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No creo en la crítica objetiva. Sólo conozco una o dos personas a las que le interesan mis opiniones. y a veces creo que lo hacen por cortesia.

lunes, 16 de octubre de 2017

“Rachel rising” de Terry Moore


Me considero un gran aficionado al cómic. No suelo postear sobre ello, por la sencilla razón de que tardo mucho menos en leer un cómic. que un libro, lo que se traduce en que si reseñara cada cómic. que me leo, mi vida privada consistiría únicamente en actualizar este blog. Lo que no me daría tiempo para leer cómics, pero eso es otra historia …

El puente del 12 de Octubre me ha dejado mas tiempo libre y he decidido saltarme esta norma.
El caso es que tenía un gran agujero en mi curriculum lector, no había leído nada de Terry Moore, autor de culto desde que publicara “Strangers in Paradise”. No he empezado con esta obra, como sería lógico y he preferido tirarme a algo más comercial.
“Rachel Rising”, teóricamente, cuenta la historia de una joven que, después de ser asesinada, se levanta de su tumba anónima en medio de un bosque, decidida a buscar a su asesino.
Premisa impactante, ¿verdad? ¡PUES ES MENTIRA! “Rachel Rising” no va de eso. En realidad va de una niña, llamada Zoe, que no para de matar gente. Las motivaciones son complejas, en realidad no es exactamente una niña y muchos de sus asesinatos, no todos, están justificados. En prácticamente cada capítulo, Zoe mata a alguien. El resto de las páginas se ocupan con alguna escena de los supuestos protagonistas conversando, sin hacer nada y con algún acontecimiento ominoso, generalmente un ridículo ritual de brujería o algún presagio. Para terminar, cada capítulo termina con un golpe de efecto que te incita a leer el siguiente, a pesar de que la historia global no ha avanzado nada.
Me ha parecido un Seinfield siniestro, una serie que no va sobre nada y en la que, en el fondo, no pasa nada. ¿Nunca has estado enganchado a alguna serie de televisión que en cada capítulo te tiene comiéndote las uñas, pero, cuando terminan, te das cuenta de que, en el fondo, no ha pasado nada? Pues eso es “Rachel Rising”.
Aunque eso sí, muy bien contado. Terry Moore es un gran dibujante, aunque me da la sensación de que todos sus personajes se parecen mucho, un gran dialoguista y un gran narrador, que sabe capturar la atención del lector en cada episodio, aunque la historia global no se dirija hacia ninguna parte. Su habilidad narrativa, es parte del problema en el fondo. Pongamos por ejemplo que quiere presentar a un nuevo personaje y quiere que su aparición resulte impactante. Pues hacer que aparezca le lleva tres o cuatro páginas, mínimo y sí, resulta impactante, pero en el número queda poco espacio para algo más.
Para colmo de males, da la sensación de que Terry Moore se hartó de la serie, o ésta empezó a darle problemas económicos, y la termina de cualquier manera, en un número final bastante bueno, pero que deja un montón de cabos sueltos, entre ellos unos cuantos personajes que han aparecido intermitentemente por la trama, sin llegar a pintar nada en ella y que entra en conflicto con lo que se iba preparando en los números anteriores.
Lo que mas me sorprende es que Terry Moore se supone que es un autor independiente y alabado por la crítica y este cómic. casi lo podía haber escrito Brian Michael Bendis.¡Que viva el decompressive storytelling!
Me lo he pasado muy bien, pero es una lectura que me ha dejado muy frío. El caso es que, algún día, volveré a leer algo de Terry Moore, porque es un gran dibujante y un gran narrador.

Evasión

Escribir en mi blog exige una cierta tranquilidad, la tranquilidad de que puedo darme el lujo de gastar tiempo en mis aficiones, de que en medio del batiburrillo de confusión y malas noticias de cada día, merece la pena emplear algo de tiempo para exponer mis opiniones, normalmente sobre novela, a través del gran escaparte de internet.

Sinceramente, estos últimos días estoy perdiendo esa tranquilidad. Parece que, en España, nos dirigimos directos, sino a una guerra civil, al menos a OTRA crisis económica, cuando decir que hemos salido de la anterior es mucho decir. En estas circunstancia ¿a quién pude importarle lo que opino de la última novela de marcianitos que he leído? Parecería que lo único de lo que se puede hablar es del GRAN TEMA omnipresente. A mi mismo, empieza a obsesionarme cuanto más durará mi propio puesto de trabajo, aunque en este terreno sea mi propio peor enemigo.

En este ambiente, este blog más que un medio de expresión, o una diversión, está empezando a convertirse en un medio de evasión, un modo de abstraerme de la realidad que me rodea.

jueves, 12 de octubre de 2017

“Cena en el palacio de la discordia” de Tim Powers




Ignoro si está en los planes de Gigamesh reeditar esta novela, pero he tenido la fortuna de encontrarla en mi biblioteca.

Antes que nada, un minuto de silencio. Una nota a pie de página en la bibliografía indica que su información ha sido proporcionada por Juan Carlos Planells. Hacia seis años que nada me recordaba su nombre. El mundo puede ser un lugar muy perro y el tiempo no espera a nadie.

En fin...

Imagino que “Cena en el palacio de la discordia” debe ser considerada una obra menor de Tim Powers. Como mínimo, su extensión es bastante reducida y es una obra atípica. Para empezar, tiene un único protagonista, la trama es lineal y no transcurre en ningún momento de la historia, ni siquiera en el presente, sino en un futuro post nuclear. Además, no busca su inspiración en el pasado, en el folclore o en la ciencia. Eso elimina algo del placer intelectual que suponen las obras de Tim Powers: no hay encaje de bolillos para insertar las peripecias de los protagonistas en medio de acontecimientos reales, ni explicaciones descabelladas a acontecimientos históricos, ni reinterpretaciones peculiares de mitos y creencias. Por una vez en la vida, Tim Powers no intenta rehacer nuestro mundo.

¿Qué nos queda entonces?

El placer de narrar. La aventura pura y dura. “Cena en el palacio de la discordia” es una novela basada en la acción, de corta extensión extensión (son 238 páginas y transcurre en apenas diez días) en la que difícilmente podrían caber mas peripecias y que, a pesar de ello, en ningún momento causa la sensación de apresuramiento o compresión. A cada acontecimiento y cada incidente se le dedica el tiempo justo, ni más ni menos.

Narra la historia de Gregorio Rivas, un músico de un club nocturno que antaño había trabajado como “redentor”, lo que ahora llamaríamos un “desprogramador”, aunque no es exactamente lo mismo. Oficio que consiste en secuestrar a jóvenes adeptos del culto de Norton Jaybush. Dicho culto, más que una secta, es un auténtico estado. Para realizar sus misiones los redentores tienen que infiltrarse en su país, uniéndose al culto y compartiendo sus sacramentos, lo que incluye una imposición de manos que deja a los adeptos reducidos a idiotas babeantes.

Rivas era el mejor en este peligroso trabajo, gracias a lo aprendido cuando él mismo formó parte del culto Jaybush. Ya retirado, es contratado a cambio de una cantidad exorbitante por el padre de Urania, su primer amor para que la rescate, pues se ha unido a los Jay. Durante esta búsqueda, a Gregorio le ocurrirá, como ya he dicho, de todo. Todo saldrá mal, quebrantará sus propias reglas, correrá todo los riesgos que juró no correr y vivirá un auténtico calvario, físico y psíquico, que incluye alguna mutilación.

A pesar de la corta extensión, Powers tiene tiempo de desarrollar un mundo complejo, con algunos escenarios y personajes fascinantes. El “hemoglobin”, por ejemplo, es una creación cien por cien powersiana, de esas que uno piensa que sólo se le pueden ocurrir a Tim Powers y lo mismo ocurre con el propio Norton Jaybush, cuya verdadera naturaleza y el modo en que se revela, son uno de los grandes aciertos de la novela. El final es emocionante. El epílogo, o último capítulo, según se interprete, puede parecer que queda abierto o que cierra perfectamente la historia, con Gregorio Rivas convirtiéndose en la encarnación del heroísmo según Frank Miller. A mi, la verdad, me ha gustado.

Si hay algo que no me ha convencido, sin embargo, ha sido la evolución de Gregorio Rivas. Se supone que es un egocéntrico que sólo piensa en sí mismo que recupera la humanidad a fuerza de traumas y pesares. El problema es que nunca parece tan egoísta. Lo único que nos apunta esa naturaleza es que procura esquivar a las chicas con las que rompe y que regatea por el rescate de la supuesta mujer de su vida. Una vez en marcha, aunque discuta sus motivos y tenga dudas, se comporta como cabría esperar de un héroe arquetípico, cosa que, en el fondo, el personaje es. Eso deja su supuesta evolución en nada. Es difícil que el lector duda de su respuesta, cuando es tentado por el mal, ya que lleva toda la novela viéndolo tomar decisiones éticamente correctas, que lo único que hacen es perjudicarlo.

Si en mi reseña de “La última partida”, me quejaba de que las obras de Tim Powers seguían un patrón que se estaba volviendo predecible, leer “Cena en el palacio de la discordia” ha resultado una experiencia refrescante, pues en ella todavía no han aparecido los esquemas que mas tarde jalonarán sus obras. No hay la primera escena, que aparentemente no tiene nada que ver con el resto del libro y que tardaremos mucho en comprender, ni la ruptura con la pareja justo antes del clímax del libro, por ejemplo. En vez de seguir una formula definida, Tim Powers se suelta el pelo y se deja llevar por el placer de narrar.

A la altura de “Esencia oscura”, aunque para mi gusto un poquito mejor, “Cena en el palacio de la discordia” es, ciertamente, una novela menor, mucho menos compleja y ambiciosa que las que habrían de seguirla, pero muy entretenida y para mi gusto, completamente disfrutable.

Con su lectura, acabo de concluir toda la obra traducida al castellano de Tim Powers, así que me declaro a mi mismo gran maestre de la orden del poder y me otorgo la medalla del lector impenitente e incrédulo.

viernes, 6 de octubre de 2017

“Ese mundo desaparecido” de Dennis Lehane


Años después del trágico final de “Vivir de noche” Joe Coughlin acude a su cita con el destino en “Ese mundo desaparecido”. Mafioso retirado que ya ejerce sólo de consigliere, padre afectuoso y entregado, su vida empieza a volverse patas arriba cuando empieza a tener visiones de un niño fantasmal, que podría ser tanto el espíritu del hijo que esperaba su mujer cuando fue asesinada como él mismo, durante su infancia. Poco después, recibe el soplo de que alguien pretende matarlo. A la vez que avanza en las indagaciones de su propio asesinato, la paz que reinaba entre las diferentes bandas de Tampa se quebrará y sus calles volverán a teñirse de sangre.

