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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 26 de febrero de 2016

“A la deriva en el mar de lluvias”




La desaparición de la ciencia ficción para adultos de las librerías de nuestro país, ha dejado un hueco rellenado, en parte, por las antologías, generalmente editadas por editoriales pequeñas, orientadas más hacia el formato electrónico que al físico, aunque en el caso que nos ocupa este también exista.

Si hay un tema que unifica esta antología, no seré yo el que lo conozca, quizá sea que se centra más en los efectos de los avances tecnológicos sobre las personas que en los avances en sí. Quizá.

Como siempre, cada uno de los relatos de la antología se merecería una reseña, del tamaño de todo el post. ¡Qué frustrante me resulta reseñar antologías!

"La señora astronauta de Marte" de Mary Robinette Kowal 

La historia de una anciana astronauta que tiene que elegir entre desempeñar una última misión, o permanecer con su marido, enfermo terminal, durante su agonía. Una historia conmovedora y bien contada.

"Algoritmos para el amor" de Ken Liu 

La inquietante epifanía, acerca del comportamiento humano que sufre una diseñadora de inteligencias artificiales. Relato de “Guau”. El segundo que leo de Ken Liu. Me hace querer leerle mucho más.

"Frigonovia" de Will McIntosh

Las tribulaciones que sufren en el futuro, aquellas personas que fueron congeladas en busca de una segunda oportunidad. Es difícil de contar sin reventar la trama. Mantiene el equilibrio entre la especulación y la peripecia personal de la protagonista con sobresaliente.

"Regreso a casa" Mike Resnick 

La visita que realiza a sus padres un explorador que, para contactar con extraterrestres, ha transformado su cuerpo hasta no parecer humano. Una joya, escrita con exquisita sencillez, a la vez poética y humana, aúna el sentido de maravilla y un conflicto perfectamente extrapolable a nuestra cotidianidad de cada día. Todo en muy pocas páginas.

"La verdad de los hechos, la verdad del corazón" Ted Chiang

Dos historias en paralelo. En una se nos cuenta la introducción de la escritura en una remota comunidad y en la otra el trabajo de investigación que realiza un periodista sobre una nueva tecnología que permitirá recordar con precisión cada hecho de nuestra vida.

A Ted Chiang si lo conozco. Debo haber leído la mayor parte de su obra, lo que es muy fácil, dado lo escaso de su producción. Empiezo a comprender que se le da mejor desarrollar una idea o un escenario que contar una historia. Para empezar, las dos historias no parecen tener nada que ver entre sí y la trama del periodista, que tiene su punto dramático, no llega a conmover.

Desde mi punto de vista personal, en esta trama, Ted Chian juega con desventaja. Una idea prácticamente idéntica ya fue mostrada en el tercer episodio de la primera temporada de la serie de televisión “Black Mirror”, titulado “Tu historia completa”. Allí, si resultaba conmovedora, de hecho, el enfoque brutalmente negativo que hacían de dicha tecnología resultaba devastador. En comparación, Ted Chiang es mucho más imparcial, sopesa los pros y los contras, evita tomar partido y desarrolla mucho mejor el mismo tema. Pero no emociona en lo más mínimo.

Nos deja un par de brillantes ensayos, uno sobre el lenguaje escrito y otro sobre el modo en que recordamos y como los recuerdos componen nuestra personalidad. Los dos resultan interesantes, puede que fascinantes. No creo que ningún veterano aficionado a la lectura pueda sustraerse al atractivo del primero.

"Si fueras un dinosaurio, amor mío" de Rachel Swirsky

Una elegía, casi un poema. Algunas imágenes algo extrañas o retorcidas, único vergonzante pego que le puedo poner a esta triste instantánea de la pérdida.

"La Amaryllis" de Carrie Vaughn

No es que esté mal, pero éste es el relato que menos me ha llamado. Un mundo en el que los supervivientes de la humanidad lidian con la desaparición de los recursos naturales, y el clan de la protagonista tiene que lidiar con la culpa de los pecados de su madre. No tiene nada realmente malo, pero no le veo ningún aspecto sobresaliente. Entretenido.

