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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

domingo, 20 de agosto de 2017

“Luna: Luna de lobos” de Ian McDonald


Esperadísima continuación de “Luna: Luna nueva”, continúa las aventuras de la familia Corta. “Luna de lobos” tiene el típico problema de las continuaciones: el elemento sorpresa se ha perdido, por más interesante que sea el mundo en el que transcurre, ya nos lo conocemos. Por otro lado, cuenta con la ventaja de que la historia ya está en marcha, puede ir al grano sin perder tiempo en presentaciones ni explicaciones.

Bueno, un poco explicaciones y presentaciones sí que hay, ha pasado un año y medio y en la primera parte del libro se recapitula que ha sido de los personajes y, con hábil y sádica mano, Ian McDonald se guarda para el final aquellos por los que el lector estará más interesado. Algunos ganan en humanidad y otros son dejados de lado. Por ejemplo, el personaje de Marina Calzaghe , tenía como función en “Luna nueva” ser los ojos del lector, que descubría a través de ellos el mundo lunar. Eso, y también salvar el día, de vez en cuando, con su rapidez de reacción y su valor. Como el mundo ya está presentado, en “Luna de lobos” ha perdido su función principal y pasa un discreto, no segundo, sino tercer plano, aunque deje a su paso una escena conmovedora.

Por el contrario, tenemos mucho más del lobo Wagner, con una cierta profundización en la cultura lobuna, a Lucasinho, personaje al que al principio tenia cierta tirria, pero que, a base de acumular tantos y tantos defectos, al final me es casi imposible no quererlo y, además, protagoniza uno de esos “momentos McDonald” para el recuerdo: párrafos y párrafos hablando de tartas. Puede hacerse cansino, pero acabó haciéndome gracia. Y, por supuesto, tenemos a Lucas, cuyo periplo terrestre nos permite conocer un poco mas la Tierra de este mundo futuro, analizado desde un punto de vista selenita, lo que nos permite comprender mejor la Luna ficticia y satirizar el mundo real.

Mas que una continuación, casi podríamos hablar de una prolongación, “Luna de lobos” no tiene sentido sin “Luna nueva” y es absurdo intentar leerla sin haber leído la anterior. Por otra parte, es casi de obligada lectura para los que la leyeron, como lo será una hipotética tercera parte. El estilo de la narración es coherente con la primera parte y no sorprenderá a los lectores, aunque algunas decisiones de Ian McDonald siempre resulten peculiares: dedica más tiempo a los recuerdos de infancia de un personaje que a un golpe de estado, a la música que escucha Lucas durante su entrenamiento para aclimatarse a la gravedad terrestre que al propio entrenamiento, dedica varios capítulos a presentar un personaje nuevo, que, aparentemente, no tiene nada que ver con la trama (aunque acabará siendo vital), se centra en los que padecen una crisis (bien por su ética) en lugar de en los que la provocan o gestionan, lo que tiene el inconveniente de que el lector no sabe lo que está pasando. Y dedica muchas, muchas frases a describir un aparato sexual masculino.

Diría que en comparación con el primer volumen, hay menos ideas y pasan menos cosas, pero las que ocurren se viven con mas intensidad. En este volumen, la aventura prima sobre la intriga. Ya he mencionado una cierta crisis. Gran parte de la novela consiste en los protagonistas intentando sobrevivir a esa crisis. Esta parte de la novela, cuajada de escenas espectaculares y dramáticas, aventaja a su predecesora en emoción y en acción. Sin duda el hecho de haberlo leído durante el periodo de jornada continua de mi trabajo ha influido en ello, pero hacía tiempo que no me veía tan absorto por la lectura de una novela, mas que leerla, la he devorado.

Recuerdo que en los comentarios de mi reseña de la primera parte Alb definía “Luna: Luna nueva” como “Un culebrón, sí, pero de primerísima.” Bueno, pues después de consumir la segunda temporada, me temo que ya estoy absoluta y completamente enganchado.
 

martes, 15 de agosto de 2017

“Jagannath” de Karin Tidbeck



Personalísima e inclasificable colección de relatos, que me confieso incapaz de enjuiciar.

Por un lado, reconozco mi admiración por el buen hacer de su autora. En estos relatos no sobra ni una coma. Son relatos breves que llegan a su conclusión ¿lógica? ¿apropiada?, sin que, a pesar de su brevedad, se produzca sensación de alguna de apresuramiento. Todo fluye al ritmo adecuado para lo que se está contando. Su estilo es transparente, sutil. No hace alardes ni subrayados: aparentemente se limita contar objetivamente lo que está sucediendo y crear esta ilusión de objetividad es uno de los mayores desafíos a los que se puede enfrentar un escritor. Su imaginación es portentosa. Prácticamente todos los relatos son sorprendentes, nunca utiliza clichés ni tópicos y algunos de sus ideas son asombrosas. También me encanta el modo en que Karin Tidbeck es capaz de dar la vuelta a sus argumentos, la sencillez con la que se las arregla para introducir el elemento fantástico en un relato costumbrista, para lo que, en una ocasión, le basta el sonido de unas campanillas.

Pero por otro lado, entre tantas cosas buenas, a veces tengo la sensación de que me están tomando el pelo. Si todos los relatos son desconcertantes, algunos de ellos lo resultan demasiado para mi gusto, como el que abre el volumen, que contiene la famosa descripción erótica de un dirigible, o el insustancial Her Cederberg, para mi gusto el peor del libro, que basculan en la delgada línea que a veces separa la genialidad de la chorrada.

lunes, 7 de agosto de 2017

“36” de Nieves Delgado


Historia de la vida y la evolución personal de una inteligencia artificial, “36” es un brillante alegato en contra de los prejuicios y la estrechez de miras de la raza humana. Nieves Delgado propone un mundo en que las inteligencias artificiales conviven con la raza humana sin llegar a estar a la altura de sus expectativas. Aunque súper inteligentes, su modo de pensar es tan ajeno al humano que no comparten nuestras motivaciones ni objetivos. Al contrario que en Star Trek, su objetivo no es ser humano, ni piensan que ser humano sea algo extraordinario. No les preocupa el éxito social, ni la riqueza, ni el sexo, ni el afán de conocimiento, ni, a la postre, la auto preservación. Y los seres humanos no pueden soportar que no compartan sus puntos de vista.

Es una especulación muy interesante y está muy bien explicada. El problema es que fuera del desarrollo de esa especulación, el volumen carece de interés. El hilo narrativo que lo sostiene es muy frágil, no logra involucrar al lector y cuando, finalmente, empieza a ponerse interesante con un misterio, es cortado en seco, interrumpido por listados de hilos de redes sociales.

“36” contiene algunos ataques muy certeros a las obsesiones del ser humano, como son la comida y el arte. En algún momento se habla de la adicción al melodrama de nuestra especie. Sin embargo, para ser mas disfrutable, esta novelita habría necesitado de un poco más de melodrama.

lunes, 31 de julio de 2017

“Rubicón” de J.G. Mesa


La contraportada de esta novela corta nos cuenta, que, cuando la Tierra está a punto de ser destruida por el impacto de un meteorito, el enloquecido capitán de una nave espacial se empecina en no abandonar el planeta hasta conseguir capturar vivo un ejemplar de león africano para su colección de depredadores. Esta sinopsis es el principal problema del volumen, porque es tremendamente atractiva. Hace que uno se imagina una especie de “Moby Dicken el espacio, o, al menos, un “Cazador blanco, corazón negro”.

Nada más lejos de la realidad. “Rubicón” es una sencilla novelita de aventuras. Las páginas 67-68 son las únicas en las que el autor intenta meterse en la cabeza de Guillermo Nox y la verdad, me ha parecido un fragmento muy bueno. El resto de la novela, se deja leer, pero no me ha llamado especialmente la atención y le sobran algunas explicaciones, en la página 18, por ejemplo, invierte demasiado tiempo en describir y explicar como funciona el casco traductor del comandante, algo que cualquier lector se puede imaginar sólito. A lo largo del texto, aparecen otras redundancias y subrayados, que serían imperceptibles en una novela larga, pero me resultan imperdonables en un texto tan breve, en el que la concisión debería ser ley y cada palabra cuenta.

Entretiene, que es lo mínimo que hay que pedir a una historia y que no siempre se consigue, pero no deja poso ni recuerdo duradero. No me ha provocado interés por su autor. Parece el guion del episodio piloto de una serie de televisión.

lunes, 17 de julio de 2017

“Los últimos días de Nueva París” de China Miéville



Antes de empezar a comentar esta novela, permítanme que sugiera este enlace a los que la estén leyendo, o se dispongan a hacerlo:

https://medium.com/@Nicky_Martin/graphic-annotations-of-china-mi%C3%A9villes-the-last-days-of-new-paris-fb2abe8fc578

Es un enlace muy útil. Sin su ayuda puede ser complicado imaginar las portentosas imágenes que evoca la prosa de China Miéville, a menos, claro que seas un experto en el movimiento surrealista.

La mayor parte de la historia transcurre en París, en 1950. Nos encontramos en una realidad alternativa. Durante la ocupación nazi detonó algo llamado “la bomba S”. Como resultado, París está repleto de manifestaciones del arte surrealista, fundamentalmente cuadros que cobran vida, pero también de cualquier forma de arte de este movimiento. A lo largo de la novela aparecen incluso manifestaciones de poemas. La ciudad permanece ocupada por los nazis, aliados con demonios del infierno que combaten contra el arte viviente.

La historia se centra en Thibaud, último superviviente de un grupo de resistentes surrealistas, que vagabundea por la ciudad intentando huir de ella, a la vez que se nos informa de su pasado por medio de flashbacks oportunos. También hay una segunda línea argumental, que transcurre en 1940, que nos cuenta el origen de esta extraña situación.

Me dan ganas de hacerme el listo y tratar de definir el interés del libro con esta sencilla ecuación:

Surrealismo + China Miéville = Delirio

Llamativo ¿eh?, pero no deja de ser un reduccionismo estúpido.
Una vez más, China Miéville demuestra la potencia de su poderosa imaginación. “Los últimos días de Nueva París” parte de una idea mas o menos original: el arte cobra vida para luchar contra el nazismo, pero desarrollada de un modo que ronda la genialidad. Resulta increíble la labor de documentación que hay detrás de este par de cientos de páginas. La cantidad de referencias artísticas es tan alta que hará las delicias de los entendidos en el surrealismo. (Yo eché en falta alguna a Buñuel, pero no soy ningún experto) La materialización de elementos surrealistas convierte las páginas en un catálogo de paisajes oníricos, poblados por figuras extrañas y peligrosas. La ambientación es fascinante, retorcidamente hermosa y a la vez amenazadora. La prosa de Miéville va pareja a lo que describe. Sinceramente, no se que pensar sobre su estilo. He leído a mucha gente echar pestes sobre él, otros decir que es intencionadamente malo. A mi me resulta desconcertante, me provoca una sensación de extrañeza, que lo hace muy adecuado para esta obra al menos.

Resumiendo, que los adictos al sense of wonder tienen frente a ellos un bocado al que es imposible resistirse, a lo que hay que añadir que las peripecias no dan descanso en ningún momento al lector, que las persecuciones, tiroteos y combates parecen no acabar en ningún momento y que el final es excelente, la revelación y el destino final del adversario definitivo es una de esas cosas que no deben dejar que les cuenten.

Pero…

La reseña hasta aquí estaba resultando demasiado elogiosa, cuando “Los últimos días de París” tiene algunos defectos muy marcados.

Para empezar, la subtrama sobre el origen de la bomba S, es totalmente prescindible y no aporta nada al resto del relato. Parece mentira que este sea el mismo China Miéville que en “La ciudad y la ciudad” afirmaba que ni sabía ni le preocupaba como se habían llegado a mezclar Beszel y Ul Qoma.

La trama principal, la de Thibaud, tampoco es que sea gran cosa. En el fondo no deja de ser un paseo bastante largo por este mundo desconcertante que Miéville ha creado. Otra vez. Además, reaparece uno de sus peores defectos, el de descriptor exhaustivo de parajes urbanos imaginarios. Hay veces en que parece decidido a seguir página por página un plano de París, explicando detalladamente en que ha cambiado cada uno de sus distritos y sus calles. Afortunadamente para sus lectores, la brevedad del volumen lo impide.