El final de "Vivir de noche" parece el de un cuento de hadas, comparado con el de este libro.
Las virtudes que encontré en “Vivir de noche” siguen presentes en “Ese mundo desaparecido”, aunque quizá su calidad esté haya disminuido un punto. Bajo la aparente sencillez de la escritura de Dennis Lehane se esconde un gran constructor de personajes y un magnífico dialoguista, que atrapa al lector con suma facilidad, a pesar de su profundo pesimismo. Por si estas virtudes fueran pocas, en esta novela utiliza recursos del género fantástico, a los que me referiré más adelante. He estado a punto de incluir entre la etiquetas de este post “Terror”.

Cualquiera que haya visto “Mystic River” sabrá que hay mucho de tragedia en la narrativa de Dennis Lehane. “Ese mundo desaparecido” es, en el fondo, justamente eso, una tragedia presidida por la muerte. La fatalidad, el destino o como queramos llamarlo, lleva a la muerte a prácticamente todo el reparto, a menudo en contra de los deseos de los propios verdugos, como algo inevitable contra lo que no se puede luchar.

La muerte está siempre presente en el relato, acechando y obsesionando a todos los protagonistas, al igual que la violencia, pero en el universo Lehane, la violencia es como en la vida real: deja secuelas. Nadie escapa a las consecuencias de sus actos y, tanto las víctimas como sus verdugos, quedan marcados para el resto de sus vidas.

Sin embargo, hay algunas pequeñas pegas que poner a “Ese mundo desaparecido”. Primero, la intriga, por llamarlo de algún modo, es bastante previsible. Segundo, hay algunos fragmentos en los que he detectado lo que yo llamaría un “exceso de virtuosismo”. Uno es la visita que hace Joe al peculiar director de una agencia de asesinos a sueldo, en una casa flotante. Es un fragmento escalofriante, pero muy exagerado y ,a la postre, baldío. Es como si Dennis Lehane se hubiera propuesto en él demostrar todo lo lejos que es capaz de llegar, en cuanto a crear atmósferas amenazantes y personajes siniestros. Lo consigue, hasta cierto punto, aunque a mí no me parezca creíble, pero no tiene consecuencias. Ese tipo tan horrible no vuelve a salir en la novela y casi no se le vuelve a mencionar. ¿A qué ha venido entonces todo este capítulo?

El otro es el capítulo que narra la historia del doctor Lenox, mientras éste hace un reconocimiento a Joe. Con sinceridad, es un capítulo magnífico. Merecería ser publicado individualmente en una antología de relatos de fantasmas y llevarse todos los premios habidos y por haber a relatos de terror, pero, una vez más, no tiene nada que ver con el resto de la trama.

“Ese mundo desaparecido” es una novela bastante breve. ¿Consideró Dennis Lehane que necesitaba una ración de “paginitis” para mejorar su suerte editorial o tuvo un ataque del conocido síndrome de “Mira mamá, que bien escribo”?

En fin, no son consideraciones muy importantes. Sus defectos, no quitan que sea un libro muy bueno.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

“Yabarí” de Lola Robles


Historia de la investigación que lleva a cabo una periodista sobre el maltrato a los nativos del planeta Yabarí por parte de las empresas explotadoras que están deforestando su jungla, “Yabarí” es una novela que me ha dejado indiferente.
Terminada la lectura, aún me pregunto que pretendía exactamente su autora.
Hay una crítica evidente a la explotación a la que son sometidas las poblaciones aborígenes, sobre todo cuando tienen la desgracia de vivir en una zona rica en materias primas y al agotamiento de los recursos naturales. Aunque acertada o no es demasiado profunda o Lola Robles no ha sabido vendérmela. No me provoca indignación, no sacude mis creencias. No me hace pensar.
Por otra parte, dicha crítica viene envuelta en una especie de aventura selvática, no demasiado interesante. La ambientación no es destacable. Los personajes no despiertan interés ni empatía, lo que les ocurre, con ser terrible, lo he visto o leído mil veces. La autora no consigue transmitirme su miedo y desesperación. No hay un destello de originalidad que dote a la historia de personalidad propia.
Con todo esto no quiero decir que la novela esté mal escrita, ni mucho menos. Su estilo es más que correcto. Aunque el fragmento que más me haya gustado sea la cita de “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, que abre el volumen, le encuentro todavía menos defectos al estilo que virtudes en el librito. Es sólo que no hay nada en él que me llame la atención. Es corto y es ameno, leerlo no supone ningún esfuerzo, pero me pregunto porque tomarse la molestia de escribirlo.

domingo, 24 de septiembre de 2017

“Las aventuras de un cadáver” de Robert Louis Stevenson


Curiosidad cómica, enredo, vodevil, todos ellos son apelativos que podrían darse a esta novelita. Tras un accidente de ferrocarril, las condiciones de una herencia y una confusión de identidades hacen que una pareja de hermanos intenten deshacerse de un cadáver que ha quedado irreconocible, empezando un juego de casualidades y coincidencias en el que el cuerpo va pasando de casa en casa, a la vez que sus dueños se apresuran a intentar librarse de él, sin plantearse siquiera llamar a la policía.
 
Todo en esta novela es exagerado. Los personajes son cómicos y en ocasiones su comportamiento no tiene mucho sentido, el recurso a las coincidencias, no es que sea inverosímil, es que es absolutamente increíble y el narrador se permite alguna pirulas léxico-sintácticas de aúpa. Y sin embargo, funciona. El lector se divierte con los apuros de los personajes y con sus rarezas y acaba cogiéndolos cariño. Una vez concluida la presentación de los mismos y entrados en faena es muy difícil soltar el libro. La narración avanza como un buque bien dirigido, a pesar de lo revuelto del cauce que sigue, a lo que sin duda contribuye su brevedad. Puede que el lector moderno no suelte grandes carcajadas, pero sin duda que tendrá una buena sonrisa plantada en la cara mientras dure su lectura.

Sin duda, al escribir “Las aventuras de un cadáver” Robert Louis Stevenson no se propuso más que hacer pasar un rato divertido al lector y vive Dios que lo consiguió.

viernes, 22 de septiembre de 2017

¡COMO ODIO PINTAR LA CASA! (2)

Pero lo que mas odio, es volver a colocar las estanterías y colocar en ellas los libros.
Y colocar los libros que van encima de los libros.
Y los libros que van encima del armario.
Y los que van en el hueco entre el armario y la pared ...

miércoles, 20 de septiembre de 2017

¡COMO ODIO PINTAR LA CASA!

Si, sé que esto no tiene nada que ver con la literatura o la ciencia ficción y no creo que le interese a nadie, pero tenía que decirlo.

viernes, 15 de septiembre de 2017

“El ojo del tiempo (Una odisea en el tiempo 01)” de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter


Nueva colaboración entre Arthur Clarke y Stephen Baxter. En “El ojo del tiempo” diferentes personas, en diferentes momentos de la historia, experimentan la “discontinuidad” un parpadeo de confusión, el sol parece bailar y se encuentran en un nuevo planeta Tierra, compuesta por parches del nuestro, procedentes de diferentes periodos del tiempo.

Una idea que parece mas propia de Philip José Farmer que de Clarke o Baxter y que no es demasiado original, pero que está bien desarrollada. Los autores demuestran estar tan bien versados en las ciencias físicas como en historia: no sólo hacen un buen trabajo imaginando las posibles consecuencias de la “discontinuidad” sobre el clima y la ecología, sino que también aportan mucha información sobre el funcionamiento de los ejércitos imperiales británicos, macedonios y mongoles, además de los inevitables conflictos culturales, que desembocarán en una épica batalla entre los ejércitos de Alejandro Magno y Gengis Kan.

(Batalla épica, sí, pero que no puede compararse al combate del mismo Alejandro contra las legiones romanas en “Alejandro Magno y las águilas de Roma”, de Javier Negrete. ¿Veremos algún día la segunda parte?)

Narración aventurera de supervivencia, exploración y guerra, “El ojo del tiempo” es una novela muy amena y una buena obra de ciencia ficción, pero no excepcional. El conjunto se ve lastrado por dos problemas narrativos.

Primero, los personajes son demasiado tópicos. Los mejores son, con diferencia, los personajes históricos. Alejandro y Ruyard Kipling, sobre todo este último, tienen personalidades atractivas, pero, los que son de creación propia de los autores, resultan meros esbozos. Ellos lo intentan, si, hay que reconocer que, por lo menos, han hecho el esfuerzo. Les han buscado motivaciones plausibles y han procurado que no sean personajes de una sola pieza, que cuenten con sus defectos y virtudes. A pesar de ello, no han conseguido dotarlos de voz propia y en pocas ocasiones consiguen que nos preocupen sus destinos o nos conmuevan. La muerte de Kipling es una excepción.

Hay un personaje en concreto que es un desperdicio increíble. Es un personaje que no es de fiar, porque los que lo conocen no paran de repetirlo, pero que en ningún momento se muestra sospechoso. Al final comete una traición. El lector no presencia esa traición y tampoco se puede decir que tenga mucho efecto en la historia. El lector tampoco presencia las consecuencias que tuvo dicha traición sobre el traidor. Todo el tema de la traición no ocupa más que un par de frases. ¿A cuento de qué viene entonces? ¿Porqué no suprimir, no ya la parte de la traición, sino el propio personaje de la novela? Bueno, sabía griego.

El otro defecto principal, es la última parte del libro, que resulta larga y anticlimática. Una vez la batalla ha concluido, la novela pierde fuelle y los supervivientes se limitan a vagabundear de un lado a otro, sin objetivo aparente, más que describir un poco más el mundo creado por sus autores.

Hasta aquí las pegas literarias. En el terreno personal, la novela se me ha hecho demasiado british para mi gusto. Subyace en él una exaltación de Kipling, del ejército de su época y el convencimiento de lo gloriosa e importante que ha sido siempre Inglaterra, que ya me pareció detectar en “Luz de otros días”, pero más diluida.

Dado el intrigante cliffhanger con el que termina, tendré que leer la continuación, pero aunque, en general, me ha dejado un buen sabor de boca, creo que se podía esperar más de los autores.

jueves, 7 de septiembre de 2017

“El hacedor de estrellas” de Olaf Stapledon.


Permítanme que me ponga nostálgico. Uno de mis primeros libros de ciencia ficción, es decir, uno de los primeros que me regalaron, fue el número cuatro de la antología “Imperios Galácticos” recopilada por el recientemente fallecido Brian Aldiss. En ella, cada sección en la que el antologista agrupaba los relatos venía precedida por una cita de “El hacedor de estrellas” de Olaf Stapledon. Recuerdo la sensación que me produjo la lectura de aquellos párrafos grandilocuentes y alucinados. Pensaba que aquella novela debía ser un tremendo coñazo.

