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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 27 de mayo de 2016

“Crónicas de Atopía” de Matthew Mather




Dice la contraportada de este libro “En un futuro cercano, para escapar de la aglomeración y el desorden que asuelan una Tierra completamente contaminada, la élite mundial escapa a Atopía, una enorme isla artificial, y de propiedad corporativa, en medio del océano Pacífico. Hasta allí se dirige la doctora Patricia Killian para perfeccionar lo último en realidad virtual: un programa para salvar el planeta, devastado por el insaciable apetito de la humanidad por los recursos naturales.

Crónicas de Atopía es un viaje hacia la esencia de la humanidad a través de un apocalipsis en que los seres humanos y las máquinas se funden en un mundo al borde del desastre ecológico.
 
En esta ocasión lo he copiado para advertir que pocas veces he visto una publicidad mas desencaminada y un comentario que menos tuviera que ver con el libro.

Afortunadamente las primeras páginas consisten en una introducción del propio Matthew Mather explicando la estructura del libro.

La estructura de Crónicas de Atopía consiste en cinco novelas relacionadas entre sí y un último volumen que las amalgama. Cada una de las cinco historias sigue el recorrido personal de un personaje de Atopía y se entrelaza con las demás en la construcción de ese mundo. Es importante que tenga en cuenta que los relatos de Atopía no son secuelas sino historias paralelas. Todas ellas empiezan en el mismo momento, la misma época y suceden simultáneamente, en un único mundo.

 Así que, mientras lea, no olvide, por favor, que cada nuevo relato empieza en el mismo punto temporal que el anterior y que será el último volumen el que los una a todos. ¡Que los disfrute


Hablando en plata NO ES UNA NOVELA, ES UNA COLECCIÓN DE RELATOS, que transcurren en el mismo mundo, a la vez y que en el último de ellos se explican mas o menos las relaciones entre todos. Aunque es una figura vital en el mundo de la novela, Patricia Killian sólo tiene protagonismo en la última de ellas y nunca “se dirige” a Atopia, está en ella desde el comienzo. El empeño de Mather es dejar clara la estructura del libro a sus lectores es, a la vez, triste y conmovedor. Lo segundo por su honradez, lo primero, por la baja opinión que tiene de la inteligencia de sus lectores, que le hace creer necesario explicar la estructura del libro para poder ser entendido. Mas triste todavía es que he leído algunos comentarios de gente que se quejaba de lo lioso de esta novela.

Para los admiradores de “Cibertormenta” hago saber que uno de los protagonistas es un ya anciano, aunque increíblemente bien conservado, Vince Indigo y hay un ligero flashback relacionado con ella. Es solo un guiño y, en realidad, muy bien ejecutado, realmente no hace falta haber leído “Cibertormenta” para entender “Crónicas de Atopía”. Aunque transcurran en el mismo universo, son tipos diferentes de historias, con muy poco en común, casi diría que adecuadas para públicos diferentes.

Dicho todo esto, vayamos a lo que de verdad importa ¿que tal está? Bueno, no está mal. Desde mi punto de vista, Mather ha subido el nivel de un modo impresionante desde “Cibertormenta”, pero hay que tener en cuenta la pobre opinión que ésta me mereció. El peor aspecto, siguen siendo los personajes. Parece que Mather se esfuerza en evitar los héroes estereotipados cortados por un mismo patrón y trata desesperadamente de que sus protagonistas sean seres humanos, pero solo consigue que sean seres humanos estereotipados cortado siguiendo un patrón inspirado en los telefilmes de sobremesa. Concebidos por el autor como patrones de género (es decir, como reglas) en vez de lo que son: trucos baratos. Nada nuevo para los lectores de “Cibertormenta”, pero, lo que en aquella novela resultaba insufrible, funciona bastante bien dentro de un relato. El lector reconoce rápidamente la etiqueta que Mather ha adjudicado a cada personaje, la mujer de negocios obsesionada con el trabajo, el marido que descuida a su esposa, el joven cabeza hueca, y eso le permite al autor ahorrar tiempo de presentación e ir directamente al fondo de la cuestión.

