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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 29 de enero de 2016

Vagancia y miedo


Acaban de salir las bases de un famoso premio y estoy plantándome si enviarles o no mi novela. Por un lado, se puede enviar por correo, lo que es muy cómodo, solo tengo que preocuparme de escanear mi firma. Lo que me retiene, es, por un lado, la pereza. Escribo por afición, porque lo encuentro una experiencia gratificante, aunque agotadora. Mi trabajo y mis otras aficiones no me dejan tiempo para escribir demasiado, y estoy viendo que publicar, o intentarlo, requiere también una cantidad de trabajo muy grande y es mucho menos divertido.

En cuanto al miedo... No me considero un gran escritor, un artesano pasable como mucho. Los amigos que se han leído mi novela la han disfrutado bastante, pero no son público imparcial y me preocupa, no solo su calidad, sino su corrección. Cada vez que la he revisado he encontrado errores ortográficos y sintácticos, frases que se quedan incompletas, pronombres mal usados... hace tiempo que no la reviso, porque es otra tarea agotadora. También hay errores tecnológicos, es una novela que pasó por varios ordenadores y editores, creo haber conseguido normalizar los tipos y tamaños de letras, pero el espacio entre líneas se me escapa y los márgenes son una pesadilla. (Como traslucen mis habilidades tecnológicas, trabajo de Analista Programador)

Nada de esto me parecería tan grave, sino fuera porque es un mamotreto de mas de 600 páginas. Poner a alguien, un miembro de un tribunal, por ejemplo, en la obligación de leer semejante tocho, en un formato tan poco profesional y con una calidad tal vez muy discutible, me parece la mejor forma de ganarme un enemigo para lo que me queda de vida. Añade que mis hipotéticos futuros escritos serán muy fáciles de identificar, porque ahora mismo solo se me ocurren historias protagonizadas por un mismo personaje y veo peligrar toda mi imaginaria carrera

viernes, 22 de enero de 2016

"Orpehus” de M. Braceli.




"ENDE era una galaxia muerta… y ni tan siquiera eso. Un mundo condenado, un último suspiro que ya duraba cuatrocientos años. Perséfone, la última estrella, describía una órbita suicida hacia Charybdis, el agujero negro."

La verdad es que es un comienzo muy bueno, muy evocador, aunque parece indicar un cierto desconocimiento de lo que son realmente los agujeros negros, si quieren saber a que me refiero, léanse: malaciencia doctor-who-el-agujero-negro-imposible, si yo no lo hubiera hecho, no estaría ahora haciéndome el listillo. En cualquier caso, hay que reconocer una cosa MOLA.

Pifias científicas aparte, por mas que sean vitales en la trama, esta agradable novela cuenta la historia de dos hermanos gemelos que se trasladan a una colonia, en un asteroide en órbita en torno a Perséfone. La verdad es qué es difícil contar algo mas sin destripar el argumento. Solo diré que, muy pronto, uno de los gemelos descubrirá que, como en tantas historias de ciencia ficción, las cosas no son lo que parecen y se verá arrastrado a una desesperada lucha por la supervivencia, que hay empresas todopoderosas que esconden terribles secretos, monstruos, escenarios gigantescos y una cantidad apabullante de referencias a la mitología griega.

"Orpehus" es una novela muy entretenida, con mucha acción y un gran sentido del ritmo, escrita con un estilo directo y sencillo. ¡Ay! , tal vez demasiado sencillo para mí.

En algún momento de mi vida, leí a alguien glosar las virtudes de las obras juveniles de Robert A. Henlein y lamentarse de que no se escribiera ciencia ficción para un público juvenil. Pues bien "Orpehus" entra directamente en esa categoría. Hay muchas cosas en ella que ocurren directamente porque si. Porque MOLAN. Eso no es que me la estropeen, pero hace que no consiga tomármela en serio: el origen de la energía limpia que es el principal activo de la malvada empresa todopoderosa, la necesidad de utilizar gemelos, la facilidad con la que desaparecen cantidades ingentes de gemelos de clase alta sin que llame la atención, los poderes de algunos protagonistas, así como sus transformaciones... En fin, digamos que hay muchas cosas, tanto de la trama como del escenario, que me han parecido cogidas por los pelos, que tienen su origen, no en la lógica interna de la narración, sino puramente en creatividad del autor.