Y esa es otra de las cuestiones que deben tener en cuenta los que piensen adquirir este libro. En realidad, “Los últimos días de París” es una novelette, a la que le han puesto un tipo de letra grande, un espacio entre línea generoso y han llenado de extras para que alcance las dimensiones que exigen su publicación en tomo. Eso no es nada malo de por sí, a mí me encantan las novelettes, mientras que los grandes tochos cada vez me cansan mas, pero se vende a precio de novela y no es el tipo de información que te ofrecen en la contraportada.

Los extras incluyen la historia de como supuestamente China Miéville consiguió la historia y un largo listado de referencias sobre los orígenes de las manifestaciones, que es muy interesante.

Por último, diré que ya llevo bastante leyendo a este autor y empiezo a ver patrones en sus historias, que eliminan el elemento sorpresa. En concreto me refiero al aliado/salvador que guarda algún secreto oscuro en su interior, que casi parece una constante a toda su obra. Miéville debería tener cuidado con eso, si no quiere volverse repetitivo y eso es lo último que debe desear alguien que se esfuerza tanto por ser original. Cierto que, si “Los últimos días de Nueva París” me ha recordado a alguna obra anterior de Miéville, sería a “El azogue”, con la que guarda algún paralelismo, aunque creo que “Los últimos días de Nueva París” está infinitamente mejor.

En resumidas cuentas, si tuviera que ponerle nota, por la imaginación y la ambientación, “Los últimos días de Nueva París” se merecen un diez, pero por trama y personajes no llegan al cinco, un cuatro pelado.

martes, 11 de julio de 2017

“Kirinyaga” de Mike Resnick


 

Los kikuyu son la etnia principal de África oriental y Kenya. Yo tampoco lo sabía hasta que leí este libro. Este libro cuenta la historia de una colonia kikuyu establecida en un planetoide con el objetivo de llevar una vida basada en sus tradiciones ancestrales, antes de la llegada de los europeos. El protagonista de Kirinyaga es Koriba el mundumugu o brujo de la colonia, que es también el guardián y preservador de la tradición. Koriba es un hombre ilustrado, que estudió en las mejores universidades occidentales de la Tierra y es el único que tiene acceso a las comunicaciones con el mundo exterior, por medio de un ordenador con el que puede realizar ajustes en la órbita de Kirinyaga que controlan su clima.

También es un fanático intransigente, convencido de que la menor influencia de otra cultura sólo puede ser perjudicial para la suya y lo mismo sobre la desviación mas leve de la tradición.

El libro se compone de varios relatos. Casi todos ellos siguen la misma estructura: Koriba se encuentra ante un problema o un dilema que amenaza con alterar la sociedad kikuyu que considera perfecta y maniobra, mas o menos subrepticiamente para restablecer el orden, a menudo de modo cruel.

El personaje de Koriba es un gran acierto del libro. Como ya he dicho, Koriba es un fanático, como los peores de ellos, no acepta otra visión del mundo que la propia y por tanto se la impone a su pueblo. Lo triste es que es un fanático bien intencionado, que sufre y se preocupa sinceramente por su pueblo. En una ocasión, el relato Bwana, su intervención es beneficiosa. Aunque me cuesta reconocerlo, tengo que reconocer que hay parte de verdad en sus argumentos. Podríamos incluso decir que es un hombre bueno. Un hombre bueno que, por las mejores razones del mundo, comete actos incalificables, que impiden, aparentemente, que su pueblo evoluciones y digo aparentemente, porque tras cada crisis, algo cambia imperceptiblemente, que presagia el inevitable fracaso final de Koriba.

Koriba es uno, pero el libro está lleno de aciertos. Uno de ellos es la ambientación africana, que a mi al menos me ha resultado muy exótica. Resnick describe la cultura kikuyu imparcialmente, sin ocultar ni sus luces ni sus sombras. Una cultura bien integrada con su entorno si, pero atrozmente machista, en la que se practica la mutilación genital, los ancianos y enfermos se abandonan a las hienas y los recién nacidos pueden ser sacrificados por motivos absurdos.

Otros aciertos son las fábulas con las que Koriba se explica continuamente, que también son muy atractivas y, en general, el uso de los diálogos. En esta obra al menos, el diálogo es el motor de la escritura de Resnick. Son los diálogos los que hacen avanzar las tramas y la herramienta con la que los personajes expresan sus ideas y sus sentimientos y su uso me ha parecido casi genial.

Kirinyaga se subtitula ”Fábula de una utopía” y contiene reflexiones muy interesantes sobre las mismas, su carácter transitorio, su imposibilidad o como la utopía de una persona puede ser el infierno de otra. También obliga al lector a replantearse sus propios puntos de vista y considerar ideas ajenas.

Todos estos aspectos lo convierte en “casi” una obra maestra. ¿Qué defectos tiene? Bueno, pues lo que todo el mundo ha expresado antes que yo, obviamente. No se trata de una novela, sino de un fixup de relatos publicados a lo largo de varios años. Aunque hay una evolución y todos juntos forman una historia, leídos de seguido se hace patente que todos siguen el mismo esquema y puede hacerse repetitivo. Además, también hay ciertas reiteraciones, presentaciones de personajes y detalles de ambientación, que se repiten en cada relato. No son unos peros muy grandes, pero ahí están.

Mi vena friki y cretina me obliga a señalar un detalle que asaltó mi “suspensión de incredulidad”. En el primer relato, hay un momento en que Koriba amenaza con una especie de maldición al gran jefe y este se echa a temblar. Vamos a ver, que no se trata de una persona nacida en Kirinyaga, es un emigrante, que también tiene un ordenador en su casa y habla ingles. En otros momentos se nos dice que la población original de Kirinyaga estaba formada por fanáticos de las tradiciones ancestrales de Kenya que ya llevaban un tipo de vida similar en la Tierra. Aceptemos barco, a fin de cuentas tengo amigos y compañeros de universidad bastante supersticiosos, pero me sigue pareciendo demasiado exagerado que se aterre de tal modo, aunque ese abrazo a las supersticiones sea necesario para la historia que Resnick quería contar.

El volumen se complementa con un breve ensayo y una novela corta. En el ensayo Resnick explica que un escritor no tiene porque compartir los puntos de vista de sus personajes. No hacia falta que se molestara, pero parece que hubo polémica con estos relatos. Por su lado, la novela cuenta como los masai intentan construir su propia utopía en otro planetoide, aprendiendo de los errores de Koriba. Debo incluirla entre los defectos, porque es sensiblemente inferior al resto de la obra, parece incluso escrito a toda prisa, como si Resnick hubiera redactado una serie de notas sobre los problemas con los que se encontraría una colonia masai y las soluciones que adoptarían sus integrantes, si estos no fueran unos fanáticos. Tanto problemas como soluciones son interesantes, pero es como si se limitaran a enunciarlos, sin intentar hacerlos ni preocupantes ni divertidos para el lector. Aun así, es una novelette inteligente agradable de leer, que complementa el ciclo de Kirinyaga. Mientras que en uno asistimos a las decisiones de un fanático intransigente, aquí vemos como un grupo de personas bien intencionadas y mas abiertas de miras tratan de encontrar las mejores soluciones para todos. Es divertido y da buen rollo. El final es abierto, Resnick no garantiza que todos los problemas tengan solución, ni que a Kilimanjaro le vaya a ir mejor que a Kirinyaga, pero se permite cierta esperanza, resumida en la pregunta final:

¿No se te ha ocurrido nunca que la utopía tal vez no sea el resultado final, sino el mero hecho de luchar por ese fin?

Otras opiniones, que convierten la mía en redundante (por eso las listo al final)

http://sentidodelamaravilla.blogspot.com.es/2017/05/kirinyaga-de-mike-resnick.html
http://dreamsofelvex.blogspot.com.es/2017/06/kirinyaga-mike-resnick.html






martes, 4 de julio de 2017

“El Barón de Ballantrae” de Robert Louis Stevenson


He leído a mas de una persona afirmar que, con “La isla del tesoro” aprendieron que el mal podía ser atractivo, incluso simpático. No fue mi caso, los ilustradores dibujaban a un John Long Silver tan patibulario que me resultaba difícil olvidar mis juicios preconcebidos para ver al protagonista como Stevenson lo concibió y no como lo dibujaban. En mi caso, dicha revelación ocurrió con esta novela, conocida en ediciones anteriores como “El señor de Ballantrae”.

Para los que no la conozcan, la trama empieza en Escocia, durante el levantamiento jacobita de 1745. El cabeza de familia de una familia aristocrática decide, con buen tino, que, de sus dos hijos, uno se unirá a la rebelión y otro permanecerá fiel al rey de Inglaterra. Una moneda lanzada al aire decide el destino, el primogénito y heredero James, conocido a lo largo de la novela como el barón, será quien se una al bando jacobita y el menor, Henry quien permanezca leal.

Tras la derrota de Culloden Moor el barón es dado por muerto y Henry ocupa su lugar, acabando incluso casado con la prometida de su hermano, pero el barón volverá de su tumba, para alterar y arruinar para siempre las vidas de los que lo conocieron.

Creo que esta novela no me habría afectado tanto si mi primer contacto con ella no hubiera sido la película de 1953 de William Keighley, protagonizada por Errol Flynn. Lejos de ser un clásico, es un buen entretenimiento, pero una traición absoluta a la novela que pretende adaptar. Así que, en su día, empecé a leerla esperando encontrarme una divertida historia de espadachines y piratas, para encontrarme con un melodrama, centrado en la rivalidad entre dos hermanos.

Y el barón, el personaje interpretado por el jocoso Errol Flynn, es valiente, apuesto, elegante y seductor. Soldado, pirata, viajero. Es un líder que se hace con el mando allá donde va. Es un aventurero que recorre medio mundo, incluyendo lugares exóticos como la India y el oeste americano. También es un ser amoral y traicionero. Un egocéntrico, que sólo se preocupa por sí mismo, que manipula y utiliza a las personas que lo rodean, especialmente a los que lo quieren y que se divierte jugando con ellos como títeres y atormentando a su hermano, el pobre Henry, que es un ser básicamente bueno y honrado, pero gris: silencioso, reservado, paciente y trabajador. Mientras que su hermano es idolatrado en vida y en el recuerdo por su padre, su prometida y su pueblo, Henry es incapaz de conseguir ser amado. Sus súbditos le consideran injustamente un tirano, un avaro y, mas adelante, un traidor. Su padre y su mujer le estiman y le están agradecidos, pero eso es todo. El único afecto inquebrantable con el que contará a lo largo de su vida será el de su fiel asistente, Mackellar, el narrador.

El mal es atractivo, el bien resulta aburrido.

Aunque en algunas partes hay ecos de lo mejor de la novela de aventuras, “El barón de Ballantrae” es, básicamente, un melodrama, centrado en la ya mencionada rivalidad entre los dos hermanos, y un melodrama muy poco complaciente, en el que las vidas de sus protagonistas se echan a perder sin remedio. No hay redención, ni final feliz y, lo que es peor, en su parte final, asistimos a la degradación moral y psíquica a la que las humillaciones y desgracias sufridas acaban llevando a Henry, el personaje que hasta entonces contaba con la mayor parte de las simpatías del lector.

Es tan fácil convertir en el mal eso que llamamos el bien.

Y ese trágico final... Para los que no lo conozcan, no lo comentaré, pero es un final terrible, cruelmente alejado de las expectativas del lector, en el que todo lo que puede salir mal, sale mal. Recuerdo a mi yo adolescente, cerrando el libro, intentando convencerme a mi mismo de que no había leído lo que había leído, de que eso no había ocurrido. Y sin embargo… Sin embargo era un final tan adecuado … No era el final que yo quería, no era un final que me gustara, pero era un final magnífico.