Sin embargo, aquellas pequeñas píldoras de pretenciosidad tenían algo que encendía la imaginación y que despertó mi curiosidad. Por eso ahora, tantos años después, he decidido darle una oportunidad. ¿Que opinión merece ahora la obra completa, ante los ojos de un hombre madura, tan distinto del adolescente que fui?

Bueno, en el prólogo de Jorge Luis Borges éste dice:

Hacia 1930, ya bien cumplidos los cuarenta años. William Olaf Stapledon abordó por primera vez el ejercicio de la literatura. A esta iniciación tardía se debe el hecho de que no aprendió nunca ciertas destrezas técnicas y de que no había contraído ciertas malas costumbres. El examen de su estilo, en el que se advierte un exceso de palabras abstractas, sugiere que antes de escribir había leído mucha filosofía y pocas novelas o poemas.

O dicho en otras palabras, el estilo de Olaf Stapledon es mas árido que la superficie de un desierto y convierte la lectura de sus obras en una auténtica travesía del Sahara. A ello hay que añadir que llamar a este libro novela es bastante inexacto. Veamos su argumento. Una noche, el narrador sube a una colina y se queda traspuesto, cual San Juan. En ese rapto místico, su alma se interna en las profundidades del espacio y el tiempo, vagando de mundo en mundo y fusionándose con las de otros viajeros mentales como él, lo que le permite ser testigo de la existencia de mas o menos toda la vida inteligente del universo, hasta su total existencia.

Esto si que es “literatura de ideas” y no lo que entendemos normalmente como tal. El protagonismo se da a las especies y a las sociedades, los individuos brillan por su ausencia. No es que los personajes carezcan de interés, es que no hay. El “Hacedor de estrellas”, al que hace referencia el título, la voluntad oculta y el poder definitivo que creó las estrellas, otra vez hablando en plata, es Dios, que también aparece hacia el final del libro.

Es un libro ambicioso hasta alturas astronómicas, mas cercano a un tratado filosófico que a una novela. Difícil de leer y, sí, aburrido, muy aburrido. Sin embargo, la desbordante imaginación de su autor hace que la travesía no resulte completamente infructuosa para el lector. Aunque algunas de sus ideas ya resulten muy ingenuas a un lector moderno, otras son muy atractivas y en sus muchas e interminables descripciones de otras especies, probablemente aparezcan algunos de los alienígenas más originales de la historia de la ciencia ficción.

viernes, 1 de septiembre de 2017

“Trilogía del abismo: Los piratas fantasmas” de William Hope Hodgson


Nos encontramos aquí con una pequeña obra maestra dentro de la temática de los barcos malditos o embrujados. Si ese es el caso. Enigmática como deben ser estas historias, nunca queda claro que es lo que realmente está pasando. La sugerente hipótesis que hace el protagonista es que el mundo encierra varias realidades y, por algún motivo, el buque de la narración es accesible para los seres de una de estas otras realidades que conviven con la nuestra. Pero es solo eso, una hipótesis.

La novela cuenta meticulosamente como las noches de la tripulación se convierten en una pesadilla, a medida que esta va perdiendo progresivamente el control de su propio barco. Empezando con misteriosas apariciones, entrevistas por el rabillo del ojo, que suben a bordo desde el fondo del mar, siguiendo por accidentes inexplicables y la pérdida de contacto con el resto del mundo, hasta llegar al gran y terrible final.

La narración avanza con un pulso excelente, aumentando progresivamente la tensión, conforme los protagonistas recorren todo el camino que pasa desde el escepticismo al pánico y la desesperación. Ninguno de ellos está muy perfilado, pero en este caso me parece permisible, puesto que todo el relato está subordinado a la narración y no hay tiempo ni necesidad de grandes complejidades psicológicas.

Mis únicas pegas, me parecen innecesarios los dos epílogos finales, el cuento ya había terminado. Puedo aceptar uno, por el cambio de punto de vista, que es relevante, pero dos ya es exagerado y, extrañamente, lo que se cuenta no acaba de encajar del todo con lo leído previamente. Además, el uso y abuso de términos náuticos vuelve incomprensibles párrafos y casi páginas enteras.

PD: Con esta reseña termino la trilogía del abismo de Hodgson, no tengo intención de reseñar “La casa en el confín de la tierra”, aunque probablemente sea la mejor de las tres narraciones, básicamente porque ya le he leído y no tengo ganas de volver a hacerlo.

martes, 29 de agosto de 2017

“Trilogía del abismo: Los botes del Glen Carrig” de William Hope Hodgson


Esta novelita me inspiraba algunas reticencias, porque la información de la que disponía me indicaba que en ella Hodgson imitaba el lenguaje de los autores del siglo dieciocho. Temí encontrarme con algo similar al comienzo de “El reino de la noche”. Afortunadamente, no ha sido así. “Los botes del Glen Carrig” se lee sin ningún problema.
Cuenta las aventuras de un grupo de náufragos supervivientes de un naufragio. Hay algunos detalles que me resultaron extraños en la estructura de la novela. Lo mas llamativo, es que los diálogos brillan por su ausencia. Esto es muy realista, se supone que es la narración que el protagonista hace a su hijo de sucesos vividos muchos antes, pero no contribuye a la inmersión profunda del lector en lo narrado y hace algo fatigosa la lectura, aunque se compense por su ritmo y brevedad.
Los otros detalles son que jamás se menciona el naufragio del Glen Carrig jamas se relata ni se menciona, pareciera que fuera un suceso insignificante que no afectara los protagonistas. Esto permite ir directamente al grano, pero me resulta algo chocante. Por último, el comienzo de la historia, que transcurre en una especie de isla desierta, no parece tener mucho que ver con el resto. Es como si Hodgson tuviera dos historias independientes sobre las terroríficas tribulaciones de unos náufragos y las hubiera empalmado, aunque no fueran concebidas así originalmente.

El mar por el que navegan los supervivientes del Glen Carrig es el mar de la literatura de William Hope Hodgson. Es decir, un mar poblado de misterio, horrores nocturnos y barcos abandonados. Probablemente ésta sea su narración más larga referida al mar de los sargazos, aunque nunca se usa ese nombre, descrito como un inmenso continente de algas en el que los barcos quedan atrapados, por el que circulan cangrejos y pulpos gigantes, entre otros horrores. (China Mieville dijo que Hodgson es el autor que enseñó a Lovecraft a temer a los pulpos)

El conjunto se asemeja a una de esas historias de Julio Verne, como “La isla misteriosa” o “Dos años de vacaciones”, que cuentan las andanzas de un grupo de náufragos, al que se le han añadido elementos terroríficos. Un Robinson Crusoe con monstruos. El resultado es dispar. Ninguno de los personajes es digno de tal nombre, apenas se distingue al contramaestre de los demás. Sus relaciones son inexistentes, incluso la historia de amor, que la hay, es patética y no por su dramatismo, sino porque parece apenas un esbozo de una historia de amor, los personajes se enamoran porque sí, como si fueran un par de líneas incluidas en un borrador. La parte “robinsoniana” de la historia, es aburrida, Hodgson no consigue hacer interesantes la reparación de un tablón ni la construcción de un arco o una cometa.

Por otro lado, la parte terrorífica es muy buena. Hodgson era un gran creador de escenarios, ambientes y criaturas monstruosas. Las dos islas en las que recaban los náufragos permanecerán en mi cabeza mucho tiempo. El modo en el que insinúa las amenazas y como, poco a poco, estas pasan de ser una vaga sensación de intranquilidad en la cabeza del narrador hasta hacerse reales, es genial.

Por cierto, que menudo gafe, que casualidad que todas los ataques ocurran siempre durante su guardia.
En fin, una obra muy entretenida, con algunas partes mediocres y otras geniales.

viernes, 25 de agosto de 2017

“Domori” de Sofía Rhei

 

Me va a costar escribir esta reseña, sin soltar spoilers como loco. “Domori” parte de una idea idea imaginativa y bien desarrollada, de esas que sirven perfectamente para ambientar largas trilogía, para contar la típica historia de descubrimiento y auto-descubrimiento, en la que un personaje joven aprende los recovecos de su mundo y empieza a entenderse a sí mismo. Lo hace muy bien. “Domori” es una novelita fresca y agradable de leer, con la que he disfrutado mucho. Está bien escrita, dosifica adecuadamente la intriga y la acción y contiene algunas vueltas de tuercas inesperadas.

La idea principal, esa que me muero de ganas de revelar, es, como ya he dicho, brillante y me ha recordado algunos detalles que he oído mencionar, de una obra reciente mucho más publicitada, aunque como no la he leído y no hay nada nuevo bajo el sol, omitiré decir más.

En este mundo no hay nada perfecto, sin embargo, y hay un par de detalles que me han chirriado un poco.

Uno es que hay un par de conversaciones que no me han resultado naturales, de esas en las que los personajes desnudan su alma con una habilidad expresiva que parece exceder sus capacidades. Es un defecto que he encontrado a menudo en obras destinadas a un público juvenil. ¿Es esta una de ellas? No sabría decirlo, aunque sigue uno de sus esquemas clásicos, el contenido sexual del pasaje “azul” (los que la hayan leído me entenderán) y algún otro no pegan con esa etiqueta. De la violencia y la muerte no hablo, la literatura juvenil ya no es lo que era.

Y el otro es uno de esos temas tan personales, que me hacen parecer tan tiquismiquis, que entendería que la autora o sus fans me corrieran a gorrazos por la calle. Es el siguiente: no me ha gustado el uso metafórico que se da del término “terraformación” en el libro. Para los aficionados a la ciencia ficción, es demasiado evidente, para el resto del público es incomprensible. Si soy capaz de usar bien internet, no es un término que haya sido todavía aceptado por la RAE, si lo empleo delante de la mayoría de mis conocidos, se quedarán mirándome, preguntándose que me pasa en la boca. Además, suena raro, tiene muchas sílabas, no me parece un palabra que pasase con facilidad al lenguaje. ¿Cual usar en su lugar? Ah, esa es una buena pregunta. Es mucho mas fácil quejarse de las cosas que ofrecer alternativas.

domingo, 20 de agosto de 2017

“Luna: Luna de lobos” de Ian McDonald


Esperadísima continuación de “Luna: Luna nueva”, continúa las aventuras de la familia Corta. “Luna de lobos” tiene el típico problema de las continuaciones: el elemento sorpresa se ha perdido, por más interesante que sea el mundo en el que transcurre, ya nos lo conocemos. Por otro lado, cuenta con la ventaja de que la historia ya está en marcha, puede ir al grano sin perder tiempo en presentaciones ni explicaciones.