"A la deriva en el Mar de las Lluvias" de Ian Sales

A este si que le veo cosas malas. Veamos, en una tierra de un universo paralelo, los astronautas de una base estadounidense en la luna se convierten en los únicos supervivientes, después de la III guerra mundial. Su única esperanza de sobrevivir es utilizar una misteriosa máquina construida por los nazis que permite viajar a universos paralelos.

La historia está contada en tiempo presente, sin usar comillas ni guiones (en realidad se llama raya) para los diálogos. Eso es curioso, pero en principio no constituye un problema. Si lo es el uso y abuso de las siglas. Hay quien lo considerará un acierto de ambientación. Los militares están obsesionados con los acrónimos y las siglas, o eso se supone, y los protagonistas lo son, pero el uso y abuso de acrónimos acaba volviendo la lectura una experiencia bastante irritante.

Al final del relato viene un diccionario con el significado de todos, que además contiene mucha información sobre la historia de la línea temporal en la que transcurre el relato, pero consultarlo obligaría a interrumpir continuamente la lectura. En mi caso, no descubrí su existencia hasta terminar de leer, desventajas de los libros electrónicos con respecto al formato tradicional. De todos modos, de conocerlo no creo que hubiera supuesto diferencia, consultarlo haría resultado bastante tedioso. Otra desventaja de los libros electrónicos.

Aparte de esto, hay otro defecto grave: la narración está continuamente interrumpida por flashbacks, que consisten, básicamente, en el protagonista despegando o acelerando con algún modelo de avión o cohete etiquetado con muchas letras y números. Estas interrupciones disminuyen el interés del lector por lo que está leyendo. Estos problemas convierten a la novella que da nombre a la antología en el relato más fatigoso de leer de la misma. Es una pena, porque en esta ocasión la ambientación si que es decididamente sobresaliente y el agotamiento y la desesperación de sus personajes, o personaje, están muy bien plasmados.


Con sus virtudes y defectos, no deja de ser una buena muestra de ciencia ficción. Olvídate de justicias y aceptaciones, éste es el libro mas impactante de ciencia ficción extranjera que se publicó el año pasado.






 

lunes, 22 de febrero de 2016

"Esteban" de Matthieu Bonhomm



Perdí la costumbre de reseñar cómics, que mantenía al comienzo de este blog, debido a que los consumo mucho mas rápido de lo que los reseño y, en vista del poco tiempo de que dispongo, no voy a retomarla, pero voy a permitirme señalar lo que me parece una injustica. En las webs relacionadas con el mundo del cómic no he visto muchas referencias a éste y me parece una injusticia. “Esteban” de Matthieu Bonhomm

cuyo segundo integral ha sido publicado recientemente. La historía del adolescente indio alistado en un buque ballenero, plagada de lances maritímos, odiseas de supervivencia polares e incluso, en éste último integral, fugas carcelarias, me parece con sinceridad el mejor cómic europeo de aventuras actual.


sábado, 20 de febrero de 2016

Gabriella Campbell dice

Aquí puede leerse una entrevista a Gabriella Campbell a raíz de su libro "70 trucos para darle brillo a tu novela". Durante la entrevista hace referencia a este artículo donde recopila los errores que más molestan a los lectores. Los lectores tienen más razón que los santos del cielo, pero además, el artículo está muy bien escrito y es muy divertido. El libro tiene buena pinta. Esto de escribir se parece mucho a una carrera, por la cantidad de trabajo que requiere acabar un libro y que el resultado sea decente, quiero decir.

sábado, 13 de febrero de 2016

"Cuentos completos" de Robert Louis Stevenson




Desde hace años, un ejército ha invadido mi casa. Poco a poco, se ha ido apoderando de todas y cada una de las habitaciones, con la excepción del baño y la cocina. Sus innumerables efectivos han trepado por todos y cada uno de los muebles, se han enseñoreado de la parte superior de los armarios, hasta que no quedó espacio entre ellos y el techo, es más, algunos se infiltraron en su interior, e incluso los apuntalaron desde el suelo. Se desparramaron por todas las estanterías que tuve, adoptando todas las posiciones posibles para no dejar en ellas un centímetro cúbico libre. Desesperado, probé a encerrarlos en cajas y archivadores, no sirvió de nada, las cajas se fueron apilando unas sobre otras, organizando torres de babel en miniatura.

Vivo acosado por la superpoblación. Por supuesto, estoy hablando de los libros.