Acabando, esta es una novela para pasarlo mal y con la que se lo pasa uno muy mal. Magníficamente mal. Al releerla ahora, tantos años después, en la edición de Valdemar, siendo un lector ya muy curtido, la impresión ha sido menor, aunque ha seguido siendo alta. Uno ahora se implica menos en lo emocional y se fija mas en la técnica: la reconocida apuesta por la sencillez, el elegante modo en que el texto trasluce la impresión de que el narrador, Mackellar, es un puritano, escrupuloso y puntilloso, sin que ello incida en su legibilidad, el agradable interludio de novela de piratas, la impecable construcción de las escenas cumbre (esa partida de cartas que termina en duelo, ese desenterramiento... momentos de auténtica MAESTRÍA con bien merecidas mayúsculas)

Una gran obra, si, aunque una obra pensada para llorar y gastar incontables paquetes de kleenex, cosa que deben tener en cuenta quienes se animen a leerla.

viernes, 30 de junio de 2017

Abuelo cebolleta


 


Ayer escribí en mi reseña de "Luz de otros días":

“Luz de otros días” pertenece a ese subgénero de la ciencia ficción para el que todavía no se ha oficializado una etiqueta, que versa sobre las consecuencias y transformaciones que provoca en el mundo un descubrimiento o un invento. 
Al final del post, puse un enlace a mi reseña de la novela de Bob Shaw "Otros días, otros ojos", que escribí hace dos años y medio y que no he vuelto a repasar desde entonces. Por curiosidad, me dio por hacerlo y me encuentro con:

Tan aficionados como somos los amantes de la ciencia ficción a inventar etiquetas, es raro que entre tanto “space opera”, “hard”, “cyberpunk”, “ucronías” y “distopías” (¿Qué fue de la anti-utopías?), todavía no hayamos inventado una para referirnos a ese subgénero que narra todas las consecuencias que tienen sobre nuestro planeta y nuestras sociedades un descubrimiento o una invención, llevando la idea hasta sus últimas consecuencias.

¡Son casi las mismas palabras! ¡Me repito mas que el ajo! ¡Soy un abuelo cebolleta! ¡El alzheimer está a la vuelta de la esquina! ¡NO, AL ASILO NO, NO QUIERO IR!

Por cierto, veo que en aquella ocasión también escribí:

Como curiosidad, terminaré reseñando que Stephen Baxter y el mismísimo Arthur Clarke perpetraron un plagio-homenaje reconocido de esta novela, titulado “Luz de otros días” que tuvieron el buen gusto de dedicarle a Bob Shaw. No lo he leído, pero se dice que es mejor que el original.

Bueno, pues ya la he leído y me temo que me dejé llevar a las habladurías, la influencia es evidente, Clarke y Baxter mismos la reconocían, pero la novela de Bob Shaw se centra mas en la desaparición de la intimidad y en la posibilidad de explorar el pasado reciente, posterior a la invención del “vidrio lento” y Clarke y Baxter en la exploración del pasado, sin cortapisas de ningún tipo, remontándose hasta el origen de la vida.

Y sí, “Luz de otros días” me ha gustado mas.

jueves, 29 de junio de 2017

“Luz de otros días” de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter




A la oscura sombra de Gentry Lee, fue fácil pasar por alto esta novela en su día, como un intento más de colarnos la obra de un autor desconocido, bajo el venerable nombre de Arthur C. Clarke. Y sería un grave error, porque lo que diferencia a esta colaboración de Clarke de las que hizo con Gentry Lee o Paul Preuss, es que Stephen Baxter es un gran escritor de ciencia ficción, al que los editores españoles no han sabido hacer justicia, pero eso sería tema para otro post.

No sé hasta que punto fue estrecha la colaboración entre los dos autores. No he notado rupturas en el estilo, que, quieras que no, es bastante funcional. Yo siempre he pensado que la investigación previa a la novela y el bosquejo del argumento, se haría entre los dos y que luego Stephen Baxter escribió el libro. La nota final, tan típica de Clarke, en la que se detalla las fuentes, está escrita en plural, así que por respeto al deseo de los artífices del libro, en este post me referiré siempre a ellos como “los autores”, sin diferenciarlos. (1)

Luz de otros días” pertenece a ese subgénero de la ciencia ficción para el que todavía no se ha oficializado una etiqueta, que versa sobre las consecuencias y transformaciones que provoca en el mundo un descubrimiento o un invento. En este caso, se trata de la apertura de micro agujeros de gusano, que primero vuelven obsoletos los satélites de comunicaciones, luego acaban con la intimidad (2) y finalmente, en un giro sorprendente pero que ocurre a menos de la mitad de la novela, permiten el escrutinio del pasado.

Esta es una de esas novelas que podríamos llamar “literatura especulativa”. Hay especulaciones sociológicas, históricas, astronómicas, biológicas, puede que incluso geológicas. El hilo que tira del lector no son las peripecias que acontecen a los personajes, que las hay, sino las especulaciones sobre a lo que podrían llevar las “gusanocámaras”, sean estas posibles o no. Dicho hilo es una fuente de maravilla y continuado deleite para el intelecto. Ésta si que es una novela que he disfrutado plenamente, aunque no esté seguro de creérmela por completo: para poder espiar a una persona durante todos los momentos de su vida, se necesitarían tantos años como haya vivido esa persona y los autores solo admiten esa objeción en el proyecto que reconstruye la vida de Jesucristo.

Que por cierto, es uno de los grandes momentos de la novela y uno de muchos. La “Luz de otros días”, brilla precisamente en los grandes momentos aislados, que son legión, en sus exploraciones del espacio lejano, del origen de la vida y sobre todo, en su visión de la historia, como un puñado de mentiras que esconden la tragedia consustancial al ser humano. El momento mas brillante de toda la novela, a mi parecer, es una larga panorámica de la historia, contada hacia atrás, en la que los protagonistas se remontan por todo su árbol genealógico hasta llegar a los neandertales.

Los autores transmiten su pasión por estos temas y hasta su uso del lenguaje mejora. Estos pasajes me han parecido muy bien escritos desde un punto de vista litarario. Mucho mejor, en concreto, que los que cuentan las desgracias y aventuras de sus personajes. Dejemos claro que la novela no aburre: no paran de ocurrir cosas y son cosas importantes y cuando las cosas se complican, y hay quien tiene que huir de la ley, la historía se pone moderadamente emocionante, pero el libro nunca llega a transmitir verdadera empatía por sus protagonistas.

Kate Manzoni no deja de ser un personaje un tanto desdibujado. Al principio parece que va a ser algo así como la brújula moral del relato, pero no tarda en quedar relegada a la posición de “la chica” y posteriormente de dama en apuros. Es vergonzoso el modo en que se la quitan de en medio, justo antes del final de la novela y de la segunda, y un poco fatigosa, retrospectiva histórica.

Los verdaderos protagonistas son los Patterson, pero el padre, Hiram, no es mas que un villano iracundo, la crisis de fe de David no resulta conmovedora y Bobby, de lejos el personaje mas interesante de la novela, está muy desperdiciado. Por poner un ejemplo, la revelación ante Kate de su verdadera naturaleza, la primera revelación al menos, debería ser dramática, cataclísmica, pero, si lo es, no se transmite ese efecto al lector, quien comprende mejor a Bobby y quizá murmure en voz baja un “ahora lo entiendo”, pero, ciertamente, no se siente conmovido.

Los autores se guardan unos cuantos ases en la manga, hay algunas sorpresas muy bien colocadas, esqueletos que salen del armario y cosas así, que hacen la lectura amena. Como ya he dicho, no aburre, pero tampoco enamorará a los que vayan buscando acción, tensión emocional, complejidad psicológica o deleites estéticos. Esta es una de esas novelas de ciencia ficción en la que la parte de la ciencia es mas importante que la de la ficción y, dentro de su estilo, está muy lograda, pero no es plato del gusto de todos los paladares.

(1) En la wikipedia se dice que es una novela de Stephen Baxter, basada en una sinopsis de Arthur C. Clarke. En las reseñas que leí por internet de novelas posteriores de Clarke, abundaban los comentarios jocosos sobre como empeoraba el bueno de Arthur, cuando no tenía a Stephen Baxter enmendándole la plana.

 (2) La novela está dedicada a Bob Shaw y comparte título con uno de los relatos incluidos en su novela “Otros días, otros ojos”, en la que también se trata el final de la intimidad, cuya reseña pueden consultar aquí.

jueves, 22 de junio de 2017

“Azul, el poder de un nombre. Samidak” de Begoña pérez Ruiz. ¡No he podido!




Esto no es ni una crítica ni una reseña de la novela “Azul, el poder de un nombre. Samidak”, de Begoña Pérez Ruiz. Para hacer eso debería haberme formado una imagen completa de la obra, lo que habría requerido leerme sus 882 páginas y no he sido capaz de pasar de la 324.

Este libro me llamaba mucho la atención cuando lo veía en las librerías por los siguientes motivos: su portada, la apuesta por la ciencia ficción de aventuras que parecía prometer su sinopsis, que el autor fuera una mujer y española (aunque nacida en Francia), que una editorial hubiera apostado por una primera obra tan voluminosa, que aparentemente estuviera teniendo éxito y que fuera gloriosamente ignorada en las webs de literatura fantástica por las que suelo navegar.

No me decidí a comprarlo, debido a los problemas de espacio que tengo en mi casa. Al final lo encontré en mi biblioteca. Tiemblo de pensar en que podría haberlo comprado y encontrarme semejante mamotreto ocupando el escaso espacio del que dispongo.

Cuando llegué a la página 13, el final de prólogo, supe que había cometido un grave error. En el prólogo se cuenta como la madre de la recién nacida protagonista se deshace de su bebé enviándolo a otro mundo para mantenerlo a salvo de sus enemigos. Los tópicos no son tan malos como la gente cree, pero hay que saber salvarlos, ya sea subvirtiéndolos o haciéndolos propios con algún toque personal. Nada de eso hay en este prólogo. Lo mismo lo podría haber escrito un guionista de Holywood y no, no es un cumplido.

A partir de ahí, las cosas no paran de empeorar. El libro no está mal escrito, pero el estilo de la autora tiene varias cosas que se me atragantan.

Primero, los subrayados. No para de recalcar lo evidente. Si un personaje se lleva una sorpresa, tiene que decirnos que está sorprendido. Si varios se llevan un susto de muerte, tiene que decirnos que están asustados. Eso me hacía saltarme continuamente palabras y hasta frases. Este defecto, por cierto, también es muy característico de Joan Manuel Gisbert, autor al que adoro desde que tenía cinco años, convertido actualmente en uno de mis vicios secretos. Incluso he creído detectar similitudes entre el estilo de los dos autores, pero lo que puedo disculpar en una novela de entre 100 y 200 páginas, de ritmo vertiginoso, no es de recibo en un tocho de 882.

El consejo mas trillado sobre la escritura nunca fue mas indicado: No cuentes, ¡muestra!

A continuación viene el problema de las descripciones. Begoña Pérez Ruiz se obstina en describir absolutamente todo y lo hace en cuanto se menciona. No se trata sólo de que describa con detalle cada prenda de vestir que usan sus personajes, que lo hace, es que lo describe TODO. En el momento en que se menciona a una federación de planetas, nos cuenta su composición y sistema de gobierno. En cuanto traslada la acción a una ciudad, nos cuenta su arquitectura urbana. En cuanto aparecen unos alienígenas, su estructura social. Así con todo.

Hay que reconocer que son descripciones bastante precisas y cortas. El problema no es su longitud, es la cantidad. Y la cantidad de información irrelevante a consumir hasta que empiezan a pasar cosas.

Todo eso lo habría podido perdonar, pero lo que finalmente me hizo abandonar la lectura fue la historia de amor. O mejor dicho, la mala pinta que estaba adquiriendo la historia de amor. Eso de la parejita separada por causas de fuerza mayor que no paran de sufrir porque están separados, me ha provocado ganas de vomitar. Cuando empecé a leer sobre como la protagonista pasaba las noches llorando, mi frustración alcanzó tales cotas que, si el libro hubiera sido mio, podría haberlo arrojado por la ventana. Así que decidí dejar de sufrir y abandoné la lectura.