Bueno, un poco explicaciones y presentaciones sí que hay, ha pasado un año y medio y en la primera parte del libro se recapitula que ha sido de los personajes y, con hábil y sádica mano, Ian McDonald se guarda para el final aquellos por los que el lector estará más interesado. Algunos ganan en humanidad y otros son dejados de lado. Por ejemplo, el personaje de Marina Calzaghe , tenía como función en “Luna nueva” ser los ojos del lector, que descubría a través de ellos el mundo lunar. Eso, y también salvar el día, de vez en cuando, con su rapidez de reacción y su valor. Como el mundo ya está presentado, en “Luna de lobos” ha perdido su función principal y pasa un discreto, no segundo, sino tercer plano, aunque deje a su paso una escena conmovedora.

Por el contrario, tenemos mucho más del lobo Wagner, con una cierta profundización en la cultura lobuna, a Lucasinho, personaje al que al principio tenia cierta tirria, pero que, a base de acumular tantos y tantos defectos, al final me es casi imposible no quererlo y, además, protagoniza uno de esos “momentos McDonald” para el recuerdo: párrafos y párrafos hablando de tartas. Puede hacerse cansino, pero acabó haciéndome gracia. Y, por supuesto, tenemos a Lucas, cuyo periplo terrestre nos permite conocer un poco mas la Tierra de este mundo futuro, analizado desde un punto de vista selenita, lo que nos permite comprender mejor la Luna ficticia y satirizar el mundo real.

Mas que una continuación, casi podríamos hablar de una prolongación, “Luna de lobos” no tiene sentido sin “Luna nueva” y es absurdo intentar leerla sin haber leído la anterior. Por otra parte, es casi de obligada lectura para los que la leyeron, como lo será una hipotética tercera parte. El estilo de la narración es coherente con la primera parte y no sorprenderá a los lectores, aunque algunas decisiones de Ian McDonald siempre resulten peculiares: dedica más tiempo a los recuerdos de infancia de un personaje que a un golpe de estado, a la música que escucha Lucas durante su entrenamiento para aclimatarse a la gravedad terrestre que al propio entrenamiento, dedica varios capítulos a presentar un personaje nuevo, que, aparentemente, no tiene nada que ver con la trama (aunque acabará siendo vital), se centra en los que padecen una crisis (bien por su ética) en lugar de en los que la provocan o gestionan, lo que tiene el inconveniente de que el lector no sabe lo que está pasando. Y dedica muchas, muchas frases a describir un aparato sexual masculino.

Diría que en comparación con el primer volumen, hay menos ideas y pasan menos cosas, pero las que ocurren se viven con mas intensidad. En este volumen, la aventura prima sobre la intriga. Ya he mencionado una cierta crisis. Gran parte de la novela consiste en los protagonistas intentando sobrevivir a esa crisis. Esta parte de la novela, cuajada de escenas espectaculares y dramáticas, aventaja a su predecesora en emoción y en acción. Sin duda el hecho de haberlo leído durante el periodo de jornada continua de mi trabajo ha influido en ello, pero hacía tiempo que no me veía tan absorto por la lectura de una novela, mas que leerla, la he devorado.

Recuerdo que en los comentarios de mi reseña de la primera parte Alb definía “Luna: Luna nueva” como “Un culebrón, sí, pero de primerísima.” Bueno, pues después de consumir la segunda temporada, me temo que ya estoy absoluta y completamente enganchado.
 

martes, 15 de agosto de 2017

“Jagannath” de Karin Tidbeck



Personalísima e inclasificable colección de relatos, que me confieso incapaz de enjuiciar.

Por un lado, reconozco mi admiración por el buen hacer de su autora. En estos relatos no sobra ni una coma. Son relatos breves que llegan a su conclusión ¿lógica? ¿apropiada?, sin que, a pesar de su brevedad, se produzca sensación de alguna de apresuramiento. Todo fluye al ritmo adecuado para lo que se está contando. Su estilo es transparente, sutil. No hace alardes ni subrayados: aparentemente se limita contar objetivamente lo que está sucediendo y crear esta ilusión de objetividad es uno de los mayores desafíos a los que se puede enfrentar un escritor. Su imaginación es portentosa. Prácticamente todos los relatos son sorprendentes, nunca utiliza clichés ni tópicos y algunos de sus ideas son asombrosas. También me encanta el modo en que Karin Tidbeck es capaz de dar la vuelta a sus argumentos, la sencillez con la que se las arregla para introducir el elemento fantástico en un relato costumbrista, para lo que, en una ocasión, le basta el sonido de unas campanillas.

Pero por otro lado, entre tantas cosas buenas, a veces tengo la sensación de que me están tomando el pelo. Si todos los relatos son desconcertantes, algunos de ellos lo resultan demasiado para mi gusto, como el que abre el volumen, que contiene la famosa descripción erótica de un dirigible, o el insustancial Her Cederberg, para mi gusto el peor del libro, que basculan en la delgada línea que a veces separa la genialidad de la chorrada.

lunes, 7 de agosto de 2017

“36” de Nieves Delgado


Historia de la vida y la evolución personal de una inteligencia artificial, “36” es un brillante alegato en contra de los prejuicios y la estrechez de miras de la raza humana. Nieves Delgado propone un mundo en que las inteligencias artificiales conviven con la raza humana sin llegar a estar a la altura de sus expectativas. Aunque súper inteligentes, su modo de pensar es tan ajeno al humano que no comparten nuestras motivaciones ni objetivos. Al contrario que en Star Trek, su objetivo no es ser humano, ni piensan que ser humano sea algo extraordinario. No les preocupa el éxito social, ni la riqueza, ni el sexo, ni el afán de conocimiento, ni, a la postre, la auto preservación. Y los seres humanos no pueden soportar que no compartan sus puntos de vista.

Es una especulación muy interesante y está muy bien explicada. El problema es que fuera del desarrollo de esa especulación, el volumen carece de interés. El hilo narrativo que lo sostiene es muy frágil, no logra involucrar al lector y cuando, finalmente, empieza a ponerse interesante con un misterio, es cortado en seco, interrumpido por listados de hilos de redes sociales.

“36” contiene algunos ataques muy certeros a las obsesiones del ser humano, como son la comida y el arte. En algún momento se habla de la adicción al melodrama de nuestra especie. Sin embargo, para ser mas disfrutable, esta novelita habría necesitado de un poco más de melodrama.

lunes, 31 de julio de 2017

“Rubicón” de J.G. Mesa


La contraportada de esta novela corta nos cuenta, que, cuando la Tierra está a punto de ser destruida por el impacto de un meteorito, el enloquecido capitán de una nave espacial se empecina en no abandonar el planeta hasta conseguir capturar vivo un ejemplar de león africano para su colección de depredadores. Esta sinopsis es el principal problema del volumen, porque es tremendamente atractiva. Hace que uno se imagina una especie de “Moby Dicken el espacio, o, al menos, un “Cazador blanco, corazón negro”.

Nada más lejos de la realidad. “Rubicón” es una sencilla novelita de aventuras. Las páginas 67-68 son las únicas en las que el autor intenta meterse en la cabeza de Guillermo Nox y la verdad, me ha parecido un fragmento muy bueno. El resto de la novela, se deja leer, pero no me ha llamado especialmente la atención y le sobran algunas explicaciones, en la página 18, por ejemplo, invierte demasiado tiempo en describir y explicar como funciona el casco traductor del comandante, algo que cualquier lector se puede imaginar sólito. A lo largo del texto, aparecen otras redundancias y subrayados, que serían imperceptibles en una novela larga, pero me resultan imperdonables en un texto tan breve, en el que la concisión debería ser ley y cada palabra cuenta.

Entretiene, que es lo mínimo que hay que pedir a una historia y que no siempre se consigue, pero no deja poso ni recuerdo duradero. No me ha provocado interés por su autor. Parece el guion del episodio piloto de una serie de televisión.

lunes, 17 de julio de 2017

“Los últimos días de Nueva París” de China Miéville



Antes de empezar a comentar esta novela, permítanme que sugiera este enlace a los que la estén leyendo, o se dispongan a hacerlo:

https://medium.com/@Nicky_Martin/graphic-annotations-of-china-mi%C3%A9villes-the-last-days-of-new-paris-fb2abe8fc578

Es un enlace muy útil. Sin su ayuda puede ser complicado imaginar las portentosas imágenes que evoca la prosa de China Miéville, a menos, claro que seas un experto en el movimiento surrealista.

La mayor parte de la historia transcurre en París, en 1950. Nos encontramos en una realidad alternativa. Durante la ocupación nazi detonó algo llamado “la bomba S”. Como resultado, París está repleto de manifestaciones del arte surrealista, fundamentalmente cuadros que cobran vida, pero también de cualquier forma de arte de este movimiento. A lo largo de la novela aparecen incluso manifestaciones de poemas. La ciudad permanece ocupada por los nazis, aliados con demonios del infierno que combaten contra el arte viviente.

La historia se centra en Thibaud, último superviviente de un grupo de resistentes surrealistas, que vagabundea por la ciudad intentando huir de ella, a la vez que se nos informa de su pasado por medio de flashbacks oportunos. También hay una segunda línea argumental, que transcurre en 1940, que nos cuenta el origen de esta extraña situación.

Me dan ganas de hacerme el listo y tratar de definir el interés del libro con esta sencilla ecuación:

Surrealismo + China Miéville = Delirio

Llamativo ¿eh?, pero no deja de ser un reduccionismo estúpido.
Una vez más, China Miéville demuestra la potencia de su poderosa imaginación. “Los últimos días de Nueva París” parte de una idea mas o menos original: el arte cobra vida para luchar contra el nazismo, pero desarrollada de un modo que ronda la genialidad. Resulta increíble la labor de documentación que hay detrás de este par de cientos de páginas. La cantidad de referencias artísticas es tan alta que hará las delicias de los entendidos en el surrealismo. (Yo eché en falta alguna a Buñuel, pero no soy ningún experto) La materialización de elementos surrealistas convierte las páginas en un catálogo de paisajes oníricos, poblados por figuras extrañas y peligrosas. La ambientación es fascinante, retorcidamente hermosa y a la vez amenazadora. La prosa de Miéville va pareja a lo que describe. Sinceramente, no se que pensar sobre su estilo. He leído a mucha gente echar pestes sobre él, otros decir que es intencionadamente malo. A mi me resulta desconcertante, me provoca una sensación de extrañeza, que lo hace muy adecuado para esta obra al menos.

