecto, y el tema del final.

Lehane tarda demasiado en cerrar la novela. Tenemos un clímax bastante emocionante. Un largo epílogo, que transcurre en Cuba, bastante bien escrito, y luego un desgarrador broche final, seguido de un nuevo epílogo, muy cortito y totalmente prescindible. El epílogo en Cuba se hace demasiado largo, puesto que todo ha terminado, el lector realmente no tiene motivos para leer estas páginas, salvo que ha pagado por ellas. No es que estén mal, tienen algunas reflexiones interesantes, pero no pasa nada y habiéndose terminado todo, aparentemente, seguir leyendo no tiene sentido. Sirven simplemente para hacer espacio hasta esa escena final. No sé, el autor debió de haberse buscado las vueltas para llegar a ella de un modo que resultara más impactante. Y la página final, sobra.

Únicas pegas que le pongo a una novela, por lo demás, prácticamente excelente. La traducción se me ha hecho rara, porque en las descripciones se habla continuamente del “color crudo” expresión que nunca había oído, pero que unas búsquedas por Internet revelan como absolutamente correcta. Como curiosidad, terminaré reseñando que esta novela recupera personajes de “Cualquier otro día”, novela que no he leído, por lo que puedo testimoniar que su  ignorancia no dificulta la comprensión de “Vivir de noche”, al parecer son varias historias, incluyendo la de los hermanos de Joe. Existe una secuela “World Gone By” donde se prosigue la historia de Joe, supongo que con destino final todavía más trágico.

miércoles, 1 de abril de 2015

“Amanecer” de José Antonio Cotrina

José Antonio Cotrina parece empeñado en convertirse en el autor con más entradas en mi blog, mediante el método de ir distribuyendo con cuentagotas sus antiguos relatos por Internet. Y yo que se lo agradezco.

Al contrario que en su díptico “Mala racha” – “Salir de fase” que juntos configuraban una novela, aquí se trata de un relato, de notable extensión pero, relato, “novelette” que le llaman los extranjeros. Relato pertenciente al subgénero de “ciudades desiertas”. Este subgénero es ya un clásico dentro de la ciencia ficción y la fantasía, tanto escritas como filmadas, que ha dado lugar a obras maestras como la novela “Soy leyenda”. En la mayoría de las ocasiones, la urbana desolación se debe a algún tipo de catástrofe o plaga. En otros, como el que nos ocupa, ocurre, nunca mejor dicho, de la noche al día, sin aparente explicación.

            Joaquín despierta y todo el mundo parece haber desaparecido. Para empeorarlo todo, los sentidos del oído y del gusto también se han ido, al moverse deja tras de sí una especie de estelas. Las nubes y los rayos del sol naciente permanece inmóviles en el cielo. El lector veterano no tardará en adivinar el que ha sucedido, que no el porqué.

            Asistimos pues, a la desesperación de Joaquín. Su búsqueda de alimentos, de otros supervivientes... Durante gran parte de la historia, todo es más o menos entretenido, aunque deja una sensación de ya leído, ya visto. Hay algunas imágenes fascinantes, una atmósfera adecuadamente inquietante, pero nada demasiado sobresaliente. Las reacciones de Joaquín no me convencen del todo, tampoco él como personaje. Las cosas se animan un poco cuando por fin traba contacto con otros supervivientes, aunque estos no resulten demasiado carismáticos y Cotrina sacrifique la credibilidad por el bien de la narración. Me refiero a que los personajes desarrollan una capacidad de lectura de labios y lenguaje de signos que, con la ayuda de algunas notas, permite diálogos completamente fluidos entre personas que acaban de conocerse. La alternativa, claro está, habría sido eliminar los diálogos y entorpecer la narración.

            Pero el autor se guarda una as en la manga para la parte final. Una revelación, un giro inesperado y una sorpresa final, que cambian por completo el registro de la narración y engradecen todo lo que lo precedente. El tipo de cosas que no debes permitir que nadie te cuente y que eleva la calidad del relato a cotas estratosféricas. Un relato excelente.