Aunque, todo hay que decirlo, estas cosas no son mas improbables ni rebuscadas que los beneficios para la salud y la consciencia del consumo de excrementos de gigantescos gusanos alienígenas.

Une a ellas unos personajes tan simplificados como la narración y obtendrás una obra que no resulta adecuada para mi disfrute personal. He apreciado su ritmo y su sentido de la maravilla. Me ha encantado el modo en que introduce las referencias mitológicas, pero finalmente, me ha dejado indiferente. No he encontrado en ella nada especialmente destacable que recordar. Otra obra de consumo fácil que echarse al coleto, como "La huida del contrabandista", aunque Orpehus me ha haya resultado superior.

Como decía, no soy el público adecuado. Tengo el convencimiento de que, hace treinta años, habría amado esta novela con pasión.

jueves, 14 de enero de 2016

“Mio Sidi” de Ricard Ibáñez.




Cuatro mujeres consiguen resucitar a Rodrigo Díaz de Vivar, pero este ha regresado de la muerte habiendo perdido todos sus recuerdos. La novela se compone de cuatro partes, en cada una de ellas, el Cid recuerda una parte de su vida, guiado por cada una de las mujeres, que revela su identidad al final de cada parte.

Éste es el artificio del que se sirve Ricard Ibáñez para reconstruir la vida del Cid Campeador, (Sidi correctamente escrito) en clave de fantasía épica. En su aviso al lector, Ibáñez advierte que esta es una obra de fantasía, que los personajes históricos que aparecen no están basados en sus homónimos reales, sino en como son descritos en el Cantar del Mío Cid y otros romances menos populares, mientras que la parte fantástica está sacada del folclore popular de España.

Esto último no es completamente cierto, Ibáñez en realidad saquea múltiples fuentes, entre las que también se encuentran los mitos clásicos, la odisea, la Eneida, las mil y una noches, la biblia, algunos libros sagrados hebreos cuyo nombre no soy capaz de reproducir, al menos una referencia a los cuentos de hadas (Blanca nieves) y muchos más, que demuestran que tanto la memoria como la cultura de Ricard Ibáñez son mucho mejores que las mías.

