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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

viernes, 28 de octubre de 2016

“Regreso a la isla del tesoro” de Andrew Motion





El tesoro que Jim Hawkins y sus compañeros encontraron fue tan grande que no pudieron cargarlo por completo en la Hispaniola, debieron conformarse con el oro y abandonar la plata. En esta novela, Jim Hawkins Jr. Y Natty Silver, hija del mismísimo John Silver, emprenden un nuevo viaje a la isla del tesoro, para recuperar la plata.
Escribir una continuación de “La isla del tesoro” una novela mítica, reverenciada con cariño por cuantos la leyeron en su niñez o adolescencia, es una tarea de la que es imposible salir bien librado. Hagas lo que hagas, un coro de voces iracundas clamará que has violado su niñez. Como mucho obtendrás, a regañadientes, una alabanza desdeñosa, del estilo “no está mal, pero no puede compararse con el original”.

“Regreso a la isla del tesoro” no está mal, pero no puede compararse con el original.

El comienzo me dolió, debido a la imagen que muestra de un Jim Hawkins adulto. Le encontramos viviendo en una posada, exactamente igual que antes de que empezara su aventura. Después de desperdiciar parte de la fortuna obtenida en ella, ha acabado sus días regentando una posada, exactamente lo mismo que hacían sus padres. Se emborracha continuamente y pasa las noches contando la historia de la búsqueda del tesoro a sus parroquianos una y otra vez, consumido por la decepción de que su vida, que empezó de modo tan prometedor, con peligros y tesoros, haya acabado consumida por la rutina, mediocre y decepcionante como la de cualquier hijo de vecino.

Tan verosímil que duele. Este retrato tan poco halagüeño de Jim Hawkins no me parece un defecto, tristemente, me parece un acierto, por que, como ya digo, resulta muy creíble. Según Andrew Motion, John Silver el largo no ha acabado mejor, por cierto.

El principal defecto de la obra, en mi opinión, es el estilo elegido. No porque Andrew Motion escriba mal, la verdad es que escribe muy bien, sino porque el estilo no es adecuado para lo que se cuenta. ¿Hay por ahí algún carroza de mi edad que recuerde la serie de televisión “Aquellos maravillosos años”? En dicho show, cuando la voz en off de Kevin Arnold recordaba su niñez, cualquier acontecimiento irrelevante era elevado a la categoría de rito de madurez, un cambio de profesor, la mesa en la que te sientas en el comedor, las clases de conducir, las fiestas a las que asistes… El narrador era capaz de tirarse minutos y minutos reflexionando sobre cualquiera de estos hechos y encontrar en ellos profundidades filosóficas abisales. Andrew Motion sigue una estrategia parecida, el incidente mas nimio ha de estar cargado de significado, la frase mas causal posee matices que han de ser analizados meticulosamente.

La consecuencia es evidente, si Jim no puede saltar un charco sin quedarse embobado ante él durante varias páginas, dada la cantidad de millas náuticas que separan Inglaterra de la isla del tesoro, el ritmo ha de resentirse necesariamente. El énfasis y los subrayados de Andrew Motion consiguen captar la atención y disimularlo hasta cierto punto, pero la verdad es que, durante mas o menos la mitad del libro, no pasa absolutamente nada. Si juntamos todos los fragmentos, las aventuras de los protagonistas deben ocupar menos de la mitad de la novela, pecado imperdonable en una novela de aventuras.
 
En la novela de Robert Louis Stevenson (por cierto uno de los personajes es un gaviero escocés de apellido Stevenson) cada acontecimiento era un paso adelante en la trama, lo supieran o no sus protagonistas. En la de Motion, cada acontecimiento es estanco, puede ser relevante en sí mismo, pero no guarda relación con los demás. Capítulos enteros podrían suprimirse sin que el argumento sufriera lo más mínimo. Pienso en concreto en cierto baño con leones marinos, totalmente gratuito. Excepto por una recogida de reptiles, todo ese capítulo no es mas que relleno, motivado porque el autor se cree en la obligación de tener a los protagonistas haciendo algo, hasta que llegue el día siguiente y el momento de recoger la trama. El breve sub argumento con el sobrino de Israel Hands promete brevemente cambiar las cosas, pero es un espejismo que se desvanecerá sin repercusiones. Durante el viaje de la Hispaniola, sus pasajeros van siendo envueltos en una trampa mortal. Durante el el viaje del Silver Nightingale, los pasajeros contemplan a unas ballenas.

La intriga y el suspense están ausentes por completo y hay muy pocas sorpresas. El ritmo de lo narrado solo se sostiene en la parte central, pasada ya la primera mitad del libro, diría yo. Los personajes tampoco son particularmente brillantes, el trío de malvados antagonistas resultan en el fondo meros estereotipos: el megalómano, el asesino siniestro y el inútil. El bondadoso capitán Nightingale resulta quizá el mas memorable. Son defectos sufribles, no obligan a abandonar la lectura, pero no hacen de ella una experiencia memorable. Es un libro muy fácil de olvidar.

Apenas ha pasado una semana y el argumento ya empieza a borrarse de mi cabeza. Paradójicamente, lo que mas me ha impresionado ha sido la prosa de Andrew Motion. No me gusta el estilo que usa, los grandes autores son capaces de explicarse y provocar emociones en sus lectores sin tanta retórica, sin tanta complicación. Sin embargo, lo hace bastante bien, su lenguaje me ha parecido el mayor atractivo de la novela, pero no me ha gustado tanto como para dedicarme a buscar otras obras suyas, que además son de poesía. No me gusta como escribe, aunque está bien escrito. ¿Recomendaría el libro a otra persona? Me duele ser tan duro, sobre todo cuando he elogiado libros mucho peor escritos, pero creo que mi respuesta sería: rotundamente no. Lo mas llamativo del libro es su estilo y no es un estilo adecuado para la historia que pretende contar.
 

viernes, 7 de octubre de 2016

“El mar quebrado” de Joe Abercrombie

 
 
 
 
—¿Quieres que te narre un relato?
 