Resumiendo, que los adictos al sense of wonder tienen frente a ellos un bocado al que es imposible resistirse, a lo que hay que añadir que las peripecias no dan descanso en ningún momento al lector, que las persecuciones, tiroteos y combates parecen no acabar en ningún momento y que el final es excelente, la revelación y el destino final del adversario definitivo es una de esas cosas que no deben dejar que les cuenten.

Pero…

La reseña hasta aquí estaba resultando demasiado elogiosa, cuando “Los últimos días de París” tiene algunos defectos muy marcados.

Para empezar, la subtrama sobre el origen de la bomba S, es totalmente prescindible y no aporta nada al resto del relato. Parece mentira que este sea el mismo China Miéville que en “La ciudad y la ciudad” afirmaba que ni sabía ni le preocupaba como se habían llegado a mezclar Beszel y Ul Qoma.

La trama principal, la de Thibaud, tampoco es que sea gran cosa. En el fondo no deja de ser un paseo bastante largo por este mundo desconcertante que Miéville ha creado. Otra vez. Además, reaparece uno de sus peores defectos, el de descriptor exhaustivo de parajes urbanos imaginarios. Hay veces en que parece decidido a seguir página por página un plano de París, explicando detalladamente en que ha cambiado cada uno de sus distritos y sus calles. Afortunadamente para sus lectores, la brevedad del volumen lo impide.

Y esa es otra de las cuestiones que deben tener en cuenta los que piensen adquirir este libro. En realidad, “Los últimos días de París” es una novelette, a la que le han puesto un tipo de letra grande, un espacio entre línea generoso y han llenado de extras para que alcance las dimensiones que exigen su publicación en tomo. Eso no es nada malo de por sí, a mí me encantan las novelettes, mientras que los grandes tochos cada vez me cansan mas, pero se vende a precio de novela y no es el tipo de información que te ofrecen en la contraportada.

Los extras incluyen la historia de como supuestamente China Miéville consiguió la historia y un largo listado de referencias sobre los orígenes de las manifestaciones, que es muy interesante.

Por último, diré que ya llevo bastante leyendo a este autor y empiezo a ver patrones en sus historias, que eliminan el elemento sorpresa. En concreto me refiero al aliado/salvador que guarda algún secreto oscuro en su interior, que casi parece una constante a toda su obra. Miéville debería tener cuidado con eso, si no quiere volverse repetitivo y eso es lo último que debe desear alguien que se esfuerza tanto por ser original. Cierto que, si “Los últimos días de Nueva París” me ha recordado a alguna obra anterior de Miéville, sería a “El azogue”, con la que guarda algún paralelismo, aunque creo que “Los últimos días de Nueva París” está infinitamente mejor.

En resumidas cuentas, si tuviera que ponerle nota, por la imaginación y la ambientación, “Los últimos días de Nueva París” se merecen un diez, pero por trama y personajes no llegan al cinco, un cuatro pelado.

martes, 11 de julio de 2017

“Kirinyaga” de Mike Resnick


 

Los kikuyu son la etnia principal de África oriental y Kenya. Yo tampoco lo sabía hasta que leí este libro. Este libro cuenta la historia de una colonia kikuyu establecida en un planetoide con el objetivo de llevar una vida basada en sus tradiciones ancestrales, antes de la llegada de los europeos. El protagonista de Kirinyaga es Koriba el mundumugu o brujo de la colonia, que es también el guardián y preservador de la tradición. Koriba es un hombre ilustrado, que estudió en las mejores universidades occidentales de la Tierra y es el único que tiene acceso a las comunicaciones con el mundo exterior, por medio de un ordenador con el que puede realizar ajustes en la órbita de Kirinyaga que controlan su clima.

También es un fanático intransigente, convencido de que la menor influencia de otra cultura sólo puede ser perjudicial para la suya y lo mismo sobre la desviación mas leve de la tradición.

El libro se compone de varios relatos. Casi todos ellos siguen la misma estructura: Koriba se encuentra ante un problema o un dilema que amenaza con alterar la sociedad kikuyu que considera perfecta y maniobra, mas o menos subrepticiamente para restablecer el orden, a menudo de modo cruel.

El personaje de Koriba es un gran acierto del libro. Como ya he dicho, Koriba es un fanático, como los peores de ellos, no acepta otra visión del mundo que la propia y por tanto se la impone a su pueblo. Lo triste es que es un fanático bien intencionado, que sufre y se preocupa sinceramente por su pueblo. En una ocasión, el relato Bwana, su intervención es beneficiosa. Aunque me cuesta reconocerlo, tengo que reconocer que hay parte de verdad en sus argumentos. Podríamos incluso decir que es un hombre bueno. Un hombre bueno que, por las mejores razones del mundo, comete actos incalificables, que impiden, aparentemente, que su pueblo evoluciones y digo aparentemente, porque tras cada crisis, algo cambia imperceptiblemente, que presagia el inevitable fracaso final de Koriba.

Koriba es uno, pero el libro está lleno de aciertos. Uno de ellos es la ambientación africana, que a mi al menos me ha resultado muy exótica. Resnick describe la cultura kikuyu imparcialmente, sin ocultar ni sus luces ni sus sombras. Una cultura bien integrada con su entorno si, pero atrozmente machista, en la que se practica la mutilación genital, los ancianos y enfermos se abandonan a las hienas y los recién nacidos pueden ser sacrificados por motivos absurdos.

Otros aciertos son las fábulas con las que Koriba se explica continuamente, que también son muy atractivas y, en general, el uso de los diálogos. En esta obra al menos, el diálogo es el motor de la escritura de Resnick. Son los diálogos los que hacen avanzar las tramas y la herramienta con la que los personajes expresan sus ideas y sus sentimientos y su uso me ha parecido casi genial.

Kirinyaga se subtitula ”Fábula de una utopía” y contiene reflexiones muy interesantes sobre las mismas, su carácter transitorio, su imposibilidad o como la utopía de una persona puede ser el infierno de otra. También obliga al lector a replantearse sus propios puntos de vista y considerar ideas ajenas.

Todos estos aspectos lo convierte en “casi” una obra maestra. ¿Qué defectos tiene? Bueno, pues lo que todo el mundo ha expresado antes que yo, obviamente. No se trata de una novela, sino de un fixup de relatos publicados a lo largo de varios años. Aunque hay una evolución y todos juntos forman una historia, leídos de seguido se hace patente que todos siguen el mismo esquema y puede hacerse repetitivo. Además, también hay ciertas reiteraciones, presentaciones de personajes y detalles de ambientación, que se repiten en cada relato. No son unos peros muy grandes, pero ahí están.

Mi vena friki y cretina me obliga a señalar un detalle que asaltó mi “suspensión de incredulidad”. En el primer relato, hay un momento en que Koriba amenaza con una especie de maldición al gran jefe y este se echa a temblar. Vamos a ver, que no se trata de una persona nacida en Kirinyaga, es un emigrante, que también tiene un ordenador en su casa y habla ingles. En otros momentos se nos dice que la población original de Kirinyaga estaba formada por fanáticos de las tradiciones ancestrales de Kenya que ya llevaban un tipo de vida similar en la Tierra. Aceptemos barco, a fin de cuentas tengo amigos y compañeros de universidad bastante supersticiosos, pero me sigue pareciendo demasiado exagerado que se aterre de tal modo, aunque ese abrazo a las supersticiones sea necesario para la historia que Resnick quería contar.

El volumen se complementa con un breve ensayo y una novela corta. En el ensayo Resnick explica que un escritor no tiene porque compartir los puntos de vista de sus personajes. No hacia falta que se molestara, pero parece que hubo polémica con estos relatos. Por su lado, la novela cuenta como los masai intentan construir su propia utopía en otro planetoide, aprendiendo de los errores de Koriba. Debo incluirla entre los defectos, porque es sensiblemente inferior al resto de la obra, parece incluso escrito a toda prisa, como si Resnick hubiera redactado una serie de notas sobre los problemas con los que se encontraría una colonia masai y las soluciones que adoptarían sus integrantes, si estos no fueran unos fanáticos. Tanto problemas como soluciones son interesantes, pero es como si se limitaran a enunciarlos, sin intentar hacerlos ni preocupantes ni divertidos para el lector. Aun así, es una novelette inteligente agradable de leer, que complementa el ciclo de Kirinyaga. Mientras que en uno asistimos a las decisiones de un fanático intransigente, aquí vemos como un grupo de personas bien intencionadas y mas abiertas de miras tratan de encontrar las mejores soluciones para todos. Es divertido y da buen rollo. El final es abierto, Resnick no garantiza que todos los problemas tengan solución, ni que a Kilimanjaro le vaya a ir mejor que a Kirinyaga, pero se permite cierta esperanza, resumida en la pregunta final:

¿No se te ha ocurrido nunca que la utopía tal vez no sea el resultado final, sino el mero hecho de luchar por ese fin?

Otras opiniones, que convierten la mía en redundante (por eso las listo al final)

http://sentidodelamaravilla.blogspot.com.es/2017/05/kirinyaga-de-mike-resnick.html
http://dreamsofelvex.blogspot.com.es/2017/06/kirinyaga-mike-resnick.html






martes, 4 de julio de 2017

“El Barón de Ballantrae” de Robert Louis Stevenson


He leído a mas de una persona afirmar que, con “La isla del tesoro” aprendieron que el mal podía ser atractivo, incluso simpático. No fue mi caso, los ilustradores dibujaban a un John Long Silver tan patibulario que me resultaba difícil olvidar mis juicios preconcebidos para ver al protagonista como Stevenson lo concibió y no como lo dibujaban. En mi caso, dicha revelación ocurrió con esta novela, conocida en ediciones anteriores como “El señor de Ballantrae”.

Para los que no la conozcan, la trama empieza en Escocia, durante el levantamiento jacobita de 1745. El cabeza de familia de una familia aristocrática decide, con buen tino, que, de sus dos hijos, uno se unirá a la rebelión y otro permanecerá fiel al rey de Inglaterra. Una moneda lanzada al aire decide el destino, el primogénito y heredero James, conocido a lo largo de la novela como el barón, será quien se una al bando jacobita y el menor, Henry quien permanezca leal.

Tras la derrota de Culloden Moor el barón es dado por muerto y Henry ocupa su lugar, acabando incluso casado con la prometida de su hermano, pero el barón volverá de su tumba, para alterar y arruinar para siempre las vidas de los que lo conocieron.

Creo que esta novela no me habría afectado tanto si mi primer contacto con ella no hubiera sido la película de 1953 de William Keighley, protagonizada por Errol Flynn. Lejos de ser un clásico, es un buen entretenimiento, pero una traición absoluta a la novela que pretende adaptar. Así que, en su día, empecé a leerla esperando encontrarme una divertida historia de espadachines y piratas, para encontrarme con un melodrama, centrado en la rivalidad entre dos hermanos.