Esta es mi opinión personal, crudamente sincera. Una vez dicha debería hacer algunas matizaciones. Para empezar, parece evidente que no pertenezco al público para el que este libro ha sido pensado. Diría que tengo entre veinte y treinta años mas que la edad de su público ideal y eso ha podido condicionar mi experiencia. Quizá las quinceañeras y quinceañeros disfruten enormemente de su lectura. Quizá, una vez superadas las cursiladas, haya partes buenas. Recalco que no he leído la novela completa. En goodreads y en otras partes, la gente escribe muy elogiosamente sobre las escenas de acción, por ejemplo. Las pocas que yo leí no fueron nada extraordinario, pero estas cosas se suelen preparar para el gran final.

Tampoco he encontrado nada particularmente interesante en el mundo que Begoña Pérez Ruiz ha creado, aunque es evidente, dado el nivel de detalle, que ha invertido una gran cantidad de tiempo y esfuerzo en su creación. Aplaudo dicho esfuerzo y su creatividad. Le deseo sinceramente que tenga suerte con su obra, que cree un universo de fantasía que haga soñar a una generación de jóvenes lectores, pero no es probable que yo vuelva a acercarme a él. No había abandonado la lectura de una novela desde Mayo del 2015. En aquella ocasión fue “La balsa de piedra” de Saramago. Eso significa que Begoña Pérez Ruiz ha conseguido igualar a un premio nobel.

jueves, 15 de junio de 2017

“La última partida” de Tim Powers


Cada vez que empiezo una novela de Tim Powers, el primer pensamiento que viene a mi mente es: ¿porqué he tardado tanto? Esta vez no ha sido una excepción. Cada libro de Tim Powers es como una puerta abierta a un lugar en el que me siento tan a gusto que no querría abandonarlo nunca. En esta ocasión el autor no se remonta a tiempos históricos mas o menos lejanos, sino que ubica la acción en la época en la que la escribió, los años noventa, centrándola en el mundo de los tahúres profesionales y ubicándola en Las Vegas.

Así, tenemos a Scott Crane, un antiguo jugador profesional que veinte años antes, durante una partida de cartas, cedió su cuerpo a su oponente, la actual encarnación del rey pescador, que ahora intercambia su consciencia entre varios cuerpos y que, para acabar de arreglarlo todo, es su padre biológico. Al cumplirse los veinte años, el rey asumirá su cuerpo, acontecimiento que viene precedido por lúgubre presagios y desgracias, que harán que Crane vuelva a Las Vegas, para enfrentarse a él, en un intento desesperado de salvar su vida y la de su familia adoptiva.

Todas las virtudes de Tim Powers están presentes en la novela. Hay un apretado catálogo de conceptos asombrosos, conexiones descabelladas entre el folclore y la mitología con acontecimientos históricos e incluso con conceptos matemáticos, como el conjunto de Mandelbrot. Todo ello mezclado y agitado en la coctelera de la imaginativa cabeza de Tim Powers para obtener un resultado que sería único, de no ser por que Tim Powers parece repetirlo cada vez que escribe. En concreto, la imaginería que desarrolla alrededor del tarot, los juegos de naipes y los arquetipos de Jung es fascinante, a la par que inquietante. Ya en otras ocasiones las novelas de Powers contienen pasajes siniestros o truculentos, pero puede que esta sea una de las mas oscuras. Aunque no produjo en mi cabeza las mismas sensaciones que las historias de terror, esta va a ser la primera vez que ponga esa etiqueta entre los tags de este post, porque no se me ocurre otro modo de describir una obra que contenga la visita a la capilla peligrosa, la relación de Crane con el ¿fantasma? de su mujer y su descenso a la locura.

Hablando de locura, por primera vez me he dado cuenta de una cosa: las novelas de Powers, sobre todo esta que ahora reseño, se prestan a una doble lectura. Los elementos fantásticos de la trama suelen aparecer en medio de trances o visiones que difuminan las fronteras de la realidad. Si no fuera por los capítulos que transcurren desde el punto de vista de los villanos, podríamos creer que todo está en la cabeza de Crane, que, a fin de cuentas, es un alcohólico que no se encuentra en buen estado mental. Todo se presta a una interpretación solipsista, como la que hacía Rodolfo Martínez de las películas de Star Trek de la nueva generación.

Pero no solo de arriesgados conceptos vive el hombre. Como corresponde a toda novela de Tim Powers el argumento transcurre a un ritmo enloquecido, plagado de peripecias a cual mas trepidante, en el que los desafíos y las pruebas que afrontan sus protagonistas parecen no tener fin.

De hecho, tal vez sean demasiadas. Esta es una novela muy larga y ese es su principal defecto. Tim Powers se revela como un escritor incapaz de poner freno a su propia creatividad. Todo personaje, toda idea, todo trance peligroso que se le ocurra, debe ser incluido, lo que aumenta desproporcionadamente el número de páginas y diluye el interés por la trama principal. La inclusión de personajes con punto de vista propio cuando la historia ya está bastante avanzada y que, en el fondo, no aportan mucho, es uno de los mayores defectos de Powers como escritor y en “La última partida” se nota mas de lo habitual. 

Bernardette Dinh y su hermano se incorporan demasiado tarde al relato, sobre todo cuando Crane y su familia estaban sosteniendo muy bien la historia. Si lo que Powers tenía en mente era narrar la competición entre ellos, Scott, Diana y el Rey, deberían haber aparecido casi desde el comienzo, aunque soy de la opinión de que son personajes que se le ocurrieron a Powers sobre la marcha y que no pudo resistirse a incluir. Son fundamentales en esa especie de duelo a tres bandas que conforma el clímax final, pero lo mismo podría haberse logrado con alguna otra excusa. Tal como queda todo, cuando aparecen provocan un bajón del interés, porque ralentizan el desarrollo de la historia principal y tardan mucho en ser importantes. La novela ganaría con su desaparición.

Algo parecido ocurre con Al Funo, el asesino a sueldo obsesionado con relacionarse con sus víctimas. Es un personaje fascinante y él si que entra en la historia con suavidad. El problema es que, aunque parece que va a ser muy importante, al final no lo es tanto y el número de paginas empleado en seguirlo se me antoja desproporcionado.

Por último, "La última partida" puede resultar demasiado previsible para alguien que haya leído las mejores obras de Tim Powers. Tenemos a un protagonista de mediana edad, que bebe demasiado y que acaba de enviudad. ¡Otra vez! Tenemos el inevitable desencuentro con el protagonista femenino, que hunde al héroe en el abismo de la depresión y que siempre tiene lugar mas o menos hacia la mitad del libro. ¡Otra vez! Desencuentro que suele obedecer mas a las necesidades de la trama que a las psicologías de los personajes y que es sucedido por la reconciliación, poco antes del final.

En esta ocasión, la ruptura tiene un motivo mas comprensible que en otros, no así la reconciliación.

En resumen, me temo que Tim Powers ha adoptado las maneras de los escritores de betsellers, ha desarrollado una fórmula de éxito que repite hasta la extenuación y que vuelve muy parecidas todas sus novelas. Ya no innova, ni intenta hacer cosas diferentes. Se trata de una fórmula muy atractiva, que disfruto enormemente, pero me temo que no la disfrutaría tanto, si tardara menos tiempo en volver a leerlo.

viernes, 2 de junio de 2017

“Furia” de Lawrence O'Donnell (Herny Kuttner y Catherine L. Moore)




Volumen extraño este libro, tanto por su contenido como por su concepción: se trata de una colaboración oficial del matrimonio de escritores formado por Henry Kuttner y Catherine L. Moore

Comienza con un prefacio en el que Damon Knight hace un repaso a la obra de Henry Kuttner, anterior y posterior a su matrimonio. La impresión que produce este prefacio es que Henry Kuttner era un chalado que escribía historias sin sentido, pero bastante mas cuerdo que Damon Knight.

El libro se compone de una novela corta de sesenta y cinco páginas “Enfrentamiento en la noche” y una novela de doscientas once “Furia”. Ambas comparten escenario, un venus oceánico al que la humanidad se ha exiliado, después que que la Tierra fuera destruida por una guerra nuclear.

Enfrentamiento en la noche” viene precedida de una introducción, mucho mas breve y sencilla que la de Damon Knight, escrita por Isaac Asimov. En ella, las disputas entre las colonias submarinas se dirimen mediante enfrentamientos armados entre tropas mercenarias contratadas para la ocasión, que tienen lugar en horas y parajes prefijados. La guerra convertida en competición deportiva, salvo por la sangre y la muerte. El relato se centra en las inquietudes de un compañero libre, uno de estos mercenarios, que se plantea cambiar de vida, consciente de la falta de futuro de su profesión . Es una buena historia, a la que solo se la puede acusar de ser muy predecible: cada personaje lleva escrito en la frente el destino que le espera.

En “Furia” descubrimos que las mutaciones provocadas por la radiación han creado una raza de personas inmortales que han acabado convirtiéndose en la élite gobernante de Venus, por decisión o dejadez de los propios mortales. Cuando su compañera muere al dar a luz, un inmortal con problemas mentales ejercerá una cruel venganza sobre su propio hijo: eliminará quirúrgicamente cualquier parecido familiar y lo abandonará para que se crie ignorante de su herencia.

La novela sigue los pasos de este inmortal, Sam Reed, ignorante de su propia condición. Esa propia ignorancia le llenará inicialmente de la furia que da título a la novela, pues está en su naturaleza interesarse por temas y objetivos que le llevarían mas tiempo del que cree que durará su vida. Permanentemente furioso contra el mundo, no dudará en utilizar cual medio para conseguir el triunfo, mientras se abre paso por el mundo del hampa, la delincuencia, la alta sociedad y la política.

Es esta una novela bastante original. Uno de sus atractivos es que elige como protagonista a un personaje completamente amoral y con tendencia a la violencia. Para acabar de rematarlo, calvo y rechoncho, pero también infatigable y lleno de recursos. Sam Reed es como uno de esos héroes de la ciencia ficción clásica, llenos de recursos, capaces de conseguir cualquier cosa, salvo que carece de su idealismo. Sam Reed utiliza los medios mas viles para conseguir los objetivos mas nobles, por los peores motivos.

Junto con el relato precedente, “Furia” dibuja un mundo asombroso: el entorno decadente de las cúpulas submarinas, la vida espartana de las colonias exteriores, en esa superficie plagada de monstruos, a menudo tan feroces como fascinantes... La ambientación está llena de detalles tan extraños como perturbadores, que abarcan aspectos tan diversos como los vestidos, los muebles y la arquitectura. Tiene también reflexiones muy interesantes sobre la inmortalidad, el destino y la posibilidad de alterarlo. El momento del mayor triunfo de Sam Reed es excelente y sin embargo hay algo que no termina de funcionar.

En parte, no termina de gustarme el mensaje. “Enfrentamiento en la noche” puede verse como una oda a las virtudes castrenses, interpretándolas como un fin en sí mismas y de “Furia” podría desprenderse la idea de que las dictaduras son necesarias para el progreso de la humanidad, siempre y cuando logremos deshacernos a tiempo de los tiranos. En cualquier caso parece dividir a los seres humanos en dos únicas categorías: ovejas y pastores.

No creo que ese sea el problema.

Yo lo veo mas bien como que “Furia” se coloca en una incómoda tierra de nadie, entre la ingenua ciencia ficción de la época pulp y la producción de la era Campbell. Literaria y argumentalmente, es demasiado sofisticada para disfrutarse como lo primero, pero a la vez es demasiado ingenua para lo segundo. Las estrategias de algunos de los personajes son demasiado burdas e improvisadas. Es difícil hablar sin contar detalles importantes de la trama, pero el plan final que ponen en marcha los inmortales para parar a Sam, es lamentable, por improvisado y precipitado, parece algo que la pareja autoral pergueñara a toda prisa, para cerrar la novela. En otro par de momentos hay caídas de ritmo y pérdidas de objetivo en la narración que ensombrecen el resultado final.