La mitad de los relatos funcionan como episodios de “Twilight zone” o “Outer Limits”, el protagonista realiza un pacto faústico encubierto, por medio del uso de una nueva tecnología y su abuso de la misma acabará trayendo la tragedia o el castigo sobre él. Una visión harto desconfiada de la tecnología que ya estaba en la primera obra del autor.

Ideologías aparte, los dos primeros relatos, aunque previsibles, me han parecido modélicos, ideas interesantes desarrolladas hasta su conclusión lógica y terrible. Las cosas se empiezan a torcer en el tercero, precisamente el protagonizado por Vince Indigo, no porque la idea no sea buena, es casi genial, sino por lo mal desarrollada que está. La eterna huida de la muerte del protagonista debería ser algo desesperante, pero, si Vince Indigo la siente, no lo hace el lector, Mather no consigue, puede que ni siquiera intente, transmitir su angustia al lector y la pifia por completo en el final, inexistente, por tratarse de una historia estrechamente relacionada con la conclusión del libro, sacrificando la parte por el todo.

Entonces llega Bobby Baxter y las cosas se tuercen del todo. A raíz del final sospecho que Mather intenta que el personaje sea simpático, pero, precisamente por eso, a mí me resulta insufrible, pero sobre todo, el libro se tuerce porque durante la mayor parte de esta interminable historia, no ocurre absolutamente nada. Este relato es usado por Mather para presentar a unos cuantos personajes y como escaparate para mostrarnos las múltiples aplicaciones de la tecnología, fundamentalmente lúdicas que pueblan su futuro. Hay imaginación y hay sentido de maravilla. La aparición de los “trolls” es para partirse de risa, pero a pesar de ello, cansa. Las experiencias con realidad virtual (¿porqué la llaman sintética, me he perdido algo?) que pueblan algunas novelas modernas me recuerdan mucho a las novelas de los años sesenta y setenta que contaban experiencias con drogas ficticias, parecen entusiasmar al mismo público y me resultan igual de aburridas. Así y todo, el final es excelente y no solo porque por fin se acabe.

Nancy Killiam no aporta mucho, aunque protagonice uno de los momentos mas chocantes y sorprendente y de William McIntyre hay poco que contar, vuelve a seguir el esquema ya referido de abuso de tecnología con terribles consecuencias. Su historia no está mal, pero soy incapaz de tomarme en serio algo que termine con eso tan manido de “tenía que perderlo todo para darme cuenta de lo que realmente importa en la vida”.

De la parte final, cuanto menos diga mejor. Hay algunos esperables giros inesperados y es bastante entretenido. Confieso que el final me tuvo bastante absorto, a pesar de la impericia de Mather para crear un clímax, que me hacia desear abandonar la lectura cada vez que empezaba uno mas de sus breves capítulos. Por desgracia, los lectores que hayan llegado hasta aquí se encontrarán con que, justo cuando por fin parece que estamos en medio de una novela, esta termina. Habemus saga, efectivamente. Ya existe una segunda parte, que al parecer concluye sin que termine nada y Mather ya está preparando la tercera.

Según las páginas finales, Mather tiene amplios conocimiento en ciberseguridad, nanotecnología computacional y otra muchas cosas. Por desgracia, no aplica dichos conocimientos al libro, excepto como fuente de inspiración. Los “inteligentículos” de su obra resultan una especie de llave mágica que sirve para absolutamente todo, incluido predecir el futuro o explorar líneas alternativas. Seguramente en los siguientes tomos proporcionarán poderes extrasensoriales y viajes en el tiempo. No me parece que se trate para nada de ciencia ficción hard, a menos que se me haya escapado algo, ni siquiera se aclara en ningún momento de donde sacan los ordenadores la potencia de cálculo necesaria para generar la realidad “sintética” y si alguien me dice que del cerebro humano, me pego un tiro. Funciona sin embargo como una fantasía agradable, que no por ello deja de tratar temas muy serios y muy preocupantes para nuestro futuro inmediato.