Y el barón, el personaje interpretado por el jocoso Errol Flynn, es valiente, apuesto, elegante y seductor. Soldado, pirata, viajero. Es un líder que se hace con el mando allá donde va. Es un aventurero que recorre medio mundo, incluyendo lugares exóticos como la India y el oeste americano. También es un ser amoral y traicionero. Un egocéntrico, que sólo se preocupa por sí mismo, que manipula y utiliza a las personas que lo rodean, especialmente a los que lo quieren y que se divierte jugando con ellos como títeres y atormentando a su hermano, el pobre Henry, que es un ser básicamente bueno y honrado, pero gris: silencioso, reservado, paciente y trabajador. Mientras que su hermano es idolatrado en vida y en el recuerdo por su padre, su prometida y su pueblo, Henry es incapaz de conseguir ser amado. Sus súbditos le consideran injustamente un tirano, un avaro y, mas adelante, un traidor. Su padre y su mujer le estiman y le están agradecidos, pero eso es todo. El único afecto inquebrantable con el que contará a lo largo de su vida será el de su fiel asistente, Mackellar, el narrador.

El mal es atractivo, el bien resulta aburrido.

Aunque en algunas partes hay ecos de lo mejor de la novela de aventuras, “El barón de Ballantrae” es, básicamente, un melodrama, centrado en la ya mencionada rivalidad entre los dos hermanos, y un melodrama muy poco complaciente, en el que las vidas de sus protagonistas se echan a perder sin remedio. No hay redención, ni final feliz y, lo que es peor, en su parte final, asistimos a la degradación moral y psíquica a la que las humillaciones y desgracias sufridas acaban llevando a Henry, el personaje que hasta entonces contaba con la mayor parte de las simpatías del lector.

Es tan fácil convertir en el mal eso que llamamos el bien.

Y ese trágico final... Para los que no lo conozcan, no lo comentaré, pero es un final terrible, cruelmente alejado de las expectativas del lector, en el que todo lo que puede salir mal, sale mal. Recuerdo a mi yo adolescente, cerrando el libro, intentando convencerme a mi mismo de que no había leído lo que había leído, de que eso no había ocurrido. Y sin embargo… Sin embargo era un final tan adecuado … No era el final que yo quería, no era un final que me gustara, pero era un final magnífico.

Acabando, esta es una novela para pasarlo mal y con la que se lo pasa uno muy mal. Magníficamente mal. Al releerla ahora, tantos años después, en la edición de Valdemar, siendo un lector ya muy curtido, la impresión ha sido menor, aunque ha seguido siendo alta. Uno ahora se implica menos en lo emocional y se fija mas en la técnica: la reconocida apuesta por la sencillez, el elegante modo en que el texto trasluce la impresión de que el narrador, Mackellar, es un puritano, escrupuloso y puntilloso, sin que ello incida en su legibilidad, el agradable interludio de novela de piratas, la impecable construcción de las escenas cumbre (esa partida de cartas que termina en duelo, ese desenterramiento... momentos de auténtica MAESTRÍA con bien merecidas mayúsculas)

Una gran obra, si, aunque una obra pensada para llorar y gastar incontables paquetes de kleenex, cosa que deben tener en cuenta quienes se animen a leerla.

viernes, 30 de junio de 2017

Abuelo cebolleta


 


Ayer escribí en mi reseña de "Luz de otros días":

“Luz de otros días” pertenece a ese subgénero de la ciencia ficción para el que todavía no se ha oficializado una etiqueta, que versa sobre las consecuencias y transformaciones que provoca en el mundo un descubrimiento o un invento. 
Al final del post, puse un enlace a mi reseña de la novela de Bob Shaw "Otros días, otros ojos", que escribí hace dos años y medio y que no he vuelto a repasar desde entonces. Por curiosidad, me dio por hacerlo y me encuentro con:

Tan aficionados como somos los amantes de la ciencia ficción a inventar etiquetas, es raro que entre tanto “space opera”, “hard”, “cyberpunk”, “ucronías” y “distopías” (¿Qué fue de la anti-utopías?), todavía no hayamos inventado una para referirnos a ese subgénero que narra todas las consecuencias que tienen sobre nuestro planeta y nuestras sociedades un descubrimiento o una invención, llevando la idea hasta sus últimas consecuencias.

¡Son casi las mismas palabras! ¡Me repito mas que el ajo! ¡Soy un abuelo cebolleta! ¡El alzheimer está a la vuelta de la esquina! ¡NO, AL ASILO NO, NO QUIERO IR!

Por cierto, veo que en aquella ocasión también escribí:

Como curiosidad, terminaré reseñando que Stephen Baxter y el mismísimo Arthur Clarke perpetraron un plagio-homenaje reconocido de esta novela, titulado “Luz de otros días” que tuvieron el buen gusto de dedicarle a Bob Shaw. No lo he leído, pero se dice que es mejor que el original.

Bueno, pues ya la he leído y me temo que me dejé llevar a las habladurías, la influencia es evidente, Clarke y Baxter mismos la reconocían, pero la novela de Bob Shaw se centra mas en la desaparición de la intimidad y en la posibilidad de explorar el pasado reciente, posterior a la invención del “vidrio lento” y Clarke y Baxter en la exploración del pasado, sin cortapisas de ningún tipo, remontándose hasta el origen de la vida.

Y sí, “Luz de otros días” me ha gustado mas.

jueves, 29 de junio de 2017

“Luz de otros días” de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter




A la oscura sombra de Gentry Lee, fue fácil pasar por alto esta novela en su día, como un intento más de colarnos la obra de un autor desconocido, bajo el venerable nombre de Arthur C. Clarke. Y sería un grave error, porque lo que diferencia a esta colaboración de Clarke de las que hizo con Gentry Lee o Paul Preuss, es que Stephen Baxter es un gran escritor de ciencia ficción, al que los editores españoles no han sabido hacer justicia, pero eso sería tema para otro post.

No sé hasta que punto fue estrecha la colaboración entre los dos autores. No he notado rupturas en el estilo, que, quieras que no, es bastante funcional. Yo siempre he pensado que la investigación previa a la novela y el bosquejo del argumento, se haría entre los dos y que luego Stephen Baxter escribió el libro. La nota final, tan típica de Clarke, en la que se detalla las fuentes, está escrita en plural, así que por respeto al deseo de los artífices del libro, en este post me referiré siempre a ellos como “los autores”, sin diferenciarlos. (1)

Luz de otros días” pertenece a ese subgénero de la ciencia ficción para el que todavía no se ha oficializado una etiqueta, que versa sobre las consecuencias y transformaciones que provoca en el mundo un descubrimiento o un invento. En este caso, se trata de la apertura de micro agujeros de gusano, que primero vuelven obsoletos los satélites de comunicaciones, luego acaban con la intimidad (2) y finalmente, en un giro sorprendente pero que ocurre a menos de la mitad de la novela, permiten el escrutinio del pasado.

Esta es una de esas novelas que podríamos llamar “literatura especulativa”. Hay especulaciones sociológicas, históricas, astronómicas, biológicas, puede que incluso geológicas. El hilo que tira del lector no son las peripecias que acontecen a los personajes, que las hay, sino las especulaciones sobre a lo que podrían llevar las “gusanocámaras”, sean estas posibles o no. Dicho hilo es una fuente de maravilla y continuado deleite para el intelecto. Ésta si que es una novela que he disfrutado plenamente, aunque no esté seguro de creérmela por completo: para poder espiar a una persona durante todos los momentos de su vida, se necesitarían tantos años como haya vivido esa persona y los autores solo admiten esa objeción en el proyecto que reconstruye la vida de Jesucristo.

Que por cierto, es uno de los grandes momentos de la novela y uno de muchos. La “Luz de otros días”, brilla precisamente en los grandes momentos aislados, que son legión, en sus exploraciones del espacio lejano, del origen de la vida y sobre todo, en su visión de la historia, como un puñado de mentiras que esconden la tragedia consustancial al ser humano. El momento mas brillante de toda la novela, a mi parecer, es una larga panorámica de la historia, contada hacia atrás, en la que los protagonistas se remontan por todo su árbol genealógico hasta llegar a los neandertales.

Los autores transmiten su pasión por estos temas y hasta su uso del lenguaje mejora. Estos pasajes me han parecido muy bien escritos desde un punto de vista litarario. Mucho mejor, en concreto, que los que cuentan las desgracias y aventuras de sus personajes. Dejemos claro que la novela no aburre: no paran de ocurrir cosas y son cosas importantes y cuando las cosas se complican, y hay quien tiene que huir de la ley, la historía se pone moderadamente emocionante, pero el libro nunca llega a transmitir verdadera empatía por sus protagonistas.

Kate Manzoni no deja de ser un personaje un tanto desdibujado. Al principio parece que va a ser algo así como la brújula moral del relato, pero no tarda en quedar relegada a la posición de “la chica” y posteriormente de dama en apuros. Es vergonzoso el modo en que se la quitan de en medio, justo antes del final de la novela y de la segunda, y un poco fatigosa, retrospectiva histórica.

Los verdaderos protagonistas son los Patterson, pero el padre, Hiram, no es mas que un villano iracundo, la crisis de fe de David no resulta conmovedora y Bobby, de lejos el personaje mas interesante de la novela, está muy desperdiciado. Por poner un ejemplo, la revelación ante Kate de su verdadera naturaleza, la primera revelación al menos, debería ser dramática, cataclísmica, pero, si lo es, no se transmite ese efecto al lector, quien comprende mejor a Bobby y quizá murmure en voz baja un “ahora lo entiendo”, pero, ciertamente, no se siente conmovido.

Los autores se guardan unos cuantos ases en la manga, hay algunas sorpresas muy bien colocadas, esqueletos que salen del armario y cosas así, que hacen la lectura amena. Como ya he dicho, no aburre, pero tampoco enamorará a los que vayan buscando acción, tensión emocional, complejidad psicológica o deleites estéticos. Esta es una de esas novelas de ciencia ficción en la que la parte de la ciencia es mas importante que la de la ficción y, dentro de su estilo, está muy lograda, pero no es plato del gusto de todos los paladares.

(1) En la wikipedia se dice que es una novela de Stephen Baxter, basada en una sinopsis de Arthur C. Clarke. En las reseñas que leí por internet de novelas posteriores de Clarke, abundaban los comentarios jocosos sobre como empeoraba el bueno de Arthur, cuando no tenía a Stephen Baxter enmendándole la plana.

 (2) La novela está dedicada a Bob Shaw y comparte título con uno de los relatos incluidos en su novela “Otros días, otros ojos”, en la que también se trata el final de la intimidad, cuya reseña pueden consultar aquí.

jueves, 22 de junio de 2017

“Azul, el poder de un nombre. Samidak” de Begoña pérez Ruiz. ¡No he podido!