No es para nada una mala novela. Tiene muchas ideas atractivas y aspectos positivos. Está bastante bien escrita, mucho mejor de lo habitual en la fecha de su publicación y no aburre en ningún momento. Me ha dejado con curiosidad por profundizar en la obra de sus autores. Pero no enamora. En general, no emociona ni provoca entusiasmo. No es un clásico oculto ni una pequeña joya desconocida al gran publico. Al contrario que en otros caso recientes, no lamento el tiempo que he empleado en su lectura, pero no por ello deja de ser una lectura completamente prescindible.

viernes, 26 de mayo de 2017

“La voz del amo” de Stanislaw Lem


Prosigue mi relación de amor odio con el escritor polaco. “La voz del amo”, anteriormente conocida como “La voz de su amo” recoge las memorias de uno de los científicos que participaron en la investigación de una transmisión de origen extraterrestre. “La voz del amo” se ha reeditado múltiples veces, ha sido ya reseñada innumerables veces por internet. Se ha glosado la crítica que hace del estamento científico, su carácter visionario, su profundidad filosófica, especulativa, científica, etc, etc. Pero ninguna de las múltiples críticas que he consultado hacen referencia a su principal característica: “La voz del amo” es aburrida. Muy aburrida.

Por decirlo con rudeza, un auténtico peñazo.

Aconsejo a los completistas de Lem que no puedan resistirse a intentar abordarla, que se salten el prefacio y los dos primeros capítulos. Consisten en el narrador divagando sobre los temas mas peregrinos y no tienen nada que ver con el resto del libro. Para colmo de males, están escritos de un modo pomposo y pedante. Quizá Lem lo eligió conscientemente, pensando que así se expresaría un asno pretencioso como su personaje. Felicidades, señor Lem, consiguió usted ser todavía mas tedioso que su personaje.

Con la lectura reciente, me parece que el prefacio y esos dos capítulos son lo peor que he leído en mi vida. Supongo que el tiempo, que todo lo calma, los pondrá en su lugar.

También debo advertir a los futuros lectores sobre la contraportada de la edición de Impedimenta. En ella se engaña al lector, dando a entender que toda la novela gira alrededor de un conflicto ético y ominoso, que es, en realidad, el único momento en que parece que va a ocurrir algo. Tiene lugar bien adentrada en la novela, es decir, casi al final y dura muy poco tiempo, aunque da forma al único par de capítulos legibles.

En cuanto a la profundidad de “La voz del amo” … No digo que no la tenga. Stanislaw Lem era un tipo muy profundo capaz de reflexiones de alto alcance y de hacer reflexionar a sus lectores. Sin embargo, permítanme una cita:

La comunicación es el envío de información entre un emisor y un receptor, a través de un canal, utilizando un código (sistema de signos que se utilizan para la producción del mensaje). La comunicación hace referencia a un contexto: las circunstancias de tiempo y lugar en las que se desarrolla el proceso, que es asumido como conocido, tanto por el emisor como el receptor.

Si suena poco exacto o preciso, es culpa mía, porque proviene de mis apuntes de primero de BUP. Pueden repetirla si quieren.

Los científicos protagonistas de “La voz del amo” han interceptado una comunicación, pero desconocen el código en el que está transcrita y el contexto al que hace referencia. Como consecuencia, son incapaces de descifrarla.

El sesenta por ciento de “La voz del amo” consiste en reiteraciones de las dos frases anteriores, expresadas de modo mucho mas rebuscado, con muchos rodeos, ejemplos, imágenes y metáforas. La crítica al estamento científico, que se alaba en algunas reseñas, existe, y es cierto que en esta obra se dan algunos buenos puntapiés a las relaciones entre la ciencia y los gobiernos, pero es una parte totalmente secundaria de la novela, que ocupa una mínima parte de su espesor: no va mas allá de la presentación de los personajes. El grueso consiste en Lem repitiendo cien mil veces lo mismo

Mención aparte merece el pasaje en el que, sin venir a cuento, Lem se pone a criticar las novelas de ciencia ficción. Pues si, la mayoría son poco originales, como la mayoría de toda la literatura que se produce. No puedo evitar ponerme conspirativo. ¿Estará Lem diciendo: “La ciencia ficción es un basura. No es lo que escribo, yo escribo literatura destinada a volar por los aires el cerebro del que lo lea”? Eso explicaría el motivo de tanta reseña elogiosa: el que la lea tiene que proclamar a los cuatro vientos lo mucho que le ha gustado, porque si no, significaría que pertenece a la misma plebe hacia la que Stanislaw Lem dirigió sus vituperios y él es distinto: ¡LEE A STANISLAW LEM!

Sinceramente, no doy mucho peso a mi propia teoría. Es bien sabido que Lem tenía tan mala opinión de su propia producción de ciencia ficción como de la ajena.

Llegados a este punto, creo que mi opinión, totalmente subjetiva, ha quedado bastante clara. ¿Hay algo que salvaría de la quema en este libro? El escenario, totalmente desaprovechado, en que transcurre, un antiguo centro de pruebas nucleares, me parece fascinante y encontré aterradoras las vivencias de uno de los personajes durante la segunda guerra mundial. Tal vez el problema esté en considerarla una novela, quizá entendiéndola como un ensayo novelado y publicitándola así, se podría disfrutar mas. En fin, literatura de ideas, porque no hay ni personajes ni peripecia. Si eres de los que no leen ciencia ficción porque piensas que consiste en una sucesión de aburridas explicaciones, esta novela confirmará todos tus temores. ¿La recomendaría? Bueno, como decían en el cuestionario de la extinta trabajobasura.info, claro que si. ¡A MI PEOR ENEMIGO!

domingo, 21 de mayo de 2017

ARREGLADO

¡CUATRO DIAS! Ese es el tiempo que LEKTU ha tardado en empezar a bombardearme con sus correos de ¿te ha gustado? ¿vas a pagar algo? Obviamente no sé si "Proyecto Marte" me va a gustar o no, pero he optado por el remedio lógico: pagar. A fin de cuentas estamos hablando de menos de un euro, por eso no me voy a arruinar. Tengo pilas de libros cogiendo polvo que me costaron veinte veces mas. El caso es que ganas de leerlo no me faltan, pero no sé cuando me pondré.

viernes, 19 de mayo de 2017

“La dama y el recuerdo” de Silver Kane (Francisco González Ledesma)


Francisco González Ledesma es un reputado escritor de serie negra. Ganó el premio planeta con su novela “Crónica sentimental en rojo”. La leí de adolescente impresionable y no me causó mala impresión, aunque menor que la que me llevé cuando descubrí que había escrito novelas del oeste con el seudónimo de Silver Kane. Mis hermanos tenían un par de cajas de zapatos bajo la cama, llenas hasta rebosar con novelitas de cien páginas del oeste y de ciencia ficción. Recuerdo la fascinación que me provocaban las portadas de estas últimas, como, en cierto modo, me aterrorizaban. Mi madre acabó tirándolas antes de que tuviera edad como para leer ninguna, aunque en casa de mi abuelo encontré otro alijo y tuve oportunidad de leer unas cuantas del oeste. Entre ellas había alguna de Silver Kane.

De entre los escritores de bolsilibros del oeste, creo que Silver Kane es el mas popular hoy día. Cuenta entre sus nostálgicos con personajes conocidos, por ejemplo, el artista multimedia Alejandro Jodorowsky (si, ese mismo Alejandro Jodorowsky que tanto a contribuido a impedir que exista un cómic europeo de ciencia ficción de calidad) No era de mis autores favoritos, yo prefería el sentido del humor de Keith Luger, aunque Silver Kane siempre superaba al tedio monótono de Marcial Lafuente Estefania.

En cualquier caso, cuando en el 2010 Francisco González Ledesma se lanzó de cabeza a un proyecto en apariencia tan suicida, en el mercado literario español, como publicar un western y además hacerlo con su antiguo seudónimo, la cosa no pudo menos que llamarme la atención. Finalmente he conseguido leerlo.

“La dama y el recuerdo” no aburre, su ritmo es vertiginoso y el primer párrafo, ese que aparece citado en la solapa, es magnífico. Fin de sus virtudes. En cuanto a sus defectos ¿por dónde empezar? No parece que el autor tuviera muy claro la historia que quería contar, mas bien parece que se la vaya inventando por el camino. Este problema lo soluciona cambiando constantemente de escena y personaje. Al final consigue algo parecido a atar todos los cabos sueltos, pero no lo consigue del todo. Por ejemplo, nunca se explica que demonios hacia el personaje de Taylor en la casa de Ford y es un acontecimiento crucial para la trama, sin el cual no tiene mucho sentido.

En la novela, todas las mujeres están buenas y el modo en que el autor se recrea en sus encantos roza la vulgaridad. Llamadme mojigato si queréis. Los personajes, salvo los que son clichés del género, están muy exagerados, tanto para glorificarlos como para vilipendiarlos. Los malos son muy malos y se refocilan en su maldad como si fueran supervillanos de viejos cómics de superheroes. Los dos pistoleros protagonistas son pintados al principio como asesinos sin entrañas, para luego terminar revelándose como hermanitas de la caridad, respetuosos con las mujeres y aficionados a tocar la armónica, a los que solo les falta leer o escribir poesía. Todos ellos hablan igual, un defecto muy común y hasta cierto punto irremediable: salvo para genios como el Sapkowski, los personajes de un libro están condenados a hablar del modo en que escribe su autor. Unos escritores solventan esta dificultad mejor que otros, en este libro Francisco González Ledesma ni siquiera lo intenta. No es solo que todos hablen igual, es que hablan igual que el narrador.

Narrador con tendencia a retruécanos y golpes de efecto, supuestamente impactantes, que empiezan a cansar a partir del tercero. Narrador, también, muy repetitivo. Quién sabe si tendría que llegar a un número mínimo de palabras para conseguir que le publicaran, pero repite veinte veces lo mismo. En ocasiones es para retomar el hilo de lo narrado: termina una escena con un cliffhanger, cambia de escenario y, cuando vuelve, repite palabra por palabra las dos o tres últimas frases del final de la escena que quedó interrumpido. No es excusa, devalúa la experiencia lectora y es fácil de arreglar. También es dado a repetir machaconamente algún dato, generalmente las razones por las que alguien odia al villano de la historia, como si no se le ocurrieran mas formas de transmitir al lector ese odio.

Algunas subtramas parecen metidas con calzador. Mete a su propio alter ego, Silver Kane, como personaje de la novela y le dedica un capítulo casi entero, capítulo en el fondo irrelevante. La trama es una especie de folletín decimonónico, cuajado de secretos y supuestas sorpresas, aderezado con pistoletazos. Por desgracia, la fuente de inspiración no parece haber sido los grandes clásicos del western, sino los filmes mas oscuros y olvidables que alguna vez salieron de las profundidades del desierto de Almeria, junto con la obra de sus coetáneos. Los tiroteos son inverosímiles y exagerados y no falta el sello distintivo del tiro en la frente.

En fin que se encuentran presentes todos los defectos disculpables en una novelita de cien páginas, nacida sin otro propósito que ayudar a pasar una tarde de verano, pero que no son de recibo en un novela mas larga y ambiciosa. Yo esperaba algo parecido a las novelas de ciencia ficción de Angel Torres Quesada, que Felipe González Ledesma se hubiera dado el gusto de escribir el western que nunca le hubieran dejado publicar, en el que hubiera volcado toda el conocimiento y la sabiduría literaria adquirida a lo largo de tantos años. En vez de eso, me he encontrado con un bolsilibro alargado.
 

martes, 16 de mayo de 2017

¡LO HE VUELTO A HACER!

Me odio a mi mismo. Se me fue el dedo. En el correo de Lektu vi que "Proyecto Marte" libro de LJ Salart del que he oído hablar muy bien estaba en "Paga si te gusta" y me lo he descargado. ¿Qué porque me arrepiento? Porque me conozco esto ya me pasó antes, con un libro de relatos de Ian Watson y, al final, me concentro con las novedades y me olvido y empiezan a llegarme correos de ¿te ha gustado? ¿vas a pagar algo? Y como no sé si me ha gustado, porque no me lo he leído me cabreo y lo dejo como está y digo yo ¿para que me lo bajo si no me lo leo? Es totalmente injusto para el autor. Lo peor es que "Proyecto Marte" tiene buena pinta.

viernes, 12 de mayo de 2017

“La taza de oro” de John Steinbeck



En esta pequeña joya, el premio novel estadounidense John Steinbeck narra la vida del famoso pirata Henry Morgan. Lo hace como si fuera una fábula o una parábola, empleando un lenguaje muy poético y melancólico. Steinbeck nos presenta a Henry Morgan como a un soñador, condenado a matar sus sueños, a fuerza de lograrlos.