No es un mal libro. Hay en el un despliegue de imaginación muy disfrutable y un batiburrillo de ideas bastante fascinante. No me disgustaría leer la continuación, aunque no la espero con ansía precisamente, pero eso sí, Matthew Mather necesita urgentemente pulir sus defectos como narrador. Que vaya a un curso de escritura creativa o se busque la vida, pero que, por favor, deje de inspirarse en los culebrones de televisión y en los seriales para toda la familia. Si no lo hace, corre el riesgo de convertirse en otro Robert Sawyer.

viernes, 13 de mayo de 2016

“Los que sueñan” de Elio Quiroga




Sospecho que me va a ser imposible evitar los spoilers en esta reseña, aunque no es tan grave si tenemos en cuenta que alrededor de un centenar de páginas ya te son “spoileadas” por la publicidad. Como todo el mundo que se haya informado sobre esta novela sabe, empieza como una historia de fantasmas. Dante Tejero vive con su mujer y su hijo en un solitario e idílico refugio alpino, en el que todo es perfecto, salvo una esquina de la cocina que parece un agujero hacia otras dimensionas, esquina que olvida una vez aparta la vista de ella. Y salvo las terroríficas visitas que empieza a tener su hijo.

Esta parte me ha hecho recordar algunas declaraciones que creo haberle leído a Rodolfo Martínez a propósito de su novela “Los sicarios del cielo”. En ellas afirmaba haber empezado la novela como una historia policíaca para que los lectores ajenos al mundillo fantástico se fueran enganchando y, cuando los elementos sobrenaturales se apoderaran de la trama, estuvieran ya tan absortos que se vieran obligados a terminarla.

Pues bien, Elio Quiroga empieza la novela como un estereotipado thriller fantasmal y, si los lectores quieren comprender lo que de verdad ha pasado, no les queda mas remedio que seguir con la lectura cuando se transforma en una compleja historia de ciencia ficción , casi ciencia ficción dura, de esa que está tan plagadas de explicaciones y cosas raras.

Mis sentimientos hacia esta estrategia son ambivalentes. El prologo funciona bastante bien como gancho, pero, para ser un gancho, dura demasiado, es casi del tamaño de un bolsilibro y a pesar de su longitud, falla en crear una auténtica empatía con los personajes. Dante tiene un pase, pero su hijo y Dana son meros esbozos. Es algo que tiene su explicación mas adelante, pero que, tomado aisladamente, evita una auténtica conexión con los personajes. Todo tiene su razón de ser. Como ya he dicho, esta parte es bastante larga, aunque no llegue ni a un cuarto de la extensión total de la novela. Desarrollar a los personajes para que lleguen a importarnos algo requeriría incluir mas diálogos y profundizar en su pasado, lo que habría extendido la duración de lo que, a fin de cuentas, no es mas que un prologo a la de una novela completa, así que Quiroga tira de estereotipos perfectamente reconocibles en un centenar de películas de terror, el niño en peligro y la madre abnegada, esperando que el lector los asuma sin mas esfuerzo. Funciona hasta cierto punto.

Terminado el prólogo, empieza de verdad la novela. En sus capítulos, numerados en binario se nos describe un mundo en el que la posibilidad de cargar la personalidad en ordenadores cuánticos que generan paraísos virtuales a volcado la humanidad hacia la muerte. Entre la realidad, gris y anodina en el mejor de los casos y dura y cruel en el peor y la perfección de la vida simulada, el grueso de la población elige esta última. Se suceden los suicidios en masa, se trabaja solo para conseguir lo suficiente para pagarte un paraíso privado. Los servicios se colapsan, también la economía, excepto para la empresa que genera los paraísos privado y las religiones organizadas desatan la guerra contra ella. La descripción de este mundo y la narración de como se ha llegado a él es lo mas atractivo de la novela. Al igual que en “Los códices del apocalipsis”, a los que por cierto auto homenajea brevemente, Quiroga demuestra que se le da bien construir el entramado que sostiene a sus novelas. Sabe desarrollar una premisa hasta sus últimas consecuencias y no le da miedo documentarse para justificar sus especulaciones. La plasmación de sus elucubraciones en palabras es una tarea titánica, excesiva incluso.