Esta situación ha hecho que prefiera alquilarlos en la biblioteca a comprarlos, que cuando los compro, evite el formato de tapa dura, pues opino que ocupa mas espacio, aguarde a que salgan en edición de bolsillo y prefiera la edición digital sobre todas las cosas.

Y sin embargo,… Sin embargo, a veces me encuentro en una librería un ejemplar que despierta mis mas bajos instintos, que inspira en mi el deseo de poseerlo a cualquier precio. Eso fue lo que ocurrió en cuanto vi esta edición de Grandes Clásicos Mondadori de los cuentos de Robert Louis Stevenson. La codicia me poseyó y me olvidé de cualquier otro pensamiento. Casi mil páginas, formato grande y lujosos, tapa dura. Con dos cojones.

En retrospectiva, resulta extraño que haya tardado casi siete años en decidirme a leerlo.

Cuando yo me crié, existía una serie de autores con los que se suponía que los niños aprendíamos a leer. Julio Verne, Emilio Salgari, incluso Karl May. Y por supuesto Robert Louis Stevenson, el mejor escritor de todos ellos y, tal vez, el único que ha perdurado. “La isla del tesoro” debía ser una estación inevitable en el camino de la vida, y por ahí debía estar también “La flecha negra” y algún otro. Lo curioso es que cuando tenía la edad en la que se supone que debía leerlo, no lo disfruté nada. Jim Hawkins y Dick Shelton me resultaban demasiado inmaduros, ingenuos e indefensos, a pesar de la capacidad para los mandobles de este último. En aquella época apreciaba mas el exterminio de la fauna local y la fría racionalidad de los héroes de Julio Verne, buscando seguramente en ellos una madurez que ya sé que jamás alcanzaré.

En plena madurez llegué a la “Isla del tesoro” y la disfruté como debió hacer el niño que fui y mis siguientes experiencias con Tusitala me convirtieron en su defensor a ultranza. Stevenson es un gran escritor, uno de los mejores de todos los tiempos, y en este libro continua demostrándolo.

Cuantas palabras llevo y que poco he dicho todavía sobre la obra que nos ocupa. ¿Así que Robert Louis Stevenson mola, eh? ¡Que gran descubrimiento! Generaciones llevan descubriéndolo desde finales del siglo XIX. ¿Qué puedo decir de este libro? ¿Cómo puedo resaltar sus virtudes?

Bueno, diré que Robert Louis Stevenson es un genio en la creación de atmósferas, el mayor creador de atmósferas de todos los tiempos, que nadie como él sabe como dar con el ambiente adecuado para un relato. El modo en que construye sus tramas es perfecto, su sentido del ritmo, el modo en que dosifica la información y la narración, es modélico. Es sus narraciones nunca hay un elemento que sobre, cada detalle cumple con su función, hace que la historia avance y está a la vez perfectamente integrado en el todo. Sus descripciones de de paisajes son, a veces líricas, otras, misteriosas y tenebrosas, pero no son un fin en sí mismas. Cuando narra una escena, el paisaje o el decorado en que ésta transcurre, aunque solo haya sido descrito con un par de pinceladas, contribuye a hacer la escena más impactante y eficaz, y lo hace, sin embargo, de un modo transparente, sin forzar las cosas ni que parezca artificioso. Stevenson consigue que lo difícil parezca fácil.

Todos los relatos están repletos de imágenes impactantes. Es increíble que tamaña imaginación visual provenga de un hombre que murió un año antes de la invención del cinematógrafo.

Con la misma aparente sencillez consigue caracterizar a sus personajes. Los entiende y hace que el lector los entienda, a pesar de cierto ánimo moralizante, no los juzga, sus dobleces resultan comprensibles y lógicas al lector, pues son fruto de la combinación de su personalidad y las circunstancias. Así, consigue despertar simpatías por el sacerdote metido a traficante de joyas robadas de “Historia del joven sacerdote”, o del bribón desamparado de “Un sitio donde pasar la noche” o el inolvidable comerciante marrullero y racista de “La playa de Falesá”, felizmente casado con una nativa.