Esto no es ni una crítica ni una reseña de la novela “Azul, el poder de un nombre. Samidak”, de Begoña Pérez Ruiz. Para hacer eso debería haberme formado una imagen completa de la obra, lo que habría requerido leerme sus 882 páginas y no he sido capaz de pasar de la 324.

Este libro me llamaba mucho la atención cuando lo veía en las librerías por los siguientes motivos: su portada, la apuesta por la ciencia ficción de aventuras que parecía prometer su sinopsis, que el autor fuera una mujer y española (aunque nacida en Francia), que una editorial hubiera apostado por una primera obra tan voluminosa, que aparentemente estuviera teniendo éxito y que fuera gloriosamente ignorada en las webs de literatura fantástica por las que suelo navegar.

No me decidí a comprarlo, debido a los problemas de espacio que tengo en mi casa. Al final lo encontré en mi biblioteca. Tiemblo de pensar en que podría haberlo comprado y encontrarme semejante mamotreto ocupando el escaso espacio del que dispongo.

Cuando llegué a la página 13, el final de prólogo, supe que había cometido un grave error. En el prólogo se cuenta como la madre de la recién nacida protagonista se deshace de su bebé enviándolo a otro mundo para mantenerlo a salvo de sus enemigos. Los tópicos no son tan malos como la gente cree, pero hay que saber salvarlos, ya sea subvirtiéndolos o haciéndolos propios con algún toque personal. Nada de eso hay en este prólogo. Lo mismo lo podría haber escrito un guionista de Holywood y no, no es un cumplido.

A partir de ahí, las cosas no paran de empeorar. El libro no está mal escrito, pero el estilo de la autora tiene varias cosas que se me atragantan.

Primero, los subrayados. No para de recalcar lo evidente. Si un personaje se lleva una sorpresa, tiene que decirnos que está sorprendido. Si varios se llevan un susto de muerte, tiene que decirnos que están asustados. Eso me hacía saltarme continuamente palabras y hasta frases. Este defecto, por cierto, también es muy característico de Joan Manuel Gisbert, autor al que adoro desde que tenía cinco años, convertido actualmente en uno de mis vicios secretos. Incluso he creído detectar similitudes entre el estilo de los dos autores, pero lo que puedo disculpar en una novela de entre 100 y 200 páginas, de ritmo vertiginoso, no es de recibo en un tocho de 882.

El consejo mas trillado sobre la escritura nunca fue mas indicado: No cuentes, ¡muestra!

A continuación viene el problema de las descripciones. Begoña Pérez Ruiz se obstina en describir absolutamente todo y lo hace en cuanto se menciona. No se trata sólo de que describa con detalle cada prenda de vestir que usan sus personajes, que lo hace, es que lo describe TODO. En el momento en que se menciona a una federación de planetas, nos cuenta su composición y sistema de gobierno. En cuanto traslada la acción a una ciudad, nos cuenta su arquitectura urbana. En cuanto aparecen unos alienígenas, su estructura social. Así con todo.

Hay que reconocer que son descripciones bastante precisas y cortas. El problema no es su longitud, es la cantidad. Y la cantidad de información irrelevante a consumir hasta que empiezan a pasar cosas.

Todo eso lo habría podido perdonar, pero lo que finalmente me hizo abandonar la lectura fue la historia de amor. O mejor dicho, la mala pinta que estaba adquiriendo la historia de amor. Eso de la parejita separada por causas de fuerza mayor que no paran de sufrir porque están separados, me ha provocado ganas de vomitar. Cuando empecé a leer sobre como la protagonista pasaba las noches llorando, mi frustración alcanzó tales cotas que, si el libro hubiera sido mio, podría haberlo arrojado por la ventana. Así que decidí dejar de sufrir y abandoné la lectura.

Esta es mi opinión personal, crudamente sincera. Una vez dicha debería hacer algunas matizaciones. Para empezar, parece evidente que no pertenezco al público para el que este libro ha sido pensado. Diría que tengo entre veinte y treinta años mas que la edad de su público ideal y eso ha podido condicionar mi experiencia. Quizá las quinceañeras y quinceañeros disfruten enormemente de su lectura. Quizá, una vez superadas las cursiladas, haya partes buenas. Recalco que no he leído la novela completa. En goodreads y en otras partes, la gente escribe muy elogiosamente sobre las escenas de acción, por ejemplo. Las pocas que yo leí no fueron nada extraordinario, pero estas cosas se suelen preparar para el gran final.

Tampoco he encontrado nada particularmente interesante en el mundo que Begoña Pérez Ruiz ha creado, aunque es evidente, dado el nivel de detalle, que ha invertido una gran cantidad de tiempo y esfuerzo en su creación. Aplaudo dicho esfuerzo y su creatividad. Le deseo sinceramente que tenga suerte con su obra, que cree un universo de fantasía que haga soñar a una generación de jóvenes lectores, pero no es probable que yo vuelva a acercarme a él. No había abandonado la lectura de una novela desde Mayo del 2015. En aquella ocasión fue “La balsa de piedra” de Saramago. Eso significa que Begoña Pérez Ruiz ha conseguido igualar a un premio nobel.

jueves, 15 de junio de 2017

“La última partida” de Tim Powers


Cada vez que empiezo una novela de Tim Powers, el primer pensamiento que viene a mi mente es: ¿porqué he tardado tanto? Esta vez no ha sido una excepción. Cada libro de Tim Powers es como una puerta abierta a un lugar en el que me siento tan a gusto que no querría abandonarlo nunca. En esta ocasión el autor no se remonta a tiempos históricos mas o menos lejanos, sino que ubica la acción en la época en la que la escribió, los años noventa, centrándola en el mundo de los tahúres profesionales y ubicándola en Las Vegas.

Así, tenemos a Scott Crane, un antiguo jugador profesional que veinte años antes, durante una partida de cartas, cedió su cuerpo a su oponente, la actual encarnación del rey pescador, que ahora intercambia su consciencia entre varios cuerpos y que, para acabar de arreglarlo todo, es su padre biológico. Al cumplirse los veinte años, el rey asumirá su cuerpo, acontecimiento que viene precedido por lúgubre presagios y desgracias, que harán que Crane vuelva a Las Vegas, para enfrentarse a él, en un intento desesperado de salvar su vida y la de su familia adoptiva.

Todas las virtudes de Tim Powers están presentes en la novela. Hay un apretado catálogo de conceptos asombrosos, conexiones descabelladas entre el folclore y la mitología con acontecimientos históricos e incluso con conceptos matemáticos, como el conjunto de Mandelbrot. Todo ello mezclado y agitado en la coctelera de la imaginativa cabeza de Tim Powers para obtener un resultado que sería único, de no ser por que Tim Powers parece repetirlo cada vez que escribe. En concreto, la imaginería que desarrolla alrededor del tarot, los juegos de naipes y los arquetipos de Jung es fascinante, a la par que inquietante. Ya en otras ocasiones las novelas de Powers contienen pasajes siniestros o truculentos, pero puede que esta sea una de las mas oscuras. Aunque no produjo en mi cabeza las mismas sensaciones que las historias de terror, esta va a ser la primera vez que ponga esa etiqueta entre los tags de este post, porque no se me ocurre otro modo de describir una obra que contenga la visita a la capilla peligrosa, la relación de Crane con el ¿fantasma? de su mujer y su descenso a la locura.

Hablando de locura, por primera vez me he dado cuenta de una cosa: las novelas de Powers, sobre todo esta que ahora reseño, se prestan a una doble lectura. Los elementos fantásticos de la trama suelen aparecer en medio de trances o visiones que difuminan las fronteras de la realidad. Si no fuera por los capítulos que transcurren desde el punto de vista de los villanos, podríamos creer que todo está en la cabeza de Crane, que, a fin de cuentas, es un alcohólico que no se encuentra en buen estado mental. Todo se presta a una interpretación solipsista, como la que hacía Rodolfo Martínez de las películas de Star Trek de la nueva generación.

Pero no solo de arriesgados conceptos vive el hombre. Como corresponde a toda novela de Tim Powers el argumento transcurre a un ritmo enloquecido, plagado de peripecias a cual mas trepidante, en el que los desafíos y las pruebas que afrontan sus protagonistas parecen no tener fin.

De hecho, tal vez sean demasiadas. Esta es una novela muy larga y ese es su principal defecto. Tim Powers se revela como un escritor incapaz de poner freno a su propia creatividad. Todo personaje, toda idea, todo trance peligroso que se le ocurra, debe ser incluido, lo que aumenta desproporcionadamente el número de páginas y diluye el interés por la trama principal. La inclusión de personajes con punto de vista propio cuando la historia ya está bastante avanzada y que, en el fondo, no aportan mucho, es uno de los mayores defectos de Powers como escritor y en “La última partida” se nota mas de lo habitual. 

Bernardette Dinh y su hermano se incorporan demasiado tarde al relato, sobre todo cuando Crane y su familia estaban sosteniendo muy bien la historia. Si lo que Powers tenía en mente era narrar la competición entre ellos, Scott, Diana y el Rey, deberían haber aparecido casi desde el comienzo, aunque soy de la opinión de que son personajes que se le ocurrieron a Powers sobre la marcha y que no pudo resistirse a incluir. Son fundamentales en esa especie de duelo a tres bandas que conforma el clímax final, pero lo mismo podría haberse logrado con alguna otra excusa. Tal como queda todo, cuando aparecen provocan un bajón del interés, porque ralentizan el desarrollo de la historia principal y tardan mucho en ser importantes. La novela ganaría con su desaparición.

Algo parecido ocurre con Al Funo, el asesino a sueldo obsesionado con relacionarse con sus víctimas. Es un personaje fascinante y él si que entra en la historia con suavidad. El problema es que, aunque parece que va a ser muy importante, al final no lo es tanto y el número de paginas empleado en seguirlo se me antoja desproporcionado.

Por último, "La última partida" puede resultar demasiado previsible para alguien que haya leído las mejores obras de Tim Powers. Tenemos a un protagonista de mediana edad, que bebe demasiado y que acaba de enviudad. ¡Otra vez! Tenemos el inevitable desencuentro con el protagonista femenino, que hunde al héroe en el abismo de la depresión y que siempre tiene lugar mas o menos hacia la mitad del libro. ¡Otra vez! Desencuentro que suele obedecer mas a las necesidades de la trama que a las psicologías de los personajes y que es sucedido por la reconciliación, poco antes del final.

En esta ocasión, la ruptura tiene un motivo mas comprensible que en otros, no así la reconciliación.