Por ejemplo, en páginas grises, incluye un ensayo completo, supuestamente escrito por el protagonista, Dante Tejero, sobre los principios básicos de la tecnología que permite el traspaso de la conciencia a un ordenador, junto con disertaciones sobre matemáticas, la evolución, las religiones y casi cualquier otro tema que se ponga a tiro. No soy un lector habitual de ensayo. Me ha parecido mas o menos interesante, aunque he encontrado que tiende a repetir demasiado algunos conceptos, la machacona insistencia con las máquinas multinivel, por ejemplo. El caso es que interrumpe la lectura durante un buen puñado de páginas, no tiene consecuencias directas sobre lo narrado y mucho de su contenido ya ha sido explicado antes. ¿Cuál es entonces, el propósito de todo esto? Yo hice el esfuerzo de leerlas, a pesar de que su diferente color hace que sea fácil saltárselas y proseguir la lectura, cosa que incluso parece recomendar el autor a su principio. Si Elio Quiroga estaba orgulloso de haberlo escrito, debería haberlo incluido como apéndice al final y copiar a lo largo de la novela los fragmentos que encontrara relevantes para aportar información vital. Cada página debería sumar, pero estas restan, son anticlimáticas, despojan al relato de toda la emoción que se ha estado construyendo hasta entonces, en el peor momento posible.

La novela peca de una cierta desmesura, como si el autor estuviera tan orgulloso de cada una de las ideas que había tenido, que tuviera que incluirlas todas. Sobran páginas. Se da información innecesaria y, a veces, repetida. ¿Qué necesita había de conocer a los videntes encerrados en la mazmorras del vaticano? ¿Que función tienen en la historia, aparte de un segundo guiño, más explícito a “Los códices del apocalipsis”? La calidad de la escritura ha mejorado sensiblemente con respecto a esa novela, pero todavía muestra alguna debilidades. Algunos personajes, como el guardia suizo de las fuerzas especiales, siguen siguen sin ser relevantes ni aportar nada a la novela. Las motivaciones del villano guardan un sospechoso parecido con las del “malo” de “Los códices del apocalipsis”. Hay que tener cuidado de no repetirse. Durante el prefacio, cuando los personajes se llevan un susto, se insiste reiterativamente en lo terrible que es su miedo. Subrayar que el miedo que posee a los personajes es muy grande no significa que se transmita esa sensación de miedo al lector, todo lo contrario. Esa falta de sutileza se comunica al resto de la novela, Quiroga prefiere siempre explicar que mostrar y peca de apresuramiento. Salvo Dante, los personajes carecen de vida interna y algunos momentos parecen improvisados sobre la marcha.

Es bien sabido que la muerte de un personaje nos afecta mas si lo conocemos que si es un desconocido. Si los padres de Lara hubieran aparecido en algún momento antes de que esta pierda el contacto con ellos, si ya supiéramos lo fuertes que son sus lazos emocionales con ellos, su pérdida resultaría mucho mas emotiva. Este tipo de cosas no son de recibo en una novela, con lo largo que es el proceso de escritura y la de oportunidades de corregirlas que hay.

Lo mismo pasa con Dana, que no aparece hasta el final. Sabes que era maravillosa porque se nos repite que era maravillosa y que Dante sufrió mucho por su pérdida, porque así se nos dice. Su pérdida ha convertido a Dante en lo que es, pero no podemos comprenderla porque no sabemos nada de ella como persona. No hay ni un diálogo, ni un recuerdo conmovedor. No podemos sentir su pérdida No hay conexión emocional con ninguno de los personajes. Ni siquiera con Dante. Si bien es cierto que solventar estos problemas habría aumentado mucho la extensión de una novela ya de por sí amplia y que ignoro si este desapego hacia los personajes es buscado o no, pero si lo es, no es una opción narrativa con la que simpatice.

Un conocido del trabajo me ha comentado que lo que mas le ha gustado de la novela era su impredecibilidad. Según él, a medida que vayas leyendo una novela la encajas en ciertos moldes y te haces una idea de hacia donde esta progresando el argumento. En “Los que sueñan” no tenía ni idea de hacia donde iba a dirigirse la historia, pero estaba tan enganchado que eso no le importaba en absoluto. Parece un buen cumplido. A mi lo que mas me ha gustado a sido su complejidad. Sus múltiples registros, la complejidad de sus variados escenarios, su ambición temática. En su ambición, que no en las formas, me ha recordado ciertas obras de Víctor Conde, otro autor que parece pensar que una historia debe empezar con el fin del mundo y, a partir de ahí, ir subiendo de intensidad. Creo que Elio Quiroga ha echado el resto en esta novela, que ha volcado en palabras una parte gigantesca del total de sus intereses y conocimientos. El imperfecto resultado dista muchísimo de ser redondo, pero es terriblemente atractivo y es otra de esas ocasiones en que el premio Minotauro parece completamente merecido.