—¿Qué clase de relato, hermano Yarvi?
 
—Un relato de sangre y engaño, de dinero y asesinato, de traición y de poder[...]
 
—Son los únicos que me gustan. ¿Salen elfos? ¿Dragones? ¿Trolls?
 
 Yarvi negó con la cabeza.
 
—Las personas pueden hacer todo el mal que queramos.
 
—Tienes razón de nuevo. [..]
 
Este fragmento de dialogo del último capítulo de “Medio rey” define perfectamente la trilogía del mar quebrado. Un relato de fantasía, sin fantasía, sin magia, sin criaturas extrañas. Solo seres humanos imperfectos, capaces de lo mejor y de lo peor, traicioneros, vengativos, sanguinarios y crueles. Ocasionalmente leales y abnegados. Abercrombie aporta grandes dosis de realismo a la fantasía heroica. Fantasía heroica sin héroes. Fantasía épica sin fantasía y sin épica, casi pacifista. Hay grandes batallas en cada uno de los libros que la componen, pero no gloria, solo miedo, horror y sangre. Hasta me he sentido tentado de etiquetarla como ciencia ficción, cosa que es técnicamente cierta. Y todo eso lo hace dentro de lo que ahora han dado en llamar “young adult”, literatura para jóvenes, adolescentes algo crecidos, a los que puede atragantárseles una visión del mundo tan poco idílica.
 
La estructura de la serie se basa en la pluralidad de puntos de vista, que se van abriendo como un ramillete. “Medio rey” transcurre desde los ojos de un único personaje, en “Medio mundo” son dos, y en “Media guerra” tres. Atento a su público, los protagonista son todos jóvenes en la difícil encrucijada de pasar de adolescentes a personas adultas, buscando su sitio en un mundo que empiezan a comprender y afrontando decisiones que les cambiarán para siempre. Los personajes principales de cada libro no se repiten, lo que no evita que aparezcan en libros posteriores, contemplados desde el punto de vista de los nuevos protagonistas.
 
El personaje principal es Yarvi, un joven príncipe nacido con una mano deforme que lo incapacita para usar una espada y que se ha formado como clérigo. Cuando su padre y su hermano son asesinados por sus enemigos, jura vengarse de los responsables. La serie en el fondo es la crónica de como lleva a cabo su venganza “astuciosamente” y como se transforma en una persona cada vez mas despiadada.
 
Con sus largos viajes, los dos primeros libros me han recordado mas a los clásicos de las novelas de aventuras decimonónicos que al “Señor de los anillos” o a las novelas de fantasía mas modernas y lo considero un cumplido, además de un soplo de aire fresco. A su modo las dos son estupendas novelas de aventuras. La escena de la muralla de escudos de “Medio mar” es digna del mejor Bernard Cornwell. El tercero, como su título indica, es el volumen mas bélico de la trilogía y, en mi opinión el mas flojo. Por un lado, los personajes resultan menos veraces. En el fondo, todos los personajes de la serie son bastante tópicos, pero en los dos primeros libros Joe Abercrombie consigue trascender esos tópicos, consigue que el lector se los crea y los asuma como personas y no como estereotipos, mientras que en el tercero, aunque ronda el éxito en varias ocasiones, la magia no termina de producirse. Yo al menos no me los creí y no terminé de preocuparme por ellos. Segundo y mas importante, resulta algo apresurado.
 
Hay batallas en las que se decide el destino de reinos, se enfrentan enormes ejércitos y se destruyen ciudades y todo ello se cuenta en muy pocas páginas, de un modo correcto, pero poco impactante. Mucha gente le echa la culpa al target de público “young adult” al que la serie va dirigida. En cualquier caso es un final mas que correcto, en el que se atan todos los cabos sueltos, con alguna sorpresa y consecuencias desagradables para muchos de los protagonistas. Lo mas importante de todo, coherente con la evolución psicológica de los personajes, de modo el destino al que llegan es al que les avocaban sus personalidades. Aún así es un pobre contraste con el final de los dos primeros, en los que Abercrombie juega con los tópicos para trascenderlos. Cuando todo parece dirigirse en una dirección y el lector está esperando el inevitable triunfo de los héroes, las cosas cambian y el autor nos da gato por liebre, pero de un modo que resulta sorprendentemente lógico.
 
Ha sido mi primer contacto con la obra de Joe Abercrombie y lo he encontrado mayormente positivo. Es un autor con un buen pulso narrativo, talento para los diálogos y habilidad para confeccionar personajes, aunque sean esquemáticos. Lo mejor, siempre muestra las dos caras de la moneda y las consecuencias de las acciones de los protagonistas. Los enemigos no son una muchedumbre de orcos sin nombre, sino personas, con sus virtudes y sus defectos. En esta trilogía, cuando los “buenos” toman una ciudad, prenden fuego a las casa de los civiles y los venden como esclavos. Cuando la lucha termina, los reyes y reinas pasean por los campos de batalla cubiertos de cadáveres, los hospitales de campaña y las ciudades en llama y son conscientes de que ésa es su obra, independientemente de los motivos que tuvieran en un primer momento. De haberla leído con la edad del público a la que va dirigida, esta trilogía me habría abierto los ojos y habría cambiado mi visión del mundo. Lo peor, un cierto abuso de los lugares comunes, que hace muy previsible la historia en ocasiones.
 
 Lo peor: el desencuentro amoroso adolescente entre Brand y Espina en el segundo libro.