En resumen, me temo que Tim Powers ha adoptado las maneras de los escritores de betsellers, ha desarrollado una fórmula de éxito que repite hasta la extenuación y que vuelve muy parecidas todas sus novelas. Ya no innova, ni intenta hacer cosas diferentes. Se trata de una fórmula muy atractiva, que disfruto enormemente, pero me temo que no la disfrutaría tanto, si tardara menos tiempo en volver a leerlo.

viernes, 2 de junio de 2017

“Furia” de Lawrence O'Donnell (Herny Kuttner y Catherine L. Moore)




Volumen extraño este libro, tanto por su contenido como por su concepción: se trata de una colaboración oficial del matrimonio de escritores formado por Henry Kuttner y Catherine L. Moore

Comienza con un prefacio en el que Damon Knight hace un repaso a la obra de Henry Kuttner, anterior y posterior a su matrimonio. La impresión que produce este prefacio es que Henry Kuttner era un chalado que escribía historias sin sentido, pero bastante mas cuerdo que Damon Knight.

El libro se compone de una novela corta de sesenta y cinco páginas “Enfrentamiento en la noche” y una novela de doscientas once “Furia”. Ambas comparten escenario, un venus oceánico al que la humanidad se ha exiliado, después que que la Tierra fuera destruida por una guerra nuclear.

Enfrentamiento en la noche” viene precedida de una introducción, mucho mas breve y sencilla que la de Damon Knight, escrita por Isaac Asimov. En ella, las disputas entre las colonias submarinas se dirimen mediante enfrentamientos armados entre tropas mercenarias contratadas para la ocasión, que tienen lugar en horas y parajes prefijados. La guerra convertida en competición deportiva, salvo por la sangre y la muerte. El relato se centra en las inquietudes de un compañero libre, uno de estos mercenarios, que se plantea cambiar de vida, consciente de la falta de futuro de su profesión . Es una buena historia, a la que solo se la puede acusar de ser muy predecible: cada personaje lleva escrito en la frente el destino que le espera.

En “Furia” descubrimos que las mutaciones provocadas por la radiación han creado una raza de personas inmortales que han acabado convirtiéndose en la élite gobernante de Venus, por decisión o dejadez de los propios mortales. Cuando su compañera muere al dar a luz, un inmortal con problemas mentales ejercerá una cruel venganza sobre su propio hijo: eliminará quirúrgicamente cualquier parecido familiar y lo abandonará para que se crie ignorante de su herencia.

La novela sigue los pasos de este inmortal, Sam Reed, ignorante de su propia condición. Esa propia ignorancia le llenará inicialmente de la furia que da título a la novela, pues está en su naturaleza interesarse por temas y objetivos que le llevarían mas tiempo del que cree que durará su vida. Permanentemente furioso contra el mundo, no dudará en utilizar cual medio para conseguir el triunfo, mientras se abre paso por el mundo del hampa, la delincuencia, la alta sociedad y la política.

Es esta una novela bastante original. Uno de sus atractivos es que elige como protagonista a un personaje completamente amoral y con tendencia a la violencia. Para acabar de rematarlo, calvo y rechoncho, pero también infatigable y lleno de recursos. Sam Reed es como uno de esos héroes de la ciencia ficción clásica, llenos de recursos, capaces de conseguir cualquier cosa, salvo que carece de su idealismo. Sam Reed utiliza los medios mas viles para conseguir los objetivos mas nobles, por los peores motivos.

Junto con el relato precedente, “Furia” dibuja un mundo asombroso: el entorno decadente de las cúpulas submarinas, la vida espartana de las colonias exteriores, en esa superficie plagada de monstruos, a menudo tan feroces como fascinantes... La ambientación está llena de detalles tan extraños como perturbadores, que abarcan aspectos tan diversos como los vestidos, los muebles y la arquitectura. Tiene también reflexiones muy interesantes sobre la inmortalidad, el destino y la posibilidad de alterarlo. El momento del mayor triunfo de Sam Reed es excelente y sin embargo hay algo que no termina de funcionar.

En parte, no termina de gustarme el mensaje. “Enfrentamiento en la noche” puede verse como una oda a las virtudes castrenses, interpretándolas como un fin en sí mismas y de “Furia” podría desprenderse la idea de que las dictaduras son necesarias para el progreso de la humanidad, siempre y cuando logremos deshacernos a tiempo de los tiranos. En cualquier caso parece dividir a los seres humanos en dos únicas categorías: ovejas y pastores.

No creo que ese sea el problema.

Yo lo veo mas bien como que “Furia” se coloca en una incómoda tierra de nadie, entre la ingenua ciencia ficción de la época pulp y la producción de la era Campbell. Literaria y argumentalmente, es demasiado sofisticada para disfrutarse como lo primero, pero a la vez es demasiado ingenua para lo segundo. Las estrategias de algunos de los personajes son demasiado burdas e improvisadas. Es difícil hablar sin contar detalles importantes de la trama, pero el plan final que ponen en marcha los inmortales para parar a Sam, es lamentable, por improvisado y precipitado, parece algo que la pareja autoral pergueñara a toda prisa, para cerrar la novela. En otro par de momentos hay caídas de ritmo y pérdidas de objetivo en la narración que ensombrecen el resultado final.

No es para nada una mala novela. Tiene muchas ideas atractivas y aspectos positivos. Está bastante bien escrita, mucho mejor de lo habitual en la fecha de su publicación y no aburre en ningún momento. Me ha dejado con curiosidad por profundizar en la obra de sus autores. Pero no enamora. En general, no emociona ni provoca entusiasmo. No es un clásico oculto ni una pequeña joya desconocida al gran publico. Al contrario que en otros caso recientes, no lamento el tiempo que he empleado en su lectura, pero no por ello deja de ser una lectura completamente prescindible.

viernes, 26 de mayo de 2017

“La voz del amo” de Stanislaw Lem


Prosigue mi relación de amor odio con el escritor polaco. “La voz del amo”, anteriormente conocida como “La voz de su amo” recoge las memorias de uno de los científicos que participaron en la investigación de una transmisión de origen extraterrestre. “La voz del amo” se ha reeditado múltiples veces, ha sido ya reseñada innumerables veces por internet. Se ha glosado la crítica que hace del estamento científico, su carácter visionario, su profundidad filosófica, especulativa, científica, etc, etc. Pero ninguna de las múltiples críticas que he consultado hacen referencia a su principal característica: “La voz del amo” es aburrida. Muy aburrida.

Por decirlo con rudeza, un auténtico peñazo.

Aconsejo a los completistas de Lem que no puedan resistirse a intentar abordarla, que se salten el prefacio y los dos primeros capítulos. Consisten en el narrador divagando sobre los temas mas peregrinos y no tienen nada que ver con el resto del libro. Para colmo de males, están escritos de un modo pomposo y pedante. Quizá Lem lo eligió conscientemente, pensando que así se expresaría un asno pretencioso como su personaje. Felicidades, señor Lem, consiguió usted ser todavía mas tedioso que su personaje.

Con la lectura reciente, me parece que el prefacio y esos dos capítulos son lo peor que he leído en mi vida. Supongo que el tiempo, que todo lo calma, los pondrá en su lugar.

También debo advertir a los futuros lectores sobre la contraportada de la edición de Impedimenta. En ella se engaña al lector, dando a entender que toda la novela gira alrededor de un conflicto ético y ominoso, que es, en realidad, el único momento en que parece que va a ocurrir algo. Tiene lugar bien adentrada en la novela, es decir, casi al final y dura muy poco tiempo, aunque da forma al único par de capítulos legibles.

En cuanto a la profundidad de “La voz del amo” … No digo que no la tenga. Stanislaw Lem era un tipo muy profundo capaz de reflexiones de alto alcance y de hacer reflexionar a sus lectores. Sin embargo, permítanme una cita:

La comunicación es el envío de información entre un emisor y un receptor, a través de un canal, utilizando un código (sistema de signos que se utilizan para la producción del mensaje). La comunicación hace referencia a un contexto: las circunstancias de tiempo y lugar en las que se desarrolla el proceso, que es asumido como conocido, tanto por el emisor como el receptor.

Si suena poco exacto o preciso, es culpa mía, porque proviene de mis apuntes de primero de BUP. Pueden repetirla si quieren.

Los científicos protagonistas de “La voz del amo” han interceptado una comunicación, pero desconocen el código en el que está transcrita y el contexto al que hace referencia. Como consecuencia, son incapaces de descifrarla.

El sesenta por ciento de “La voz del amo” consiste en reiteraciones de las dos frases anteriores, expresadas de modo mucho mas rebuscado, con muchos rodeos, ejemplos, imágenes y metáforas. La crítica al estamento científico, que se alaba en algunas reseñas, existe, y es cierto que en esta obra se dan algunos buenos puntapiés a las relaciones entre la ciencia y los gobiernos, pero es una parte totalmente secundaria de la novela, que ocupa una mínima parte de su espesor: no va mas allá de la presentación de los personajes. El grueso consiste en Lem repitiendo cien mil veces lo mismo

Mención aparte merece el pasaje en el que, sin venir a cuento, Lem se pone a criticar las novelas de ciencia ficción. Pues si, la mayoría son poco originales, como la mayoría de toda la literatura que se produce. No puedo evitar ponerme conspirativo. ¿Estará Lem diciendo: “La ciencia ficción es un basura. No es lo que escribo, yo escribo literatura destinada a volar por los aires el cerebro del que lo lea”? Eso explicaría el motivo de tanta reseña elogiosa: el que la lea tiene que proclamar a los cuatro vientos lo mucho que le ha gustado, porque si no, significaría que pertenece a la misma plebe hacia la que Stanislaw Lem dirigió sus vituperios y él es distinto: ¡LEE A STANISLAW LEM!

Sinceramente, no doy mucho peso a mi propia teoría. Es bien sabido que Lem tenía tan mala opinión de su propia producción de ciencia ficción como de la ajena.

Llegados a este punto, creo que mi opinión, totalmente subjetiva, ha quedado bastante clara. ¿Hay algo que salvaría de la quema en este libro? El escenario, totalmente desaprovechado, en que transcurre, un antiguo centro de pruebas nucleares, me parece fascinante y encontré aterradoras las vivencias de uno de los personajes durante la segunda guerra mundial. Tal vez el problema esté en considerarla una novela, quizá entendiéndola como un ensayo novelado y publicitándola así, se podría disfrutar mas. En fin, literatura de ideas, porque no hay ni personajes ni peripecia. Si eres de los que no leen ciencia ficción porque piensas que consiste en una sucesión de aburridas explicaciones, esta novela confirmará todos tus temores. ¿La recomendaría? Bueno, como decían en el cuestionario de la extinta trabajobasura.info, claro que si. ¡A MI PEOR ENEMIGO!