Esta ansía por cumplir sus anhelos infantiles le harán abandonar su Gales natal, que se describe de un modo muy romántico e idealizado, cruzar el atlántico y establecerse en las Indias occidentales, donde emprenderá un cuidadoso ascenso, de esclavo a caudillo pirata. Morgan se mueve de triunfo en triunfo y cada victoria supone para él una decepción. Cada vez que logra una de sus metas, pierde todo interés en ella, no comprende como pudo desearla y pasa a centrarse en la siguiente. Dejo al lector que imagine lo que desencadenará la consecución de las ambiciones de toda su vida.

A pesar de contar la vida de uno de los mayores piratas de todos los tiempos, ésta mas que una novela de aventuras es una novela sobre los sueños. Los que renunciaron a ellos, como el padre de Morgan que no abandona su valle natal en toda su vida y los que luchan por ellos, como él, condenados a toparse con su banalidad. Tampoco insistiré sobre cual de los dos es mas feliz.

Morgan es un soñador, pero un soñador pragmático. Cualquier medio le parece bueno para conseguir sus fines. Jamás se cuestiona sus actos. No tiene escrúpulos ni remordimientos. A pesar de su tono elegíaco, esta novela presenta un retrato de Henry Morgan mucho más realista que el de varios documentales que he visto sobre los piratas, en los que el público y los historiadores anglosajones no pueden ocultar sus simpatías. No elude la faceta mas oscura de Morgan, aunque no escarba en ella: pasa de puntillas por las atrocidades cometidas en Maracaibo, omite las de Portobelo y sólo se menciona a dos de sus antiguos compañeros piratas a los que hizo ahorcar, ya como gobernador de Jamaica.

La prosa de Steinbeck es, por decirlo con una sola palabra, excelente. Sencilla, elegante, poética. El libro está llenos personajes fascinantes caracterizados con apenas una pincelada y de descripciones llenas de color, narrado todo con una facilidad y un sentido del ritmos magníficos. Aunque es una novela corta, ocurren un montón de cosas (los acontecimientos de toda una vida y una vida muy ajetreada) pero nunca se tiene sensación de apresuramiento.

La novela produce, en cambio, una sensación de serenidad y tristeza, atenuada por algún momento irónico. Por buscarle tres pies al gato, podría decir que el modo en que se expresan los personajes en los diálogos tiende a la grandilocuencia y que puede resultar inverosímil en muchos de ellos, pero aún esto es adecuado, dentro de las dimensiones de fábula o parábola del relato. La única vez en que uno de ellos resulta cargante, el autor lo hace intencionadamente, pues el personaje se convierte en objeto de burla de su interlocutor.

A pesar de la escasa simpatía que le tenía Luis Buñuel, parece que John Steinbeck no ganó el premio novel en una tómbola.

viernes, 5 de mayo de 2017

“Arañas de Marte” de Guillem López



Durante el aniversario de la muerte de su hijo Joan, Hanne sufre un ataque epiléptico. El reconocimiento médico posterior revela que su cerebro esta lleno de desconcertantes agujeros o manchas, tal vez un tumor cerebral. A partir de aquí, el relato se mueve hacia delante, hacia atrás y hacia los lados. El lector se enfrenta a capítulos en que se narra el pasado de Hanne, pero en los que el pasado no encaja con su realidad presente (hay pequeños detalle, tatuajes que aparecen y desaparecen) y que concluyen con la intromisión de lo incomprensible y lo portentoso (agujeros negros que aparecen en medio de una casa, visiones, hecatombes)

A peor: también hay capítulos en los que Joan está vivo y Hanne no, o en que Joan sobrevivió, pero su padre abandonó a Hanne. Tal vez Hanne se esté volviendo loca, tal vez su cerebro dañado esté reconstruyendo su pasado con recuerdos inventados, o con sueños. Tal vez esté accediendo a universos paralelos, o creándolos. Tal vez la realidad no sea mas que una construcción del cerebro. O tal vez unas arañas alienígenas de otra dimensión le estén devorando el cerebro. O tal vez Guillem López haya escrito esta novela como aquel poema ficticio de Borges, que exploraba todos los desenlaces posibles de una batalla.

Este libro no es para mí. Soy un lector muy clasicote, de los que les gusta que les cuenten una historia, con planteamiento, nudo y desenlace. Desde este punto de vista, no debería poder decir que haya encontrado mucho de interés en el libro, no he tenido sensación alguna de progresión dramática, ni de desenlace. Fuera de los dos primeros capítulos, los demás podrían leerse en cualquier orden. Me pregunto si no sería adecuado hablar de un fix-up de relatos relacionados, mas que de una novela. También prefiero un estilo literario “transparente”, una prosa en principio menos elaborada, como la de Karin Tidbeck en mi anterior entrada.

Pero todo eso son criterios subjetivos, “me gusta” y “no me gusta”, pulgares hacia arriba en facebook. Si tengo que ser objetivo, interpreto que lo que Guillem López se proponía era transmitir al lector la fragilidad, no solo de nuestros recuerdos, sino de toda la realidad. La inestabilidad cuántica de la realidad, si nos ponemos. Si mi interpretación es correcta, ha logrado su objetivo. Al contrario de lo que suele suceder, Intenciones y resultados concuerdan en esta obra.

Y no sólo eso. Vértigos demenciales aparte hay un retrato muy certero de personajes, de la pérdida y de como la gente se enfrenta a ella y sobre todo, de la depresión. Este no es un libro para lectores impresionables. Si me ha causado mal rollo no ha sido por la destrucción de Valencia ni por los horrores que acechan en los armarios, sino por lo que tiene de inmersión en la mente de una persona destrozada, que pierde o está perdiendo el control de su vida y es incapaz de rehacerse. Sin sentimentalismos ni ternurismos. Guillem López no juzga a sus personajes, pero tampoco les ofrece la menor compasión.

Por último resaltar que, independientemente de mis preferencias estilísticas, “Arañas de Marte” está bien escrito. Muy bien escrito. Condenadamente bien escrito. Me resulta increíble la cantidad de recursos que tiene este hombre, la creatividad aparentemente infinita que muestra en cada capítulo y cada párrafo, el aluvión de metáforas, imágenes y diálogos sorprendentes y originales que fluyen por este libro. Guillem López sería capaz de describir una hoja en blanco durante un capítulo entero y mantener al lector boquiabierto y maravillado durante su lectura. Sería capaz de lograr lo mismo en diez capítulos, cada uno describiendo de forma distinta y fascinante la misma hoja en blanco.

Aunque en este caso no haya podido conectar con la propuesta del libro, ahora mismito me voy a comprar “La polilla en la casa del humo”. Debo ser una víctima de la presión mediática.

viernes, 28 de abril de 2017

“Amatka” de Karin Tidbeck


La primera vez que oí hablar de esta novela, se referían al mundo en que transcurre como “lenguaje reactivo”. O algo así parecido. Un mundo sensible al lenguaje en el que el entorno responde al lenguaje, hablado o escrito. Me pareció una idea tan descabellada que en el acto supe que había de adquirirlo. Ahora que he terminado su lectura constato que la idea de partida era realmente fascinante, aunque no tan demencial como esperaba.

En el mundo de “Amatka” la realidad es definida por el lenguaje y tiene que ser reforzada continuamente. Los objetos llevan etiquetas que los definen y deben ser “marcados” periódicamente, alguien debe decir en voz alta lo que son, para que no pierdan su forma y reviertan a un fango indefinido. El cielo carece de astros, el suelo de horizontes, no hay animales, tan solo múltiples variedades de hongos que constituyen la dieta de la humanidad. Para defenderse de este estado de realidad en descomposición, la sociedad humana adoptó algo parecido al comunismo, aunque mas bien es una especie de “colectivismo” exacerbado, donde la colectividad se pondera sobre el individuo. Los ciudadanos están culturalmente obligados a trabajar para contribuir al estado, a reproducirse, para asegurar el futuro de la sociedad. Los niños se crían en instituciones gubernamentales, con escasas visitas de sus padres. Las jornadas de trabajo son extensas, las diversiones, inocentes y comunales. La ficción no existe. La propaganda incita a vigilar y denunciar a tus compañeros. Los disidentes son lobotomizados para privarles de la capacidad del habla.

En este ambiente, Vanja llega a la colonia de Amatka (el principal centro agrícola) para realizar un estudio absurdo sobre los hábitos de consumo de productos de higiene personal. En Amatka ocurrió algo de lo que nadie quiere hablar, que causó la desaparición de una gran parte de la población. Vanja es nuestros ojos, conocemos el mundo a través de sus viajes y conversaciones y, ocasionalmente de sus recuerdos.

El recurso del forastero que llega a la ciudad, es un clásico, que no por utilizado resulta menos eficaz. No es raro que este forastero sea un personaje gris, del que el lector apenas sepa nada, puesto que lo que importa no es él, sino lo que va descubriendo. Eso es lo que ocurre en Amatka y es su principal problema. Vanja es un personaje demasiado poco definido. No es que no sea carismática, que no lo es, sino que apenas tiene personalidad. Comprenderla es imposible, porque casi no existe, es un títere sin voluntad propia, llevado por los hilos de la narración. Fui incapaz de creerme cuando, a mitad de la novela, toma una decisión que trastocará por completo su vida, en apenas unos minutos, sin dudas ni remordimientos. Nadie es así en la vida real, nadie es tan impulsiva. Al menos nadie tan apática y asustadiza como Vanja se ha mostrado hasta ahora.

Estoy seguro de que esta opinión no será compartida por todo el mundo, sobre todo porque el personaje gana enteros al final del libro. El momento en el que se confiesa con Nina en la página 209 es una de las cumbres de la novela. Es conmovedor y define muy bien al personaje… mucho mejor de lo que lo han hecho las doscientas ocho páginas precedentes, flashbacks incluidos. Casi parece que se traten de dos personajes distintos.

La novela se lee muy bien, pero tiene un comienzo un poco deslavazado. Durante esa primera mitad, lo único que ocurre es que Vanja recorre Amatka y mantiene conversaciones. Esta parte es muy importante, durante ella se reparte información, se presentan enigmas y personajes y se plantan todos los argumentos que se desarrollarán a continuación. En resumen, se prende fuego a las mechas de todas las bombas que estallarán en la segunda parte del libro. Pero, por sí misma, carece de entidad propia y de objetivo. Y Karin Tidbeck se podía haber ahorrado los breves informes que Vanja envía sobre su trabajo, puesto que no aportan ninguna información relevante.

Una vez dispuestas todas las piezas sobre el tablero de ajedrez, la narración se acelera y el ritmo se vuelve excelente. Se suceden las sorpresas y los momentos impactantes, con una revelación adecuada a la altura de cada enigma y cada personaje encontrando su destino inevitable, hasta la llegada del gran final.

Aunque en esta vida todo sea mejorable, el final es bastante bueno. No tengo claro si la autora pretendía horrorizar o fascinar, o quizá ambas cosas a la vez. Prima la imagen impactante sobre la lógica, pero no todo el mundo es devoto de la lógica. Todas las reseñas que he leído mencionan el comunismo y el mundo post once de septiembre que nos ha tocado vivir. No seré yo quien lo niegue. Tal como yo lo veo, Amatka es una historia sobre el miedo y lo que la gente llega a hacerse a sí misma para protegerse de ese miedo. Las personas como Nina conocen la realidad, pero se niegan conscientemente a afrontarlo, ni siquiera a hablar de ello. Fingen que el peligro no existe para vivir un simulacro de normalidad en el que puedan cumplir con sus expectativas sociales, dejando el control de sus vidas ciegamente en otros, un comité que les oprime con su beneplácito, una entidad superior que no conocen ni comprenden. La conversación final con Ladis Harri en la que se expone el punto de vista contrario al de Vanja, también es excelente, como lo es el lenguaje empleado en la novela, aparentemente sencillo, sin grandes artificios, pero eficaz. “Prosa de cirujana” como dice la contraportada.