Independientemente de que se traten de una historia de terror, una comedia o una parábola, cada uno de los relatos se va apoderando progresivamente de la mente del lector, hasta que ya resulta imposible abandonarlo. Se habla mucho de que un libro “te atrapa” o “te engancha” pero creo que ha pasado mucho tiempo desde que unos cuentos como estos “me absorbieron”, captaron de tal modo mi atención que lograron que el mundo que me rodea desapareciera y perdiera la noción del tiempo.

Llegados a este punto, los sufridos lectores que hayan aguantado tantos párrafos se estarán preguntando si es que no hay nada malo en este libro, o no he encontrado nada de lo que quejarme. Mi primer impulso sería contestar con un “NO” rotundo, pero uno siempre puede encontrar de qué quejarse.

Para empezar, aunque tardío, Stevenson es un escritor victoriano. Eso quiere decir que hay una cierta mojigatez inevitable en su obra. Las castas escenas románticas alcanzan altas cotas de cursilería, el modo en el que los personajes expresan sus sentimientos puede parecerle afectado y exageradamente normal a un lector moderno, aunque resultaran naturales en su día. Y no es por cebarse en el morbo, pero su discreción a veces es desconcertante. Estoy pensando, por supuesto, en “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde” en el cual jamás llegamos a saber cuales eran exactamente los vicios que tanto atormentaban a su celebérrimo protagonista. En la actualidad, con lo obsesionados que empezamos a estar, una interpretación homosexual parece evidente, pero quién sabe cual sería la verdad.

No sé si será también cultural, o se debía a la personalidad de Stevenson, pero hay también una omnipresencia de la religión que resulta algo agobiante. Sus personajes siempre son conscientes de que habrán de responder ante su creador, el fuego y la condenación aguardan a la vuelta de la esquina, la justicia de los hombres no puede compararse con el juicio de Dios. Personalmente, encontraba esos fragmentos irritantes, supongo que depende de las creencias personales de cada uno.

Por último, cuando Stevenson se adentra por los terrenos de la sátira y el humor, abandona ese estilo maravilloso, tan aparentemente sencillo, para emplear una gran cantidad de retórica y culteranismo, que hacen la lectura más pesada, aunque no impidan que se disfrute de “La providencia y la guitarra”, “El tesoro de Franchard” o “Una vieja canción”, pero sin duda mitigan su disfrute.

Su propio talento a veces juega en su contra. A veces, la atmósfera ha sido creada de un modo tan primoroso que, la acción, cuando llega, resulta decepcionante. Es el caso de sus dos narraciones medievales “Un sitio donde pasar la noche” y “La puerta del señor de Malétroit”. Ambas parten de un arranque tan magnífico, sobre todo la primera, con esa atmósfera tan tétrica y hostil, en la que el lector podría creerse dentro de una pesadilla, que luego, cuando se llega a la verdadera razón de ser de cada uno, un divertido parlamento en el que se compara a los ladrones y a los militares y un casamiento forzado, parecen poca cosa.

En cuanto a la edición de “Grandes clásicos Mondadori”, modélica como es, le hecho en falta una presentación, sobre todo para “Mas mil y una noches”. Supongo que la intención de Stevenson era homenajear a “Las mil y una noches”, y mas concretamente a las traducciones que se publicaron en sus días, ubicando el mismo tipo de historias en sus días. El príncipe Florizel y el coronel Geraldine se pueden ver como unos trasuntos del califa Harun al Rashid y el visir Jaffar, pero, sin un aviso previo, las referencias al autor árabe que conectan los cuentos dejan al lector desprevenido bastante perplejo.

Mi opinión sobre las notas y comentarios es ambigua. Al aportar información, a menudo permiten entender y disfrutar mas una obra, pero es un fastidio que te interrumpan continuamente. En esta edición hay bastante pocas, pero su distribución es delirante, parece que aparecen cuando todo está claro, pero desaparecen misteriosamente cuando hay una referencia oscura. ¿Quién demonios es Almaviva? Igual de delirante resulta la distribución de las inquietantes y borrosas ilustraciones de Alexander Jansson, excelentes, si, pero coladas al tun-tun, sin la menor relación con los relatos dentro de los que aparecen insertadas. Pero, lo que mas me ha dolido, es que, justo después de terminar este excelente libro, he descubierto la existencia de algo llamado “El sótano de la plaga” que no aparece por ningún lado. ¿No se suponían que eran los cuentos completos?