Aunque unas interpretaciones puedan ser mas controvertidas que otras, es llamativo que no ha necesitado recurrir a inventarse nada para poblar su versión de la edad media de criaturas legendarias y magia desbocada, casi todo lo que aparece ya se encontraba en las creencias e historias de nuestro pasado. Ibáñez lo re descubre para sus lectores, y me encanta y no porque me resulte familiar o cercano, sino simplemente porque es fascinante.
A las bondades del libro hay que sumar una bella portada, obra de Alejandro Colucci.
Dicho esto, a pesar de lo mucho que me ha gustado el escenario construido por Ricard Ibáñez, la novela me ha gustado muy poco. ¿Porque? Intentaré racionalizar lo que no es sino una impresión subjetiva.
El mcguffin no me ha gustado nada. Mio Sidi ha sido resucitado para librar al mundo de una terrible amenaza. Esa amenaza se menciona varias veces a lo largo de la novela, hasta que finalmente se manifiesta en la última parte, “El cantar del paladín”, pero la esperada confrontación no llega hasta el epílogo. La épica batalla final dura aproximadamente 3 páginas, en ella se agolpan las muertes de personajes secundarios con tal velocidad que carecen de todo impacto dramático. En resumen, es una conclusión anti climática y apresurada, que resulta terriblemente decepcionante, al defraudar todas las expectativas creadas a lo largo del libro.
Para colmo de males, a lo largo de dicho cantar, tenemos que asistir a las andanzas del villano reuniendo los tesoros de la diosa madre, que no son ni uno, ni dos, ni tres, sino cuatro, cuatro capítulos prácticamente perdidos, contemplando como el atlante consigue sus tesoros, sin emoción alguna: sabemos que los va a conseguir, porque es necesario que los consiga para que la historia avance. Los tesoros y la descripción de los lugares en que se encuentran no carecen de atractivos, pero su intromisión no suma, sino resta.
Por último, el pérfido plan del villano de turno, no es más que la típica amenaza que hemos visto desde que Cthulhu es Cthulhu, replicada en miles de cómics y capítulos de series de televisión. Creo que ya me referí a ella cuando hablé de “Los códices del apocalipsis” y le tengo una manía….Aquí multiplica el numero de dimensiones pero en el fondo es lo mismo. Los dientes me crujen cuando pienso que, sin duda, volveré a encontrarme con ella, y una segunda vez, y una tercera y una cuarta …
El mcguffin, encima, no funciona. El hilo conductor del relato, no parece conducir a nada, no consigue hilar las diferentes peripecias de los protagonistas. La novela carece de una sensación de objetivo, de avanzar hacia alguna parte, lo que le da un aspecto deslavazado. Asistimos a diferente momentos en la vida de un personaje, momentos que no parecen tener relación alguna unos con otros, lo que impide que su lectura resulte adictiva.
Villano decepcionante y un mal uso del manido recurso de la profecía y el elegido, recurso que la verdad, lo más normal es salga mal, pero eso no es lo peor del libro. Lo peor del libro son los personajes. Se dice que los grandes autores con capaces de caracterizar a un personaje con un par de pinceladas. No es el caso, aquí tenemos mas bien, un par de pinceladas que podrían llegar a convertirse en personajes, pero que no lo son. Secundarios demasiado exagerados y protagonistas demasiado indefinidos. Los secundarios se aguantan mejor, pero los principales se desvanecen como el humo. En ningún momento Ibáñez consigue que nos los creamos, que entendamos sus reacciones. Por ejemplo, no se entiende porque el odio de Jimena al principio es tan furibundo, pero se entiende mucho menos que luego se desvanezca con tanta facilidad.
Si lo de Jimena ya es grave, lo de Rodrigo Díaz de Vivar es mucho peor. Fuera de que es muy valiente y honrado, su personalidad es un misterio desde el comienzo hasta el fin. No hay el menor intento de meterse en su cabeza y comprenderlo. Jamas se evidencian sus pensamientos, sus sueños o sus obsesiones, si es que las tiene. El protagonista del libro es el gran ausente de la novela.
Por último y supongo que por ello lo menos importante, el sentido del humor. Soy un tipo que obviamente se toma demasiado en serio a si mismo, sino no tendría un blog. No soy muy aficionado a la comedia ni a la literatura humorística, aunque disfrute como un bellaco con Eduardo Mendoza, Tom Sharpe, Douglas Adams y Terry Pratchet, así que puede que sea un público inadecuado para juzgar, pero hay en este libro muchos momentos de un humor que me ha resultado grueso, chabacano, vulgar y, lo peor de todo, carente completamente de gracia, que me ha dificultado en ocasiones la lectura.
Para resumirlo en una palabra: decepción. Esa es la impresión que me ha producido esta novela. Eso sí, las notas finales y algo pedantes, me han parecido geniales.

viernes, 8 de enero de 2016

Aviso a compradores compulsivos

Está previsto que el 14 d Enero el canal TNT estrene la serie de televisión "Las crónicas de Shannara" Con el objeto evidente y para nada reprensible de aprovecharse de la repercusión que pueda tener, la editorial Oz se ha embarcado en la reedición de las novelas en que se basa la serie, empezando por la trilogía original, aunque la verdad es que hay tantas secuelas y precuelas que podría haber empezado por donde le diera la gana.
 