Como ya he dicho la idea es excelente, aunque pienso que una mente mas retorcida podría haberle sacado mas provecho, el desarrollo de la trama, una vez que coge velocidad, es bueno y está muy bien escrito. El mensaje no me acaba de convencer, a pesar de las imágenes desconcertantes e incluso siniestras, es demasiado “buenrollista” para mi gusto. Según lo interpreto, Karin Tidbeck está diciendo: es tu mente la que determina tu realidad, así que olvídate de todos los miedos que tu educación te inculcó y vuela libre. Lo que puede ser verdad en el mundo de Amatka, pero no en la vida real.

Dejémoslo en que, aunque no es una obra redonda, es una novela imaginativa y bien escrita, con cuya lectura he disfrutado mucho.

Contra mis costumbres habituales, terminaré citando unas palabras de la autora que, a mi entender, iluminan bastante su obra:
"Mi plan secreto es cambiar la realidad. Y como la realidad se construye con un consenso, si cambiamos este, podemos cambiar la realidad. Sueño con ese día en el que uno de mis lectores caminen por la calle y de pronto se cruce con un ciempiés gigante. ¿No sería maravilloso?"

viernes, 21 de abril de 2017

“Aventuras y desventuras del príncipe Otto” de Robert Louis Stevenson



Historia de las desventuras amorosas de un príncipe de un pequeño y remoto estado europeo, Grunewald. El príncipe es descrito como una persona agradable, incluso inocentona, desprovisto de interés por el gobierno y de fortaleza, ha delegado todas sus responsabilidades en su joven esposa, Seraphine, a la que adora, pero con la que las relaciones no pueden ser peores. Seraphine, obsesionada con el poder, le desprecia por su falta de carácter y, aliada con el conde Grondemark, planea desatar una guerra sobre el país vecino. Otto, en el curso de una escapada de incógnito, a lo “mil y una noches” descubrirá la pobre opinión que el pueblo de Grunewald tiene de su persona, solo superada por la imagen de adúltera maquiavélica que tienen de Seraphine y tratará infructuosamente de cambiar el curso de su vida, con lamentables resultados.

Resulta curioso leer en la solapa de este libro “el protagonista vive su particular travesía del desierto para finalmente tomar conciencia del determinante papel que ejerce la integridad de su figura sobre el devenir de su pueblo”. Me pregunto si el que la escribió y yo habremos leído la misma novela. Otto es un simple bien intencionado, al que es fácil querer y que se gana con facilidad el respeto y la amistad de sus súbitos en cuanto le conocen, pero también como un inútil carente por completo de capacidad de liderazgo. Lo mejor que le puede ocurrir a Grunewald es que la monarquía sea depuesta y se convierta en una república.

Este republicanismo y su visión de la monarquía, como algo pintoresco y entrañable pero inútil y bastante ridículo, es lo que mas me ha gustado de lo que es, básicamente, una novela rosa. Una historia de amores que transcurre en los salones de grandes palacios en los que las grandes damas, cubiertas de joyas y ataviadas con vestidos de volantes agitan abanicos antes sus educadas naricitas.

Hasta me resultó escalofriante, el ardor que el narrador dedica al sufrimiento que a Otto le causa el distanciamiento de Seraphine, frente a la indiferencia que muestra ante el inminente estallido de una guerra absurda, (tan absurda como otras que han sacudido el mundo en nuestra propia época) o al de una revolución.

La novela parece el libreto de una obra de teatro: los personajes se expresan con un lenguaje muy elaborado y son proclives a los monólogos sobre cuestiones morales y éticas, cuando no religiosas o sobre los temas del corazón. Desconocemos su pasado casi por completo. Esta falta contexto hace que resulte difícil empatizar con ellos pues, aunque se les da muy bien explicar sus sentimientos, fallan por completo a la hora de expresarlos con actos.

Con la excepción de la condesa Providencia von Rosen, el único personaje que parece tener dos dedos de frente en todo el reparto, cuya frivolidad esconde un corazón de oro, irónica, egoísta y generosa a partes iguales. Curioso que su destino me preocupara mas que el de los auténticos personajes.

A menudo, cuando me estoy leyendo un libro, no puedo evitar ir pensando en lo que voy a decir de él en este blog, lo que, admitámoslo, no es la mejor manera de disfrutarlo. En esta ocasión, pensaba poner al pobre Robert Louis Stevenson de vuelta y media, por cursi y por panoli. El caso es que, aunque lo que leía no podía interesarme menos, no por ello podía dejar de seguir leyendo. Puede que el argumento no fuera interesante, pero si que lo era como me lo estaban contando y Stevenson es un maestro de la narración. La forma sobre el contenido. Hay quien a eso lo llama literatura. De acuerdo a esa definición “El príncipe Otto” es alta literatura. No puede negarse el gozo estético que proporciona su lectura. El capítulo I de la tercera parte, que consiste básicamente en descripciones de paisajes, aunque se hace un poco largo, es de una belleza alucinante y en el epílogo, en apenas un par de páginas, derrocha sutileza e ironía y más cariño por sus personajes que el que mostró en toda la novela.

El resto del público, los que no comportan esa visión de la literatura, esos groseros patanes obsesionados con burdos placeres, como que les cuenten una buena historia, será mejor que se abstengan de su lectura, a menos que pertenezcan a la logia de admiradores rendidos de la prosa de Stevenson, en la que me temo que he ingresado.

 

sábado, 15 de abril de 2017

“The gap” la space opera de Stephen R. Donaldson. (3) Valoración personal


Fuera del análisis de los principales personajes, hacer una valoración final resulta complejo. Antes que nada, dejemos una cosa clara, con sus altibajos y sus momentos mejores que otros, hay que reconocer que la saga resulta entretenida, de no serlo no habría podido terminarla. Los clímax de cada libro están bastante logrados, resultan emocionantes y consiguen que mas de cien páginas se devoren con facilidad.

Por otro lado, exclusivamente como ciencia ficción, la saga resulta decepcionante: solo tres ideas interesantes en toda la saga y únicamente una bien desarrollada. La acción transcurre íntegramente en el interior de naves y estaciones espaciales, así que no hay descripciones de fascinantes mundos alienígenas, ni de extrañas sociedades, humanas o no. Y de entre las ideas buenas, el desarrollo de la “gap sickness” es penoso. Sólo aparece una persona que la padezca en toda la serie, las tripulaciones cruzan continuamente el gap sin preocuparse nunca de que ésta pueda ser la vez en que alguno de ellos enloquezca, como si fuese un riesgo completamente inexistente.

En cuanto a lo literario... En la contraportada de las novelas de Stephen R. Donaldson que publicaba Acervo, se decía que sus mayores influencias eran Joseph Conrad, Henry James y Tolkien. Eso sería en sus novelas de fantasía , como autor de ciencia ficción, su mayor influencia, casi diría que su única influencia, son las películas y series de Star Trek: toda la acción transcurre en puentes de mando, en los que se dan tensas órdenes mientras se disparan torpedos y se intercambian mensajes con los capitanes de las naves enemigas, eso sí, por radio, sin televisiones de cuarenta pulgadas.

Peor aún, Donaldson comete todos los errores típicos de los escritores sin conocimientos científicos que escriben ciencia ficción. Sus personajes se ven obligados a ser ingeniosos y a dar soluciones brillantes a sus problemas, porque creen que esas son las reglas del género, aunque su falta de conocimiento les impida idear un solución ingeniosa a ellos mismos. Así que Stephen R. Donaldson hace que los personajes se empeñen en discusiones técnicas sin sentido que culminan en soluciones absurdas. La neutralización de un virus informático que aparece en Forbidden Knowledge es, sencillamente, delirante, como lo son todas las charlas sobre chips que discurren a lo largo de la saga.

Donaldson se pasa la vida informando con vaguedades del movimiento de las naves, con palabras como “a esta velocidad”, “con este ángulo”, “a esta distancia”, porque es incapaz de determinar con exactitud cuales serían (como si a alguien le importara la exactitud). Se inventa tecnologías nuevas como quien saca conejos del sombrero, para que sus héroes pueda usarlas como Deux ex machine que les saque del aprieto. Lo hace, por ejemplo con las granadas gravitatorias y los campos de fuerza. Juro por Dios que, en determinado momento, Angus Thermopyle descubre que posee nada menos que el equivalente a una capa de invisibilidad. Lo grave no es que sean tecnologías que puedan o no contradecir las leyes físicas, sino que nunca se las haya mencionado previamente, que sean recursos improvisados para salvar el día.

En vez de intentar aparentar ser el escritor que no es, Donaldson debería haberse centrado en la intriga y la aventura, que se le da bastante mejor. Incluso en los dilemas éticos.

A sus defectos como escritor de ciencia ficción, se suman otros como escritor, a secas. A lo largo de los libros hay decenas de conversaciones, completamente prescindibles, en las que los personajes se cuentan unos a otros lo que ya ha ocurrido en los libros precedentes, sin añadir una pizca de información nueva. Comprendo que aunque yo me los haya leído de corrido, originalmente los libros se publicaron con un intervalo de entre uno y dos años, pero no me trago que lo estén haciendo para resumir lo ocurrido hasta ahora, porque muchas de estas conversaciones tienen lugar cuando la trama de los libros está mas que avanzada. Son conversaciones totalmente prescindibles, que entorpecen y frenan la narración y solo sirven para aumentar el número de páginas. Paja.
 
(Sospecho que Donaldson las usaba para intentar aclararse a él mismo la trama y darse tiempo para pensar que es lo que iba a suceder a continuación. Nada que objetar, cada uno se las arregla como puede, pero ¿porqué narices incluirla?)

Otro defecto es que Donaldson abusa terriblemente de las muletillas. Determinadas frases, normalmente parte de un diálogo o, a veces, de un monólogo interno, rondan continuamente por las cabezas de sus protagonistas, repitiéndose una y otra vez. Es un recurso que a veces está bien, pero que pierde toda su potencia cuando la repetición lo vuelve rutinario y aquí ocurre. Además, también abusa de determinados verbos (lamentarse por ejemplo, los personajes se pasan la vida lamentándose y gimiendo, llevándose las manos al pecho y sufriendo dolores en el mismo). Esto empobrece la capacidad de expresión de su lenguaje. Es muy triste decirlo, pero Donaldson produce mejor impresión como escritor traducido, que leído en su idioma original.
 
En general, se toma demasiado en serio su obra. En este saga ha mejorado algo respecto a sus novelas de fantasía: hay algo de sentido del humor, o eso se pretende, pero en general predomina la grandilocuencia, no hay personaje con preocupaciones pequeñas, cada uno de ellos carga con el peso del mundo sobre sus hombros y la redención, los conflictos morales, los dilemas éticos, el deber y la responsabilidad no dejan espacio para nada mas.

Por último, es triste que el enemigo a batir sea Holt Fasner y no los Amnion, porque Holt Fasner apenas aparece por la serie y cuando lo hace no resulta demasiado intimidante, ni parece especialmente brillante: en pocas palabras, no da miedo. Si un héroe ha de medirse por la talla de sus enemigos, me temo que los héroes de “The gap” no pasarán a la historia de la literatura.

Todos estos defectos pesan en mi valoración final. La serie me ha entretenido, ha conseguido engancharme, a pesar de los pocos minutos que dedicaba habitualmente en su lectura, no me arrepiento del tiempo que he invertido en ella, pero, teniendo todo en cuenta, creo que los hispanolectores no nos hemos perdido gran cosa.

viernes, 14 de abril de 2017

“The gap” la space opera de Stephen R. Donaldson. (2) Los libros



Esta extensa obra se compone de cuatro novelas y una novelette. Puesto que nunca se ha publicado en España y, a estas alturas no creo que nunca lo haga, no me voy a cortar lo mas mínimo con el tema de los spoilers. Vayamos una por una.



The real story” empieza cuando Nick Succorso, un galante y atractivo pirata espacial, consigue, por medios desconocidos, que Angus Thermopyle, otro bandido, bestial y violento, sea arrestado por robar suministros de una estación espacial y le arrebata su amante cautiva, la bella y joven Morn Hyland. Esta es la versión oficial. A continuación, la narración pasa a relatar lo que de verdad ocurrió, la historia real.