Quería acabar el post poniéndome pedante, pero no encuentro la cita que quería hacer. Me suena que era sobre “Moby Dick”. La cita decía algo así como que era una obra fallida, pero que magnífico fracaso.






viernes, 6 de mayo de 2016

¿Sequía u oportunidad?

Esta semana no tengo ninguna reseña que hacer, es lo que tienen los puentes, menos trayectos en metro se traducen en menos tiempo de lectura y, quieras que no, mi capacidad lectora tampoco es ilimitada, así que he decidido hacer uno de esos posts breves destinados a cubrir el expediente y que la gente vea que el blog sigue actualizándose.

De un tiempo esta parte, no pasa post sin que me queje de la ausencia de novedades de ciencia ficción para adultos. Este año la cosa pinta bastante mejor. Hay unas cuantas obras a priori interesantes que tienen fecha de publicación prevista para este año. Por de pronto, se ha publicado “Aurora” que, a pesar de que trata el tema de las naves generacionales, uno de mis favoritos, no voy a leer a corto plazo, porque Kim Stanley Robinson no es santo de mi devoción. Y “Los astronautas” de Stanislaw Lem. Aún no soy su fan, pero “Retorno de las estrellas” ha estado a punto de convertirme en uno para siempre.

El caso es que podría considerarse que la ausencia de grandes autores extranjeros podría considerarse como una gran oportunidad, para que los autores españoles se dieran a conocer. En las editoriales pequeñas o en las ediciones auto publicadas, la cantidad de obras de ciencia ficción con nombres hispanos es inmensa. Basta por echarle un vistazo a
https://lektu.com/t/ciencia-ficcion/1

para encontrarse un amplio surtido. El problema, por supuesto, es darse a conocer, con tal caudal de publicación, quien sabe como separar el grano de la paja. He leído muy buenos comentarios de “Proyecto Marte”

http://dondeterminaelinfinito.blogspot.com.es/2016/01/proyecto-marte-de-l-j-salart.html

pero, de todos lo demás, no conozco ni eso, salvo por los autores ya consagrados, son auténticos desconocidos para mí, sobre su calidad o falta de calidad solo puedo especular.

A veces me da miedo que esta situación dure para siempre, que llegue un momento en que los aficionados a la ciencia ficción nos habituemos a encontrar nuestro sustento solo dentro de las fronteras de nuestro país, en proyectos auto publicados, y las editoriales consideren económicamente inviable comprar los derechos de obras extranjeras para saciar a un público auto suficiente. ¿Porqué miedo? ¿No sería la gran ocasión que todos hemos esperado?

No, para empezar, no creo que seamos tantos lectores como para poder dar de comer a nuestros autores y también porque el aislamiento nunca es bueno para ningún tipo de manifestación artística o profesional. Es comprensible y encomiable sentir interés por la obra de la gente de nuestra comunidad, pero, para crecer y evolucionar hay que mantenerse en contacto con otros trabajos, cuanto mas variados mejor. Hay que conocer las nuevas corrientes, aunque sea para ignorarlas por completo. Hay que mantenerse al día de las nuevas preocupaciones, los nuevos temas, los nuevos enfoques…

Casi todos los aficionados a la ciencia ficción llevamos dentro de nuestros corazones el espíritu de un escritor que intenta salir a la luz (si lo sabré yo) Nada me gustaría mas que de entre esa multitud de espíritus surgieran grandes autores, pero para eso es necesario que no nos convirtamos en una comunidad cerrada en si misma, que solo se alimenta de lo que ella misma produce y produce una y otra vez lo mismo.

PD Para los intrigados por mi comentario “Proyecto Marte” puede encontrarse aquí.

https://lektu.com/l/el-astronauta-imposible/proyecto-marte/1791

Yo aún no me he decidido a adquirir el libro, así que no puedo opinar sobre él.