En todo caso, si eres uno de esos que antes de verse una adaptación corren a leerse primero el libro original, no hace falta que te precipites a tu librería a apoderarte de "La espada de Shannara", el único que ha salido, de momento, porque la serie empieza con la adaptación del siguiente libro, "Las piedras élficas de Shannara", todavía no reeditado. Según Terry Brooks, se tomó esta decisión porque en "La espada de Shannara" no había personajes femeninos fuertes.
 
Así que, avisados estamos.

“La huida del contrabandista” de Greg Rucka.




El estreno de “El despertar de la fuerza” nos ha envuelto estas navidades en una avalancha de productos promocionales de todo tipo, incluyendo novelas y cómics de dudoso interés. Me he permitido sucumbir a dicha vorágines y adquirir esta novela. Lo he hecho, también, llevado también por otra de mis malsanas debilidades: la de consumir las novelas que escriben los guionistas de cómics que conozco. Greg Rucka no es mi guionista favorito (es demasiado leeeeentooooo) pero tiene suficientes puntos de interés como para que echo un ojo a todos sus proyectos. Además cuenta con el aliciente de que ya era un escritor de serie negra consolidado, antes de que empezase con esto de escribir cómics.

Lo que me he encontrado es lo que cabía esperar: un producto de consumo alimenticio, totalmente olvidable, aunque entretenido. La historia es mínima, después de la destrucción de la estrella de la muerte, Han Solo accede a extraer de un mundo dominado por el hampa y los Hutt a un miembro de la alianza rebelde que posee información muy valiosa para esta. La brevedad de la novela da para la presentación de personajes y situación, un tiroteo, una persecución y uno de esos ya clásicos duelos entre el Halcón Milenario y las fuerzas imperiales. Y se acabó.

Con todo, hay que reconocerle a Rucka que en el escaso espacio de que disponía se las ha apañado para hacer un desarrollo dramático correcto, lo que me ha recordado un poco a las novelas del Orden Estelar, de Angel Torres Quesada, aunque los diálogos de Rucka son mejores, la caracterización de personajes es bastante buena y crea un oponente con cierto carisma y empaque: la comandante Beck. (Los personajes femeninos siempre han sido uno de los puntos fuertes de Rucka)

Por lo demás, no puede decirse que Rucka deslumbre ni con su prosa, ni con sus argumentos, aunque probablemente no lo pretendiera. En resumen, como ya dije, es lo que cabe esperar, un producto entretenido, pero impersonal, que no deja huella alguna en el lector y no aporta gran cosa al universo de Star Wars. Aún así, el compañero ideal para un largo viaje en tren o avión.






martes, 5 de enero de 2016

“El secreto de la modelo extraviada” de Eduardo Mendoza


Nueva entrega de las delirantes aventuras del detective anónimo y enloquecido de Eduardo Mendoza. Cada vez más envejecido, pero no menos animoso ni sagaz, le encontramos al comienzo del relato empleado como repartidor de comida china. El mordisco de un perro le hará recordar una aventura pasada, situada al comienzo de la democracia, cuando, una vez mas, fue abducido de su manicomio de residencia, supuestamente para encontrar un perro extraviado, en realidad, para colgarle el muerto de un asesinato.
  
La novela se divide en dos partes, una primera en la que, como un falso culpable de una película de Hitchcock, huye de la policía mientras busca al verdadero culpable, y una segunda, situada en la actualidad, en la que, por ningún motivo racional, se empeña en retomar la investigación para resolver todos los cabos sueltos que quedaron en su día.
  
Esta división le permite a Eduardo Mendoza mostrarnos como la evolución de la sociedad, cuanto han cambiado las cosas para en el fondo seguir igual, y reflexionar sobre el paso del tiempo, la madurez y la vejez.
  
Pero, por encima de todos esos propósitos, el principal objetivo de la novela es divertirnos con las estrambóticas aventuras de su protagonista y las de los personajes, tan absurdos como humanos con los que se relaciona, en una trama en la que, aunque el autor se las apañe para acabar dando explicaciones racionales, caben desde apariciones fantasmales hasta ninjas, narrado todo con el peculiar estilo, exageradamente formal y culterano marca de la casa. 

Ese objetivo lo logra completamente.