La novela transcurre en un ambiente de western de frontera, entre buscadores de minerales y forajidos. No existe una auténtica policía del espacio, solo una milicia privada, la United Mining Companies Police, supuestamente bajo el control del gobierno de la Tierra.Lo mas interesante de esta historia es que en el universo de “The gap” un porcentaje pequeño pero significativo de las personas que atraviesen el hiperespacio se ven afectados de problemas mentales “gap sickness” que les convierten en peligrosos. Para mantenerlos controlados, se les colocan implantes cerebrales que dan un control total sobre ellos a las personas que blandes sus controles “zone controls”.

La verdadera historia es que Morn Hyland era en realidad una alférez de la UMCP enferma de “gap sickness” cuya enfermedad se manifiesta cuando su cuerpo es expuesto a altas aceleraciones. Mientras su nave perseguía a Angus Thermopyle, sufrió el primer brote de su enfermedad, que le hizo activar la autodestrucción de su nave, matando al resto de la tripulación, que se componía básicamente de sus familiares. Angus Thermopyle la rescató de los restos del naufragio, aunque no antes de asesinar al otro superviviente, el capitán, su padre. La colocó un implante para tenerla controlada y se dedicó a violarla, maltratarla y jugar con su cerebro hasta volverla adicta al "zone control".

Finalmente Hyland colabora con el bandido rival Succorso para librarse al fin de su esclavitud pero, en el último momento, justo antes de que Thermopyle sea arrestado, éste compra su silencio entregándole el “zone control” y ella prefiere huir con Succorso que volver con las autoridades, que le habrían retirado el implante, privándola así de su único medio para soportar la culpa, el remordimiento y el trauma de su tiempo con Thermopyle.

Esta novelette sorprende por lo crudo de las situaciones que describe: violación, maltrato físico y psíquico y asesinatos a sangre fría, pero está lastrada por la voz narrativa que Donaldson elige: un narrador omnisciente que lo sabe absolutamente todo y que se empeña en contarlo y aficionado a la psicología de salón; ya saben, de esos que explican todo por un trauma de la infancia. Las partes en las que explica la vida de Morn Hyland antes de su terrible experiencia son rematadamente malas, huelen a falso y artificial y lo mismo ocurre con el pasado de Succorso. A pesar de ello la novelette se sostiene gracias a la profunda humanidad del personaje de Angus Thermopyle.

Cuando se habla de la “humanidad” de un personaje solemos referirnos a que es un personaje simpático o entrañable. Nada mas lejos de la figura del asesino despiadado de Angus Thermopyle. Cuando me refiero a su humanidad quiero decir que hay algo muy humano y reconocible en el profundo terror que impregna todas las horas de su existencia y en los estallidos de furia y de actividad frenética que este terror le provoca.

Tendremos que esperar un tiempo todavía, hasta que le coloquen un trauma en su infancia.


Forbiden Knowledge

Primera novela en condiciones de la serie. En muchas ediciones contiene “The true story” y la verdad es que no tiene el menor sentido si no la has leído. El universo de la saga se amplia con la inclusión de los Amnion y los líderes de la UMCP. Descubrimos que existe una raza extraterrestre a la que por algún motivo el narrador listillo de la anterior narración se olvidó mencionar, con la que la humanidad se encuentra en una situación de guerra fría. Los Amnion, supuestamente, se atienen a rajatabla a sus tratos, tienen una tecnología superior a la terrícola, aunque algún misterioso problema con los medios de fabricación, son expertos en biología y manipulación genética y producen “mutágenos” que inyectan a otras formas de vida para transformarlos en Amnion. Su objetivo es asimilar algún día a toda la raza humana y a cualquier otra especie con la que se encuentren.

La UMCP protege a la humanidad del Amnion y de los ilegales que comercian con ellos, ofreciéndoles alegremente seres humanos que transformar, pero ha sido utilizada por Holt Fasner, el director de United Mining Companies como instrumento para ejercer su poder sobre la humanidad. Las intrigas de Warner Dios, el director de la UMCP, para arrebatar ésta de las garras de Holt Fasner y convertirla en un auténtico instrumento de defensa de la humanidad centrarán la serie a partir de ahora.

Esta es la novela del ciclo dedicada al personaje de Morn Hyland. Después de haber sido “rescatada” por Nick Succorso y sin medios de abandonar su nave, sabe que le resultará imposible negarse a “agradecérselo”. Su reciente experiencia con Angus Thermopyle le hace la perspectiva intolerable, así que empieza a experimentar con el “zone control” para modificar sus propias emociones, hasta conseguir programar la excitación sexual. Eso será solo el comienzo, según las crisis se suceden una tras otra, también lo utilizará para suprimir el cansancio, el miedo, inducir el sueño o desconectar totalmente la mente durante los periodos de altas aceleraciones.

Por el camino descubrirá a través de un compañero de tripulación que la UMCP paralizó y silenció unas investigaciones que habían creado un antídoto a los mutágenos Amnion, para que Holt Fasner pudiera mantener aterrorizada a la humanidad con la amenaza del ogro Amnion. También que está embarazada de Angus Thermopyle.

Hyland engañará a Succorso, haciéndole creer que el hijo es suyo para que le permita tenerlo. Con el propósito de minimizar el tiempo durante el que sería una carga para la tripulación, Succorso hará un trato con los Amnion para que aceleren su crecimiento y le implanten los recuerdos de Morn Hyland. De modo que Davies Hyland se convierte en otro personaje del reparto. Por motivos nunca explicados de un modo satisfactorio, Davies Hyland representa para los Amnion la clave para crear topos de aspecto humano que no despierten sospechas, así que le perseguirá durante el resto de la serie.

La idea de poder modificar el funcionamiento de tu propio cerebro, como hace Morn con el “zone control”, un poco al estilo del órgano de estados de ánimo de “Sueñan los androides con ovejas eléctricas” es fascinante, pero Donaldson no saca de ella todo el jugo posible, no es mas que otra herramienta de las muchas que utilizará Morn, que en esta novela hace gala de una cantidad de recursos que desaparecerán en las siguientes. Una herramienta cuyo uso tiene un precio, la adición y el desgaste físico y a la larga psíquico, pero Donaldson no consigue transmitirlo con su prosa, como tampoco consigue que nos creamos a Morn Hyland. Es un personaje atormentado por la culpa, el auto aborrecimiento y el trauma, pero Donaldson no transmite su tormento. Sus tendencias suicidas apenas se mencionan, su conflicto interno, cuando descubre su embarazo, se soluciona muy rápidamente, sin resultar emotivo. Sus flaquezas emocionales se mencionan pero no se consigue que el lector las experimente, permaneciendo el autor demasiado ocupado haciéndola superar un desafío tras otro.

Todo lo contrario ocurre con Nick Succorso, cuya figura se apodera de la función y salva en buena parte la novela. Parece que a Donaldson se le dan mejor los personajes desagradables. Nick Succorso es descrito como un egomaniaco que se ha creído sus propias bravatas, amoral, brillante y arrogante, a partes iguales, obsesionado con su fama y capaz de llegar a extremos inusitados para demostrar que nunca pierde. Resulta tan repulsivo como atractivo.

Hacia el final de Forbiden Knowledge reaparece Angus Thermopyle, reconvertido en un cyborg por los responsables de la UMCP, con el objetivo de enviarle en una misión encubierta al espacio prohibido, a la vez que se presentan al resto de los personajes que protagonizarán los restantes volúmenes de la saga.


A dark and hungry god arises.

En esta novela nos olvidamos casi por completo de Morn Hyland, mientras el argumento se bifurca. Por una lado, están las intrigas entre Warden Dios y sus hombres contra Holt Fasner, que son bastante aburridas y por otro la misión de Angus Thermopyle, en la que volverá a enfrentarse a Nick Succorso, a quien la traición de Hyland ha convertido en un tipo rencoroso y mezquino, carente por completo del atractivo que mostraba en el episodio anterior. Angus Thermopyle, por su lado, se ha convertido en un auténtico “terminator”, con fuerza aumentada y láseres incorporados, pero su mente está controlada por una computadora que restringe su comportamiento. Otra idea interesante, quizá la última que encontraremos en la serie, que en está ocasión si que ésta bien desarrollada. Existen unos códigos de prioridad, que convierten al que los recite en su amo y señor y, aunque no reciba órdenes directas, su acciones están regidas por una serie de reglas que lo mantienen dentro de los parámetros de la misión. Como es lógico, es imposible que dichas reglas puedan predecir todas las situaciones posibles y a menudo llevarán a Angus Thermopyle a encrucijadas y situaciones de interbloqueo. La posesión de los códigos que controlan a Thermopyle será disputada a lo largo de la serie, mientras que él se peleará continuamente con las reglas de su programación, intentando esquivarlas y subvertirlas.

La inculpación de Thermopyle fue utilizada como excusa para otorgar todavía mas poderes a la UMCP y a Holt Fasner. El testimonio de Morn Hyland podría revelar toda la maniobra, por lo que Holt Fasner hace que Angus Thermopyle sea programado específicamente para no prestarla auxilio, pero Warden Dios lo re programará en secreto para que haga justo lo contrario. El propio Thermopyle está lleno de lealtad a Hyland, porque ella mantuvo su parte del trato, no revelando nunca su implante cerebral, lo que le habría acarreado la pena de muerte.

Este es sin duda el volumen mas aburrido de toda la serie, debido a la profusión de páginas que se dedican a politíqueos y conversaciones aburridas, que nos apartan de la aventura de space opera que es lo única razón de que lo estemos leyendo, aunque mejora notablemente en su final.



Chaos and order y This day all gods die

Para abreviar, trataremos, los dos últimos libros juntos. En ellos se narran una serie casi ininterrumpida de combates y batallas espaciales, engarzadas en los esfuerzos de Morn Hyland, Angus Thermopyle y un pequeño puñado de aliados por volver a la Tierra y exponer las oscuras maniobras de Holt Fasner (supresión de la investigación de anti-mutágenos, falsa imputación de Thermopyle y mas cosas que han ido ocurriendo)

Los increíbles recursos que mostró Hyland en Forbiden Knowledge han desaparecido por completó y no se puede atribuir a la pérdida del "zone control", porque sus hazañas mas descabelladas las realizó sin disponer de él. Ahora su comportamiento oscila entre el de una dama en apuros y una autoridad moral de la talla de Steve Rogers. Incluso da algunos discursos. Como ya he dicho antes, no me la acabo de creer. A Donaldson se le da muy bien colocar a sus personajes frente a conflictos éticos o morales, es un atractivo de su escritura. Cuando le ocurre a Morn Hyland, siempre elige la opción éticamente superior, a pesar de que sus decisiones conlleven riesgos descabellados. Es gratificante, en cierto modo. El lector no puede menos que admirarla, pero, después de lo que ha pasado, no puedo acabar de creérmelo.

Thermopyle, por su lado, se convierte en una especie de John Mclane del espacio, en el que Hyland delega para salir de todas las situaciones peligrosas. El villano de The real story termina convirtiéndose en el héroe de la serie. Las semillas ya estaban en la novelette: llego un momento en que las vejaciones y maltratos a los que sometió a Hyland empezaron a asquearle hasta a él, que ella mantuviera su parte del trato la granjeó su lealtad eterna. Descubrir que tiene un hijo también lo afecta y por último, encontrarse con gente sincera que mantiene sus promesas. A pesar de todo ello, tampoco me lo acabo de creer por completo.

Y al que menos me creo es a Davies Hyland. Davies Hyland debería ser una mujer adulta atrapada en el cuerpo de un muchacho. No sólo eso, debería ser un reflejo distorsionado de Morn Hyland. Sin embargo, se comporta durante toda la serie como un adolescente belicoso. No cabe duda de que Donaldson confiere demasiada importancia a las hormonas.

El amplio catálogo de secundarios, aunque no dejan de ser tópicos, están bien caracterizados y cumplen su función, cediendo lo justo a la introspección. Desearía que Donaldson hubiera hecho lo mismo con los protagonistas.